#Herederos 2 – Nicolás Kreplak: “Sin soberanía es difícil ejercer el control en la salud.”

Nicolás Kreplak comenzó a militar en la Facultad de Medicina de la UBA porque “no podía vivir de otra manera”. Fue viceministro de Salud de la Nación en 2015 y actualmente ocupa el mismo cargo en la Provincia de Buenos Aires, acompañando una vez más a Daniel Gollán. Integra la fundación Soberanía Sanitaria y ansía imprimirle ese concepto al sistema de salud bonaerense. La conversación, naturalmente, se llevó a cabo de manera virtual, a través de un micrófono de computadora. La silueta de Skype muestra su rostro entre dos banderas: la argentina y la de la Provincia. Detrás suyo, como protegiendo el despacho, se ubica un cuadro singular: Eva Perón en su discurso del 1° de Mayo de 1952, elevando el dedo índice y apretando los dientes. Tiempos difíciles aquellos, de turbulencias políticas y liderazgos fuertes.

A Kreplak le toca una coyuntura atípica, quizá tan dura e incierta como aquel histórico 1952, un tiempo que requiere de héroes, un tiempo que marca la época. Dijo Evita en aquel discurso: “aquí estamos los hombres y las mujeres del pueblo, para custodiar vuestros sueños y para vigilar vuestra vida, porque es la vida de la Patria, porque es la vida de las futuras generaciones, que no nos perdonarían jamás si no las hubiéramos cuidado.”

Francamente, ¿alguna vez te imaginaste enfrentando un desafío como este, desde un cargo como el de Viceministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires? 

Creo que nadie se puede imaginar que le va a tocar una pandemia de estas características, porque es histórica e inusual; no tanto la enfermedad como la reacción de la sociedad ante la enfermedad, eso creo que es lo más histórico. No es imaginable, no hay antecedentes de una pandemia de esta dimensión o de una respuesta de estas dimensiones. Hubo una gripe hace unos años que fue muy impactante, pero no llegó de ninguna manera al nivel de compromiso social y político que se tiene ahora. Yo estoy preparado y milito hace mucho tiempo, y entiendo que asumir roles en el Ministerio de Salud de un proyecto nacional y popular es para lo que nos formamos tanto yo como el grupo de gente con el cual trabajo. Quizá no imaginábamos en nuestro espacio de militancia estar en el eje del candelero sino pelear un espacio en la agenda política, pero estamos muy preparados. 

¿Qué opinión te merece esta dicotomía que se viene planteando entre Salud y Economía en momentos de excepción como este?

Es cortoplacista verlo así. La dicotomía entre salud y economía en este contexto tiene que ver con una cuestión presupuestaria, de dónde se pone la plata que se tiene, pero el problema que tenemos es mucho más grande. Nos enfrentamos a esta pandemia y a esta situación mundial después de no solo cuatro años de neoliberalismo fuerte, sino de muchos años de destrucción del sistema de salud. Nuestro sistema de salud, desde el 56, viene teniendo una fragmentación y una desinversión muy grande. Hoy el Ministerio de Salud de la Provincia y de la Nación no tienen el gobierno del sistema de salud, tiene el gobierno del sector público. En la Provincia, particularmente, los municipios tienen una gran cantidad de hospitales, centros de salud e independencia para tomar definiciones. Y no es que esté mal que tengan la capacidad de tomar definiciones solos, sino que es muy difícil conducir. Eso tiene que ver con una cuestión que al liberalismo siempre le gustó: un Estado poco fuerte, un Estado débil. 

La pérdida de soberanía a la cual nos enfrentamos ahora producto del neoliberalismo hace que no tengamos ni para producir los barbijos que Carrillo produjo con las roperías en los hospitales durante su gestión. En ese contexto se produjo todo esto. Cuando uno habla de la situación económica no habla solamente de lo que pasa ahora: arrastramos décadas de entrega del sistema de salud, décadas de extranjerización. El neoliberalismo es mundial, por más que hayamos tenido gobiernos peronistas que hayan ido en contra de la corriente en Latinoamérica; uno puede nadar en contra de la corriente pero si el mundo va hacia una globalización y liberalización tan grande, y uno está inmerso en el mundo, de todas maneras termina implicado. El sistema de salud se encuentra inmerso en un contexto internacional neoliberal donde la salud es una de las principales industrias. En ese contexto nos toca enfrentar esto. 

