Décalogo 2020 · por Dante Sabatto

Por Dante Sabatto

Hace un año, escribí una nota pensando 10 ejes que marcaron la década pasada, 2010-2019. Al ritmo que viene manejando el 2020, no sé si el mundo va a resistir diez años más. Fue sin duda un año agotador, insoportable, cargado de dolores y con algún que otro milagro cada tanto. Si tuviera que pensar diez palabras para definirlo, serían, sin orden de mérito: pandemia, Diego, aborto, Biden, Arce, Facundo, Brexit, Alberto, desendeudamiento y Soleimani. La mayoría son nombres propios y muchos se refieren a muertes. Y dejo muchas despedidas afuera: Pino Solanas y Quino entre ellas.

En este breve artículo quiero volver sobre esos ejes que marcaron la década de los 10 y pensar qué ocurrió con ellos en este primer año de los años 20.

1. La década perdida de la Grieta

La candidatura de Alberto Fernández se proponía acabar justamente con el agrietamiento de la política, es decir, sacar al kirchnerismo de un discurso absolutamente vertical y crecientemente desconectado de la sociedad, en particular de esa clase media/media-baja, en gran parte bonaerense, que lo había abandonado por la experiencia Massa. Ahora bien, se puede acabar con la Grieta pero jamás acabar con el antagonismo, que es la condición de existencia de la política. Y el problema es que no es fácil determinar la diferencia entre el sencillo enfrentamiento entre partidos o coaliciones y la esterilidad del debate vacío que implica la Grieta.

Es evidente que la situación ha, mínimamente, cambiado: el Frente de Todos interpretó, en la superestructura representativa, una unidad que estaba en proceso en la infraestructura votante. Y pese a las tensiones existentes dentro del Frente de Todos, el acuerdo Cristina-Massa-gobernadores con Alberto como prenda de unidad parece sostenerse, y con él, los votantes. 

Dicho lo cual, no pueden obviarse los múltiples errores no forzados del gobierno, ni olvidar tampoco los inéditos desafíos que tuvo que enfrentar. La Grieta no puede, tampoco, simplemente designarse muerta, por necesidad y urgencia. La gran incógnita es la siguiente: ¿es la unidad de la dirigencia política lo único que sostiene unificado el voto FDT? Es decir, ¿existe una proporción importante de votantes que sostiene su apoyo al gobierno porque es lo único que hay más allá del macrismo? Ese sería un apoyo muy frágil. Las elecciones de medio término, en medio año, arrojarán una pista en este sentido.

2. América Latina y el desorden

La tesis del año pasado era que, mientras que la década de 1990, en el continente Latinoamericano, había sido ordenada en torno al eje Consenso de Washington, y la siguiente lo había sido en función del proyecto de integración UNASUR, la década 2010 no tenía un eje ordenador. La radicalización del chavismo en su versión Madura, el lawfare, el golpe en Bolivia y el despertar chileno eran algunos de los factores fundamentales que tiraban hacia uno y otro lado en estos años.

La elección de Lacalle Pou podría haber iniciado, al final de 2019, un poderoso giro a la derecha en la región, con versiones más o menos democráticas. No parece haber sido el caso. El retorno de la democracia en Bolivia con el amplísimo triunfo de Arce, la victoria del sí en la consulta popular chilena y el retroceso del bolsonarismo en las elecciones regionales de Brasil señalan, al menos, un freno en este sentido. El Frente de Todos comenzó el año sin un solo aliado en el Continente, y termina con uno, amén del hito histórico que representa el asilo de Evo Morales en Argentina y el protagonismo de Alberto Fernández en este proceso.

Pero resulta evidente que tampoco hay un retorno al giro a la izquierda. La disgregación continúa siendo la regla, al menos por el momento. 2021 será un año definitorio: el 7 de abril hay elecciones en Ecuador, con probable final abierto y un candidato del correísmo, Arauz, cuyo desempeño es incierto; el 11 de abril elige Perú, con muy poca certidumbre luego de la crisis institucional de este año; el 7 de noviembre elige Nicaragua; el 21 de noviembre le toca a Chile, donde los principales candidatos son de la extrema izquierda y de la extrema derecha; finalmente, el 28 de noviembre hay elecciones en Honduras. A esto se suman, claro, las legislativas mexicanas (6 de julio) y argentinas (24 de octubre).

