De Quentin a Tarantino · Por Azul Mosquera

Por Azul Mosquera

Introducción

Se recomiendo leer mientras escucha “You can never tell”, de Chuck Berry,

Hierve la pava que me armé para tomar unos mates. ¿Qué pienso? Parece que corren tiempos… ¿violentos? Inusuales, atípicos. Viendo un video, rescaté una frase que me llamó la atención: “salido de un sueño húmedo de Tarantino”, será que efectivamente llegó el día de los bastardos sin gloria. La revancha histórica de un mundo de muchos contra el mundo de algunos pocos… Está todo parado, florecen más incertidumbres que pétalos rústicos para poner en un florero. Yo sé que ustedes se preguntarán, y… ¿esto qué tiene que ver? La realidad es que ya algunas cosas carecen de sentido. Prendo la tele, miro la cara de aquél joven Quentin y le pongo play. Perros de la calle. Parece que esos abundan hoy en día, ¿no? 

CAPÍTULO I

Guionista, actor, director y hasta me han dicho por ahí que es un héroe, esos que no usan capa pero con una trama y un poco de violencia… ¿romántica? te hace protagonista de una delirante historia, que ni en tus sueños más extravagantes pensaste ser parte. Será que la diferencia aparece en los pequeños detalles, tal vez en un desahuciado local para alquilar películas, o en como poner la bombilla para que no se tape el mate (cada cual con sus mañas). Tarantino antes de ser Tarantino trabajó en un videoclub (si, hasta hace poco yo tampoco tenía ese dato). Pensar en que tal vez un día alguien pasó por la puerta y atrás del mostrador estaba Tarantino, quien imaginaría después la venganza poética que tendría aquel recuerdo.

De cepa única, hijo de Tony Tarantino, conocido como un amateur del arte, músico y actor de ascendencia italiana (de allí, Tarantino) y de Connie McHugh, su madre triple mezcla de ascendencia inglesa, irlandesa y alemana. No improvisaron a la hora de elegir el nombre que después portaría Quentin; éste hace referencia a un personaje de una serie de televisión, el herrero mestizo Quint interpretado por Burt Reynolds en Gunsmoke. ¿Será que su destino ya estaba envuelto en aquél nombre? Esta serie se conoció durante 43 años como la tira con mayor cantidad de episodios en la historia de la televisión estadounidense y por ser una de las exponentes del género western; característico en muchas piezas de Quentin pero sobre todo “Django” y “The hateful eight”. Solo le hizo falta un año de paso en la escuela superior Narbonne en Harbor City para abandonarla a los 15 años y dedicarse exclusivamente a tomar clases de interpretación y actuación en James Best Theater Company en Toluca Lake.12

En el videoclub de Manhattan Beach, no era el único. Junto con Roger Avary (director de cine canadiense, productor y guionista), el tiempo parecía quedar quieto: discutían de cine y le transmitían verborragicamente a los clientes ese irresistible fervor. Según una fuente (dudosa) Quentin estudió los tipos de películas que le gustaba alquilar a la gente y habitualmente se refiere a esa experiencia como fuente de inspiración: “Cuando la gente me pregunta si fui a la escuela de cine les digo: no, fui al cine”. 

Beatrix Kiddo se escapó de un hospital y… (ya sabemos cómo termina esa historia), Quentin se escapó de aquel videoclub para convertirse en Tarantino. 

CAPÍTULO II 

Narcisista de lo no lineal. Seductor e intimidante, Tarantino es un verborrágico disruptor de la cronología.  Pero no me quiero adelantar, Quentin nos dió bastante de que hablar con sus vueltas temporales, flash back e historias inconexas. Tal vez, podríamos decir que es uno de los referentes contemporáneos del cine más importantes que tenemos, aunque no me gusta caer en obviedades y frases hechas. La estética icónica de Tarantino transgredió la época de los 90’ (y contando) creó una épica “tarantinesca” que recoge distintas influencias del cine; parece extraño o poco factible homogeneizar la cultura pop, los seriales televisivos, el gore italiano («giallo»), el cine japonés y el género negro, pero Tarantino antes de ser Tarantino lo hizo; en sus piezas nos propone una ruptura de lo mundano y habitual, de atreverme a caracterizar su marca de agua hago un all in a  la estetización de la violencia, sus distintivos coqueteos con lo criminal, las sistemáticas referencias a la cultura pop y sus destacables protagonistas mujeres. 

