El despertar americano · por Santiago Mitnik

Por Santiago Mitnik

No me gusta empezar en primera persona, pero me parece importante aclarar algo: me costó muchísimo escribir esto. No solo por lo delicado de los temas que se tratan, sino por lo complejo y fragmentado del acontecimiento. De todas las narrativas, de todos los argumentos, de todas las estadísticas, etc., se pueden decir muchas cosas, se las puede acusar de falsas o de irrelevantes. Lo único real en esto es el estallido.

No es mi objetivo ser el abogado del diablo por deporte, sino salir del análisis moralista, complejizar en las características de este evento y poder pensar, en clave de la historia norteamericana, que problemas se abren para el futuro de la todavía principal potencia del mundo.

The birth of a nation // El nacimiento de una nación

Empezando por lo obvio, EEUU tiene un problema grave con la cuestión racial. A diferencia de la colonización española en sud y centroamérica, en la colonización inglesa de norteamérica casi no hubo mestizaje. La enorme mayoría de la población nativa fue exterminada, la restante fue confinada en “reservas”. EEUU se fundó y siempre se entendió a sí mismo como un país blanco, no criollo. Los “all men” que son “created equal” de la Declaración de Independencia eran un grupo muy específico.

El sistema económico de las plantaciones del sur algodonero se benefició enormemente del tráfico de esclavos africanos y con esto se fue generando una gran población negra, que llegó a ser casi el 20% del total de los Estados Unidos a fines del siglo XVI. El alza del norte moderno e industrialista chocaría con los intereses del sur agroexportador y esclavista, y con la victoria de Lincoln estallaría la Guerra de Secesión en 1861. La abolición de la esclavitud, más de medio siglo después que nuestra Asamblea del Año XIII, tuvo motivaciones económicas y políticas claras, aunque nada de esto le resta su componente ideológico enormemente progresivo. El abolicionismo y la lucha contra la discriminación empezaron mucho antes de la Guerra Civil y continuaron mucho después. 

Los intentos de la reconstrucción post Guerra Civil quedaron a medio camino. Las políticas de segregación (y el racismo estructural en general) mantuvieron a la población negra durante décadas como ciudadanos de segunda. Los linchamientos, las leyes de Jim Crow y el Ku Klux Klan fueron factores “ordenadores” de ese status quo. Esto hizo que una cantidad importante de esta población negra emigre al noreste del país. La gigantesca inmigración europea, aunque conflictiva al principio, también ayudó a mantener el status de “país blanco” reduciendo el porcentaje de la población negra y debilitando su poder electoral (llegaron a un piso de casi 10% en 1930).

Muchos movimientos políticos han surgido en el reclamo por la igualdad, desde el apoyo de los socialistas, pasando grupos armados como los Black Panthers, hasta la militancia pacifista de Martin Luther King, Jr.. De una forma u otra el progreso ha sido enorme, aunque muchas deudas queden pendientes. Hoy el grupo activista principal es el Black Lives Matter, “las vidas negras importan”, un reclamo tan simple como potente.

Un factor importante a tener en cuenta es que la esclavitud borró la identificación original de los esclavos importados. No hay un hogar ancestral al cual regresar; su única patria es el territorio del país que habitan. Y en la retórica universalista de los EEUU del último tiempo, el “american dream” también se propone ser para ellos. La elección de Obama en 2008 vino a confirmar esto; sus primeras palabras en el discurso de victoria fueron:

“If there is anyone out there who still doubts that America is a place where all things are possible; who still wonders if the dream of our founders is alive in our time; who still questions the power of our democracy, tonight is your answer.”

En español:

“Si hay alguien que todavía dude de que América es un lugar en donde todo es posible; que todavía se pregunte si el sueño de nuestros fundadores está vivo en nuestro tiempo; que todavía cuestione el poder de nuestra democracia, esta noche es la respuesta.”

