Editorial Rándom

Para el 10 · #EditorialRándom

Amigos, amigas y colegas, en una entrega editorial de quienes hacemos esta revista, apilamos una serie de fragmentos para expresar en pocas palabras lo que les sale de adentro en estos días grises. Pensar en él nos hace flaquear el pulso, nos pone vidriosos los ojos.

Amigos, amigas y colegas, en una entrega editorial de quienes hacemos esta revista, apilamos una serie de fragmentos para expresar en pocas palabras lo que les sale de adentro en estos días grises. Es difícil transitar esta editorial sin conmoverse, pensar en él nos hace flaquear el pulso, nos pone vidriosos los ojos.

Este es nuestro homenaje al argentino más argentino, al más emocionante, caótico y plebeyo; al dios terrenal que hizo feliz a un pueblo. Gracias, Diez.

Diego

Santiago Mitnik

«¿Qué mejor manera de morir puede tener un hombre, que la de enfrentarse a su terrible destino, defendiendo las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses?» 

«And how can man die better,
than facing fearful odds, 
for the ashes of his fathers, 
and the temples of his gods.»

No sé honestamente quién fue Maradona, quizás porque nunca lo vi jugar. Quizás porque su existencia era como un fenómeno natural, era de las pocas cosas que no dependían de los vientos políticos, estaba ahí, como los Andes. Tampoco fue mi pasaporte al mundo, “Argentina, Messi, Maradona” lo he escuchado, pero estaba compartiendo el podio. En una plaza perdida de Moscú un borracho me tiró “Argentina, Natalia Oreiro”.

Y si el Diego bancó todo lo que siempre había que bancar, era porque representaba puramente al pueblo argentino. Ahora me sorprende enormemente nunca haber cuestionado eso. Lo naturalizamos. El Diego de Fidel, del no al ALCA, del funeral de Néstor. No tenía por qué. Pero también, simplemente era así.

Lo único que sé es que cuando me enteré que falleció lo primero que pensé es en mi viejo, en como carajo hago para tomar fuerzas e ir a hablar con él. Sé que a más de uno de nosotros le pasó lo mismo.

Una esquina de una ciudad muy lejana, reconocida por ese altar casero que se armó con el Diego y el Che, que siguen ahí después de décadas. Un escudo de argentinidad ante la soledad de los que emigraron. La carta que le mandó el 10 a un amigo suyo que había caído preso. Las únicas alegrías nuestras en años de mierda. Escuchar que te cuenta una y mil veces cómo fue ver los dos goles contra Inglaterra, y el de Caniggia contra Brasil en el 90.

Y después ver la tristeza general. Comprobar en lo más hondo que no se puede ser feliz en soledad, o que al menos yo no puedo. Saber que el país en el que vivimos tuvo muchísima magia y dudar de si de acá en más vamos a poder estar a la altura, o, perdón por la herejía, superarnos. El miedo de que la Edad de los Héroes haya terminado definitivamente y solo quede hierro y decadencia.

Dice el Horacio de Macaulay, que las causas por las que vale la pena morir son las cenizas de nuestros padres y los templos de nuestros dioses. Vimos las cenizas de nuestros dioses y lloramos en el templo de nuestros padres.

Y si el pueblo ya lo hizo por mano propia, que Francisco se apure y nos canonice a nuestra Santa Evita y a nuestro San Diego. Que ahora más que nunca, vamos a necesitar fe.

Dios es Dios y yo soy Diego

Azul Mosquera

Amado, odiado, querido, cuestionado. Comprometido, irresponsable, rebelde, correcto, extravagante; será que el Diego, D10S, Pelusa, Gambeta, es algo parecido a un diccionario dotado de palabras contradictorias y sentimientos absolutamente irrisorios.

