Lecciones del Cáucaso · Por Santiago Mitnik y Camilo Rivera

Por Santiago Mitnik y Camilo Rivera*

“¿Adivinen quiénes son? ¿Quiénes son esos atrevidos? ¡Son los bravos armenios,  con Masis[1] como testigo!”

A principios de noviembre una decena de reservistas y voluntarios armenios avanzaban montados a un bus comercial hacia la ciudad de Shusha, dentro del enclave armenio de Nagorno Karabaj. Cantaban para animarse, en medio de una niebla que los amparaba de la superioridad aérea del enemigo. No obstante, los restos de tanques, artillería y vehículos de trasporte destrozados al costado de la ruta eran recordatorios de la amenaza letal que surcaba los cielos. 

Miles de soldados como ellos respondieron al llamado del primer ministro armenio Nikol Pashinyan y se movilizaron para la defensa de esa estratégica ciudad, en medio camino entre Armenia y Stepanekert, la capital de la autoproclamada República de Artsaj. La caída de Shusha cortaría a Artsaj de su principal ruta de abastecimiento, implicaría el derrumbe de la defensa del enclave y sentenciaría el triunfo de la ofensiva azerí. Los soldados voluntarios eran conscientes de la importancia de estabilizar el frente de batalla y decidieron cumplir con su deber patriótico a pesar del constante avance de sus enemigos y las crecientes bajas y pérdidas materiales.

En conflictos anteriores entre Armenia y Azerbaiyán, la calidad y la motivación de la infantería cristiana y el terreno montañoso de Nagorno Karabaj habían sido suficientes para detener el avance de los ejércitos azeríes, pero el año 2020 sigue obstinado en cambiar el balance de las cosas y esta nueva guerra no escaparía a ese influjo. En efecto, el desenlace del conflicto produjo una serie de llamativas novedades en varios aspectos, tanto tecnológicos como políticos y estratégicos, de las cuales nos proponemos extraer algunas (acotadas) lecciones y observaciones.

1) Los Vehículos Aéreos no Tripulados (VANT o drones) son una herramienta fundamental de la guerra contemporánea

Ya no representan un factor auxiliar o un recurso importante, sino que son parte insoslayable de los nuevos fundamentos de la guerra moderna. Aquel bando que domine el uso de drones de reconocimiento y los pueda integrar en un sistema de armas combinado con artillería de largo alcance, misiles guiados, munición de precisión y munición merodeadora será victorioso contra un adversario que no posea medidas para contrarrestarlo[2]

Esta realidad ya había tenido sus primeras manifestaciones en febrero de 2020 en Siria, cuando una campaña relámpago de bombardeos de las fuerzas armadas de Turquía, con drones Bayraktar TB2 y TAI Anka-S detuvo en seco la avanzada del ejército regular contra los reductos de militantes islámicos en la provincia de Idlib.[3]

Fue luego confirmada en mayo y junio de 2020 en Libia, cuando el Gobierno de Acuerdo Nacional libio apoyado por los VANT turcos destrozó decenas de modernos sistemas de defensa aérea Pantsir-S1, detuvo la ofensiva del Ejército Nacional Libio de Jalifa Hafter y revirtió el curso de la guerra a tal punto que Egipto amenazó con invadir Libia para proteger al ENL si el GNA seguía ganando territorio. [4]

Sin embargo, la guerra en Nagorno Karabaj fue la primera en la que el uso de drones definió el resultado de una contienda militar, forzando así a actualizar las doctrinas de defensa modernas[5]. Hasta antes de noviembre de 2020, un rival escudado en complejos sistemas de trincheras en terreno montañoso y bajo un sistema de defensa aérea en capas relativamente moderno consistía en un desafío mayúsculo, incluso para los ejércitos más avanzados.

El advenimiento de los drones en la guerra contemporánea forzó a reformular estas concepciones, y con ello a repensar la futura estabilidad de varios frentes de batalla, sea en el sur del Líbano o en el oeste de Ucrania, donde fuerzas irregulares se enfrentan a ejércitos modernos con capacidad de replicar las tácticas azeríes.

Asimismo, desde un punto de vista estrictamente militar, la victoria azerí en Nagorno Karabaj parece especialmente relevante para nuestro país, puesto que poseemos la tecnología básica necesaria como para avanzar en la producción de este tipo de sistemas de armas, así como también el gobierno  plantea un incremento presupuestario dirigido a estimular la industria militar nacional con el Fondo Nacional de la Defensa.[6] Dado el potencial asimétrico que demostró el uso de drones dentro de un sistema de armas combinado, orientar la industria nacional a su desarrollo, incluso dentro de las restricciones presupuestarias actuales, no parecería ser una política equivocada.  

