Institución y vanguardia en John Lennon y David Bowie · Por Martín Arias y Esteban Pizá

Por Martín Arias y Esteban Pizá

Playlist de todas las canciones mencionadas

Un texto sobre la ansiedad, un invierno más elegante

 John Lennon es posguerra. De chico jugaba en los agujeros que dejaron algunas bombas de la segunda guerra mundial. Nació en 1940 y hacía frío. El Blitz alemán sacudía Inglaterra mientras Churchill conducía la resistencia desde los War Rooms. Así nació Lennon. Después su mamá lo dejó con su tía.

Los Beatles se curtieron tocando en Hamburgo: puerto y cabaret, ni gede ni posguerra. Era 1962 o 1963, quizás antes. Elvis es del 57 y la gente se escandalizaba porque movía la cadera: no sabemos aún si por aburrimiento o por tristeza pero ahí empezó casi todo. Nosotros vamos a decir que Lennon es institución, nos gustaría empezar desde esa idea. Porque en el 64 llegó a EEUU con los Beatles y antes que eso había muy poco. Llenó de gente el aeropuerto, había mucha prensa. Ellos eran inocentes y estaban lúcidos[1]. Era la primera vez que se daba esa masividad, de histeria y de movimiento. Seguramente sea más fácil ser genuino cuando todo está por inventarse: es el punto de partida total de la locura del rock and roll.

The Cavern club fue post Hamburgo, en Liverpool, antes de estallar. Rock and roll puro, Elvis y algunos más sonaban en su música. Ya tomaban pastillas para no dormir y en Alemania habían tocado para los marinos (Hamburgo es una ciudad portuaria, casualmente, como Liverpool). Había bohemia en Alemania, algo de Sartre, de generación beat, de polera. John era campera de cuero por aquel tiempo, pero siempre que llovía había piloto. Sobretodo en invierno, más elegante.

David Jones nació siete años después.

Mientras se cocinaba el Plan Marshall, en Brixton crecía un pequeñín que con la cara pintarrajeada de maquillaje le preguntaba a su mamá por qué ella se podía maquillar y él no. Se llama David Robert Jones, pero lo íbamos a conocer como David Bowie. Su hermano le presentó a Jack Kerouac, y con él, a la cultura beatnik. Transitó los 60 rebotando en resabios beats, estética mod y budismo[2]. También fue mimo. Empezó una gran búsqueda que jamás terminó, porque si hay algo que Bowie nos enseñó, es que las búsquedas son un fin en sí mismo. Por eso decimos que es vanguardia, a lo largo de toda su vida.

Comenzó a delinear una cosmovisión que integraba la música y la actuación. Le gustaba ir al teatro, y ahí entendió que quería “crear cosas con la mera sugestión” (diría años después). El primer disco fue sin pena ni gloria. Un estilo folk que desencajaba, fiel a su originalidad aún en la oscuridad: virtud que mantendría en la cúspide del mundo.

A fines de los 60’s, la misión tripulada Apolo 11 puso un hombre en la luna y la banda sonora era David Bowie. El lanzamiento de Space Oddity fue sólo unos días antes de la dudosa hazaña norteamericana. La BBC musicalizó la cobertura con su nuevo tema y los ingleses de esa época deben haber visto algo así en la TV.

Seguir en el mundo beatle

En la gira en EEUU de 1964, Dylan le da faso a los Beatles y Lennon escribe después “You’ve Got To Hide Your Love Away”. Love, siempre love. Empieza a hablar más de él, más en serio. Podría definirse como un punto de inflexión, vergüenza o exposición quizás. O era otra cosa, ahí cerquita del amor. Fijate si no se le fue la mano por esa época que terminó gritando Help!.

Después, en Rubber Soul, Los Beatles más distantes ya pensaban en el alma. Al fotógrafo se le cayó la foto enmarcada para la tapa y quedó alejada un poco en diagonal del marco. Ojo de pez, Bob Dylan también lo tenía (It’s all right, ma, I’m only bleeding). Un poco más ácido, siempre con amor.