Aquel hijo del Don y la Doña, parte de tierra y polvo, charcos de agua y techos de chapa, ese nadie de la humildad villera se convirtió en un todo universal: ¿de qué planeta viniste, don nadie-todo? Esos botines manchados de tierra y rebeldía construyeron un camino de cemento y efímera realidad.

“Cuando sea grande quiero ser como Maradona”. Si hemos visto pequeños ojos achinados deseosos de romper las reglas con un diegol de mano in fraganti: el sueño del pibe. La posibilidad de pensarnos inmortales, pícaros, desafiantes de lo imposible, héroes y heroínas.

El goce en la picardía de extrañarte, la contradicción en percibirte terrenal, humano; el humano más humano de los excesos, el sacerdote de lo insólito, el pibito que solo quería ganar un mundial; y mira que ironía querida! (como diría un amigo tuyo) que te ganaste el mundo. Mundo que te llora fundido en un abrazo de agonía colectiva y te llora porque no te puede explicar, sos aquella cosa no explicable que se narra a sí misma: un poeta de frases simples.

Todavía cuesta despedirte, hiciste que se nos escape la tortuga. De un momento al otro, insólito, impredecible, con caos, gritos, gente poseída por una mística absurda. Inexplicable.

Todavía no sé bien por qué pero te amo Diego. ¿A qué planeta te habrás ido?

Apocalipsis ahora | Mundial Rusia 2018 | EL PAÍS

Defender lo que es nuestro

Mateo Barros

Diego. Una melodía muy íntima de lo que somos y lo que hizo con eso que somos. El olor de nuestra revolución. El héroe manchado de las almas sufridas, el pelusa irreverente de Fiorito y Doña Tota. Alfil de un país diezmado que se acostumbró a que le arrancaran la vida de golpe, pero al que cada sacudón le parte el pecho. Así estamos, estremecidos.

Diego. Sencillamente inexplicable. Inútil e inevitable adjetivarlo. Hay que buscarlo entre el barro, mirarlo en el piberío que juega a la pelota, en la imitación histriónica de un gesto o un grito de gol, en la prepotencia criolla y la picardía alegre, en la vela nueva que ilumina el santuario. En ese registro vive Diego. En ese pedazo de Argentina que inauguró con la zurda y que se resistirá a morir aunque él se muera. Que está cargada de adoración, de mugre y de ternura. Dios de los postergados y los niños, de los demás qué importa.

La vida tómbola de Diego, los años perro que nunca se extinguen. El triunfo de los sueños, el arranque desenfrenado de las pasiones: las felices y las malditas. El fracaso del sueño aristócrata criollo: nadie pudo amoldar ese signo argentino que se había transformado en una gran embajada humana, que encarnaba el reflejo sucio de un país torcido, que aunque sangraba, sonreía. Enemigo de la pulcritud y la corrección burguesa. No fuimos el país que ellos querían, somos Maradona y los excesos.

Pasarán mares y mares de llanto y rabia, fluirán las aguas de la desazón popular y se engordará el extremo límite de la materia sensible. Descargaremos puños de ira contra el viento para herir al destino y tenerte de vuelta. O quizá amarremos el barco al muelle y aprendamos a vivir sin ilusiones. Así es la cosa, la vida. Fugaz. Un par de buches de ceniza y de nuevo al ring. Llorarte en cada esquina del mundo para entender tu universalidad. Ser felices con tu entrega y no pedirte más. Mirarnos a los ojos, entre nosotros y nosotras, para encontrar consuelo y salir a flote. 

Quererte es defender lo que es nuestro. Que tengas paz.

Demasiado pensar

Clara Ochandio De Leo

Quien sea que lea estas líneas íntimas y personales que salen hoy de nuestros puños, tiene que saber que vio con sus ojos el mito vivo de alcance universal que más alto vuelo tuvo en la historia del mundo.