2) Los límites de las operaciones de cambio de régimen y el ocaso de Occidente

La década del 2000 marcó el inicio de una cadena de operaciones de cambio de régimen en el espacio de la ex Unión Soviética orientadas a derrocar favorables a Rusia y cambiarlos por gobiernos pro occidentales. Montados en el fuerte descontento de la población y en sus demandas de mayor y mejor democracia, respeto por los derechos individuales y lucha contra la corrupción, el gobierno de los Estados Unidos, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y organizaciones no gubernamentales estadounidenses apoyaron financiera y logísticamente a varios movimientos de protesta[7] que cambiaron los gobiernos de Yugoslavia (2000), Georgia (2003), Ucrania (2004), Kirguistán (2005) y el Líbano (2005) en un proceso conocido como las Revoluciones de Colores.                                   

El resto del mundo árabe no quedaría ajeno a esta ola de transformaciones. El 6 de abril del 2009, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, proclamaba en la Universidad del Cairo “…un nuevo comienzo entre los Estados Unidos y los musulmanes del mundo, uno basado en intereses y respeto mutuos, basado en la verdad de que Estados Unidos y el Islam no son exclusivos ni se encuentran en competencia. En cambio, se potencian, comparten principios comunes de justicia, progreso, tolerancia y dignidad para todos los seres humanos.

Menos de un año más tarde estallaba la Primavera Árabe, una serie de manifestaciones populares alrededor del mediterráneo no europeo, similares a las Revoluciones de Colores. Sus manifestantes reclamaron democracia, derechos sociales y una mayor calidad de vida y lograron el derrumbe de varios regímenes dictatoriales de la región, en Túnez, Egipto, Libia, Yemen y concesiones en casi todos los países afectados.

El apoyo del gobierno de Estados Unidos y de organizaciones no gubernamentales estadounidenses[8] a estos movimientos de protesta, si bien a veces contradictorio y con varios niveles de involucramiento[9], parecía augurar un futuro de consensos en todo el mediterráneo alrededor de las ideas de democracia, liberalismo y progreso económico, con nuevos alineamientos geoestratégicos a favor de las potencias de Occidente.

Sin embargo, estos cambios de régimen no siempre terminaron en la conformación de pujantes democracias, tal como aconteció en Egipto y Libia. Asimismo, sucesos similares ocurridos en Irán (2009), Siria (2011), Venezuela (2013), y últimamente en Bielorrusia (2020) y Hong Kong (2020) encontraron limitaciones que impidieron su éxito a través de una combinación de represión y concesiones que evitaron cambios de gobierno pro occidentales. Las revoluciones democráticas con apoyo estadounidense parecen haber perdido ímpetu en los últimos años y la influencia occidental en el mundo parece entrar en una etapa de declive.

El resultado de la guerra de Nagorno Karabaj es un síntoma más de este proceso de ocaso de la influencia geopolítica de Occidente. El actual Primer Ministro Nikol Pashinyan fue el líder de las demostraciones populares que llevaron a la caída del gobierno de Serzh Sargsian bajo acusaciones de corrupción, fraude electoral y retraso económico. La Revolución de Terciopelo armenia de 2018, tan similar a sus precedentes de la zona, despertó las alarmas de Rusia, dado el cambio de gobierno de uno de sus más tradicionales aliados en el Cáucaso.

Algunas medidas de Pashinyan confirmarían sus temores, dado que tras conformar su coalición de gobierno tomó algunos pasos de acercamiento a Occidente, nombrando en su gabinete a figuras pro occidentales y realizando purgas contra funcionarios pro rusos[10], denuncias contra compañías rusas operando en Armenia[11], etc.

Sin embargo, el escaso apoyo concreto de Europa o Estados Unidos posterior a su triunfo limitó las posibilidades de alejamiento de la esfera de influencia rusa del nuevo Primer Ministro, así como también alienó su relación con el Kremlin. Ninguna potencia occidental se mostró dispuesta a repetir un escenario como el de Georgia y trascartón, la nula capacidad demostrada para sostener a un posible aliado en sus horas de mayor necesidad[12] hicieron del resultado de la guerra de Nagorno Karabaj un símbolo del cambio de época.

