El prolífico artista atraviesa un momento de plena actividad creativa, pero también de profunda reflexión personal. Con El divorcio del año estrenado con éxito en la calle Corrientes y Sex reinventándose una vez más, ahora en versión teatral y en temporada en Mar del Plata, vuelve a poner en escena temas que atraviesan de lleno a la sociedad contemporánea. Los vínculos, la salud mental, el deseo y las transformaciones afectivas interpelan y emocionan sobre las tablas.
En esta entrevista con RANDOM, Muscari habla sin máscaras sobre su presente artístico, su forma de crear sin fórmulas fijas y cómo la paternidad redefinió su mirada del mundo, dejando ver a un creador que sigue desafiándose a no repetirse y a exponerse, incluso cuando el material pueda tener matices de su propia vida.
–Josema, voy primero con los estrenos. El Divorcio del Año encendió la cartelera con un elencazo, poniendo el foco en los vínculos y en las rupturas. ¿Qué te movilizó para estrenar esta gran historia?
-Bueno, en principio el Divorcio del Año surge como una continuidad de lo que fue Perdidamente. Perdidamente fue una obra que escribimos juntos con Mariela Ascencio y teníamos ganas de seguir investigando en el funcionamiento de la cabeza. Esta vez nos metemos con la salud mental, en Perdidamente se trataba del deterioro cognitivo y la verdad es que armamos una historia con un montón de aristas. Sinceramente estoy súper contento, re contento. Fue un espectáculo que estrenó pisando muy fuerte en la calle Corrientes, así que, chocho.


-El Divorcio del Año aborda un conflicto íntimo pero profundamente colectivo. ¿Qué buscaste al explorar los vínculos contemporáneos donde hay otras formas de amor y cómo dialoga esta obra con la Argentina actual?
-Creo que el Divorcio del Año tiene una mirada muy actual, muy contemporánea, que dialoga mucho con nuestro presente. Creo que el gran tema del momento es la salud mental y particularmente el tema del divorcio, las redes sociales, lo mediático, lo vincular, todo eso arma una amalgama súper atractiva para el espectador. En este primer fin de semana con localidades agotadas lo confirmé y la verdad que el público estuvo muy entusiasta y muy conectado emocionalmente con lo que propone la obra. Así que estoy chocho y por sobre todas las cosas la sensación de la tarea cumplida. Es un espectáculo que tiene además de ser un mega elenco: Fabián Vena, Juan Palomino, Guillermina Valdés, Ernestina Pais y Rochi Igarzábal y la verdad que los cinco la rompen.
-Sex se convirtió en un fenómeno que muta, se resignifica, se reescribe con el tiempo, ahora en tablas y con teatro de texto. ¿Cómo vivís este proceso de transformación constante y qué descubriste en esta nueva adaptación en Mardel?
-Sinceramente Sex no para de sorprenderme. Tal cual como decís, es un espectáculo que muta, que se transforma en esta nueva versión que es una obra de teatro de texto para cuatro actores, para cuatro voces. Diego Ramos, Gloria Carrá, Julieta Ortega y Nico Riera son como los portavoces perfectos para llevar adelante esos discursos y meternos con el mundo del sexo y desmitificar determinados temas. Es un espectáculo que si vos me hubieras dicho, bueno “escribí o creá un espectáculo que sea un éxito y que dure seis años”, nunca lo hubiera imaginado. Así que me siento muy comprometido con la labor, con el día a día y ahora particularmente estoy repotenciado con la temporada de verano y con que el espectáculo se presente en Mar del Plata.

-Casi todas tus obras parecen nacer de una observación muy profunda y hasta tierna de lo humano. ¿Desde qué lugar emocional sentís que estás creando hoy?
-Como creador, como director, sobre todo como autor, soy un poco el resultado de poder sacar afuera determinados temas que nos obsesionan. Los que creamos objetos de arte, por llamarlo de alguna manera, lo único que hacemos es sublimar determinados temas que tenemos adentro y en ese sentido creo que cada uno de mis espectáculos son una especie de pretexto para poder jugar con todas esas emociones, con esos mecanismos de observación y como de alguna manera lo cotidiano me nutre.
«…Sinceramente Sex no para de sorprenderme. es un espectáculo que muta, que se transforma en esta nueva versión que es una obra de teatro de texto…»
–¿Cómo es tu proceso creativo actual al momento de decidir qué contar y desde qué lenguaje hacerlo: partís del tema, del elenco, del contexto social o de una necesidad personal?
-La forma en que parto para crear un espectáculo es muy diverso. En el caso, por ejemplo, del divorcio del año fue el texto. Escribimos el texto en conjunto con Mariela Asencio, después armé el elenco y después me puse a ensayar la obra. En el caso de Sex, la obra fue al revés. Armé el elenco y escribí la obra a la medida de los cuatro actores que actúan. Es como que cada espectáculo me propone algo diferente y no tengo una metodología única. Hay espectáculos que a veces tengo los actores y después escribo el texto. Hay otros espectáculos que escribo el texto y después busco los actores ideales. Es como que en realidad me voy respetando lo que me pasa con cada idea y tampoco tengo una metodología que se reitera de manera sistemática en cada creación. En ese sentido creo que soy una persona muy libre también.