Lógicamente, uno le agrega la negligencia y todas las cosas que sucedieron con la gestión anterior. Acá tuvimos que rearmar el área de epidemiología, no había depósito central de compras para poder tener logística. No había forma de gobernar desde el ministerio hacia los hospitales, los hospitales iban y compraban los barbijos en la farmacia de la esquina. No había herramientas para ejercer política desde el ministerio, los hospitales o el sistema de salud en general.

 
Si la disyuntiva es la parálisis que genera el aislamiento al motor de la rueda económica, en contra de las medidas de salud que genera el aislamiento y… es complejo. Uno sabe que el Coronavirus es una enfermedad que puede producir muertes pero también uno sabe que hay muchas otras enfermedad producto de la falta de empleo y alimentos, que también pueden generar grandes problemas. Incluso el acceso al sistema de salud. Hoy tenemos los hospitales vacíos, o en menos de un tercio de su uso, y gran parte de eso tiene que ver con que hay menos accidentes de tránsito (por supuesto eso es bueno) pero seguro hay personas que tendrían que atenderse por enfermedades crónicas y no lo están haciendo. Eso también afecta a la salud.

La pregunta es hasta donde está el delicado equilibrio, y es difícil. Nosotros estamos analizando continuamente la epidemiología. En general se la interpreta como una ciencia derivada de la biología y eso es un error. La epidemiología es una ciencia social y habla sobre todo de las diferencias sociales, importa mucho saber ante qué población una enfermedad afecta y las características económicas y sociales que tiene esa población, para poder entender los patrones de distribución, porque si no solo sería una cuestión de azar quien se enferma y quien no. Lo que intentamos analizar ahora es de qué manera podemos permitir que la sociedad se desarrolle -de modo que pueda favorecer la producción social- sin que eso genere grandes reproducciones de la pandemia. Eso es una cuestión dinámica, muy compleja, que estamos intentando aplicar en nuestro país, sobre todo porque con las medidas que tomamos hasta ahora tenemos un poco de complaince que nos permite, con un lento aumento de los casos, seguir teniendo sistema para atenderlos. 

Vamos a ver si podemos mejorar las condiciones de vida porque tampoco es sostenible por mucho tiempo este nivel de aislamiento y empobrecimiento de la sociedad. Hay sectores que muy rápidamente cayeron en la pobreza, hay pequeñas pymes que no pudieron pagar los sueldos y tuvieron que cerrar. Es una situación complejísima. 

¿Que fragilidades existían en el sistema previo a la explosión de la pandemia? ¿Con qué limitaciones se encontraron a la hora de implantar su modelo de gestión cuando llegaron al ministerio?

De todo tipo. Imaginate que acá la gente casi no venía a laburar. Los trabajadores venían, pero los ministros y funcionarios venían unas horas y se iban. No había políticas sanitarias de ninguna índole, era una cosa bastante perversa: pusieron en obra a todos los los hospitales pero no terminaron ninguno. Lo que consiguieron con eso fue paralizar los servicios, tener las guardias, terapias y quirófanos paralizados. La capacidad de producción del sistema de salud se redujo mucho. 

Uno se pone a pensar por qué hicieron algo tan brutal, o por qué no iban a algún hospital e invertían fuerte, lo terminaban y luego seguían con otro. Hay un caso muy paradigmático, el del Hospital Oñativia de Rafael Calzada, un territorio bastante vulnerable en Almirante Brown que tuvo un incendio por un rayo y se prendió fuego por los cables de electricidad. Lo que definió la administración anterior fue hacer una renovación parcial del área quirúrgica y luego abandonarlo. Ahora estamos avanzando la obra a toda velocidad. 