Queda por ver el efecto que tiene la política exterior del nuevo presidente de Estados Unidos, aunque considerando la frágil situación interna del país del norte, las intervenciones en el extranjero no deberían encontrarse dentro de las principales prioridades. Asimismo Francia parecería estar dispuesta a tomar un rol diplomático más activo. 

Empero, en el corto plazo, Nikol Pashinyan se encuentra prófugo, defendiendo su gestión a través de Facebook, manifestantes destrozaron el parlamento en Yerevan y Rusia consiguió un triunfo geopolítico resonante: sus fuerzas de mantenimiento de paz desplegadas en Nagorno Karabaj reaseguraron su influencia tanto en Armenia como en Azerbaiyán, al mismo tiempo que el Kremlin asiste al derrumbe de un gobierno que había coqueteado con sus adversarios estratégicos.

3) A pesar de su propia retórica y las percepciones de Occidente e Israel[13], Irán ni es un Estado revolucionario ni eminentemente desestabilizador y su régimen no parece tener como objetivo más que su propia supervivencia

La Constitución de la República Islámica de Irán establece que su política exterior debe estar guiada por criterios islámicos, compromiso fraternal con todos los musulmanes del mundo y un irrestricto apoyo a todas las poblaciones desamparadas del mundo. [14]

Si efectivamente la política exterior de Irán se guiara por principios de solidaridad panislámicos y su objetivo fuese una permanente búsqueda de expansión de la influencia chiita hasta conseguir un mundo dominado por los ideales de la revolución jomeinista, va de suyo que el apoyo al ataque azerí debería resultar irrestricto. Después de todo, Nagorno Karabaj se encuentra en la frontera noroeste de Irán y los azeríes son en su mayoría musulmanes chiitas, de la misma rama confesional que predomina en la República Islámica.

Trascartón, en los enfrentamientos previos entre Armenia y Azerbaiyán, los cristianos tomaron posesión de territorios antiguamente ocupados por azeríes, desplazaron a sus pobladores y cometieron operaciones de limpieza étnica.[15]

Apoyar a Azerbaiyán, bajo una lógica panislámica como la que supuestamente inspira a la República Islámica de Irán, sería un acto de reparación, casi un mandato de justicia para el régimen de los ayatolás.  Sin embargo, el rol iraní en el conflicto distó de ser favorable a Azerbaiyán; sus autoridades propusieron mediar en el conflicto y advirtieron sobre represalias contra cualquiera que vulnerara el territorio de la República Islámica.

Este rol neutral devela una vez más los verdaderos y mundanos objetivos de la política exterior del gobierno persa; la supervivencia de su régimen.  En efecto, la población del noroeste iraní, en la frontera con Armenia y Azerbaiyán, es mayoritariamente azerí. Un triunfo aplastante de Azerbaiyán fomentaría el nacionalismo pan túrquico en las provincias iraníes de Azerbaiyán Este, Azerbaiyán Oeste y Ardebil y pondrían en riesgo la integridad territorial de la República Islámica.

En el conflicto de Nagorno Karabaj, el peligro de un movimiento secesionista azerí contrapesó de manera efectiva el panislamismo retórico de los iraníes y su supuesta búsqueda de la implantación universal del Gobierno del Jurista. El hecho del acercamiento entre Turquía e Israel, uno de los principales rivales regionales de Irán, fue el otro gran factor de peso que llevó a este país a tomar un rol neutral en el conflicto, a pesar de las afinidades religiosas.

De esta manera, lejos de ser un irracional impulsor de inestabilidades para la dominación final del mundo, un paladín del extremismo islámico o una amenaza para la supervivencia de la humanidad, la República Islámica se limita a la realpolitik necesaria para proteger sus fronteras del conflicto bélico y para evitar una desestabilización que fomente corrientes secesionistas al interior de su territorio. 

4) Turquía se consolida como nueva potencia regional

El fin de la guerra fría llevó a cambios sistémicos en los centros de poder global y a la aparición de nuevos actores emergentes en un sistema internacional donde Occidente tiende a compartir protagonismo. En este nuevo escenario, se hizo común mencionar a un nuevo grupo de países denominados BRICS (por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) como los nuevos actores de un mundo crecientemente multipolar. Sin embargo, no debe soslayarse la creciente importancia de Turquía, que por capacidad económica, situación geográfica e importancia política bien podría incluirse dentro de los BRICS y que a fuerza de una atrevida política exterior disputa espacios e influencia con los hegemones geoestratégicos tradicionales y varios actores regionales.