No puede quedar sin nombrar, para tener una perspectiva holística de la situación étnica, que hoy la población afroamericana constituye el 13% del total, residiendo la mayoría en el Sur, con grandes poblaciones la costa Este y el rust belt. La principal minoría es hoy la hispana o latina, con aproximadamente el 18% de la población, principalmente en Florida y los estados fronterizos con México (que pertenecieron al estado mexicano en algún momento). Este grupo tiene una gran tasa de crecimiento poblacional, ayudada por la inmigración. La tradicional hegemonía blanca se reduce constantemente, y se calcula que llegará a ser menos del 50% en pocas décadas.

Pero pensar solo en términos de blancos contra no blancos es un error grave, porque presupone una homogeneidad al interior de estos grupos. Ni los grupos minoritarios son siempre una coalición unida ni los blancos lo son. Y ni hablar de lo complejo que es terminar de delimitar las fronteras étnicas en algunos casos, especialmente en la difusa identidad de los latinos.

La tendencia mayoritaria apunta una enorme lealtad de la población negra (un poco menos la hispana, pero también) al Partido Demócrata. Y en la población blanca, esto varía mucho estado a estado. También depende mucho de la posturas específicas de cada candidato. Los estados de Nueva Inglaterra votan generalmente Demócrata; por ejemplo Vermont, de donde es Bernie Sanders, es el estado más blanco del país (95% aproximadamente). Los blancos del Sur, en cambio, votan sólidamente a los Republicanos.

Do the Riots in Minneapolis Forebode Greater Civil Unrest for the US?

If only you knew how bad things really are // si tan solo supieras cuán mal están las cosas realmente

En una clave estructural, a partir de los ‘70, pero especialmente desde los ‘90, la estructura económica de los EEUU se transforma enormemente. Se pasa de un modelo clásico industrialista a uno más internacionalizado. La relocalización de fábricas en Asia genera un gran impacto, especialmente en el rust belt, la región más golpeada por la desindustrialización (por eso llamada “cinturón de óxido”). Allí, un importante núcleo de antiguos votos blancos industriales queda huérfano cuando las promesas de Obama de esperanza y cambio quedan en la nada. Este grupo es una de las piezas claves que permiten la victoria de Trump. 

Pero Trump no representa solamente a un grupo de votantes: también representa una propuesta alternativa de orientación estratégica del país. Uno de los grandes hechos revolucionarios de su gobierno fue lograr la caída del Tratado Transpacífico de Comercio, que hubiera implicado la plena vinculación y apertura de la economía estadounidense a la asiática. Este, entre otros giros proteccionistas, marca una gran herejía contra el establishment liberal, incluído un sector del Partido Republicano.

¿Por qué me estoy centrando tanto en Trump y no en la cuestión de las protestas?

Porque no se puede entender el proceso actual sino como un episodio más de una batalla por el alma y la identidad de los Estados Unidos.

Porque así como en la Guerra de Secesión los intereses económicos se apoyan en cuestiones raciales, hoy sucede lo mismo. La forma más moderna, dinámica e internacional del capital apoya todas las causas progresistas. No tiene que sorprendernos que las multinacionales pongan todos los logos con la bandera LGBT para el Pride Month, que todos pongan el cuadradito negro apoyando estas protestas, etcétera. No tenemos que tomarlo sólo como propaganda, public relations o simplemente cuidado de una clientela (cosas que también son ciertas), sino que es un vector de desarrollo coherente. Léase: liberalismo económico, liberalismo político, liberalismo cultural.

Si la derecha dura ve esto como una conspiración de unos enemigos, algo de sentido tiene; que después sepan identificarlos o no, es otra cuestión. Tener a Bush (!) y al Bank of America apoyando el reclamo es, como mínimo, raro. Quizás es más preocupante que cierto sector del progresismo o de la izquierda no note esta tendencia. Es peligroso creer que se puede ignorar el hecho de que muchas de las luchas progresistas no sean más que punta de lanza para el asentamiento de una forma más globalizada y voraz del sistema capitalista, para el que las soberanías nacionales son ya un recuerdo del pasado. Me imagino posibles argumentos marxistas para apoyarlo, pero muy pocos se animan a dar en lo teórico ese paso que ya dieron en lo práctico.