Algo que sabemos en salud es que construir un hospital cuesta más o menos lo mismo que mantenerlo abierto un año. Cuando uno baja la capacidad productiva de los hospitales es porque reduce el gasto. Yo no sé si esa fue la razón o no, pero la realidad es que en este contexto arrancamos una pandemia con todos los hospitales paralizados, sin ingreso a la planta, sin insumos, con un banco de drogas sin stock y además con deuda.

Se mencionó mucho el nivel de deuda que tenía la Provincia en materia de salud.

Abismal, el nivel de deuda era igual a todo el presupuesto del año, lo que te obliga a tener para el año 2020 dos presupuestos: el tuyo y el del año pasado que adeudás. No hay quién paga más caro que el mal pagador, las cosas son carísimas si vos tardás 6 o 7 meses en pagar, porque arrastrás una deuda del año anterior. Eso sucede cuando se corta la cadena de pagos. Acá hubo de todo, desde los problemas políticos, a la fragmentación histórica de la Provincia de Buenos Aires, a las deudas histórica de la salud y al abandono y la desidia escalofriante de la gestión de los últimos cuatro años.

Queremos pensar el día después de la pandemia, cuando la crisis haya pasado. ¿Creés que habrá una revalorización del rol del Estado y de la salud pública? ¿Qué transformaciones se deben plantear para el modelo sanitario argentino?

Es muy difícil saber en qué lugar nos va a dejar esto. Yo no soy un optimista, me cuesta creer que los actores de poder -que han construido el sistema que tenemos y conocemos- se van a correr porque ahora entendieron que el Estado es bueno. Creo que hay intereses muy fuertes y que para consolidar un modelo sanitario con un sistema nacional integrado de salud que permita pensar el derecho a un acceso igual para todos y para todas tenemos que construir la viabilidad política que lo permita. 

Es cierto que se está revalorizando la idea de Estado, hoy el Estado conduce y la sociedad está escuchando lo que el Estado tiene para decir; pero también es cierto que esto está basado en el temor que impone la pandemia. No tiene tanto que ver con que todos quieran que haya un buen sistema de salud pública o un Estado fuerte sino con el temor a una amenaza muy grande. No sé si esto nos va a dar suficiente poder para entender como sociedad la idea de la solidaridad o la soberanía, pero vamos a tener que pelearla, tenemos que aprovechar esta experiencia para mostrar que no nos puede volver a pasar lo mismo.

Muchos países del mundo, países muy capitalistas, que observaron que habían dejado transcurrir las últimas décadas abandonando el rol del Estado. Francia, Estados Unidos, España -por dar algunos ejemplos- se dieron cuenta que el Estado así de débil los deja muy indefensos ante una situación que hoy parece extrema, pero que sucede en todo el mundo: contínuamente los pobres se mueren por enfermedades evitables. Ahora sucede que toda la sociedad se puede morir por una enfermedad que podría ser evitable con un buen sistema de salud. Lo que antes era sólo para los más desfavorecidos ahora se homogeneizó a la totalidad y eso despierta algunas alarmas. No creo que alcance con esas alarmas, si no hay una concientización social y un trabajo político muy fuerte no va a ser suficiente.

Recién mencionabas a los actores de poder. La industria farmacéutica tiene una relación históricamente tensa con el Estado; por ejemplo, se suele decir que la Ley de Medicamentos fue un factor importante en la caída de Illia en el año 66. ¿Qué rol juegan hoy en día los laboratorios farmacéuticos, los grandes y los chicos, en medio de la pandemia?

Hoy la verdad es que el rol central no está en la industria farmacéutica privada. Yo creo que el problema es otro, viene de antes: un sistema bastante monopólico, cartelizado, que pone precios muy caros, muy por encima de la capacidad de pago de los individuos y del Estado.