Hay tantas palabras hermosas y también vacías dichas en estos días que una siente que solamente queda callarse. Como si ya todo estuviera dicho: lo más rebuscado, lo más agigantado, lo más proyectado o lo más dulce. El Pelusa voló a un lugar mejor y humildemente pienso que nos deja algo muy simple: no hay que olvidar que el amor nos hace humanos y perderlo nos condena a la mecánica. A la mecánica del cálculo, en el fútbol o en vivir sin mirar qué le pasa al que está al lado nuestro.

Diego caló en nuestras pasiones, nos puso en jaque y nos hizo amarlo. Inclusive, esta idea se refuerza si pensamos que también el odio representa una forma alterada del amor (para aquellos pocos que lo hayan odiado visceralmente). Nos hizo amarlo porque el amor es admiración y de alguna forma admiramos la forma en que vivió. Porque ¿quién pudiera mirar la vida como él? Con los ojos brillosos de un nenito asombrado. Así miraba a la pelota, a las copas, a sus hijos, a su compañera, a su padre y su madre, al que desconocía, a los más altos líderes políticos mundiales y sigue la lista.

El pueblo internacional llora porque despide a un animal humano que vivió con pasión irrefrenable, con convicción en la puteada, en los excesos y en los besos tiernos. Entonces, duele porque no hay tristeza más grande que la incertidumbre de pensar que quizás no aparezca otra persona igual, con coraje para actuar con error o con acierto. Algún día le vamos a contar a los mas chicos que vivimos los días de un incondicional.

Si pudiera dejar de llorarlo

Monserrat Neme

Me gustaría dejar de llorarlo, de cargarle todas mis lágrimas a su partida, de pensar en el inmenso vacío que nos deja la ausencia terrenal de su ser. Pero es que nosotros no tenemos ni pies, ni cabeza -como las que sí supo tener él- para pensarlo. Tampoco queremos tenerlos porque la réplica a él está cargada de la misma arma con la que urdió su vida, la pasión irrefrenable para vivirla.

El Diego nos para frente al espejo de nuestra síntesis más acabada y nos invita a habitar intempestivamente nuestras contradicciones. ¡Pero qué me importa que me digan que yo puedo defender sus gambetas y goles pero no su persona, si lo que más me emociona es verlo en su pueblo! No se pide permiso para palpar tanto amor.

Saber pararse milimétricamente y bailar al compás una y otra vez, no es habilidad de mortales. Dentro y fuera de la cancha, Maradona desafió las leyes de lo creíble. Si pudiera no llorar al verlo convertir un partido de fútbol en un acto político y devolverle la alegría a todo un pueblo que poco recordaba esa emoción, creo que no lo haría. No tendría sentido. Al Diego lo lloramos porque somos nosotros y nuestros viejos, porque son los viejos de nuestros viejos, porque es toda la Argentina. La Argentina de fiesta y con el corazón en la mano.

Al Diego no le pido todo porque tampoco le puedo pedir más. Hoy lloramos a cada uno de los Diego que hizo feliz a nuestro pueblo. Al del Estadio Azteca, al de Argentinos Juniors, al de la azul y oro y al napolitano, entre tantísimos otros. Tampoco dejaría de llorarlo por cada foto de él con Chávez en el ALCA, sentado con las Madres y abrazado con las Abuelas. No querría ni podría dejar de emocionarme si me cuentan una nueva historia del Diego con Fidel. Es que verlo al Diego, argentino y peronista, es vernos a todos nosotros con la misma intensidad y pasión que lo merece. El Diego es tanto porque es el más perfecto y acabado de todos nosotros.

Hoy el mundo saluda al pibe villero, a la mano de Dios, que supo teñir de popular todo lo que tocó. Como hay divinidades que vigilan a sus devotos, Maradona lo hizo con su pueblo. Hay un nuevo Dios. Y por eso lo extrañamos hoy y siempre.