No estoy asegurando que la línea correcta™ sea salir a apoyar el giro nacionalista estadounidense (que tiene su pequeños problemitas propios, ¿no?), sino que si no entendemos esta cuestión nos estamos perdiendo de una parte importantísima del escenario político. Este combate tiene implicaciones que trascienden por mucho las fronteras estadounidenses. 

No justice, no peace // si no hay justicia, no hay paz

Ahora bien, absolutamente nada de todo esto que dije hasta ahora explica lo que se está viendo en la calle los últimos días. Nadie se va a hacer matar por la policía por las ganancias de una empresa globalizada. Algo está motivando a decenas de miles de personas a darlo todo y definitivamente no es un cheque de Soros o del Bank of America.

En un enorme acto de lucidez, los chilenos a fines del año pasado bautizaron sus protestas con una frase hermosa: “no son 30 pesos, son 30 años”; la referencia era a que si bien el estallido empezó por un aumento del boleto la causa real son las décadas de abandono.

Es claro que Estados Unidos tiene muchas deudas históricas con la población afroamericana y la cuestión de la violencia policial es una de ellas. La potencia del “i can’t breath” es que esta frase ya fue la que dijo Eric Garner mientras era asesinado por la policía. La realidad es que la violencia policial se aplica desproporcionadamente en contra de la población negra. ¿Qué factores lo explican? Algunos señalan que es solo por la pobreza estructural pronunciada en la población negra (25% contra el 11% en blancos), los racistas señalan un determinismo biológico flojo de papeles, la gran mayoría señala un racismo estructural que se mantiene y permea todas las instituciones, especialmente las del sistema policial-judicial-carcelario. 

Pero tampoco parece ninguna coincidencia que esto haya sucedido en este año tan particular. Ya hubo disturbios raciales hace un tiempo, el más importante en Ferguson, durante la presidencia de Obama, por un hecho similar, aunque no tuvo ni remotamente la potencia que el actual. Y esto tiene algunas explicaciones. El primero, medio simplista pero no por eso menos cierto, es que muchos odian a Trump. Creer que el hecho subjetivo de verse representado (como con Obama) o asqueado con el gobierno es irrelevante es una subestimación de la potencia de la democracia.

Pero ¿por qué no el año pasado?, ¿qué pasó ahora tan distinto? Tampoco es que la violencia policial haya aumentado. Creo que a esta altura es obvio: solo salgan a la calle, caminan un par de cuadras y vean… Sí, justamente: no pueden.

El sistema político del trumpismo se sostenía en base a unos excelentes números económicos. De entre todas las cifras, el desempleo negro había llegado a un piso histórico. Probablemente esto no alcanzaba para ganar muchos votos de esa demografía, pero sí para contenerlos. Con la Cuarentena, esto explotó, y la desocupación general llegó a números inéditos (no encontré data separada por raza, pero sospecho que el impacto fue especialmente fuerte allí). Me resulta imposible pensar que el estallido podría haber tenido esta misma fuerza en una situación de normalidad económica.

Es rarísimo tener que aclararlo, pero no se puede subestimar el impacto social de las más de 100.000 muertes por Coronavirus de los últimos meses. Las medidas llegaron tarde o fueron insuficientes; el Estado envió 1200 dólares a algunos ciudadanos y una ayuda descomunal a las grandes empresas. 

En resumen, no es tan complicado entender por que saldría a la calle no solo la población negra, sino progresistas, anarquistas o simplemente pobres de cualquier origen.

La explosión de violencia indiscriminada de los saqueos con varios fallecidos ya, tanto civiles como uniformados, no contradice esta idea, sino todo lo contrario. ¿Por qué no salir a saquear un Target, un Walmart? ¿Por qué no prender fuego un McDonalds? Y esto no son solo las bandas de crimen organizado, sino algo más profundo.

