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	<title>consumo &#8211; Revista Random</title>
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	<description>Cultura, Lifestyle y Entretenimiento.</description>
	<lastBuildDate>Mon, 23 Feb 2026 14:54:41 +0000</lastBuildDate>
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	<title>consumo &#8211; Revista Random</title>
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		<title>¿Que está pasando con el vino argentino?</title>
		<link>https://revistarandom.com.ar/2026/02/23/que-esta-pasando-con-el-vino-argentino/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Julio Marinelli]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Feb 2026 14:53:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Club del Vino]]></category>
		<category><![CDATA[consumo]]></category>
		<category><![CDATA[consumo de vino]]></category>
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					<description><![CDATA[Los últimos datos difundidos por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) confirmaron una tendencia que desde hace años preocupa al sector: el consumo interno de vino continúa en retroceso y ha alcanzado uno de los niveles más bajos desde que existen registros sistemáticos. Según las cifras oficiales más recientes, el consumo per cápita se ubicó [&#8230;]]]></description>
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<h2 class="wp-block-heading">Los últimos datos difundidos por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) confirmaron una tendencia que desde hace años preocupa al sector: el consumo interno de vino continúa en retroceso y ha alcanzado uno de los niveles más bajos desde que existen registros sistemáticos.</h2>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="683" height="1024" src="https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-2541" style="width:544px;height:auto" srcset="https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-683x1024.jpg 683w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-200x300.jpg 200w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-768x1152.jpg 768w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-1024x1536.jpg 1024w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-1365x2048.jpg 1365w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-280x420.jpg 280w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-696x1044.jpg 696w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-1068x1602.jpg 1068w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-1920x2880.jpg 1920w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-polina-tankilevitch-4110404-scaled.jpg 1707w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>
</div>


<p>Según las cifras oficiales más recientes, el consumo per cápita se ubicó en torno a los 15–16 litros anuales, perforando un piso histórico que ya venía descendiendo de manera sostenida en la última década. La caída interanual refleja un mercado interno debilitado, con menor volumen despachado y un comportamiento de la demanda que no logra recomponerse, aun cuando ciertos segmentos —como los varietales— muestran desempeños relativamente mejores.</p>



<p>Este escenario no puede analizarse como un fenómeno aislado ni exclusivamente coyuntural. El retroceso actual es la expresión más reciente de un proceso de largo plazo que comenzó hace más de cuatro décadas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Las causas recientes: economía, hábitos y competencia</h2>



<p>En el corto plazo, la contracción del consumo responde a una combinación de factores económicos y culturales.</p>



<p>En primer lugar, la pérdida de poder adquisitivo de los hogares ha reconfigurado las prioridades de gasto. En contextos de alta inflación, ingresos reales erosionados y encarecimiento generalizado de bienes y servicios, el vino —especialmente en sus segmentos medios y altos— deja de ser un consumo cotidiano para convertirse en un gasto prescindible o esporádico.</p>



<p>A ello se suma la creciente competencia de otras bebidas alcohólicas y no alcohólicas. La cerveza, las bebidas listas para consumir y una amplia oferta de opciones sin alcohol han captado parte de la demanda, especialmente entre los consumidores más jóvenes. Paralelamente, se consolidan tendencias vinculadas a estilos de vida más saludables, con mayor moderación en la ingesta de alcohol o directamente con su reducción.</p>



<p>El fenómeno, además, no es exclusivamente argentino. En diversos mercados tradicionales se observa un descenso del consumo de vino, lo que indica que el cambio cultural es más amplio y estructural.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" width="684" height="1024" src="https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-684x1024.jpg" alt="" class="wp-image-2542" style="aspect-ratio:0.66797741058356;width:422px;height:auto" srcset="https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-684x1024.jpg 684w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-200x300.jpg 200w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-768x1150.jpg 768w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-1026x1536.jpg 1026w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-1368x2048.jpg 1368w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-281x420.jpg 281w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-696x1042.jpg 696w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-1068x1599.jpg 1068w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-1920x2875.jpg 1920w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-dziana-hasanbekava-7809759-scaled.jpg 1710w" sizes="(max-width: 684px) 100vw, 684px" /></figure>
</div>