–Tu teatro suele incomodar, provocar y al mismo tiempo generar identificación. ¿Qué lugar le das hoy a la incomodidad como herramienta artística?
-Nunca busqué que mi teatro incomode. Sí creo que mi teatro es diferente, es rupturista, es transgresor, pero porque tiene que ver con mi propia norma eso. No porque yo busque transgredir nada. Yo creo que hago las obras de teatro que a mí me gustaría ver y eso es un ordenador. Yo hoy recomendaría que todo el mundo vaya a ver El Divorcio del Año en la calle Corrientes o que vayan a ver Sex en Mar del Plata o en Buenos Aires, porque para mí son espectáculos que están buenos, no porque te los estoy vendiendo. Es como que en realidad creo que también hay algo medio yoico ahí de hacer las obras de teatro que a mí me gusta luego ir a ver.
«…me voy respetando lo que me pasa con cada idea y tampoco tengo una metodología que se reitera de manera sistemática en cada creación. En ese sentido creo que soy una persona muy libre también…»
–¿De qué manera la paternidad te transformó la mirada sobre el amor, el tiempo y las prioridades, tanto en tu vida personal como en tu trabajo creativo?
-Creo que uno es una única persona. No hay un Muscari director, un Muscari padre, un Muscari hijo, un Muscari amigo. No. Creo que somos un todo, por lo cual la llegada de mi hijo me transformó cien por ciento, pero no porque su llegada haya transformado mi teatro, sino porque mi teatro es un resultado de quién soy yo en la vida. Y si yo como persona me transformo -porque de golpe mi historia cambia- y empiezo a ser padre y hay un vínculo cotidiano de afecto, de construcción que modifica mi cotidiano, eso también va a modificar las obras de teatro que hago. Mi mirada del mundo. O sea que en ese sentido siento que la llegada de mi hijo me transformó al 100% lo que hago y creo que de alguna manera tengo la sensibilidad para esa transformación también ponerla en juego en cada espectáculo que hago para que aparezca esa nueva versión mía, más sensible, más humana, más encargada de un otro y no tanto de sí mismo.

–Sabiendo que cuando somos padres aparecen los miedos, las emociones a flor de piel y un costado que ni sabíamos que teníamos ¿Sentís que ser padre te volvió más sensible, más cuidadoso o, por el contrario, más valiente a la hora de decir lo que querés decir en escena?
-La llegada de mi hijo no me volvió más valiente o menos valiente o con más ganas de comunicar algo o con menos ganas. No uno el vínculo de la paternidad en relación al mensaje o a la forma en la que quiero comunicar un mensaje en mi teatro. Pero vuelvo a la respuesta anterior, creo que la llegada de un hijo modifica a cualquier persona y esta persona justo es un artista, un creador que escribe y que dirige, entonces eso impregna de alguna manera lo que hago.
–Después de tantos estrenos, éxitos y reinvenciones, ¿qué te sigue desafiando hoy como director y creador?
-Después de tantos espectáculos estrenados, lo que me sigue desafiando es que mi espectáculo nuevo no se parezca al anterior. El divorcio del año no se parece en nada a ningún espectáculo que haya hecho hasta acá. Creo que Sex, la obra, no se parece en nada a Sex, el show o Sex, el show, no se parece en nada al espectáculo que hice antes y ese es mi gran desafío. No repetirme, no reiterarme, no ir por las mismas zonas que ya conozco.
«…Como creador, como director, sobre todo como autor, soy un poco el resultado de poder sacar afuera determinados temas que nos obsesionan…»

–Como te imagina un artista con muchos words abiertos o libretas de anotaciones, notas de voz, etcétera, con ideas y proyectos, ¿cuáles serán tus próximas apuestas y cuál es ese desafío que soñás asiduamente con llevarlo a las tablas?
-El 2026 tiene trabajos muy concretos. Por un lado, acabo de arrancar el año con El divorcio del año en la calle Corrientes, que se presenta de miércoles a domingo en el Multiteatro. A partir del martes 6, arranca Sex, la obra, en Mar del Plata y se presenta acá en Mar del Plata todas las noches a las 21.30 en el Teatro América. Desde el 22 de enero vuelve Sex, el show, a Buenos Aires con el gran protagónico de Flor de la V, lo cual hace que sea un nuevo Sex. Después ya me pongo a ensayar mi nueva obra que se llama “Doradas”, que es una obra que voy a dirigir en el Teatro Nacional Cervantes por primera vez, y arranco a ensayar ahora a finales de enero para debutar a mediados de marzo. Un poco más adelante en el tiempo, en agosto, voy a estrenar “Lucio y yo”, una obra que está escrita a partir del vínculo que tengo con mi hijo y de su adopción y es una obra autobiográfica en el sentido de que habla de nosotros dos y nuestra relación de padre e hijo. En estos días voy a definir quiénes son los actores que van a actuar tanto de mi hijo como de mí. Ese es mi año.
Lejos de instalarse en la comodidad del éxito, Muscari sigue pensando cada obra como un territorio nuevo por explorar. No repetirse, no volver sobre fórmulas conocidas y permitirse transformar incluso hasta lo personal en material escénico parecen ser hoy sus motores creativos. Con una agenda cargada de estrenos y el desafío íntimo de llevar a escena su vínculo con su hijo, el director reafirma que su teatro es, ante todo, una extensión de quién es. Un espacio donde lo autobiográfico, lo colectivo y lo emocional se cruzan para seguir preguntándose —y preguntándonos— cómo vivimos, cómo amamos y cómo nos transformamos sin corrernos del camino.








