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	<title>NYC &#8211; Revista Random</title>
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	<description>Cultura, Lifestyle y Entretenimiento.</description>
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		<title>Sólo por una Noche: doce horas para perderse y, quizás, encontrar el amor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Franco Colamarino]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 31 Aug 2026 17:28:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine TV y Streaming]]></category>
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		<category><![CDATA[Will Gluck]]></category>
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					<description><![CDATA[Will Gluck vuelve a la comedia romántica con una historia que convierte las citas, los algoritmos, la hiperconexión y la necesidad de encontrar a alguien en una carrera contra el reloj. Monica Barbaro -ver entrevista aparte- y Callum Turner protagonizan una noche neoyorquina en la que todos salen a buscar algo, aunque no necesariamente sepan [&#8230;]]]></description>
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<h2 class="wp-block-heading"><strong>Will Gluck vuelve a la comedia romántica con una historia que convierte las citas, los algoritmos, la hiperconexión y la necesidad de encontrar a alguien en una carrera contra el reloj. Monica Barbaro -ver entrevista aparte- y Callum Turner protagonizan una noche neoyorquina en la que todos salen a buscar algo, aunque no necesariamente sepan qué.</strong></h2>



<p>¿Qué pasaría si durante todo un año estuviera prohibido tener relaciones sexuales y solo existiera una noche para hacerlo? La premisa de Sólo por una Noche podría funcionar como el punto de partida para una comedia desbordada, absurda y provocadora. Y lo es. Pero Will Gluck, el director de Easy A, Friends with Benefits y Anyone But You, encuentra debajo de esa idea disparatada una pregunta bastante más reconocible: ¿qué tan fácil es conectar realmente con alguien cuando estamos permanentemente conectados a todo?</p>



<p>La película transcurre en una Nueva York apenas desplazada de la nuestra. Tres años antes, una ley estableció que las relaciones sexuales prematrimoniales solo pueden ocurrir durante doce horas: de las siete de la tarde a las siete de la mañana. El resto del año, están prohibidas. Así, una noche que podría parecer una versión colectiva y extrema de Año Nuevo se convierte en una especie de ritual social. Todos salen a la calle. Todos buscan. Todos tienen una cuenta regresiva sobre la cabeza.</p>



<p>Pero Gluck no utiliza esa regla para construir una distopía. Al contrario: cuanto más extraordinaria es la premisa, más reconocible intenta hacer el mundo que la rodea. “Estamos muy conectados con nuestros teléfonos celulares, pero muy, muy desconectados de la gente en la vida real”, explica el director. Su idea fue llevar al extremo ese comportamiento cotidiano: tomar todo lo que hacemos a través de una pantalla —deslizar, mandar mensajes, buscar opciones, descartar personas— y ponerlo delante de nuestros ojos durante doce horas. La película, entonces, convierte las reglas absurdas de su universo en una metáfora de las reglas, muchas veces también absurdas, con las que hoy nos relacionamos.</p>



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<p><strong>Dos personas que todavía no saben que se están buscando</strong></p>



<p>En medio de esa multitud aparecen Owen y Allie, interpretados por Callum Turner y Monica Barbaro. Ninguno de los dos comienza la noche pensando que va a encontrar al amor de su vida. Owen acaba de ser abandonado por su novia, Malika, justo cuando pensaba proponerle matrimonio. Es dueño de una pizzería y lleva una vida metódica, ordenada, demasiado programada. Allie, en cambio, es una cantante talentosa que trabaja grabando jingles para medicamentos y que vive con una fantasía romántica mucho más grande que la confianza que tiene en sí misma. Tiene miedo escénico y, justamente, aquello que más desea —cantar— es también aquello que más la obliga a exponerse.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Los dos se cruzan. Después vuelven a cruzarse. Y otra vez. Se pierden, se encuentran, se esquivan, se irritan y siguen adelante con otros planes. El mecanismo es clásico, pero Gluck lo utiliza para esquivar uno de los lugares más conocidos de la comedia romántica: el amor a primera vista.</p>
</blockquote>



<p>“Estos personajes se meten bajo la piel del otro y simplemente encienden sus fuegos”, cuenta Turner. Para el actor, la gracia está precisamente en ese recorrido: Owen y Allie no saben qué hacer con la otra persona, pero hay algo que los atrae incluso cuando todavía no pueden reconocerlo. Gluck coincide. Cuando vio por primera vez ensayar juntos a Turner y Barbaro, asegura que no podía dejar de mirarlos. No solamente por la química romántica, sino por algo anterior: la sensación de que podían ser amigos, molestarse, reírse y desafiarse. “Una vez que crees que dos personas son genuinamente amigas, puedes llevar la relación a cualquier lugar”, sostiene. Aparece una de las claves de Sólo por una Noche: el romance no nace de la perfección, sino del roce.</p>



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<p>Owen y Allie comparten además algo que podría pasar inadvertido entre tantas corridas, encuentros y situaciones absurdas: los dos son artistas. Ella canta y él hace pizza. En Allie, el conflicto es evidente: tiene talento, pero no consigue dar el paso de exponerse. Su miedo escénico no desaparece mágicamente cuando la historia necesita que avance. Barbaro encontró justamente ahí uno de los puntos de conexión con el personaje: admiraba que Allie pudiera dar el salto aun teniendo miedo. “Da el salto cuando todavía tiene miedo”, explica la actriz.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>La película transcurre en una Nueva York apenas desplazada de la nuestra. Tres años antes, una ley estableció que las relaciones sexuales prematrimoniales solo pueden ocurrir durante doce horas: de las siete de la tarde a las siete de la mañana.</p>
</blockquote>