<h2 class="wp-block-heading">El trasfondo histórico: del récord mundial al declive sostenido</h2>



<p>En los años 60 y 70, Argentina registraba consumos cercanos a los 90 litros por habitante al año, entre los más altos del mundo. El vino era una bebida alimentaria, presente diariamente en la mesa familiar. Predominaba el vino común o de mesa, de bajo precio, vendido en damajuana o envases retornables, integrado a una dieta que incluía almuerzos extensos y comidas hogareñas.</p>



<p>A partir de los años 80, ese modelo cultural comenzó a transformarse de manera estructural.</p>



<h3 class="wp-block-heading">1. Cambio en los patrones de alimentación</h3>



<p>El vino estaba estrechamente asociado a la comida casera, especialmente al almuerzo. Con la urbanización acelerada, la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral y la modificación de las rutinas familiares, disminuyó la frecuencia de comidas formales en el hogar.</p>



<p>Se consolidaron hábitos de consumo más rápidos, comidas fuera de casa o formatos informales. En ese contexto, el vino —que requiere cierta ritualidad y tiempo— perdió terreno frente a bebidas de consumo inmediato.</p>



<h3 class="wp-block-heading">2. La irrupción y consolidación de la cerveza</h3>



<p>Uno de los cambios más determinantes fue el crecimiento sostenido de la cerveza desde los años 80 y, especialmente, en los 90.</p>



<p>La expansión de grandes grupos cerveceros como Quilmes en los 80&#8217;s o la llegada de Brahama en los 90&#8217;s, fuertes inversiones publicitarias, el posicionamiento de la cerveza como bebida joven, urbana y social, y su asociación con el ocio y la nocturnidad transformaron el mapa del consumo alcohólico en Argentina.</p>



<p>Mientras el vino estaba vinculado a la mesa familiar y a generaciones mayores, la cerveza se convirtió en la bebida dominante en reuniones sociales, eventos deportivos y consumo recreativo. Su formato individual, su temperatura fría y su menor graduación alcohólica facilitaron su adaptación a nuevas dinámicas sociales.</p>



<p>En términos prácticos, una parte significativa del consumo social y popular de vino fue reemplazada por cerveza.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-large is-resized"><img decoding="async" width="678" height="1024" src="https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-678x1024.jpg" alt="" class="wp-image-2543" style="aspect-ratio:0.6621132985134592;width:403px;height:auto" srcset="https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-678x1024.jpg 678w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-199x300.jpg 199w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-768x1160.jpg 768w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-1017x1536.jpg 1017w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-1356x2048.jpg 1356w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-278x420.jpg 278w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-696x1051.jpg 696w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-1068x1612.jpg 1068w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-1920x2899.jpg 1920w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/pexels-breakingpic-3240-scaled.jpg 1696w" sizes="(max-width: 678px) 100vw, 678px" /></figure>
</div>


<h3 class="wp-block-heading">3. Cambios generacionales y percepción del alcohol</h3>



<p>Las nuevas generaciones comenzaron a percibir el vino como una bebida más formal o asociada a ocasiones especiales. Paralelamente, se consolidaron discursos vinculados a la moderación en el consumo de alcohol y a estilos de vida más saludables. El vino dejó de concebirse como alimento —una categoría cultural dominante en el siglo XX— para pasar a ser considerado una bebida alcohólica más dentro de un mercado competitivo.</p>



<p>En ese escenario crecieron también otras categorías:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Bebidas listas para consumir (RTD).</li>



<li>Aperitivos y espirituosas.</li>



<li>Opciones sin alcohol o de bajo contenido alcohólico.</li>



<li>Gaseosas y bebidas industrializadas, que ya habían ganado terreno desde décadas anteriores.</li>
</ul>



<h3 class="wp-block-heading">4. La reconversión del propio sector vitivinícola</h3>