Las tres promesas del American Dream son “Life, Liberty and the Pursuit of Happiness”. Vida, libertad y la búsqueda de la felicidad. No se trata de reivindicar el saqueo como método legítimo de protesta, pero es claro lo que indica. Una ruptura del orden y de la creencia en los medios del sistema. El robo no es una lucha por la redistribución del ingreso y menos una contra la lógica capitalista, simplemente es la persecución del mismo fin sin importarte que los medios sean los legítimos. La destrucción vandálica si tiene un carácter específicamente político, siendo que expresa una ira contenida por un sector de la población.

Por el otro lado, las protestas son colosales y se están dando en todos los Estados en simultáneo, algo que ni Occupy ni Ferguson alcanzaron; el único antecedente fue contra el “muslim ban” y es incomparable el volumen, la intensidad y la duración.

Se pueden ver una especie de “ceremonias” de blancos renunciando a sus privilegios, masas de gente arrodillándose junto con policías repitiendo el símbolo de “take a knee” originado por Colin Kaepernick. Todo esto no es solo cringe o neo-hippismo. Hay más. Si, como sugerimos, está surgiendo con fuerza una nueva “cepa” de liberalismo radical (RadLib, Radical Liberalism), esta tiene una fuerte base en la religiosidad protestante norteamericana. Lo que los yanquis llaman “wokeness”, estar “despierto”, iluminado, consciente: básicamente, no ser un “ignorante” que no ve las opresiones a su alrededor ni un opresor que ve sus privilegios y no actúa para deconstruirlos. Este entendimiento moralista de la desigualdad ya lo empezamos a ver en Argentina, porque importamos corrientes de pensamiento con dos años de atraso.

En paralelo, hay mucha protesta más seria. Desde hoteles ocupados para refugiar protestantes, sistemas de donaciones y financiamiento de equipo y víveres para aguantar las largas jornadas, organización de equipos para las marchas. Así como sin Occupy Wall Street no habría Bernie Sanders, es claro que de estas protestas algo nuevo está naciendo.

Riot forces at White House include tactical teams wearing insignia ...

Law and order // Ley y orden

El tema es cuando llega la policía a despejar el área, cuando llega el Leviatán del que hablábamos en otra nota. Y lo que estamos viendo a través de las redes sociales (que debe ser solo una fracción de lo que pasa) es un escándalo. No hay un recopilado de cantidad de detenidos, heridos o fallecidos, ni se si la va a haber, pero debe ser un número poderoso. La violencia de la represión realmente asusta. Opaca muchísimo a la represiones de Hong Kong, de donde los yanquis aprendieron bastante sobre como bancarse represión, igual que de Chile. Dejo acá un hilo de videos de brutalidad policial (spoiler: son muchísimos).

La realidad es que la policía está sobrepasada. En Nueva York están egresando en forma adelantada a los nuevos reclutas porque no dan abasto; en muchos lugares llamaron a la Guardia Nacional, una especie de gendarmería interior; en Washington DC convocaron miles de unidades de distintas áreas: parques nacionales, guardiacárceles, etcétera. Así y todo, las protestas siguen de pie. Cuánto más puedan aguantar es un misterio.

En Minneapolis, donde fue el asesinato de George Floyd, los protestantes prendieron fuego la comisaría local. Se llegó a un límite peligroso cuando las protestas pudieron romper los cordones del Servicio Secreto y llegar casi hasta la Casa Blanca, un hecho histórico. Al día siguiente no se permitió que vuelva a suceder.

Trump lo sugirió y el senador Tom Cotton (nombre que parece una caricatura del racismo, por el algodón sureño) directamente exigió en una editorial del New York Times que se movilizara al ejército para aplastar la revuelta.