Rubber soul

Tapa del disco Rubber Soul, lanzado en 1965.

El campesino empezó a bailar con ritmo

En los 70 las cuestiones raciales estaban a flor de piel. Hubo tiros, protestas y detenciones.  Como Dylan (blanco) en sus inicios, la música protestó y Lennon ya estaba reventándose, really high[3].

Aquel que le pidió la foto en Central Park también estaba reventado esa última vez. Fierrito tibio a Luther King en el 68, fierrito tibio a Lennon en el 80. A otro blanco.

En 1965, Dylan también era un adelantado. Tenía el sonido eléctrico con bajos de años futuros, pesados. Y algo más: Los Beatles -siempre naif- cantaron “Let it be” en el 69 (dejalo ser) y los Stones, parece, respondieron: “Let it bleed” (dejalo sangrar). En esto Dylan ya había aclarado el panorama varios años antes, “Está todo bien ma, sólo estoy sangrando” (it´s all right ma – I´m only bleeding). Otro adelanto, el mismo relato[4]. En fin, Lennon va a sonar en el 74 como Dylan se pensaba en el 65.

Una pausa para David

Probó suerte como David Jones and the King Bees, sacando un simple. Pero el primer disco como Bowie salió en 1967, el año en el que los Beatles armaron la banda del Sargento desafinado: Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band[5]. El fenómeno Beatle explotó para siempre mientras David asomaba la cabeza. Después, los cuatro de Liverpool iban a llevar y acompañar la madurez con altura (en el 69 tocan en el techo y pongamos que en el 70 se separan). El momento de David sería unos años más tarde, cuando Ziggy Stardust aterrizó en la tierra y pasó un ratito por la BBC para interpretar el tema Starman.

Bowie personificando a Ziggy Stardust, con el vestuario del diseñador japones Kansai Yamamoto

La pose como provocación

De 1967 a 1969 Bowie osciló en proyectos alternativos de mímica, poesía y música. En el 69’ lanzó Space Oddity, pero (al margen del éxito lunar) el álbum no tuvo gran éxito. Un mimo budista que prefiere a los skinhead por sobre los hippies puede ser un personaje bastante complejo de comprender (como lo sería hasta su muerte).

La vuelta de tuerca musical que no estaba encontrando la aportó el guitarrista Mick Ronson, fanático de Jeff Beck y Eric Clapton. Un disco contundente, cuyo primer tema (The width of a circle) automáticamente implica un contraste con sus obras anteriores. La mano de Ronson se notaba: la asombrosa pesadez del rock. Ese disco de guitarras potentes y una batería más atropellada e impredecible lleva en la tapa al propio Bowie, echado en un sillón con pelo largo y un vestido. Un rockero con distorsión que cuestionaba incipientemente la binariedad de los géneros.

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Portada del disco The man who sold the world (1970)

El encuentro musical

 Con los Beatles ya separados, Lennon despliega su talento más puro y exclusivo, que potenciado con la siempre incomprendida Yoko logra alcanzar picos supremos de esplendor (Escucha obligatoria, su disco Double Fantasy). Porque los Beatles ya le quedaba chico a esos cuatro genios, tal como demostró la producción musical de cada uno. Mientras Lennon se acercaba a su última década de vida entera, Bowie explotaba como artista en todas sus facetas. Ziggy Stardust, Alladin Sane (A lad insane), y como el glam rock ya quedaba chico, nace el “Duque blanco” y nos regala un nuevo plot twist: Young Americans y Station to Station, inesperado cruce de soul y funk. Es en este primer disco, con abundantes saxos y un swing desconocido para un blanco, que David y John trabajan juntos. A John le gustó la versión de Across the universe[6] de Bowie, y se disponen a trabajar juntos sobre una temática que ambos conocían bien, disfrutaban y sufrían: la fama. Así nace el tema “Fame”, tema con el que termina el disco, número uno en Estados Unidos.

 ¿Por qué Bowie y Lennon se sientan en la mesa del siglo XX?