<p>Otro factor estructural fue la transformación productiva de la industria. Desde fines de los 80 y durante los 90, el sector atravesó una profunda reconversión orientada a la calidad y la exportación. Se redujo drásticamente la producción de vinos comunes de bajo precio y se priorizaron varietales y segmentos de mayor valor agregado.</p>



<p>Este proceso elevó la calidad y el prestigio internacional del vino argentino, pero también modificó su relación con el mercado interno. El vino dejó de ser un producto masivo de consumo diario para convertirse progresivamente en un bien más segmentado y, en muchos casos, más costoso.</p>



<p>Es decir, no solo cambió el consumidor: también cambió el producto.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Argentina y la fast fashion: cuando el país empieza a funcionar como depósito de ropa</title>
		<link>https://revistarandom.com.ar/2026/02/12/argentina-y-la-fast-fashion-cuando-el-pais-empieza-a-funcionar-como-deposito-de-ropa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Maria Gracia Zamblera]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Feb 2026 14:43:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Debates]]></category>
		<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[consumo]]></category>
		<category><![CDATA[Ecologia]]></category>
		<category><![CDATA[fast fashion]]></category>
		<category><![CDATA[gasto]]></category>
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					<description><![CDATA[Durante años, la fast fashion fue presentada como una democratización del consumo: ropa barata, tendencias al alcance de todos, renovación constante. Pero detrás de esa promesa de accesibilidad se esconde una lógica menos visible. Una lógica que hoy empieza a impactar de lleno en Argentina, que ya no solo consume moda rápida, sino que comienza [&#8230;]]]></description>
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<h2 class="wp-block-heading">Durante años, la fast fashion fue presentada como una democratización del consumo: ropa barata, tendencias al alcance de todos, renovación constante. Pero detrás de esa promesa de accesibilidad se esconde una lógica menos visible. Una lógica que hoy empieza a impactar de lleno en Argentina, que ya no solo consume moda rápida, sino que comienza a absorber su excedente.</h2>



<p>En los últimos tiempos, el <strong>ingreso de indumentaria importada</strong> creció de forma acelerada. Prendas producidas a gran escala, principalmente en <strong>Asia</strong>, llegan al país a precios cada vez más bajos gracias a la <strong>apertura comercial</strong>, las <strong>compras puerta a puerta</strong> y el avance de plataformas de <strong>ultra fast fashion</strong>. El problema no es solo cuánto se importa, sino qué pasa después.</p>



<p>El <strong>mercado local</strong> no tiene la capacidad —ni el <strong>poder adquisitivo</strong>— para absorber semejante volumen. Lo que no se vende en temporada pasa rápidamente a <strong>liquidación</strong>; lo que no se liquida termina en <strong>depósitos</strong>, <strong>galpones</strong> y <strong>almacenes logísticos</strong> donde la ropa se acumula sin destino claro. Prendas nuevas, con etiqueta, que nunca llegan a usarse. <strong>Argentina</strong> empieza a ocupar un lugar incómodo en el <strong>circuito global de la moda</strong>: el de territorio de <strong>almacenamiento del descarte</strong>.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/francois-le-nguyen-pouTfHUG430-unsplash_1100x-1024x576.webp" alt="" class="wp-image-2357" srcset="https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/francois-le-nguyen-pouTfHUG430-unsplash_1100x-1024x576.webp 1024w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/francois-le-nguyen-pouTfHUG430-unsplash_1100x-300x169.webp 300w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/francois-le-nguyen-pouTfHUG430-unsplash_1100x-768x432.webp 768w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/francois-le-nguyen-pouTfHUG430-unsplash_1100x-746x420.webp 746w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/francois-le-nguyen-pouTfHUG430-unsplash_1100x-696x392.webp 696w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/francois-le-nguyen-pouTfHUG430-unsplash_1100x-1068x601.webp 1068w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/francois-le-nguyen-pouTfHUG430-unsplash_1100x.webp 1100w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
</div>