Esta tierna foto de Dalma con Diego Maradona conmovió las redes

Maradoniana hasta los ovarios

Julia Epstein

Estoy rota. Me siento vacía como pocas veces en la vida. Como si me hubiese pasado un camión por encima y en este momento,  lo que queda de mí intenta, en estas palabras, expresar lo que siente. Si ni siquiera te vi jugar, si lo que conozco de vos son videos o anécdotas contadas por mi abuelo o mi viejo, si tu voz toma forma en mi oído por algún video perdido entonando “El sueño del pibe” en Youtube.   

Desde que tengo uso de razón me pasa algo, que por lo que vi estos días nos pasa a muchos, que es que me veo a mi en vos. Veo a esa pibita bostera, cabeza de termo y  calentona, que de chiquita solo quería ver fútbol cuando no era para damas, que cambiaba figuritas del mundial en los recreos, que decía que quería ser directora técnica de la selección y que su estado de ánimo dependía, única y exclusivamente, de si ganaba Boca. Pero crecí y fui viendo que en un mundo donde al humilde se le pisaba la cabeza, entre falacias meritocráticas y crisis económicas, donde venían del Norte con esa soberbia colonial a robarnos lo poco que nos dejaron, donde en la Federación Internacional del Fútbol las gambetas eran para declarar dinero, había un tipo que entre la gloria eterna y el barro de Villa Fiorito se les plantó a todos. Vi eso mientras mi vida empezaba a tomar forma queriendo cambiar esas injusticias y, allí, te entregué mi corazón para siempre. 

Te admiro tanto que siento que nunca lo voy a poder entender. No puedo comprender cómo tenías el mundo a tus pies pero nunca sacaste los pies del mundo, el hacer coincidir lo humano con lo divino. Lo que más amo de vos son tus errores porque nos hicieron sentir a todos que Dios era persona y que el amor, muchas veces, es contradicción. 

Nos llevaste a lo más alto, fuiste el argentino que sabía cuánto pesa la copa del mundo, que estuvo cuando había que defender nuestra soberanía, que nos hizo doler un poco menos una guerra con un gol y a fin de cuentas, solo eras un pibe pobre que jugaba para hacer feliz a su vieja.

Algún día dejaré de llorar y podré ver de nuevo tus jugadas dentro y fuera de la cancha. Le contaré a mis hijxs que sos lo más grande que tuvo nuestro fútbol, que este amor popular y bostero marcó mi corazón para siempre. Les mostraré tu palco en la Bombonera.

Volá alto barrilete, buscá esa paz que no te pudimos dar acá. Yo te voy a amar hasta que me muera.

Somos así

Matias Mohammad

Se recomienda escuchar estas 282 palabras con esta canción.

Quizás una condena, quizás una bendición, sea esa costumbre nuestra de depositar nuestros deseos, aspiraciones, ambiciones, temores y alegrías en cabeza de ciertas personas. Algunos se inclinarán por una postura, otros por la otra. Lo indiscutible es la realidad; somos así.

Porque la naturaleza misma de nuestro pueblo se ha manifestado siempre a través de ciertos personajes que el propio pueblo se da para que estalle su voz, para que se manifiesten sus deseos, para irrumpir en la escena y escupir su esencia.

Quizás vos, Pelusa, hayas sido quien ha cumplido este mandato unilateral con mayor dignidad, con mayor reciprocidad, con mayor ternura. Y es por esto que no solo te lloramos con el corazón desgarrado porque vemos en tu partida la partida de nuestros sueños materializados, de nuestra alegría, sino también porque vemos en vos a nuestro representante más fidedigno. Al más argentino de los argentinos, al más nuestro de los nuestros.

El amor que pretendimos devolverte a la manera que sabemos, a la manera que siempre lo hemos hecho, te endiosó, te envolvió y se constituyó en mística, en magia, en eternidad.

Maradona fue, es y será el más grande de la historia, y eso lo sabés. Pero nunca dejaste de ser Diego, el pibe de Fiorito, el hijo de Doña Tota y Don Diego. El que admiraba más que a nadie a sus viejos, por su humildad y su honradez.