<p>La película llevó esa decisión hasta la producción. Barbaro canta realmente y toca el piano en las escenas musicales. No hay playback. Para una de las secuencias llegó a cantar frente a unas 300 personas durante horas. Turner, por su parte, tuvo que aprender a hacer pizza para que Owen no pareciera simplemente un personaje que decía ser pizzero. Llegó incluso a terminar las jornadas preparando pizzas para el equipo.</p>



<p>En ambos casos, el oficio funciona como una forma de identidad. Allie necesita encontrar el valor para hacer escuchar su voz. Owen necesita entender que su vida no tiene por qué seguir el programa que había establecido para sí mismo. Por eso la noche que comienza como una búsqueda de pareja termina siendo también una búsqueda personal.</p>



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<p><strong>Una ciudad que no deja de moverse</strong></p>



<p>Si hay un escenario capaz de sostener una historia de doce horas en permanente movimiento es Nueva York. La película fue rodada en locaciones reales y buscó una ciudad reconocible, pero ligeramente alterada por las reglas de ese universo. Carteles gubernamentales, grafitis, señales de advertencia, folletos y mensajes a favor y en contra del mandato aparecen en calles, comercios y espacios públicos. Algunos están escritos en inglés, español y chino, como una forma de mostrar que la nueva regla ya forma parte de la vida cotidiana.</p>



<p>El diseño de producción no intenta inventar una ciudad completamente nueva. Hace algo más interesante: imagina qué aspecto tendría una ciudad real después de haber convivido durante tres años con una norma absurda. Claremont Pizza, el restaurante de Owen, fue construido a partir de un local existente y recibió nuevas paredes, pisos y terminaciones para convertirse en una pizzería contemporánea. El nombre tampoco es casual: es el de la calle del Alto Manhattan donde creció Gluck.</p>



<p>La búsqueda de locaciones llevó también al equipo a lugares como White Horse Tavern, The Foundry y Electric Lady Studios. Pero hay un sitio que ocupa un lugar especial para el director: el Little Red Lighthouse, un pequeño faro ubicado bajo el puente George Washington, muy cerca del lugar donde pasó su infancia.</p>



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<p>Gluck solía ir allí de chico. Para el rodaje consiguió tres días en ese espacio que, según cuenta, ya tenía algo de mágico antes de que llegara la cámara. Turner también lo recuerda como su locación favorita. Nueva York funciona así como algo más que un fondo. Es una ciudad que obliga a sus habitantes a compartir trenes, veredas, bares y espacios reducidos. Una ciudad donde millones de desconocidos se cruzan todos los días y donde, en teoría, las posibilidades de conocer a alguien son infinitas. También por eso puede ser profundamente solitaria.</p>



<p>“Hay algo en la ciudad que hace que la gente se comporte de manera diferente”, dice Turner. Para él, esa cualidad laberíntica es fundamental para la historia. Gluck, que creció allí, buscó además rincones que no hubieran sido fotografiados mil veces. La ciudad corre mientras Owen y Allie corren detrás de algo que todavía no saben nombrar.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Si hay un escenario capaz de sostener una historia de doce horas en permanente movimiento es Nueva York. La película fue rodada en locaciones reales y buscó una ciudad reconocible, pero ligeramente alterada por las reglas de ese universo</p>
</blockquote>



<p>El mandato sexual es, en definitiva, el gran artificio de Sólo por una Noche. Una regla enorme para hablar de algo mucho más pequeño y cotidiano. Gluck lo explica de manera sencilla: no importa qué estructura impongan los padres, los amigos, la sociedad o el gobierno. Las personas siguen intentando descubrir cómo conectarse con otra persona y cómo quererla. Eso es lo que termina haciendo que la película no necesite ser ciencia ficción ni distopía. Su mundo es improbable; sus emociones, no.</p>



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<p>Owen cree saber con quién quiere pasar la noche hasta que esa persona lo deja. Allie cree saber qué clase de artista quiere ser hasta que conoce a alguien que encarna esa fantasía y descubre que tampoco es exactamente lo que imaginaba. Los dos salen a buscar una respuesta afuera mientras la película insiste en hacerlos mirar hacia adentro. Y mientras tanto, la ciudad entera juega el mismo juego.</p>



<p>Doce horas para elegir. Doce horas para equivocarse. Doce horas para encontrar a alguien. Doce horas para descubrir que quizás no se trataba de encontrar a la persona correcta, sino de estar finalmente disponible para reconocerla. En una época en la que conocer gente puede estar a un deslizamiento de distancia y, al mismo tiempo, sentirse cada vez más difícil, Sólo por una Noche construye una fantasía extraña para hablar de una sensación bastante real: queremos tener todas las opciones del mundo, pero seguimos buscando una sola conexión que se sienta verdadera. Por eso la cuenta regresiva importa menos que lo que sucede cuando, por una vez, dejamos de mirar el teléfono y levantamos la cabeza.</p>
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