Se me cayó el agua en los papeles, lo cual me recuerda algo que leí hace un tiempo: este dichoso es fundamentalista de escribir todo en papel, se lo conoce por tener “la casa llena de papeles o ser un frenético del papelerío” en donde radican sus desencantadas o majestuosas obras. Enojado con las teclas y ferviente defensor del formato 35 mm. 

El inicio de la soberbia tarantinesca la podemos identificar allá por el año 1992. Sí, yo también lo pensé, con tan solo 29 años (y bastante cuesta arriba) salió a la cancha como director y actor de Perros de la calle. Esta película transgrede como ícono del cine negro adaptado a lo tarantino, este género cinematográfico se desarrolló en Estados Unidos entre la década de 1930 y 1950, está sujestionadamente relacionado con la época. Nace de las frustraciones producto del New Deal y de la ironía de la Guerra Fría. Las bases fundamentales -el background- del cine negro construye su identidad en dos turbulentas nociones: sus perturbados personajes, con profundas preocupaciones y una fuerte presión psicológica o la crueldad por sí misma y una visión sumamente pesimista (hasta irremediable) de la sociedad en su conjunto, la ética media fundada en irracionalidad e incertidumbre. La regla suele ser la corrupción, sin excepciones aparentes: Perros de la calle narra las consecuencias de un frustrado delito para los ladrones implicados; una de las metahistorias que nos propone Pulp Fiction sigue de cerca a los matones de Marcellus Wallace, Vincent y Jules; y Kill Bill (la venganza) es la pelea de Beatrix Kiddo contra quienes fueran sus compañeras en un grupo de asesinas profesionales lideradas por Bill.

Foto:  Reservoir Dogs (1992).

Si nos proponen hacer una línea cronológica de los distintos Quentin, podríamos asumir que más que una línea sería una curva de infinitos cambios arbitrarios en el tiempo pero que el inicio está determinado por una impronta muy característica: Quentin es un artista de la austeridad. Lawrence Bender, me animo a decir que fue la punta de lanza para lo que después sería la gran y primera película de sus múltiples emblemáticas, fue a quien Quentin entregó (con  unas cuantas cervezas mediantes) el guión de Reservoir Dogs. El dato cómico de esta historia es que Tarantino no confiaba en Tarantino así que en un principio planeó financiar la película él mismo rasgando los colchones y buscando algún que otro ahorro. Era tanta la vocación pero tan poco el dinero que hasta planeó rodarla en 16 mm., en blanco y negro, en 12 días, con 30.000 dólares y con actores que absolutamente nadie conocía (dato: al día de la fecha y con películas mundialmente reconocidas, algunos/as actores siguen estando y aparecen en reiteradas películas dirigidas por él).


Y sí, efectivamente sí. Con los cobres de Richard N. Gladstein y la decisión de tirarse a la pileta, empezó a rodar perros de la calle. Debido a la falta de presupuesto, el rodaje tuvo que llevarse a cabo en condiciones que hoy se pueden recordar como tragicómicas. Tal vez se pregunten cuánto se tarda en grabar una película, yo les contestaría que  Reservoir Dogs no es digna de parámetro: se trabajó durante cinco semanas, a un ritmo de seis días a la semana y catorce horas al día. El set (¿acaso podríamos llamarle “set”?) fue una funeraria abandonada, literalmente, una funeraria. En fin, el puto amo de la austeridad. 