Eso sos para nosotros Diego; la sonrisa de pibe, con el brazo guerrillero y el corazón de arrabal. Y aunque la muerte sea la condición indispensable para la inmortalidad, nos duele saber que hoy ya no hay magia en este mundo, porque la realidad nos la arrebató.

La Argentina ha muerto

Pilar Sánchez Muiño

La Argentina ha muerto. La que conocimos. Nosotros sabíamos que los que teníamos enfrente eran ingleses. El mito. El más humano de los dioses. Dignísimo hijo de nuestro pueblo. Orgullo de clase. Vivir como se piensa, vivir como se siente. Anti careta. El pecado del anti careta en la era de la corrección política. En una era careta. El fútbol, sí. La mano de Dios, sí. Un convencido, también. El villero que venció. El más legítimo de todos nuestros dioses. El más aplaudido. El más inspirador. El más sensible. Audaz, auténtico, soñador. Mi sueño es jugar en el mundial. Y mítico. Barrilete cósmico, ¡de qué planeta viniste! De Villa Fiorito. Maradonianos ortodoxos, maradonianos críticos, maradonianos en el mundo. La leyenda. El amor. El dolor. Piernas cortadas. Lágrimas. Goles. La pelota no se mancha. El potrero. Dicen por la calle: se le paró de manos hasta a la mafia italiana. Se le paró de manos a los malos. Se le paró de manos a los caretas. Los habanos en Cuba. La bandera tatuada en la piel. Los abrazos. La argentinidad al palo. El amor. El dolor. La leyenda. Un representante. Un pedazo de Patria con piernas de fútbol. En la era careta y escéptica, lo espiritual. El chape con Caniggia. El chape a la copa del mundo. El chape a la Argentina. Zarpado de argentino. La pasión por la camiseta. Un hombre que llora, un hombre que se equivoca. El irreverente gol con la mano. Tomá, para vos; y a los que no creyeron, que la sigan mamando. Que no se acabe nunca la fiesta. El más pecador de los Dioses. Yo me equivoqué y pagué. El Diego. El Diegote. La mano de Dios. Dios. Maradona. Una y mil veces Maradona. Defensor de la vida, a quién te le estarás parando de manos allá arriba. ¿Te habrán dejado pasar? San Pedro sabrá entender. La Argentina ha muerto. Nos tocará chaparla entonces para que renazca de sus cenizas. Y defenderla siempre. Tatuarnos su bandera en la piel. Amarla como él. Y a los que no creyeron, que la sigan mamando. El amor. El dolor.

Gracias Diego. Gracias y toda la vida gracias.

Increíble! El nuevo récord que rompió Diego Maradona en Twitter | MDZ Online

Rebelde, héroe, tramposo, Dios

Julián Goldin

Así se describe a Diego Armando Maradona en el trepidante documental de Asif Kapadia. Allí se muestra a un hombre que transita sus años napolitanos en el camino a convertirse prácticamente en una divinidad. Al mismo tiempo, se matiza a este ser divino al hablarse de su relación con la camorra (la mafia del sur italiano), las drogas, la prostitución y situaciones extramatrimoniales que terminaron en hijos no reconocidos. Una pieza imperdible, que nos habla de varios maradonas.

No son casualidad entonces las palabras de su eterno amigo y preparador físico, Fernando Signorini: “Con Diego iría hasta el fin del mundo, con Maradona ni a la esquina”. De alguna manera, ya hablaba de este desdoblamiento entre un Diego originario/ pibe de barrio y un Maradona que se tuvo que construir a si mismo, a los golpes y de forma improvisada ante los acontecimientos que lo bombardeaban.

Cherquis Bialo, histórico periodista y biógrafo personal de Diego, hablaba también de “al menos 8 o 9 Maradonas distintos”. Y cerraba con una gran comparación’ “Messi fue hijo de sus padres, hermano de sus hermanas y primo de sus primos. Lo normal. En cambio a Maradona le tocó ser padre de sus padres, de sus hermanos y de sus primos”.

