Volver al mundo

Tiempo de reconversión

Existen dos retos: de una parte, mantener viva la dinámica más allá de la coyuntura presente; de otra, institucionalizar los cambios y ampliar las lecciones aprendidas a otras esferas como la revolución tecnológica 4.0.

Por Gabriel Alejandro Orozco*

La complejidad permea gran parte del escenario global y regional actual, a lo que se añade una gran cuota de incertidumbre sobre las proyecciones sociales, económicas y políticas incluso en el corto plazo. No obstante, como todo proceso de disrupción brusca, también existen tendencias que encuentran un catalizador para expandirse o un estímulo para surgir. Es así que, como producto de la pandemia del SARS Cov-2, de las nuevas demandas ciudadanas y de la ineficacia de los modelos de gestión actuales, aparece un esquema de colaboración internacional a gran escala y se consolida la integración de la agenda de sustentabilidad a las políticas y negocios. Se está ante un terreno dinámico, pero que tiene el potencial de convertirse en una tendencia de largo plazo en función de la dirección y la intensidad de las voluntades.

  Por una parte, la constatación de la inviabilidad técnica y económica del esquema actual de producción, consumo y administración de la riqueza actual ha forjado un impulso verde que el COVID-19 contribuyó a amplificar. Desde el transporte en las ciudades hasta la energía en los entornos rurales, se expanden los proyectos privados, el financiamiento internacional y los compromisos gubernamentales en dirección hacia la preservación del ambiente y su valorización en consonancia con los Objetivos del Desarrollo Sostenible y la mitigación del cambio climático. En este marco, se encuentran la puesta en marcha de la Iniciativa El Gran Reinicio por parte del Foro Económico Mundial y el aumento de los signatarios del Acuerdo de Escazú para la protección del ambiente y la protección ciudadana. Estos compromisos subrayan los beneficios de un nuevo contrato social y de la concertación de voluntades entre los gobiernos, las empresas y la sociedad civil.

  Por otro lado, el alcance masivo de los desafíos sociales contemporáneos edifica un esquema de cooperación global transversal en donde la gobernanza de los cambios se lleva adelante entre partes interesadas (stakeholders) a diferentes escalas de acción. Este marco de decisiones e iniciativas supone un formato de ecosistema, en el que el Estado comparte el escenario en igualdad de condiciones con empresas, ONGs, organismos internacionales e instituciones académicas, y en donde las sinergias surgen de construir espacios para la experimentación, compartir experiencias y generar redes de trabajo. Es aquí en donde entran en juego los cambios en la estructura y el perfil de quienes resuelven problemas públicos y el papel habilitador de la convergencia tecnológica (nano, TIC, cognitiva y bio). Algunas de las experiencias más relevantes en los últimos años han sido la creación del GovTech HUB, coordinado por Prince Consulting para construir capacidades de gestión novedosas en Iberoamérica, y el trabajo realizado para afianzar red de jóvenes en bioeconomía dentro de Latinoamérica por parte del Instituto Interamericano de Cooperación Agrícola y Allbiotech. Ambos proyectos se insertan en redes internacionales y coadyuvan en la producción de resultados tangibles y medibles en los territorios en donde actúan.

  Las tendencias descriptas arrojan varias perspectivas tanto para los ciudadanos en su vida cotidiana como así también para los tomadores de decisiones al más alto nivel político y empresarial. Una primera está relacionada a una mayor conciencia acerca de la necesidad de nuevas formas de vida y del fin de statu quo tecno-económico. En efecto, se avizora un marco de políticas mucho más amplio en sus opciones, pero que tiene como premisas básicas la participación sinérgica de todos los involucrados, la integración de diversos contextos (digital y presencial) y la armonización de las agendas local, nacional y global. Una segunda conclusión brota de la naturaleza variable de los fenómenos analizados, por lo que se trata de tendencias en constante flujo. En consecuencia, existen dos retos: de una parte, mantener viva la dinámica más allá de la coyuntura presente; de otra, institucionalizar los cambios y ampliar las lecciones aprendidas a otras esferas como la revolución tecnológica 4.0.

* El autor es Licenciado en Ciencia Política y de Gobierno (UCES) y se encuentra realizando la Maestría en Política y Economía Internacionales (Universidad de San Andrés).

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