Las consecuencias de un hecho así serían incalculables. Primero, por la cantidad de muertos que podría haber si con eso no quiebran instantáneamente la moral de la población. Segundo, por el impacto social y político que puede tener en la población, pero también en la legitimidad externa de EEUU. Por último, y no es menor, por la terrible posibilidad de que a la hora de que les ordenen reprimir, simplemente no lo hagan. Y como vimos en Bolivia el año pasado, esta es la manera más simple de dar un golpe de Estado que tiene una cúpula militar.

¿Cuan delirante es hablar de esto? Bastante, pero no es imposible. Varias figuras importantes del mundo militar salieron a criticar fuertemente la idea utilizar tropas militares, más que nada exfuncionarios. Es difícil poder saber realmente lo que pasa, pero algunas declaraciones confusas como las del Secretario (Ministro) de Defensa Esper, la carta del general Malley, o directamente la proclama antirracista que sacó Kalleth O. Wright, de la Fuerza Aérea, llevan a pensar que el rancho no está ordenado.

El Ejército es la institución más respetada del país, la que más consenso genera. Es una institución que permite el ascenso social, donde están muy representadas las minorías étnicas (al igual que, hay que decirlo, muchos departamentos de policía). Forzar el choque directo entre Fuerzas Armadas y civiles en este contexto sería muy peligroso. En general todas las estructuras del Estado están enviando mensajes muy contradictorios, con muchos municipios rechazando la ayuda de fuerzas federales.

El otro aspecto represivo, tanto o más peligroso que el estatal, es el del conflicto entre civiles. Las imágenes de las “hordas” saqueando y destruyendo despierta los peores fantasmas de la cosmovisión yanquie, especialmente teniendo en cuenta que es una sociedad con una enorme cantidad de armas en manos de civiles

Quiero empezar hablando de los grupos armados de las minorías. Como en los riots de 1992 con sus “rooftop koreans”, muchos dueños de pequeños comercios locales se prepararon para defender, a los tiros si hace falta, sus negocios. En varios casos esto pasó. Como con toda la situación, no se sabe la escala de estos incidentes porque la policía no está en condiciones de registrarlo todo. Pero sí hay información de que los Latin Kings (una de las gangs de hispanos más grandes) y otros grupos “étnicos” están defendiendo sus barrios y sus comunidades.

Las milicias blancas que cuidan sus barrios y comercios también existen, y con mucha potencia. Este fenómeno tiene mucho arraigo y mucha interrelación con grupos de ultraderecha. Es lógico pensar que en estas circunstancias, especialmente si sienten que Trump no es lo suficientemente duro con los protestantes y saqueadores, estos grupos crezcan exponencialmente. Si la Segunda Enmienda de la Constitución (que garantiza la libre portación de armas) era defendida, ahora va a ser palabra sagrada. Las jornadas de estos días les demostraron que el establishment los abandonó y que si no se preparan, los van a pasar por arriba. Esta clase de grupos se arman fácil en momentos así, pero después no se desarman y esa tensión va a quedar. Simple y claro: no se van a ir sin pelear.

The aftermath // Las secuelas

Para ir cerrando, queda intentar pensar cuáles pueden ser los posibles resultados de estas jornadas caóticas en el corto, mediano y largo plazo. En el inmediato, ya estamos teniendo propuestas que eran impensadas hace una semana. Por ejemplo, se anunció la disolución del Departamento de Policía de Minneapolis, que será reemplazada por algo, que aún no se sabe qué es. Muchas alcaldías están anunciando que ejercerán grandes reformas a su sistema policial. Y por lo que se está viendo, muchas ciudades importantes van a tener que hacer lo mismo si no quieren perder la legitimidad social.

La Cuarentena y el distanciamiento social terminaron. De acá a dos semanas vamos a tener otro pico gigantesco y no hay nada que se pueda hacer. Apenas terminen los disturbios Trump debería abrir totalmente la economía. El giro de los Demócratas, que pasaron de criticar cualquier manifestación anti-cuarentena con furia a apoyar estas concentraciones, probablemente no pase gratis.