Cómo aquellos libros de “Elige tu propia aventura” (en los que muchos de nuestra generación nos vimos atrapados), o en una metáfora borgeana, Maradona tuvo que constantemente elegir en un jardín de senderos que se bifurcan. Y muchas veces sin dudas se equivocó. Pero como dijera Sergio Goycoechea: “No hay ninguna escuela que te enseñe a ser él”.

El Pelu que salió de la villa y no en un patrullero, el que le compra la casa a los padres, el Diego como puente hacia la felicidad de un pueblo, el vengador de los pobres de Italia, el que insulta a los mismos tanos que silban nuestro himno, el que en palabras de un excombatiente de Malvinas le hizo “recuperar la patria”, el que apoyó reiteradamente causas populares, o porque no el Maradona hijo sano del patriarcado.

Será cuestión de tiempo para que elijamos nuestro propio Maradona, o más bien finalmente, para que los aceptemos y nos reconciliemos con todos.

Simplemente, El Diego

Sofía Schapira

El Diego de Fiorito. El Diego peronista. El Diego en Argentinos Juniors. El Diego de los jubilados. El Diego con la Claudia. El Diego digno. El Diego campeón en Nápoles. El Diego en el mundial. El Diego al que le cortaron las piernas. El Diego tierno. El Diego nacionalista. El Diego con Fidel. El Diego DT. El Diego en el funeral de Néstor. El Diego firmando autógrafos. El Diego con Dalma y Gianina. El Diego suspendido. El Diego salvador. El Diego metiendo goles. El Diego de Segurola y La Habana. El Diego bailando. El Diego en Boca. El Diego con abuelas. El Diego en el no al ALCA. El Diego gambeteando. El Diego con el tatuaje del Che. El Diego pasado de sustancias. El Diego y la mano de Dios. El Diego a los besos. El Diego violento. El Diego argentinísimo. El Diego de cebollitas. El Diego de nuestros viejos. El Diego furioso porque le silban el himno. El Diego del gol del siglo. El Diego de campaña con Chávez. El Diego que la pudría en el Barcelona. El Diego generoso. El Diego rubio naranja. El Diego cristinista hasta las pelotas. El Diego sin lástima a nadie. El Diego llorando. El Diego reconociendo hijes. El Diego con la 10. El Diego con los humildes. El Diego gambeteando. El Diego hecho música. El Diego en todo el mundo. El Diego barrilete cósmico. El Diego leyenda.

Simplemente el Diego.

Vos sos mi Diego

Marisol Ayelén Esteban

Hay silencio en el barrio.

Me puse los redondos porque ando “oscura”, como si supiera que tocamos fondo. Sólo queda subir, depende cómo queramos subir para determinar cuánto tiempo nos va a llevar. Otro poco porque me recuerda a los tíos cuando vivían en la casa de mi abuela. Esa nostalgia de los 90’ en donde me era inentendible la realidad política, social y económica.

Estoy leyendo un enfrentamiento generacional en el grupo familiar de whatsapp. Mis tíos (+50) están “retando” a mis primas (sub 25) por sus dichos. Me encuentro en el medio, en mis 30, sin entender porque no pueden integrar al Diego con el problema estructural del patriarcado y a la vez crítica del objeto – si, objeto – de deseo de los tíos.

CANCELACIÓN GENERACIONAL Y CUENTA NUEVA 

Diego cumplió 60 años. ¿Cuánto te costó hacerle entender a tu adulte más cercano qué es el feminismo?. Entonces, ¿Qué a quién le estamos exigiendo por el comportamiento de Diego?, ¿nos estamos planteando eso desde el feminismo o simplemente queremos cancelar un muerto?

Convivir con nuestras contradicciones es parte de vivir. Quién no se las permite sólo refleja la monótona sinfonía con la que transita este viaje.