En general la relación con la industria farmacéutica es una relación tensa, pero están más o menos acostumbrados a convivir con el peronismo, y precisan del Estado. Saben que el Estado peronista puede ser un Estado que quiera disputarles el porcentaje de la renta pero que hace aumentar la masa del acceso al derecho. Durante el macrismo intentaron achicar el porcentaje de población que tenía acceso a los medicamentos, porque produciendo menos ventas aumentaban la ganancia. Nosotros proponemos que reduzcan la tasa de ganancia pero aumentamos la cantidad de personas que acceden al sistema de salud. Con lo cual la industria farmacéutica también gana, pero la diferencia es que en nuestro modelo más personas acceden al bien social que son los medicamentos. Lo más importante es que tengamos soberanía, que tengamos en nuestro país la producción de medicamentos, la investigación, la ciencia y el pensamiento que nos permita no depender totalmente. Argentina tiene una restricción externa muy grande que hace que comprar afuera sea un problema, entonces la industria nacional es una aliada. 

Nosotros somos defensores a ultranza de la producción pública de medicamentos. Si uno tiene la capacidad tecnológica de producir no depende necesariamente de algunas cartelizaciones. Hemos visto situaciones muy graves, donde hay pocos productores y se venden elementos indispensables a precios exorbitantes. Que uno tenga como Estado la capacidad de producir estos elementos permite negociar mejor. La tensión que existe es la que tiene que haber naturalmente, podemos trabajar en conjunto con parte de la industria pero siempre con una idea de soberanía.

¿El modelo santafesino de producción pública de medicamento es un modelo extrapolable a la Provincia de Buenos Aires?

Nosotros tenemos el instituto biológico “Dr. Tomás Perón”, el laboratorio de producción pública de medicamentos en la PBA. Es uno de los ejes estratégicos de la gestión de Axel [Kicillof], el desarrollo del laboratorio de producción pública. No sólo para garantizar la producción de lo que se compra si no también como punta de lanza para la investigación. Por ejemplo, rápidamente se salió a producir alcohol en gel, uno de los elementos que teníamos que tener. 

Estuvo muy abandonado los últimos años y ahora estamos ocupándonos de reconstruirlo. Ese laboratorio -como muchos otros- es muy importante y hoy está contribuyendo al diagnóstico del Coronavirus. La producción pública de medicamentos es indispensable y hay  que sostenerla. Esto no quiere decir que uno vaya a reemplazar la industria privada, quiere decir que sin soberanía es difícil ejercer el control en la salud. 

Soberanía es un concepto que utilizás mucho…

La soberanía es elemental, tenemos que tener desarrollo científico y de investigación relacionada a la soberanía. Y no es solamente el Estado: la sociedad tiene sectores privados que tienen que estar jugando también por los intereses de la Patria. El Estado es el que marca el camino, el que marca cómo, pero el sector privado tiene que acompañar.

Lo que sucede habitualmente es que si el Estado no pone las reglas, los individuos hacen lo que quieren o pueden. Si el Estado pone reglas, las empresas y los individuos pueden apoyar al desarrollo del país. Tenemos que tener un Estado que ponga reglas y trabaje en el desarrollo del país, tanto en la producción farmacéutica como en la industrial.

Vos has destacado el rol de los trabajadores de la salud, el capital humano, como elemento importante además de los avances científicos y tecnológicos. La Provincia de Buenos Aires, ¿tiene problemas de distribución geográfica de este capital humano? 

No es tanto un problema geográfico sino un problema de proyectos. Si logramos desarrollar los proyectos sanitarios adecuados en la Provincia, se van a subsanar las problemáticas geográficas. La PBA, a pesar de que es muy grande y tiene un territorio vasto hacia el sur, no tiene problemas geográficos o climáticos reales que hagan inhóspitos algunos lugares. Lo que hay que pensar es ¿con qué proyecto de vida uno se puede ir a laburar a algún sector de conurbano del oeste vulnerable y que proyecto de vida te da el Estado si vas a trabajar ahí? ¿Cuál es el objetivo?

El Estado tiene que estar presente porque el sistema neoliberal se comió al sistema de salud. En el 80% de los distritos de la PBA los sectores privados se han fundido. En algunos lugares solo quedó el hospital municipal como único efector de salud. 

