Es ley · Por Sofia Schapira

Por Sofía Schapira

Belén, que no se llama realmente así pero debió escudarse en un nombre ficticio, acudió en 2014 a la sala de urgencias de un hospital público de la provincia de Tucumán a causa de un sangrado vaginal. Si bien el médico de guardia le diagnosticó un aborto espontáneo, rápidamente llegó la policía y la llevó presa, en un proceso plagado de irregularidades y decisiones arbitrarias. Belén estuvo en prisión por homicidio agravado por el vínculo durante casi tres años, y hoy en día sigue sufriendo las consecuencias de una justicia patriarcal e injusta.

Como existe el caso de Belén, existen miles de casos similares. Niñas que vivieron las peores atrocidades en manos de familiares y luego, como si no fuera castigo suficiente, fueron obligadas a ser madres incluso antes de dejar de jugar con muñecas. Niñes sin madres, porque fallecieron a causa de abortos clandestinos. Jóvenes y no tan jóvenes poniendo en riesgo su vida por una decisión sobre su cuerpo, lamentablemente sin los recursos materiales para acudir al sistema de salud privado que aprovecha la clandestinidad para aumentar sus bolsillos. Mujeres y personas gestantes de todas las edades viviendo con una carga enorme; no hablamos de la carga del aborto en sí, sino de la carga de la clandestinidad que se impone con una fuerza social aplastante.

Luego de un 2020 que no nos dio respiro, lleno de incertidumbres y tristezas, este 30 de diciembre a las 4:12 de la madrugada millones de personas escucharon atentamente las palabras que cambiarían para siempre la historia del feminismo en Argentina: “con 38 votos afirmativos, 29 negativos y una abstención, resulta aprobado, se convierte en ley y se gira al Poder Ejecutivo”. 

Para quienes no hayan seguido una de las luchas más importantes del feminismo de nuestro país de los últimos cincuenta años (¡y vaya que hubo luchas!), nos encontramos hablando sobre el derecho de las mujeres, lesbianas, varones trans, personas intersex y no binarias a interrumpir voluntariamente un embarazo; el derecho a la decisión sobre nuestros propios cuerpos, una cuestión de salud pública y derechos humanos que se transformó en un circo de discursos uno más olvidable que el otro. Porque no fue un debate sencillo ni una lucha corta para llegar a donde estamos hoy en día. Esta lucha inició mucho antes de lo que se cree en el imaginario colectivo, en los albores de nuestra democracia. 

Hagamos un pequeño repaso de toda la historia que nos trajo hasta donde estamos hoy en día. La penalización del aborto se configura junto con la sanción del primer código penal, en el año 1886. Si bien en 1903 se despenaliza la tentativa de abortar, es en 1921 cuando se establecen las causales en las que el aborto no es punible: cuando se practica con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la mujer, cuando se interrumpe un embarazo fruto de una violación o de un atentado contra el pudor cometido sobre una mujer “idiota o demente”. Con el decreto ley  Nº 17.567, durante la autodenominada Revolución Libertadora, se establece que el aborto no sería punible si el peligro para la vida o la salud de la mujer fuera grave, o en cualquier caso de violación, siempre que éste estuviera judicializado, y con el consentimiento de un representante legal si la mujer fuera menor, “idiota o demente”. Todas estas causales fueron luego revocadas en 1973 con la ley Nº 20.509 y vueltas a incorporar durante el gobierno de facto de 1976, con la ley Nº 21.338. En 1984, con la ley Nº 23.077, se retrotrae la situación a como estaba en 1921, dejando las causales que existen hoy en día (con pequeñas modificaciones luego del fallo FAL en 2012, en el que se permite que las mujeres que hayan sido violadas, sin importar su estado psíquico, puedan interrumpir un embarazo sin necesidad de un proceso judicial previo). Finalmente, en 2015, el Ministerio de Salud realiza el Protocolo para la Atención Integral de las Personas con Derecho a la Interrupción Legal del Embarazo (Protocolo ILE) en los que se toman los lineamientos del fallo FAL y se agregan consideraciones respecto al concepto de salud, incorporando los aspecto físicos, psíquicos y sociales y se aclara que el peligro de la salud puede ser potencial. 