En cuanto a su figura, invito a todes a repensar qué clase de masculinidades queremos tener en la sociedad. Diego era otro varón más, pero con vida pública, otro hijo sano del patriarcado. Como vos y yo. Bendites sean les que nazcan con el feminismo adquirido, pero no debemos olvidar que el mundo no es, aún, el que queremos.

Cancelar al Diego no es sólo cancelar a un varón machista. No es jogo bonito, falopa y comportamientos machistas. Es reduccionista, ¿quiénes somos para decirle a nuestro pueblo “son unos tarados que idolatran a este inmoral”? ¿Por qué le exigimos más a Maradona que a los giles de nuestros viejos?

¿Quién dijo que el feminismo es fácil? El feminismo no termina en la autonomía de tu cuerpo. Esto es un viaje de ida.

EN CASA

El tío R está preocupado por todes les hijes del Diego. Como si fueran sus sobrines.

El tío O se pregunta si llegará otro crack. Quiere un ídolo, nos tranquiliza (se tranquiliza él).

El tío J casi no está, sigue consternado. No quiere otro ídolo, para él ya terminó. Diego hay uno solo y lo hizo feliz, en el fútbol y la política.

1996, tenía 6 años, era la única niña con habla fluida y entendimiento de la familia rodeada de varones. Es julio, Boca gana el clásico, 4-1. Jugaba Maradona. Era de noche, me quedé con mis abueles y mis tíos, esa noche nació mi hermano. El tío J me regaló la casaca de Bokita, la de PARMALAT, original. Un lujo. Mi tío me la regaló y me dijo: “vos sos mi Diego”.

Abrazo a todes les Diego de alguien.

Morirse es no ser recordado. Eso no le va a pasar a Diego.

25 de Noviembre de 2020, Estadio Diego Armando Maradona. Foto de Emiliano Adrián Benitez ( @lesfotografes ).

Nunca me gustó mucho el fútbol, siempre fui maradoniana

Julieta Sol Villegas

“No puede ser, se murió el más grande” decía mi vieja llorando desconsolada del otro lado del teléfono cuando se enteró por mi mensaje de la noticia. Ella, a sus 61 años y su casi nulo interés por el fútbol, estaba desolada. No podía ser verdad, D10S no podía haberse ido.

Asi como Gatica dijo “nunca me metí en política, siempre fui peronista”, creo que a muches nos cabe cierta analogía con Diego: “nunca me gustó mucho el fútbol, siempre fui maradoniana”. Hoy una amiga me decía que tenemos la inmensa responsabilidad de no dejar que nos roben a Diego porque “van a querer dejarlo como solo un astro del fútbol”; y es que no podía evitar estos días escuchar esa frase: “astro del fútbol” y pensar ¡dato menor! El Diego fue mucho más que un futbolista, incluso siendo el mejor del mundo; de hecho, para algunes,  la cuestión futbolística es casi anecdótica.

Para muchas personas, para mí, el Diego es sobre todo el No al ALCA, es su tatuaje del Che Guevara, su amistad con Fidel, es el “soldado chavista” ofreciendose para defender Venezuela, el Diego “cristinista hasta los huevos”. Lo curioso igual, es que incluso su carrera futbolística estuvo marcada por hitos profundamente populares: Sacar campeón a un club pobre del sur de Italia, club totalmente despreciado por el norte rico y poderoso; los goles a Inglaterra como una pequeña pero profundamente simbólica revancha, primero con un pícaro afano y después con el mejor gol de la historia del fútbol.

No sé muy bien cómo terminar estos humildes párrafos, lo releo y sé que me estoy olvidando mil cosas, lo bueno al menos es que no pretende ser un reconto por la vida política del Diego, ni mucho menos algo objetivo, esto es sencillamente las reflexionas de una piba que hace 3 días no logra estar más de 2hs sin llorar.

Te quiero Diego.

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