Esto es consecuencia de una lógica de muchos años de producción liberal. A las empresas medianas se las comieron los grandes productores de las commodities en salud y tecnología, entonces el trabajador quedó muy precarizado, con pluriempleo, sin estabilidad laboral y sobre todo sin un proyecto. Nosotros, los trabajadores de la salud, en general tenemos un proyecto de vida, no laburamos solo por un sueldo, nos tiene que interesar lo que hacemos: investigamos, estudiamos, estamos interesados. Si ese proyecto no se da solo queda la cuestión económica. Y esta cuestión, cuando hay salud y vida de por medio, puede ser extrema. Hay trabajadores de la salud que trabajan junto con otros, en el mismo lugar, que ganan 7 u 8 veces más porque han logrado corporativizarse. Y ni siquiera la plata es un estímulo para el médico. Lo importante es que los trabajadores de la salud estén contentos, que tengan ganas de ir todos los días a laburar; hay una vocación de trabajo en la salud, una vocación de servicio. 

Hay que reconstruir la idea de un sistema, porque se fetichizó mucho la tecnología en la salud. Nosotros estamos convencidos de que lo más importante son los trabajadores, es gente que cuida gente. Hay que ver cómo hacemos para que esa gente esté interesada, le guste y tenga nuevas ideas, quiera crear nuevas soluciones, y recién ahí use tecnología. La tecnología es casi una anécdota coyuntural del momento de la vida.

Si construimos esto, por ahí podemos tener un sistema de salud que se empiece a ordenar y tengan alguna integralidad. Si lo soltamos a cuánto paga cada uno es otra cosa. Si se actúa de forma neoliberal, la respuesta va a ser neoliberal. 

Tu trayectoria militante empezó en el ámbito universitario ¿qué enseñanzas o herramientas le brindó la militancia estudiantil a tu desarrollo político y profesional? 

Todo. Yo arranqué ahí, con muchísima intensidad. Cuando empecé a militar corría el año 2001; en ese entonces no tenía ninguna expectativa de que alguno de nosotros pudiera estar en un lugar de poder. Nosotros militamos porque no podíamos vivir de otra manera. Queríamos militar, encontrarnos con gente y construir pequeñas viabilidades concretas. Gestionamos la vida cotidiana en la militancia universitaria; nos juntamos para pensar como una clase podía ser mejor o como trabajar en un barrio. En ese lugar, en esas discusiones y reuniones asamblearias conocí a la mayoría de mis compañeros, que ahora son grandes dirigentes políticos. 

Aprendí muchísimo, de ahí sale todo. Después toda la construcción que uno puede tener en la militancia política, tiene esa base. Nosotros lo hicimos por los ideales. Yo tenía que estudiar y laburar, era docente y también militaba. No dormía. De esa manera vive y se forma uno como militante, no es que te sobra el tiempo y por eso militás, militás cuando no tenés tiempo y lo hacés esforzándote. La carrera de medicina es exigente, nos obligaba a hacer las dos cosas al mismo tiempo. Para mi todo surgió de ahí. 

Esta serie de entrevistas se llama “Herederos”, por la canción que habla de “herederos de Perón y de Evita”. Sos parte de una generación que entró en la política en los últimos años: ¿qué impronta te parece que puede tener la juventud para el peronismo, y para la política argentina en general?

Yo creo que el más joven de todos era Néstor. Esa juventud eterna de no aceptar las cosas, de pensar en el otro, de pensar lo colectivo, es lo que Néstor y Cristina nos pidieron que hiciéramos y nos enseñaron hacer. Cuando yo empecé a militar en la universidad tenía una gran desconfianza de todos, confiaba en los que conocía y en nadie más. Esta idea de confiar, de creer y de construir algo mucho más grande, es lo que Néstor y Cristina nos enseñaron. De ahí en adelante lo que nos pidieron que hagamos es esforzarnos mucho, trabajar mucho, ser solidarios y sobre todo no pensar en que lo que hay es lo que tiene que haber. Estamos acá solamente para transformar las cosas, si no lo hiciéramos nos convertiríamos en aquello que siempre quisimos evitar. 

Nuestra vida no había sido pensada para estar acá, pero ellos llegaron y nos pidieron a los jóvenes que le demos una mano. Así aprendimos mucho, transitando ese camino.

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