4 TESIS SOBRE MACRI

Por Dante Sabatto

Existe una tesis acerca de Cambiemos, muy vigente en los primeros seis meses de su gobierno pero que todavía da vueltas por las redes sociales en forma de screenshot de baja resolución, que podemos resumir como “vinieron a robar todo lo que puedan e irse en cuatro años”. Es la tesis del saqueo, cuyo foco está puesto en la condición efímera del macrismo, y su principal argumento es bastante difícil de discutir, en particular en estos momentos: Cambiemos no tiene un proyecto económico sostenible a largo plazo; el hecho de que en la base de la economía de la era M esté la deuda, que por definición aparece como un patear la pelota para que le toque al siguiente gobierno, sólo apoya más esta tesis. La tesis del saqueo gira en torno a la imagen de un gobierno conformado directamente por CEOs de grandes empresas que se asocian directamente al Estado para acabar con un gobierno que los perjudica, tomar una catarata de medidas que los beneficien, y  luego ceder el paso a “un peronismo reciclado”, Massot dixit.

Dicho esto: que Cambiemos no haya definido un plan económico perdurable no implica necesariamente que no tengan la voluntad de continuar gobernando. Existe sin duda una gran cuota de ineptitud en la manera en que se encaró la crisis, tanto por los funcionarios más técnicos como por la conducción política. Pero el principal argumento contra la tesis del saqueo es la larga historia del macrismo, una que empieza en 2003, que continúa con la conformación del PRO y sus ocho años de gobierno en CABA, que se edifica en la voluntad de construir Cambiemos como una alianza política estable, que hace lo imposible por construir una fuerza política duradera. Sin embargo, esto no quita que no haya una parte de verdad en la idea de “vinieron a robar e irse”: puede estar presente en algunos sectores de la enorme y compleja alianza, cuyos espacios internos no han sido hasta el momento categorizados y descritos sistemáticamente, pero que los hay, los hay.

Lo interesante de esta tesis es cómo discute con otra, la tesis de la nueva hegemonía, en cuya creación tuvo un rol fundamental José Natanson junto con otros politólogos, sociólogos y analistas políticos. Esta segunda tesis sostiene que Cambiemos se construye como un nuevo partido que viene a construir una nueva era en la política argentina. Destaca la importancia del PRO y de figuras ajenas a los dos partidos tradicionales, los fuertes consensos a los que se ha llegado con sectores opositores, y en su versión más crítica señala que es una hegemonía sostenida en paralelo por el partido de Gobierno, el sector mayoritario de la Justicia y la inmensa mayoría de los medios. Esta tesis es también sostenida abiertamente por el sector “político” de Cambiemos, desde Peña hasta Monzó, pasando por Rodríguez Larreta, Vidal, etcétera.

Se ha criticado de la tesis de la nueva hegemonía que si bien surgió como crítica a la subestimación de Cambiemos de la que eran culpable muchos sectores (encuentra su momento fundante en una nota de Natanson titulada “Cambiemos no es un golpe de suerte”), fue igualmente ingenua al sobrestimarlo. En este sentido, la crisis económica de los últimos meses así como el recurrir al Fondo Monetario Internacional son puntos clave que cuestionan esta tesis, que sostenía que una de las particularidades del macrismo estaba en diferenciarse del desastroso camino neoliberal seguido desde 1976 por distintos gobiernos. Otra crítica a la tesis de la nueva derecha se basa en la poca importancia que ésta le da a las fuertes violaciones al Estado de Derecho realizadas por el macrismo: represión, presos políticos, persecución político-judicial a dirigentes y partidos opositores, etcétera.

Es cierto que hay mucho de republicanismo europeísta banal en esta idea. Muchos pensadores de la político, incluso más identificados con la izquierda, quisieron ver en Cambiemos la oportunidad de un espacio de centro derecha, a la manera de los partidos conservadores europeos, que se enfrentara a una fuerza de centroizquierda. Es más, esa misma concepción pero en modo laborista la sostiene Jorge Capitanich. La idea de nueva hegemonía o nueva derecha moderna sufrió muchas críticas, aunque habría que notar que nada más moderno que disfrazarse de fuerza centrista liberal dialoguista mientras se reprime la protesta social y se desguazan las instituciones del Estado de Bienestar. Aunque no sea ese el contenido que quisieron darle los fundadores de la tesis.

Hay sin duda algo de cierto en esta idea, sobre todo si consideramos las intenciones de muchos actores pertenecientes a Cambiemos. Es una tesis que cobró fuerza con el resultado de las elecciones de 2017 y el mapa pintado de amarillo que ellas dejaron, se consolidó con el anunció de las Reformas, empezó a caer con las grandes marchas contra el recorte a jubilados y entró en crisis terminal con la nueva crisis económica. Pero de nuevo: si bien algo voluntarista, la tesis de la nueva derecha refleja lo que verdaderamente pasaba/pasa por la cabeza de muchos dirigentes de Cambiemos; tiene algo de verdad, innegablemente.