En la última década, Turquía supo poner en valor la combinación de dos características que la diferenciaron del resto de los BRICS y de otros rivales regionales: sus vastas relaciones históricas con Medio Oriente, el Cáucaso y los Balcanes y el amparo que le otorga ser miembro de la OTAN. Usufructuando estas ventajas comparativas Turquía desplegó una agresiva política exterior con la intención de convertirse en líder de estas regiones clave. [16]

Parte de esta iniciativa reside en el desarrollo de organizaciones regionales en Asia Central, la participación en misiones de paz en los Balcanes y la puesta en marcha de ambiciosos proyectos de infraestructura, con el objetivo de proyectar poder e influencia a través de una estrategia de “poder blando”.

Sin embargo, Turquía es el segundo ejército más grande de la OTAN y el noveno ejército más poderoso del mundo[17] y no duda en utilizar esta posición para aumentar su influencia con políticas de “poder duro”.

Durante la última década, Turquía desplegó tropas en Libia, Iraq y Siria por fuera de los programas de mantenimiento de paz, sin el consentimiento de Damasco o Bagdad y con el apoyo de un gobierno escasamente reconocido en Trípoli. Trascartón, sus intervenciones en Siria y Libia se realizaron bajo alianzas con facciones de ideología yihadista, como Hayat Tahrir al Sham en Siria o el Consejo de la Shura de los Mujahedines en Libia.

La libertad con la que Turquía opera desplegando sus tropas a lo largo del mundo, aliándose con facciones de dudoso prestigio internacional sorprende a primera vista, pero responde a una estrategia efectiva de su política exterior. Turquía ganó influencia aprovechando el vacío de poder producido por la renuencia de las principales potencias a intervenir directamente en los conflictos del globo. Estados Unidos entró en un proceso de aislacionismo con la gestión del presidente Trump; los países europeos recurren preferencialmente a la diplomacia de los organismos regionales e internacionales y China continúa con su política exterior de no intervención.

Esto produjo una ventana de oportunidad para que Turquía aplicara una agresiva política exterior sin oposición de las principales potencias occidentales, aunque sí despertando la competencia de Rusia y actores regionales como los Emiratos Árabes Unidos e Irán.

Sin embargo, los resultados de la política exterior turca de proyección de poder duro, por lo menos hasta el año pasado, no parecían haber acompañado a sus ambiciones, ni justificado su costo material y simbólico. El fallido apoyo al Estado Islámico[18], la precaria situación de sus fuerzas aliadas en la provincia siria de Idlib y los retrocesos militares de sus aliados libios del GNA reportaban un poco aceptable “retorno de inversión” a la estrategia exterior turca.

No obstante, el éxito conseguido en Libia y Siria durante este año y, sobre todo, la resonante victoria de su aliado azerí en Nagorno Karabaj resituaron a Turquía en una inédita posición de influencia y poder en la historia moderna. Con este triunfo, Turquía no sólo se reasegura sus excelentes relaciones con Azerbaiyán en el Cáucaso, sino que también confirma su imagen de potencia regional, capaz de sostener a sus aliados e incluso garantizarles su victoria.

Empero, esta resonante victoria estratégica augura un futuro más desafiante para los objetivos turcos. El equilibrio que Turquía parece conseguir, entre una agresiva política exterior y no entrar en abierta confrontación con las grandes potencias tradicionales continúa poniéndose a prueba. Rusia demostró no estar dispuesta a arriesgarse a una guerra directa en la región e intenta canalizar su choque con los intereses turcos mediante una postura de mediación y diálogo bilateral. Sin embargo, los sucesos de Crimea demuestran que el Kremlin puede tomar grandes riesgos para asegurar su proyección de poder en las áreas que considere necesarias. 

Por otro lado, la actual renuencia europea a limitar el accionar turco parece estar llegando a un punto límite. La proyección turca sobre el mar mediterráneo y los yacimientos de gas natural que contienen a raíz de un acuerdo entre Ankara y el GNA libio[19] generó una inesperada coalición anti turca encabezada por Francia, que incluyó a Egipto, Israel, Líbano, Chipre y Grecia[20]

El presidente Emannuel Macron parece estar dando señales de un giro autonomista de su política exterior, recostado sobre la base de intereses soberanos que no necesariamente coinciden con los criterios atlantistas norteamericanos. Si este llega a ser el caso, el rumbo de colisión con Turquía parecería ser inevitable. Las proyecciones naturales del poder europeo, empujado por la iniciativa francesa, apuntan directamente al norte de África, el Mediterráneo Oriental y Medio Oriente.