Merece una mención la realización del Brexit, si bien es ajena a la región, al menos por las interesantes consecuencias que puede tener para la cuestión Malvinas, ya que las islas quedaron afuera del deal final.

3. Introducción a la aritmética

El año pasado hacía la siguiente reflexión:

El peronismo unido tiene un piso de unos 45 puntos. El antiperonismo unido tiene un piso de unos 40 puntos. Los incentivos para continuar dividiéndose son mínimos. Los incentivos para dividir al otro son máximos.

Ya me referí a la unidad del Frente de Todos y a la posibilidad de que sea simplemente este dato matemático lo que lo sostiene; más allá de falencias comunicativas y políticas, creo que los factores programáticos continúan jugando un rol central en la alianza de gobierno.

Pero la pregunta implica también a Juntos por el Cambio. En primer lugar, ¿puede haber acuerdo entre el ala radical de Bullrich y el sector moderado de Larreta? ¿Cómo jugarán Macri, Carrió, Vidal, Monzó, Sanz y Lousteau? Por otra parte, ¿habrá una candidatura de derecha liberal y/o fascistoide que efectivamente pueda disputarle votos al macrismo? Y finalmente, el centro, que -Tipitos dixit- siempre es impredecible. Me refiero tanto al centro del espectro político (Lavagna) como al geográfico (Lifschitz) que a veces coinciden (Schiaretti). ¿Hay lugar para una nueva candidatura? Dada la edad del exministro de economía, ¿hay algún candidato que mida a nivel nacional? ¿A quién restará más votos?

4. Progre cismas

Este es tal vez el punto donde el gobierno de Alberto Fernández puede anotarse más puntos a favor. El cupo laboral travesti-trans, la reglamentación del cannabis medicinal y, sobre todo, la legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo son hitos históricos. Los primeros dos se dieron desde arriba, literalmente por decreto, sin debate. Pero el aborto hizo el camino completo: primero, la sociedad desbordó a la política; pero en el proceso 2018-2020, los espacios políticos se transformaron, radicalizándose el macrismo hacia el celeste y el peronismo hacia el verde, pero manteniendo una clara diversidad interna. El Ejecutivo se hizo eco del reclamo y se dio un proceso radicalmente positivo, un círculo virtuoso en la relación entre Estado y Sociedad Civil. 

El aborto legal, lo escribo a horas de su aprobación, puede ser el hito fundamental de esta década que recién empieza.

5. La cuesta abajo

Este punto es sobre economía: cada año de la década pasada fue peor que el anterior en casi todos los indicadores. Mayo 2018 fue la mayor crisis vivida por la argentina en cerca de 20 años.

Hay dos ejes para pensar la economía de este año. En primer lugar, por supuesto, la paralización como resultado de la pandemia y la cuarentena. Es muy difícil pensar los indicadores negativos en forma aislada de este hecho, así como no puede dejar de notarse que los positivos indican una recuperación con respecto a un piso bajísimo. No fue un buen año, pero no es fácil responder a la pregunta central: ¿podría haberlo sido, dado los factores condicionantes implicados por el Coronavirus y el desastre económico de los años previos?

El segundo eje es la negociación de la deuda externa. El acuerdo con los bonistas superó las expectativas y convirtió a Martín Guzmán en el funcionario mejor considerado del gobierno. Aún queda un largo camino, pero Argentina parece haberse librado con éxito de la espada de Damocles que pendía sobre ella. 

O más bien, de una de las espadas. La restricción externa, el factor que la acecha hace poco menos de un siglo, sigue en el horizonte. A eso se refirió la vicepresidenta en el décimo aniversario de la muerte de Néstor: un llamado a un gran consenso entre distintos sectores políticos, económicos, culturales y mediáticos, un nuevo acuerdo, un nuevo pacto social para resolver la economía.