Todo nos lleva de nuevo a la idea de la coalición gobernante como una masa de forma muy claro pero de contenido incierto. En palabras de Diego Genoud: “Si mirás la alianza Cambiemos, Macri es minoría. Son los que gobiernan pero nadie piensa como ellos.” Cambiemos es en gran medida un corporativismo; los únicos verdadermente ausentes de su gobierno son los sectores populares, pero desde los grandes exportadores agropecuarios hasta sectores ultracoNservadores vinculados a la Iglesia, desde las grandes empresas hasta los medios de comunicación, desde amplios sectores de la Justicia hasta miembros de una élite política desplazados durante el kirchnerismo, Cambiemos aparece una y otra vez como una alianza de clase conformada por los más diversos actores, cuyo mayor logro hasta el momento es mantener la cohesión y la pantomima de que Macri es quien gobierna.

Aunque, por supuesto, Macri gobierna. Macri, y en su apellido hacemos entrar a toda la clase política que conforma el núcleo central de Cambiemos, toma las decisiones centrales en busca de contentar a esos diversos sectores, que si bien están representados y muchas veces ejercen el poder de manera casi directa, han confiado (limitados por el estado actual del funcionamiento político e institucional de nuestro país) en Cambiemos para que gobierne. Y es en este sentido que no podemos dejar de considerar la cuestión de su voluntad. ¿Cómo quiere gobernar Cambiemos? ¿Cómo lo está haciendo efectivamente? ¿Cómo se explican, si las hay, las diferencias entre voluntad y realidad efectiva? Son preguntas particularmente difíciles de contestar en lo que a Cambiemos refiere, y por eso se generan tesis como las que hemos nombrado anteriormente. Ensayaremos una tercera.

Esta tesis (que por los motivos dados en los dos casos anteriores no es necesariamente contradictoria con aquellas e incluso puede convivir con ellas mientras consideremos la multiplicidad de sectores con intenciones y accionares diversos dentro de la estructura gobernante) puede denominarse la tesis de la incertidumbre. Este concepto surge de las palabras del exministro de educación y actual senador de la nación Esteban Bullrich en el Mini Davos en septiembre de 2016:

El problema es que nosotros tenemos que educar a los niños y niñas del sistema educativo argentino para que hagan dos cosas: o sean los que crean esos empleos, que le aportan al mundo esos empleos, crear “Marcos Galperin” o crear argentinos que sean capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla.

Hay algo de premonición en estas palabras: las y los argentinos que vivimos en septiembre de 2018 tenemos que vivir en la incertidumbre, en medio de una crisis sistémica que puede quebrar tanto nuestro sistema económico como nuestra institucionalidad política de un momento a otro. O, más que premonición, una intención expresa. Se expresa así una contradicción central existente en Cambiemos, fuente de muchos aspectos de la crisis actual: es la contradicción entre la voluntad de formar un proyecto de país a largo plazo y la de rapiñar entre los restos de una Argentina que se prenda fuego. Y esto no aparece claramente en distintos sectores de Cambiemos sino que es más una ambigüedad interna que sufre cada actor.

En aquellas figuras menores y nuevas, se expresa como mera apuesta al vencedor, y así Andy Freire puede buscar ser legislador y predicar su emprendedurismo posmoderno desde una banca, pero apenas ve el fracaso del modelo puede con la misma facilidad retirarse, volver al sector privado y seguir con su vida. Pero las primeras figuras de este gobierno que se negaron a ser simples administradores empresariales de un país bananero y eligieron en su lugar hacer algo horrible, política, están partidos al medio. No pudieron gobernar al país como una empresa y se rehúsan a gobernarlo como país. En la conducción misma de Cambiemos está la incertidumbre que quieren proyectar sobre los sectores populares. Lo han querido maquillar como gradualismo, pero aún el gradualismo es una definición concreta de un juego muy preciso de conducción económica. No es esto lo que hay aquí, sino una profunda falta de norte. No es que no logran construir la Argentina que quieren, es que no saben qué Argentina quieren. La cuestión de si el desastre económico actual implica un error de sistema o una consecuencia desea (a feature or a bug?) se desdibuja. Y a esa nada misma, a esa incertidumbre de qué sucederá mañana, nos arrastran inexorablemente, cada día con más certeza en la horrible verdad de que tampoco pueden regresar a sus viejos roles de empresarios desvinculados del hacer político, que ya se han manchado demasiado las manos con un proyecto imposible, que no tienen a dónde ir.

Para finalizar, creemos que es necesario resaltar una última tesis cada vez que se reflexiona sobre Cambiemos: muchas veces nos concentramos exclusivamente en estudiar a Macri, pero de lo que se trata es de enfrentarlo.

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