Pasamos a la extravagancia: Kill Bill. Mamba negra. Beatrix Kiddo. La novia. Múltiples nombres para definir una única cosa: la icónica figura manchada de sangre y sedienta de venganza. Estigma que cuestiona casi intempestivamente el rol de la mujer habitualmente asignado en las películas de artes marciales hongkonesa o de samuráis. Rebobinemos y vayamos al principio: Tarantino nos hace un guiño, confiado, decidido y nostálgico, nos muestra el logo de “Shaw Brothers” y nos avisa implícitamente que ésta película será su humilde tributo a las cintas de artes marciales y yakuzas de los años 70, y “al western”. 

Foto: Kill Bill Vol. I (2003). 

“La venganza es un plato que sabe mejor si se sirve frío. – ¿Te parezco sádico? Apuesto a que, en este instante podría freír un huevo en tu cabeza si lo quisiera.” Así empieza la primer tira de Kill Bill, en la blanco y negro con profundos dejos de confusión. Primer plano de la novia, la cara llena de sangre y un velo. Se escucha una voz, nos preguntamos: ¿será Bill? Sabemos que es Bill. Tarantino evita mostrarnos su rostro y nos dejará sin conocer su identidad hasta… el volumen dos. Bill dice, “No estoy siendo sádico, estoy siendo masoquista”. Se oye un disparo y la sangre nos nubla la pantalla.  Destaco esta escena sencillamente porque me parece una intrigante obra de arte. 

En esta película Quentin utiliza el recurso de la superación como una ironía al progreso de la humanidad, expone la profunda crisis existencial en torno a los roles socialmente asignados y los procesos identitarios. No es casualidad el azaroso desafío que nos presenta al caracterizar un mismo personaje con múltiples manifestaciones de su personalidad y como el proceso dialéctico de cada una de ellas genera una superadora y nueva tesis: la mujer es el sujeto de acción que conduce la narrativa de la historia rompiendo con la habitualidad latente en casi todas las películas de este género. 

CAPÍTULO III

Se recomienda cambiar a “Paint it Black” de los Rolling Stones.

(https://www.youtube.com/watch?v=O4irXQhgMqg&ab_channel=ABKCOVEVO

Si llegaste hasta acá, lamento decirte: esto es un asalto, algo parecido a un atraco en la cafetería pero en modalidad virtual. Sí,  son tiempos violentos: llegó pulp fiction

Si no viste esta película hay dos cosas a remarcar: la primera, no sé por qué estás leyendo estas líneas y la segunda, seguro que la icónica figura de Jonh Travolta con campera en mano girando primero hacia un lado y después hacia otro, la conoces. La épica escena del caos y la confusión. Bueno, Pulp fiction es exactamente eso: la característica de esta película radica en que son historias entrelazadas pero no son lineales. Tarantino podría haberlas puesto por orden cronológico ayudándonos a entender algo pero eso hubiese sido una  paupérrima forma de fingir demencia porque lo característico de Pulp Fiction es no saber qué es exactamente lo que está pasando ni en qué momento.

Foto: Pulp Fiction (1994).

La ironía como recurso narrativo. Pulp fiction es una película que oscila entre el thriller, la narración de sucesos insólitos y la comedia negra,  bajo la intrépida lupa de la parodia. Una necesidad hasta retórica de satirizar la vida mundana. Es por esto que el recurso de la ironía genera un contraste entre los opuestos: la melindre totalmente arraigada a la nimiedad, la profundidad de la existencia y el materialismo, la ética y el deber ser en los relatos y méritos para la construcción del aspiracionismo delictivo.
No se entendió nada de lo que dije fundamentalmente porque la compresión de este recurso está arraigada a los metarrelatos que surgen entre los personajes. La clave de estos relatos está en comprender la profundidad que esconden: se vuelven míticos, algo así como el ello de la psiquis de los personajes, los orientan e impulsan dándoles el valor necesario para acometer y materializar sus pulsiones y deseos. Desde su aspecto irónico, estos relatos se muestran inconsistentes o ridículos, pero son el yo,  son esas conversaciones las que generan mecanismos que permiten la materialización de estos deseos, pero dentro de los límites de la realidad. Y así es como análogo a una curva ascendente, la ironía construye la identidad de los personajes que tienen como fin mostrarnos que el mundo con su perversidad y hostilidad, es inimputable: se supera y reconstruye. 