Sobre el gobierno, dudo muchísimo que esto vaya a significar la renuncia de Trump. Antes que eso pase tienen que pasar varias tragedias, que no veo muy fácil que sucedan. Pero, de nuevo, 2020 no fue un año muy tranquilo hasta ahora, así que ¿quién sabe?

Otra pregunta es si esto le puede costar la reelección. La respuesta es que sí, la elección está abierta, pero es muy difícil afirmar si esto lo debilita. La realidad es que su base electoral mayoritariamente pide balas, no amor. Y si la población blanca se ve amenazada por las “hordas” enemigas, puede movilizarse más a votar y lograr retener ciertos estados clave para el colegio electoral. También puede suceder exactamente lo opuesto. Si la población negra o hispana va en masa y da vuelta uno o dos estados claves, la elección puede ser de Biden. En principio, mismo escenario que antes pero con aún más polarización. No hay que subestimar el impacto que pueda haber tenido la pandemia o lo que vaya a pasar de aquí a noviembre que, por como viene siendo este año, puede ser muchísimo.

En el mediano y largo plazo se empieza a abrir el escenario del post-trumpismo. Si no hay ningún giro extraño, fracción o desequilibrio institucional, tarde o temprano, por política, por economía o por simple empuje demográfico, la coalición demócrata volverá al poder. Allí se va a encontrar con un país con enormes problemas externos e internos. Cómo afrontará los externos no viene al caso acá, pero si las cuestiones internas, porque estas protestas dan pistas.

El sector que hoy es trumpismo duro no se va a disolver sino que se va a mantener igual o se va a radicalizar. No sería sorprendente que alguna figura con una retórica más comunitarista, como Tucker Carlson, cobre mayor importancia política y que los grupos armados blancos se consoliden como un espacio político propio dentro de lo que quede del Partido Republicano, como un nuevo Tea Party. Una versión menos fringe pero no menos peligrosa que la alt-right. Cómo va a actuar un gobierno liberal frente a esto es un misterio. La verdad, la sola idea de Biden teniendo que enfrentarse a eso me asusta.

A la interna de la gran coalición demócrata las diferencias son gigantes. Si incluso con Obama hubo un Ferguson, nada indicaría que no puede repetirse. Además, los reclamos sociales sobre salud pública post-COVID van a volver más potentes que nunca. Esas grietas tarde o temprano van a estallar.

Si Trump se mantiene cuatro años más, cosa que es muy posible que pase, habrá que ver qué puede hacer para garantizar su supervivencia como figura y su legado en el partido republicano. Girar a la “normalidad” ya parece imposible y quién quiera sucederlo debe ser extremadamente creativo para poder emerger como figura superadora sin romper con su pasado. Aunque conociendo lo inesperado de Trump, nunca se sabe que puede inventar.

Una idea política antiguamente marginal que está teniendo gran eco y posiblemente termine concretándose son las “Reparations”: una especie de Plan Marshall para la población negra como reparación por el daño ocasionado por la esclavitud y la segregación, inspirado en la fallida “reconstrucción”. Alguna medida de este estilo va a ser necesaria para desagotar la tensión, junto con reformas a las policías.

El futuro de la representación política de los latinos es también una incógnita. En principio no parece haber grandes cambios, pero no sería raro suponer que esta minoría podría funcionar como un contrapeso a la población negra si el partido republicano puede empezar a llegarles de forma más directa. Siempre hay que recordar que ser una minoría no implica que sean ni más progresistas ni menos racistas. El voto latino va a definir el futuro político de las próximos años.

A modo de cierre, creo que entre las lecturas cínicas y las moralistas hay que poder encontrar el espacio para un análisis práctico de los eventos que suceden en el corazón de la gran potencia. Una lectura que se centre en entender los fenómenos antes que en posicionarse automáticamente. Y principalmente una lectura que esté a atenta a qué implican los sucesos para nosotros y cómo pensar mejor a Argentina en consecuencia, principalmente el choque entre los distintos sistemas de acumulación, las nuevas corrientes ideológicas y la situación de nuestros compatriotas latino-americanos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s