Como dijimos anteriormente, las reivindicaciones por el derecho al aborto comenzaron junto con el inicio de nuestro periodo democrático: el 8 de marzo de 1984, aún con los resabios de la dictadura en sus espaldas, un grupo de militantes ocupó la puerta del Congreso con pancartas en contra de la maternidad obligada. Unos años más tarde, en el marco del III Encuentro Nacional de Mujeres de 1988 en Mendoza, se organiza  el primer taller por el derecho al aborto, organizado como taller autoconvocado y coordinado por Dora Coledesky y Mabel Gabarra. La misma Codelsky es quién luego continúa con distintas iniciativas en pos de esta lucha, como lo fueron la creación de la Comisión por el Derecho al Aborto (1987) y la edición de una revista de combate llamada “Nuevos aportes sobre el Aborto”, donde escribieron diversas figuras reconocidas del feminismo de esa época. 

Ya en los ’90, la discusión del feminismo comenzó a institucionalizarse y las reivindicaciones giraban más en torno a los derechos sexuales y reproductivos que al aborto en sí.  El 28 de septiembre de 1992 la Comisión por el Derecho al Aborto publicó una solicitada en Página 12 solicitando que se presente el proyecto de ley que habían elaborado, fue el primero en presentarse luego del retorno a la democracia. En esta década las luchas comenzaron a tener un carácter más internacional, y fue en el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe de 1993 donde se creó la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe para la Movilización por el Derecho al Aborto y se designó al 28 de septiembre como el día del derecho al aborto de las mujeres de América Latina y el Caribe, en forma de reivindicación a la ley de vientres que había tenido lugar en Brasil en la misma fecha pero cien años antes. Diversos intentos de avanzar contra nuestros derechos se realizaron en esa década, entre los que podemos mencionar la tentativa de introducir la “Cláusula Barra” en la Constitución, pero la militancia organizada logró frenarlos.

Con nuevos vientos de cambio, el XVIII ENM en Rosario de 2003 se encontró con diez mil mujeres llenando las calles de una consigna clara: anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. Dos años más tarde, el 28 de mayo de 2005, se crea la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, producto de alianzas y consensos de los feminismos de principios de siglo. Las acciones y manifestaciones de estos últimos quince años probablemente sean conocidas para quienes leen estas líneas, puedo afirmar que han sido intensas.

Luego de toda esta lucha, a menos de 48 horas de finalizar un año pandémico y desalentador, finalmente se logró un objetivo histórico como lo es la sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Esta ley significa muchísimas cosas, significa que vamos a dejar de tener personas muertas por abortar en condiciones insalubres, que el yugo de la clandestinidad no va a pesar sobre quienes no quieran continuar con sus embarazos, que va a haber menos infancias interrumpidas por la obligación de ser madres, que las presas por abortar van a poder pedir que se revea su condena gracias a la ley más benigna, que nos encontramos viviendo en un país más justo que hace unos días, que somos el faro de una región que continúa luchando por este derecho.

Mi compañera, apenas salió la ley, se preguntó en voz alta qué sentirían Nelly Minyersky, Nina Brugo, Martha Rosenberg y todas las que nos marcaron y allanaron el camino. También pienso en la profunda generosidad y entereza de la comandanta de las mariposas, que hizo de esta lucha una bandera, y en quienes desde el lugar que les tocó han trabajado incansablemente para forjar una sociedad más equitativa, con más derechos. A ellas les debemos muchísimo, sin ellas nada hubiese sido posible.

Por supuesto que ahora no nos iremos a nuestras casas, la lucha continúa. Nos falta la reglamentación y luego la aplicación de esta ley, seguramente quienes se oponen quieran judicializar la situación, los grupos violentos que buscan impedir abortos seguirán existiendo. Pero por ahora, por unos días, podemos brindar y saber que somos parte de un hecho histórico. Es ley compañeres. La maternidad será deseada o no será.

Bibliografía:

Botto, C. (2017). Marco legal del aborto en Argentina: historia de un reclamo vigente. Economía Femini(s)ta.   https://economiafeminita.com/marco-legal-del-aborto-en-argentina-historia-de-un-reclamo-vigente/

Chillier, G. (2018). Derecho al aborto: por un debate sin argumentos espurios. CELS. https://www.cels.org.ar/web/opiniones/derecho-al-aborto-por-un-debate-sin-argumentos-espurios/

Ciriza, A. (Ed.). (2013). Sobre el carácter politico de la disputa por el derecho al aborto. 30 años de luchas por el derecho a abortar en Argentina. En El aborto como derecho de las mujeres. Otra historia es posible. (pp. 63-83).

Herramienta. Historia del aborto en Argentina. (s. f.). Fundación Huésped. https://www.huesped.org.ar/informacion/derechos-sexuales-y-reproductivos/tus-derechos/interrupcion-legal-del-embarazo/historia-del-aborto-en-argentina/

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