La dualidad y los opuestos complementarios tienen su clímax en la eterna disputa entre el bien y el mal. En este punto la característica violencia que Tarantino expone habitualmente en sus películas toma una relevancia mayor:  mediante el juego paródico entre la violencia y los dejos de moralidad y ética socialmente asumida, se reconstruye el orden social cuestionando la matriz de lo racional y lo divino.  Para que se entienda, Jules (el personaje principal) antes de cada asesinato recita un provervio, parece una hipocresía pero en realidad intenta expresar irónicamente la dualidad en la cual la sociedad se construye día a día. Si retomamos la disputa entre “el bien y el mal” y la encarnamos en el personaje de Jules descubrimos que en realidad hay una complementariedad: su personaje no está determinado por la maldad o la bondad, si no en la trascendencia de él como ser humano.  Al final de la película decide trascender y denunciar el orden socialmente establecido: no mata aunque presume que está en su esencia hacerlo. 

Pulp Fiction transgredió y Quentin fue el artífice de eso. Esta película marcó una nueva época y penetró las formas conocidas del cine en los años 90. Nuevos directores como Paul Thomas Anderson, Darren Aronofsky y Spike Jonze no podrían haber hecho sus respectivas obras sin Pulp Fiction, incluso contemporáneos (y sumamente prestigiosos) de Tarantino como los Hermanos Coen. 

CAPÍTULO IV

Quentin como un exponente del cine negro. Habiendo caracterizado parte de sus películas más emblemáticas (a las cuales le podemos sumar la olvidada Jackie Brown) quedaría un tanto humilde redimir toda la obra de Tarantino simplemente a cine negro clásico. Lo cierto es que Quentin fue construyendo su épica tarantinesca mezclando de forma audaz pero un tanto epifánica otras influencias, desde el cine criminal realizado en Estados Unidos entre finales de los años 50’ y finales de los años 80’ hasta el cine hecho en Hong Kong por John Woo, pasando por el cine policíaco francés (no sólo el polar, también el realizado por los autores de la Nouvelle Vague) y el cine blaxploitation de los 70’ y añadiendo a esto referencias constantes a la cultura popular estadounidense. 

Esta capacidad de irrumpir en el género lo hizo de una forma sumamente particular, no es amigo de las reglas establecidas, aunque  podemos encontrar un patrón en todas sus películas: hay momentos que son totalmente contradictorios. Y eso lo distingue.

¿Por qué Quentin Tarantino es soberbiamente disruptivo? Es una pregunta que no tiene respuesta cierta porque en cada una de sus películas incorpora nuevas variables de análisis. Existe una dinámica narrativa fragmentada y desordenada que no se parece a nada de lo que el cine ha hecho (hasta la época de los 90’), tiene un sentido del humor profunda y sátiramente negro; un sospechoso e identitario uso de la violencia, que consigue presentarla de una manera bastante normalizada, una suerte de estatización de la violencia en la construcción de sus relatos. Rompe con los valores clásicos; con sutileza y prolijidad deconstruye el lenguaje utilizado por sus personajes, convirtiéndolo en  su marca de agua.

No nos olvidemos de un dato central: Tarantino tiene una sofisticada pero imperiosa costumbre de incluir guiños y citas de todo tipo en sus películas, pero no sólo a elementos cinéfilos o culturales, sino haciendo referencia a sus propias piezas. Un delirante detallista. 

Tarantino es una especie exótica de camaleón, tal vez un fanático de lo absurdo, un ludópata de la violencia o un narcisista de lo no lineal, pero hay una en la cual se destaca: es un salvaje transgredor. 

CAPÍTULO V 

No hay capítulo cinco. 

(*) El contenido de los capítulos fue definido de manera arbitraria e inconexa.

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