La educación y el trabajo: dos pilares de la sociedad argentina frente al COVID-19 · Lucía Sánchez Barbieri

Por Lucía Sánchez Barbieri

No es cierto que el teletrabajo sea para todes.

No es cierto que el teletrabajo sea para todes. Tampoco es cierto que para quienes sí es, sea la mejor de las opciones.

Para empezar, no todos los trabajos pueden realizarse a la distancia. En Argentina, del total de trabajos, apenas un 27%-29% de los mismos pueden realizarse desde el hogar y si a ello se le integra la estimación del uso de computadoras, el número se reduce al 18%[1]. Pero dicho porcentual cae a un 8% si se tiene en cuenta los y las trabajadoras que efectivamente trabajan desde sus casas.

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Los motivos son tres: el primero de ellos, hace referencia al atraso relativo en términos tecnológicos del aparato productivo en Argentina. Luego, desde el lado de los hogares, existe un defasaje en la transformación digital. Por último, incluso con la mejor de las infraestructuras, el 40% de los trabajos no pueden realizarse de manera virtual. En este grupo, destaca la Construcción (15%), los trabajos de cuidados (14%), Transporte (8%), actividades de Atención a la Salud Humana (9%) y Administración Pública (8%). También existen los y las trabajadoras informales, feriantes, trabajadorxs sexuales, artistas y gestorxs culturales, entre otrxs, quienes trabajan y transitan la calle. Para elles, el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio supone la imposibilidad de percibir sus ingresos laborales durante la cuarentena.

El análisis etario, geográfico y desde los géneros del trabajo remoto/a distancia, también demuestra que el teletrabajo no es una opción para todos/as. El 97% de las personas que teletrabajan son nativos digitales de entre 26 y 35 años y, si se desea pensar el teletrabajo desde la distribución geográfica, se identifica rápidamente que (y sin asombro) CABA concentra el potencial a esta modalidad de trabajo: casi la mitad de los y las trabajadoras podrían realizar sus trabajos virtualimente. En Gran Buenos Aires (GBA), Gran Córdoba, Tucumán el porcentual cae a un 25%. Los números son peores en la medida en la que se incorporan el acceso a internet y a una computadora: en GBA, los hogares que tienen acceso a internet es un 10% menor que en CABA.

Cuando se analiza la situación desde los géneros, el potencial del teletrabajo en hombres es de 32%-34% mientras que dicho número desciende a 24% en las mujeres. Detrás de los números se esconden otras realidades como que, por ejemplo, los trabajos más teletrabajables están ocupados, mayoritariamente, por varones (“el 70% de los roles directivos, que tienen potencial de teletrabajo relativamente alto, es llevado a cabo por hombres”).

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Las tareas del cuidado y las infraestructuras de los hogares.

Si ahora las casas pasan a ser las nuevas oficinas, la pregunta respecto al hogar es también vital. Primero, es importante mencionar que las identidades feminizadas realizan mayoritariamente las tareas del cuidado al interior de los hogares. Según datos del INDEC[2], las mujeres dedicamos el doble de horas al desarrollo de tareas del cuidado del hogar y/o personas adultas/niñes (6,4 horas diarias nosotras, 3,4 horas ellos) y casi el 90% de las mujeres “participamos” de las tareas del cuidado, mientras que el porcentual de varones es de menos del 60%.

Además, la propia infraestructura es determinante: en el teletrabajo importan los dispositivos a disposición, la conexión a internet, la disponibilidad de un cuarto dedicado al trabajo/estudio. Obviamente que el acceso a la tecnología no es uniforme y está estrechamente vinculado con el nivel de ingresos: en los deciles de mayores ingresos, se estima que 1 de cada 2 trabajos pueden realizarse desde el hogar mientras que, en los deciles con menores ingresos, la proporción de teletrabajos es 1 de cada 10 (un trabajo puede ser realizado a distancia cada diez trabajos)[3].

De todas maneras, es cierto que existen diferencias entre las ramas productivas. Quienes se dedican a las “Actividades Financieras y Seguros” pueden desplazarse con mayor facilidad a la esfera digital que aquellos que se dedican al Trabajo del Cuidado. Pero existen ramas teletrabajables, como la enseñanza, donde la infraestructura de los hogares condiciona tanto a les docentes como a les alumnes.