6. Vida y obra de San Cayetano

Entre 2010 y 2019, la economía popular atravesó inmensas transformaciones desde el punto de vista estructural y organizativo. Por un lado, fue la década donde el tercio de la economía informal cesó de reducirse (e incluso se amplió en los últimos años). Por otra parte, en ese período se vio la conformación de la CTEP, su lazo complejo con el peronismo y la CGT y, finalmente, su evolución en la UTEP. 

Este año implicó grandes cambios para la relación entre movimientos sociales y Estado, en particular a partir de la asunción del Frente de Todos. El otro factor clave, por supuesto, es el COVID, que tuvo entre sus principales efectos echar luz sobre la situación de la economía popular en la Argentina. El IFE, por ejemplo, terminó afectando a una cantidad de gente mucho mayor a la que consideraba inicialmente el gobierno, un número similar al calculado por la UTEP. 

Por otro lado, la presencia de dirigentes del Movimiento Evita, Barrios de Pie y otras organizaciones similares, en Jefatura de Gabinete, el Ministerio de Desarrollo Social, el de Hábitat y Vivienda y en organismos provinciales, recuerda más al 2003 y el vínculo forjado por Néstor Kirchner con el FTV de D’Elia, Libres del Sur de Tumini y el Frente Transversal de Depetri que al 2015 de CFK. El factor que queda por definir es el lugar que tendrá la economía popular en la reconstrucción de la pospandemia: ¿será posible formalizar a grandes sectores que siguen fuera de toda regulación? Emilio Pérsico habla de dos esquemas posibles: desde arriba (redistribución del ingreso comandada por el Estado nacional que llega a los sectores más vulnerables) y desde abajo (potenciando a la misma economía popular como actor clave).

7. After 4G

La década 2010 fue la década del 4G, esta será la del 5G: efectivamente, una de las teorías conspirativas de marzo decía que el Coronavirus era transmitido por China a través de las antenas de telefonía. En fin.

Más allá de esto, es evidente que hay dos campos de muy importante innovación científica y tecnológica en 2020: la salud (epidemiología, bioquímica, infectología) es uno de ellos. El otro está referido a los avances en el terreno laboral, sobre todo en lo que implica teletrabajo. Es el año de Zoom, Google Meet, Jitsi, Teams y un gran etcétera. Hay muchas perspectivas para pensar esto: desde la ecología (el trabajo remoto implica menos transporte en autos, por lo tanto menos emisiones, pero a la vez más energía destinada a las computadoras), la geopolítica (una guerra internacional entre empresas como Google y la regulación pública), los derechos laborales, y un gran etcétera. Dijimos todo este año que ya nada será igual; pronto nos enteraremos de qué está hecha la nueva normalidad.

8. Pequeñas anécdotas

Creo que es posible, en este punto, ofrecer algunas respuestas tentativas a las preguntas que realizaba el año pasado:

¿Cómo evitó Argentina el destino de la mayoría de sus países vecinos? ¿Por qué somos el país con una derecha ultra más débil electoralmente? ¿Por qué Cristina no fue Lula? Pero también, ¿por qué Macri no fue De la Rúa? ¿Cuán lejos estuvimos de elegir a un Bolsonaro?

En primer lugar, este año vimos de forma muy clara el fortalecimiento de nuestra derecha ultra, no tanto en los sectores partidarios de Juntos por el Cambio y las agrupaciones libertarias, sino más bien en forma silvestre, en algún sentido más desorganizada pero también, por ello mismo, más peligrosa. La continuidad es evidente: anticuarentena, antivacunas y finalmente, anti-aborto legal. Sin embargo, ninguna de estas etapas de este movimiento parecen haber sido efectivas. No se nota un rechazo masivo a la campaña de vacunación, sino todo lo contrario.

Más preocupante me parece la creciente legitimidad de algunos de estos argumentos en la prensa, no sólo a través de voces como Viviana Canosa sino también encarnada en algunos periodistas considerados “serios”. 