Para la población armenia de Artsaj y sus alrededores, este hipotético giro diplomático no llegó a tiempo para proteger su soberanía e independencia, pero quizás para otras poblaciones a la sombra de la influencia turca, como el Kurdistán o Chipre, aún no sea demasiado tarde.

*Son miembros del Centro Republicano de Buenos Aires

22 de noviembre de 2020


[1] Masis es el nombre del pico mayor del monte Ararat, volcán importante para el cristianismo, puesto que sería el lugar en el que se habría posado el arca de Noé tras el diluvio universal.

[2] “Turkeys unprecedented ascent to drone superpower status”, publicado el 15/06/2020, disponible en https://dronewars.net/2020/06/15/turkeys-unprecedented-ascent-to-drone-superpower-status/

[3] https://twitter.com/ragipsoylu/status/1233299362501070851

[4] “Egypt deploys military forces to Libyan border” publicado el 08/06/2020, disponible en http://me-confidential.com/22754-egypt-deploys-military-forces-to-libyan-border.html

[5]  Dombrowski Peter, Gholz Eugene, ” Buying Military Transformation: Technological Innovation and Defense Industry” Columbian University Press, New York, 2006

[6] “El Fondo Nacional de la Defensa argentino (FONDEF) contará en 2021 con 400 millones de dólares” Publicado el 09/10/2020, disponible en https://www.defensa.com/argentina/fondo-nacional-defensa-argentino-fondef-contara-2021-400-dolares

[7] Mitchell, L.A., The Color Revolutions, University of Pennsylvania Press, Incorporated, 2012. Pág. 78 a 125

[8] U.S. Groups Helped Nurture Arab Uprisings, publicado el 15/04/2011, disponible en https://www.nytimes.com/2011/04/15/world/15aid.html

[9] Gamal M. Selim. “The United States and the Arab Spring: The Dynamics of Political Engineering.” Arab Studies Quarterly, vol. 35, no. 3, 2013, pp. 255–272.

[10] “CSTO chief charged with overthrowing Armenias constitutional order”, publicado el 27/07/2018, disponible en https://www.rferl.org/a/csto-chief-charged-with-overthrowing-armenia-s-constitutional-order/29394131.html

[11] Armenia and Russia keep ties on track” publicado el 05/01/2020, disponible en https://eurasianet.org/armenia-and-russia-keep-ties-on-track”

[12] “Azeris and armenians fight new clashes before Geneva talks” publicado el 08/10/2020, disponible en   https://www.aljazeera.com/news/2020/10/8/azeris-and-armenians-fight-new-clashes-before-geneva-talks-live

[13] Eiran, E. y Malin, M. “The Sum of all Fears: Israel’s Perception of a Nuclear-Armed Iran” Center for Strategic and International Studies.The Washington Quarterly, summer 2013 disponible en  https://www.belfercenter.org/sites/default/files/legacy/files/thesumofallfears.pdf

[14] Constitución de la República Islámica de Irán, art. 3 inciso 16.

[15] “Armenia-Azerbaijan: Why did Nagorno-Karabakh spark a conflict?” publicado el 12/11/2020, disponible en https://www.bbc.com/news/world-europe-54324772

[16] “Turkey’s Great Transformation: An Influence-Multiplier for the Future of Europe and Beyond” publicado en diciembre de 2016, disponible en https://risingpowersproject.com/quarterly/turkeys-great-transformation-influence-multiplier-future-europe-beyond/

[17] “This is how the US and Iran rank among the world’s 25 most powerful militaries”, publicado el 07/01/2020, disponible en https://www.businessinsider.com/most-powerful-militaries-in-the-world-ranked-2019-9

[18] “France accuses Turkey of supporting ISIS ‘proxies’ fighting its Nato allies” publicado el 17/11/2020, disponible en https://www.thenationalnews.com/world/europe/france-accuses-turkey-of-supporting-isis-proxies-fighting-its-nato-allies-1.946471

[19] “Turkey signs maritime boundaries deal with Libya amid exploration row“, publicado el 28/11/2019, disponible en https://www.reuters.com/article/us-turkey-libya-idUSKBN1Y213I

[20] “Deep sea rivals: Europe, Turkey, and new eastern mediterranean conflict lines” publicado en mayo de 2020, disponible en https://www.ecfr.eu/special/eastern_med

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