Pensar la virtualidad en la educación: brechas digital y pedagogía.

La crisis del COVID-19 pone en discusión algunas de las preguntas de muchos pedagogos y educadores: ¿cómo combinar tecnología y educación? ¿cómo trabajar el desigual acceso y la brecha digital?          

El Coronavirus modificó el ritmo académico y vino a demandarnos una nueva pedagogía. La UNESCO declara que el 90% de les estudiantes del mundo entero están temporalmente en cese académico y en América Latina, ese número se eleva al 95%, acorde a datos del BID. En estos días, donde el aislamiento hace que les docentes y les estudiantes dependamos de los dispositivos móviles y de la conexión a internet, ¿qué pasa con la mitad de los hogares del mundo donde no se tiene acceso a internet?[4].

En Argentina, según un informe del Observatorio Argentinos por la Educación, el 37% de los hogares no tienen acceso a internet fijo. Además, el 16% de les estudiantes de secundaria y casi el 20% de les estudiantes de nivel primario no tienen acceso a internet. Pero la cifra, localizada geográficamente, no es uniforme: el 40% de les estudiantes primarios de Santiago del Estero, 37% en Formosa, 36% en San Juan no tiene internet en sus casas mientras que en provincias como CABA (7%) y Tierra del Fuego (8%) ese porcentual es radicalmente más bajo. Las regiones con mayor vulnerabilidad socioeducativa son las áreas del conurbano bonaerense y de las Provincias del Norte. Además, las villas y barrios con menores ingresos son también aquellos donde las empresas de conectividad brindan escasos servicios. En el Nivel Secundario, la falta de acceso a internet, si bien es menor que en les estudiantes de nivel primaria, sigue el mismo patrón: Salta (29%), Catamarca (29%), Formosa (29%), Misiones (29%), Corrientes (28%), Jujuy (28%), San Juan (27%), Santiago del Estero (26%) y Chaco (26%) mientras que los porcentuales en La Pampa (5,1%), Ciudad de Buenos Aires (7,2%) y Tierra del Fuego (7,5%) son inferiores.

La brecha digital que estamos viviendo y viendo, vuelve a poner en discusión las estadísticas mundiales. No es solamente el acceso a internet lo que determina la posibilidad educativa/laboral. Por un lado, hay que analizar la calidad del dispositivo móvil (puede ser que exista conectividad pero que la misma venga desde un celular). Por el otro, analizar la posibilidad real del uso de dicho dispositivo móvil (supongamos que sí se posee una computadora: no es lo mismo si es utilizada individualmente que si esta debe ser compartida entre 2, 3 o 4 hermanxs/miembros familiares). Por último, las estadísticas mundiales del acceso a internet no tienen en consideración la calidad del servicio de internet.

Democratizar internet, regular el teletrabajo.

Antes mi casa era mi casa. Ahora mi casa es mi casa, mi oficina y mi aula. El teletrabajo disuelve la línea entre lo privado/lo público y flexibiliza la jornada laboral. Las mujeres que cuidan del hogar/niñes/adultes mayores y que ahora también trabajan en la casa, ¿qué pasa con ellas? ¿y con las trabajadoras de los hogares particulares? ¿qué pasa con les trabajadores que utilizan sus propios equipamentos/internet/servicios? El teletrabajo es un tendido en la virtualidad sin regulación estatal alguna. Es necesario pensar políticas públicas que eviten riesgos posibles, que limiten a las empresas y protejan a los trabajadores, que reconozcan la privacidad y el descanso. También es necesaria la democratización en el acceso a internet, que sea realmente universal e integral, que le permita a nuestros chicos y chicas ir a clases, tener la posibilidad del contacto con los docentes. No podemos permitirnos, como sociedad, seguir agrandando la brecha ya existente.


[1] https://www.cippec.org/wp-content/uploads/2020/04/Albrieu-abril-2020-Oportunidades-y-limites-del-teletrabajo-en-Argentin…-3.pdf

[2] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/tnr_07_14.pdf

[3] el 10% más rico concentra el 20% de los trabajos que pueden realizarse desde el hogar, y el 30% más rico, el 50%. Como contrapartida, el 10% más pobre aporta menos del 3% de los trabajos que pueden realizarse desde el hogar, y el 30% más pobre, el 12%

[4] , según datos de la Organización de las Naciones Unidas (2020).

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