Que florezcan mil Braians ‧ Por Mateo Barros

“Yo, en tu lugar, buscaría en el pueblo la vieja sustancia del héroe. Muchacho, el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria”.

Leopoldo Marechal

La memoria de Eva Perón, latente siempre en el corazón de la mitología popular argentina, se hace presente cada vez que se celebra una nueva edición de los Juegos Evita. Como un pedazo vivo del cuerpo de aquella argentina igualitarista que se resiste a morir, los Evita son un icono de la democracia nacional-popular. Lo que nació siendo una exitosa política sanitaria de vacunación a nivel federal, rápidamente se convirtió en una herramienta de inclusión sin precedentes, como si Eva Perón hubiera jurado junto a Ramón Carrillo que a través del deporte se puede comer, curar y educar a los jóvenes de las provincias. 

La democratización del juego deportivo que implicaba la realización de estos certámenes era sumamente transformadora, la universalización y cualificación del deporte como disciplina para la inclusión social a partir de los Juegos Evita en 1948 fue probablemente la política pública más potente del Estado argentino en materia de deporte y salud. Los Evita –cancelados en 1955 primero y en 1976 después, relanzados nacionalmente por Kirchner en 2003- constituyen una forma noble de disfrutar del deporte y progresar a través del mismo, ofician de trampolín hacia las grandes competencias mundiales y son un aparato riquísimo en formación deportiva. El mismo Diego Maradona dio su primera vuelta olímpica en los Juegos Evita de 1973, cuando tenía tan solo 13 años e integraba el famoso equipo “Cebollitas”.  

El peronismo entendió que el deporte no sólo oficiaba de contenedor social sino que además era un componente estratégico necesario dentro de su proyecto de país. Democratizar el acceso al deporte implica tener más y mejores deportistas, ergo, más y mejores resultados en los torneos y competencias internacionales, otro espacio en donde la Argentina grande debía brillar y destacarse. Esta visión, que el peronismo inauguró temprano, fue sostenida también por muchas otras administraciones populares en el mundo. 

Deporte, federalismo e integración 

En cada rincón del país el momento de los Juegos Evita se vive con entusiasmo entre las y los jóvenes deportistas, sobre todo en los distritos del interior. Mi abuelo Miguel Angel, catamarqueño y descendiente de diaguitas -de origen sumamente humilde-, conoció la Ciudad de Buenos Aires en 1952 cuando fue traído al Estadio Monumental a participar de un certamen de atletismo de los Juegos Evita en el que representaba a su provincia. La historia de mi abuelo, al que apodamos “Cacho”, es muy similar a la historia de muchos chicos y chicas del país que conocieron la dignidad y la movilidad social ascendente a partir de la injerencia integral del Estado. En aquella competencia de 1952, Cacho logró el primer lugar y un trofeo que le permitió participar en competencias futuras y alojarse en una lujosa pensión de la capital federal, donde tanto él como el resto de los competidores, eran asistidos con comida de primera calidad, ropa, zapatos y hasta máquinas de coser para que trabajen sus madres; pequeños héroes de familias pobres que salieron adelante gracias a la asistencia del Estado y el estímulo al deporte. 

El precedente de los Juegos Evita y su alcance masivo marcan una enseñanza grande a replicar en los días de hoy, el deporte debe ser otra vía mediante la cual el Estado le tienda la mano a los que cayeron en la pobreza y empiece a recomponer la matriz social hoy fracturada. 

Recientemente, el actual ministro de Deportes y Turismo, Matías Lammens, deslizó en una entrevista que los Juegos Evita de este año volverán a tener un gran despliegue en todo el territorio e implicarán un gasto grande, ya que son tomados como prioridad para la gestión. El deporte como herramienta de inclusión social no solo amplía la base de participación y ayuda al hallazgo de jóvenes talentos sino que procura también garantizar la igualdad de oportunidades, cualificar las altas competencias y cumplir una función social específica para los sectores más vulnerables: la contención juvenil. 

El fomento a los deportes no convencionales de alto rendimiento es otra tarea importante que el Estado debe atender. La infraestructura de los clubes de barrio suele reducirse a los deportes clásicos: fútbol, hockey, tenis, voley, boxeo, etc. En general, los sectores populares difícilmente pueden acceder al atletismo, el salto con garrocha, el lanzamiento de jabalina o tantos otros deportes no convencionales que valen medallas olímpicas. A las pibas y pibes que los deportes clásicos no contienen hay que poder ofrecerle otras competencias en las que puedan desarrollarse y progresar. 

A la memoria de Braian

Este artículo surgió a propósito del triste fallecimiento del joven Braian Toledo, atleta y completísimo deportista olímpico que también empezó su carrera profesional compitiendo en los Juegos Evita. El muchacho de Marcos Paz, con apenas 16 años, consiguió la primera medalla dorada para Argentina en los Juegos Olímpicos de la Juventud que se realizaron en Singapur 2010. Luego, logró el bronce en los Juegos Panamericanos de Guadalajara y el segundo lugar en el Campeonato Mundial Junior de Barcelona en 2012, un verdadero hito. 

Pero para ir más allá de los títulos y medallas que Braian conquistó, propongo que reflexionemos acerca de la carga simbólica que la figura de esta joven promesa representó: un pibe de barrio que nació pobre, que pudo triunfar a través del deporte y que ubicó a su país en los más altos lugares de la disciplina que practicaba; que decidió devolverle a la sociedad la ayuda que ella le propició y entonces abrió dos comedores; que mantuvo un discurso emancipador desde la práctica deportiva y se hizo presente en la emergencia. En definitiva, un pibe que puso el cuerpo en representación de nuestra bandera. Un símbolo exitoso de la ilusión deportiva realizada en la Argentina desigual. 

Braian fue la conjunción del triunfo del Estado presente, y lo tenía muy claro. Armó en 2015 un comedor llamado “Arriba los pibes” y luego un merendero que nombró “Los Pepitos”, para los chicos de su barrio que crecían sufriendo las mismas situaciones que él había padecido en su infancia. Lo recordaremos como un verdadero ejemplo de sacrificio y humildad, con la nostalgia que supone el abrazo entre el deporte social y la historia de un Estado que supo integrar y cuidar a sus hijos. Que en paz descanses, crack. 

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