<p>Aunque el país no muestra todavía imágenes extremas como las montañas de ropa abandonada en el <strong>desierto de Atacama</strong>, la lógica es la misma. El <strong>sistema</strong> produce más de lo que puede vender y traslada el problema a regiones con menor <strong>regulación ambiental</strong>, <strong>infraestructura limitada</strong> para el <strong>reciclaje textil</strong> y <strong>crisis económicas</strong> que vuelven atractiva cualquier mercadería barata, aun cuando su <strong>calidad</strong> sea baja y su <strong>vida útil</strong> mínima.</p>



<p>Este fenómeno tiene consecuencias profundas. Desde el punto de vista <strong>ambiental</strong>, la <strong>industria de la moda</strong> es una de las más <strong>contaminantes</strong> del mundo. El exceso de prendas —muchas hechas con <strong>fibras sintéticas</strong>— termina en <strong>basurales</strong>, <strong>depósitos informales</strong> o <strong>circuitos de descarte</strong> que liberan <strong>microplásticos</strong> y <strong>químicos</strong> al suelo y al agua. La ropa no desaparece cuando deja de usarse: se acumula, se degrada lentamente y <strong>contamina</strong>.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<div class="youtube-embed" data-video_id="ZNAAIOtFAd4"><iframe loading="lazy" title="Industria Textil: El fast fashion y su costo ambiental" width="696" height="392" src="https://www.youtube.com/embed/ZNAAIOtFAd4?feature=oembed&#038;enablejsapi=1" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></div>
</div></figure>



<p>El impacto también es <strong>social y económico</strong>. La avalancha de <strong>indumentaria importada</strong> presiona a la <strong>industria textil local</strong>, que enfrenta <strong>cierres de talleres</strong>, <strong>pérdida de empleo</strong> y caída de la <strong>producción nacional</strong>. Mientras tanto, el <strong>consumidor</strong> queda atrapado en una dinámica de <strong>compra constante</strong>: más cantidad, menor calidad, menos durabilidad. Vestirse se vuelve un acto cada vez más <strong>efímero</strong> y despojado de sentido.</p>



<p>En otros países, el <strong>debate</strong> ya está instalado. <strong>Francia</strong> discute leyes para penalizar a las marcas de <strong>ultra fast fashion</strong>, limitar su <strong>publicidad</strong> y exigirles <strong>responsabilidad</strong> sobre el destino final de sus productos. El concepto de <strong>responsabilidad extendida del productor</strong> gana fuerza: quien produce, también debe hacerse cargo del <strong>impacto ambiental y social</strong> de lo que pone en circulación.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/ff2-1024x576-1.jpg" alt="" class="wp-image-2358" srcset="https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/ff2-1024x576-1.jpg 1024w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/ff2-1024x576-1-300x169.jpg 300w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/ff2-1024x576-1-768x432.jpg 768w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/ff2-1024x576-1-747x420.jpg 747w, https://revistarandom.com.ar/wp-content/uploads/2026/02/ff2-1024x576-1-696x392.jpg 696w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
</div>


<p>En <strong>Argentina</strong>, la discusión recién comienza. Existen iniciativas de <strong>moda circular</strong>, <strong>ferias de segunda mano</strong> y marcas que apuestan por producir menos y mejor, pero son esfuerzos aislados frente a un flujo creciente de <strong>ropa barata</strong>. Sin una <strong>política clara</strong> de <strong>gestión de residuos textiles</strong>, el riesgo es concreto: convertirse en el <strong>depósito silencioso</strong> de un <strong>sistema global</strong> que descarta sin hacerse cargo.</p>



<p>La pregunta que queda abierta es incómoda pero urgente. ¿Queremos ser un país que consume <strong>moda rápida</strong> sin mirar las consecuencias, o uno que se anima a pensar qué pasa con la ropa cuando deja de estar de moda? Porque la ropa no se esfuma. Solo cambia de lugar. Y cada vez más seguido, ese lugar es <strong>Argentina</strong>.</p>
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