El institucionalismo tampoco ha logrado sostener el pico representado por las fotos de Alberto, Kicillof y Larreta al comienzo de la cuarentena. Es notorio que el Jefe de Gobierno porteño se encuentra particularmente incómodo, incapaz de diferenciarse de la posición ultra de Macri-Bullrich y a la vez posicionarse como líder opositor. Más allá de estas idas y vueltas, el saldo es evidentemente positivo: ante una crisis inédita, y en un continente donde se han desarrollado múltiples crisis de representatividad (Chile, Perú, Ecuador), Argentina se ha mantenido, dentro de todo, con marcado orden institucional. No quiero dejar de mencionar la desaparición de Facundo Astudillo Castro ni la movilización policial a Olivos: hechos de inmensa gravedad que el gobierno enfrentó de forma no óptima, pero sin duda no pésima.

9. Plus ultra

Ingenuamente, hace un año arriesgué que estábamos concluyendo una década apocalíptica, donde las fronteras parecían siempre cruzarse: era el fin del fin de la historia. No quiero, en este punto, extenderme demasiado sobre el tema más analizado del año, la pandemia de Coronavirus. En particular, quiero poner el foco en las consecuencias que esto tuvo para los Estados, que debieron aportar una mano muy visible (y a veces muy dura) allí donde el mercado dejó sólo caos. 

En Rándom, publicamos tres notas al respecto, cuya lectura recomiendo. Sin duda, el Leviatán no será el mismo luego de la pandemia. Creo que la consecuencia final del año del estallido en Chile, en Perú, en Estados Unidos, es que ya no es necesario argumentar que la historia no ha terminado: nadie puede negarlo.

10. La oportunidad ganada de la política

Siempre hay una oportunidad ganada de la política. Argentina no sucumbe al infierno. Esta década lo demostró una vez más. El kirchnerismo sobrevivió a Néstor. Cristina sobrevivió sus Tres Derrotas. La imagen de este diciembre era clara: toda Sudamérica encendida salvo Argentina y Uruguay. Ellos en el Caos, nosotros en las Urnas. Como por milagro, insoportablemente vivos: el peronismo, el macrismo, las y los 45 millones de argentinos.

Fue fácil, el año pasado, terminar con estas palabras una reflexión sobre esa década tan difícil, la década del Bicentenario. Creo que efectivamente tenemos una oportunidad ganada de la política, que significa que no nos venció la Grieta (en tanto enfrentamiento estéril que inutiliza la dimensión productiva y transformadora del antagonismo) ni la Administración (en tanto negación del antagonismo, idealización del consenso que impide cualquier avance en materia de derechos o equidad social). 

Lo difícil es hacer algo con esa oportunidad. Quise evitar en esta nota hacer un balance de gestión del Frente de Todos. Sé que hay un cierto malestar en las bases (el término es de Cooke), en particular con la comunicación pública, con ciertas áreas y ministros, y con algunos de los errores y pasos en falso (Vicentín y el manejo del ASPO en los últimos meses son los ejemplos más claros). Tiendo a coincidir con varios de estos cuestionamientos, así como a pivotear entre creer que los factores condicionantes exógenos (sanitarios y económicos) están sobreestimados o subestimados. Creo que hay otras áreas y funcionarios que gozan, en cambio, de una estimación inmensamente positiva: la negociación con los acreedores y la Ley de IVE, sobre todo. Irónicamente, cotizan en alza tanto Massa como Cristina, y no precisamente para sectores opuestos.

Las buenas señales para la institucionalidad política tanto en el país como en la región indican que la oportunidad ganada de la política sigue completamente abierta. Hay múltiples formas de cerrarla: las amenazas antidemocráticas son la más clara, pero también lo son las grandes crisis económicas y, sobre todo, transformaciones culturales que tiendan a la cerrazón de la imaginación sociopolítica, a la apatía y la despolitización. Ninguno de estos indicadores mide mal en la Argentina de hoy. El 29 de este mes, decenas de miles de personas siguieron un debate parlamentario hasta altas horas de la madrugada por ¡el canal de YouTube del Senado!

Finalmente, el año termina con el inicio de la campaña de vacunación más importante de la historia argentina. Más allá de la conspiranoia ¿neomacartista? alimentada por algunos comunicadores, intelectuales y dirigentes políticos, es bueno recordar que sólo un Estado presente puede desarrollar una política de esta envergadura. Ojalá que la historia de esta década sea la de la reconstrucción de los Estados sociales, de bienestar, con más capacidades, más transparencia y verdadera vocación de justicia social.

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