Algunas cosas de estas permiten pensar la vida (la carrera sin freno) de Bowie y Lennon como estructuras de la cultura de (esta) segunda mitad del siglo pasado. Porque eso somos todavía un poco. De la guerra -o la posguerra- uno fue vanguardia y alternativa eterna; otro atrevido y genio errante que abrió paso. Poca gente podría tener la exposición de Lennon y ser tan genuino. Y nadie se iba a hundir tanto para liberar y ponerle color a la música; nadie como Bowie podía llevar, con cincuenta años de anticipación, banderas con arte.

A su manera, Lennon y Bowie representan la institución y la vanguardia, respectivamente. Porque nadie en el mundo no conoce los Beatles y porque nadie en el mundo que conoce a Bowie lo conoce en su totalidad. John expuesto, siempre actuó una era: primero dio forma a una rebeldía, después estableció los límites, de adolescente pintaba, al rato hizo estallar una juventud, su histeria, domó el trip del verano y el amor, y se despidió maduro de esa gente (con barba y frío de oficina en los techos de Londres). Al rato empezó el pacifismo en la ciudad eterna, New York, la lucha por el pueblo y el poder para la gente. Ese combate explícito, racial y muchas cosas más. Utópico, la asombrosa pesadez de la cocaína y el asfalto.

También grandísima música siempre: balada de amor, reflexión, entretenimiento y sinceridad. En los setenta, Lennon tenía ese gran sonido, comprimido y de lustre. Tenía todo el ritmo ya. Densidad de curtido, intenso. Maduro de verdad, el primer señor del rock que creció su discurso con la gente. Del 64 al 74, la de 16 ya tenía 26 (la adolescente era universitaria); en el 80, tendría 32 y Lennon murió ese año con 40 años. Imagine es del 71, John tenía 31 y ya habían sido todos hippies…pero ese tema sigue conmoviendo.

La muerte como arte

Obligatorio paréntesis entre fines de los 70 y 2016, años en los que Bowie recorre la música experimental (trilogía de Berlín[7]), bate récords en el pop de los 80, arma una banda para reencontrarse con el rock (Tin Machine),  experimenta con sintetizadores (Earthling), e incluso llega a innovar en materia financiera emitiendo los “bonos Bowie”, respaldados en las regalías de su discografía y con los cuales obtuvo 55 millones de dólares para recuperar los derechos de sus antiguas canciones. Bowie publicó el disco Blackstar el 8 de enero de 2016, dos días antes de su muerte. Un disco oscuro, intenso, de difícil pero hermosa escucha. Bowie nos avisa lo que va a pasar: Look up here, I’m in heaven. I’ve got scars that can’t be seen. Esa búsqueda que había empezado, siguió hasta el último segundo de su existencia. Y quizás, después. Como Lázaro.

Sin berretín universo. Último verso.

A Lennon lo mataron a tiros; dicen que fue un fan. Un hecho más de él entonces: cómo se baja una institución. La de Bowie fue una despedida más dentro de sus miles: cómo se transforma la vanguardia. Una despedida más de cada uno: a los tiros, a los besos.

yoko

[1] Lennon respondía que si supiera qué hace que su música guste tanto, serían managers. George dijo bastante después, que el mundo se volvió loco y ellos quedaron en el medio del huracán.

[2] Los vagabundos del dharma, Kerouac. 1958. El mismo que le puso rock a la ruta 66 por primera vez.

[3] A los días de dejar los Beatles cantó en Toronto, Cold Turkey. Parece que era por el bajón de la heroína.

[4] Hay algo medio del rap en el fraseo de Dylan no?

[5] Si hay un funeral en este disco, todos los próceres quedaron ahí. En blanco y negro. El color, más que las flores, fue de ahí en adelante.

[6] Es un tema de Lennon con los Beatles, tan papelito, tan muchacha ojos de papel, mariposas de madera, tan poco blindado, tan mezquino y global que Bowie lo grabó en el 75.

[7] Los discos Low, Heroes y Lodger.

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