Las canciones que nunca envejecieron: Serú Girán vuelve a reunir generaciones

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La música de Serú Girán logró escapar a las coordenadas de su tiempo para convertirse en patrimonio cultural de varias generaciones. Casi medio siglo después de su nacimiento, las canciones que David Lebón, Pedro Aznar, Charly García y Oscar Moro crearon entre finales de los años setenta y principios de los ochenta siguen convocando públicos diversos, agotando estadios y despertando emociones que atraviesan edades, contextos y experiencias.

Ese fenómeno volverá a hacerse visible el próximo 5 de diciembre, cuando «Serú Girán por Lebón y Aznar» llegue por primera vez al Hipódromo de La Plata como parte de la programación de Noches Capitales 2026. La cita representa mucho más que una nueva fecha en una gira exitosa: es la confirmación de que el repertorio de una de las bandas fundamentales de la música argentina continúa dialogando con el presente.

La respuesta del público durante los últimos meses parece respaldar esa idea. Las presentaciones realizadas en el Movistar Arena durante junio agotaron localidades en tiempo récord y dieron origen a una serie de funciones que siguió creciendo ante la demanda. Lo que inicialmente podía interpretarse como un reencuentro especial terminó convirtiéndose en uno de los acontecimientos musicales más relevantes del año, impulsado por miles de personas que encontraron en estas canciones una parte de su propia historia.

Sin embargo, reducir el fenómeno a la nostalgia sería una simplificación. La vigencia de Serú Girán tiene raíces más profundas. Desde su aparición, el grupo redefinió los límites del rock argentino combinando sofisticación musical, riesgo artístico y una capacidad poco común para retratar la realidad a través de sus letras. Discos como La grasa de las capitales, Bicicleta, Peperina o Serú Girán no solo marcaron una época: ampliaron las posibilidades creativas de toda una generación de músicos y dejaron canciones que continúan encontrando nuevos significados décadas después de haber sido escritas.

Foto Guido Adler

Cuando Serú Girán apareció en 1978, el rock nacional atravesaba uno de los períodos más complejos de su historia. En plena dictadura militar, el grupo construyó un lenguaje artístico que escapaba a cualquier clasificación sencilla. Había rock progresivo, jazz, influencias brasileñas, arreglos sofisticados y una búsqueda estética poco frecuente para la escena local. Pero también existía una mirada aguda sobre la realidad argentina, muchas veces expresada a través de metáforas que lograban sortear la censura de la época.

En cada nueva escala se repite una escena que resume el espíritu de este fenómeno: personas que vivieron el nacimiento de la banda comparten espacio con jóvenes que descubrieron su música décadas después

Canciones como Canción de Alicia en el país se transformaron en símbolos de una generación que aprendió a leer entre líneas, mientras que piezas como Seminare, Eiti Leda o Desarma y sangra demostraron que la sensibilidad poética podía convivir con la ambición musical. A diferencia de otros grupos fundamentales de aquellos años, Serú Girán logró construir una obra que combinó excelencia artística con una llegada masiva, una característica que todavía hoy la distingue dentro de la historia del rock argentino.

Quizás por eso sus canciones continúan despertando la misma emoción en públicos tan diferentes. Son obras que fueron pasando de mano en mano, de padres a hijos, de hermanos mayores a menores, atravesando generaciones sin perder significado. Lo notable es que no sobreviven únicamente gracias al recuerdo: mantienen intacta su capacidad de conmover.

Foto Rodrigo Alonso

Mucho más que un reencuentro

Hay un detalle que explica por qué este proyecto consiguió evitar la trampa de la nostalgia. Ni David Lebón ni Pedro Aznar plantean estos conciertos como una reconstrucción exacta del pasado. Sería imposible. El valor de estas presentaciones radica, justamente, en comprobar que las canciones siguen respirando por sí mismas.

En distintas entrevistas, Aznar ha destacado la emoción que le genera ver a jóvenes que nacieron décadas después de la separación de la banda cantar de memoria cada estrofa. Para el músico, allí reside una de las mayores pruebas de la trascendencia artística: cuando una obra deja de pertenecer exclusivamente a quienes la crearon y pasa a formar parte de la vida de otras personas.

Lebón, por su parte, suele referirse a estos conciertos desde un lugar profundamente afectivo. Más que una celebración de la propia trayectoria, los vive como un encuentro con el público y con una música que continúa despertando las mismas sensaciones que cuando fue creada. Esa conexión emocional es la que termina convirtiendo cada función en algo más cercano a una celebración colectiva que a un simple recital.

En plena dictadura militar, el grupo construyó un lenguaje artístico que escapaba a cualquier clasificación sencilla. Había rock progresivo, jazz, influencias brasileñas, arreglos sofisticados y una búsqueda estética poco frecuente para la escena local.

El proyecto se completa con una formación integrada por Federico Arreysegor en teclados y voces, Fernando Cosenza en guitarras, Matías Sabagh en batería y Fermín Ferraris en teclados. Juntos recrean uno de los repertorios más complejos y refinados del rock nacional con el respeto que exige una obra de semejante importancia, pero también con la personalidad necesaria para mantenerla viva.

Una gira que confirma la vigencia

La presentacón en La Plata forma parte de un recorrido que seguirá expandiéndose por distintas ciudades argentinas y escenarios de Sudamérica. El éxito de convocatoria transformó a «Serú Girán por Lebón y Aznar» en una de las giras más significativas de 2026, demostrando que la influencia de aquellas canciones sigue creciendo mucho más allá de Buenos Aires.

En cada nueva escala se repite una escena que resume el espíritu de este fenómeno: personas que vivieron el nacimiento de la banda comparten espacio con jóvenes que descubrieron su música décadas después. No se trata solamente de un legado que se conserva; se trata de una obra que continúa generando nuevas experiencias y nuevas formas de identificación.

La fecha del 5 de diciembre en el Hipódromo de La Plata, dentro de Noches Capitales 2026, será una nueva oportunidad para comprobarlo. Porque mientras muchas reuniones históricas encuentran su fuerza en el recuerdo, la obra de Serú Girán sigue sosteniéndose en la vigencia. Sus canciones no regresan porque alguna vez fueron importantes; regresan porque todavía tienen algo para decir.

En una época marcada por la velocidad, las tendencias pasajeras y el consumo inmediato, el éxito de este reencuentro deja una certeza poco frecuente: algunas obras consiguen atravesar las décadas porque fueron creadas para perdurar. Y mientras miles de personas sigan encontrando en ellas una emoción, una memoria o una pregunta vigente, Serú Girán continuará siendo mucho más que una banda histórica. Seguirá siendo una parte viva de la cultura argentina.