Es una artista a tiempo completo, de esas que se queman las pestañas para estar en el lugar que anhelan. Trabajo, preparación, profesionalismo. Hay algo en Miriam que no se detiene. No es ansiedad ni vértigo: es deseo. Una forma de avanzar que no parece empujada por la obligación sino por el impulso vital de hacer, de probar, de volver a empezar. Actriz, dramaturga, creadora, su recorrido no responde a una sola etiqueta, y quizás ahí esté la clave.
En tiempos donde todo parece resolverse con un clic, Lanzoni protagoniza Disgusto, (Teatro Picadilly, con funciones todos los domingos a las 19.30 horas junto a Sergio Surraco). Una comedia que propone lo contrario: detenerse en lo no resuelto. En ese territorio incómodo donde el amor insiste, donde las palabras que no se dijeron pesan más que las que sí, y donde cerrar una historia puede ser, también, volver a abrirla.
En esta charla con RANDOM, habla de vínculos, de intuición, de su necesidad de “crear”, del cuerpo como herramienta, del teatro como ritual y de una historia personal que, lejos de clausurarse, sigue expandiéndose.
Te llamo un feriado pero ahí estás, ensayando, atendiendo periodistas, un poco un resumen de tu vida, ¿no?
Sí, la verdad que tengo mis momentos para mí, pero cuando manda el trabajo a mí me genera mucho disfrute, me gusta y la paso bien. Entonces no es un trabajo, digamos, no lo llamaría directamente un trabajo.
¿Qué te impulsó a protagonizar esta nueva obra (El disgusto) además recién estrenada?
Cuando Hernán Krasutzky me ofreció este guión – es un director con quien yo ya venía trabajando hace años- la realidad es que me encantó. Me gusta mucho cómo escribe él y después el material es absolutamente novedoso, porque en una era de tantas aplicaciones para todo, esta es una aplicación que ni siquiera existe. Se trata de una aplicación para desenamorarse, para terminar de cerrar esa historia que quedó pendiente.
Lo que logra la aplicación es hallar el prototipo de tu peor amor que no fue resuelto, entonces, para luego tener una cita y decirle de todo y cerrar.
Con ese estilo que tiene Hernán, que es un humor ácido, pero también esa mirada cruda sobre las relaciones. Es un gran observador el autor, ¿no?
Absolutamente, vos lo describiste muy bien, porque Hernán es un detallista de los vínculos. Y yo siempre digo, como para que se entienda fácil, él te hace reír, te hace disfrutar, te hace pensar, pero te la manda a guardar. Te vas recalculando en serio, porque sin ir más lejos, acá en Disgusto, estos dos personajes que tienen esta cita, que recíprocamente son la peor experiencia del otro, están muy al borde de volver a caer en la tentación, porque esa otra persona representa un gran amor, y es muy peligroso repetir pasos. Y luego volver a hacerlo y hacerse cargo de eso.
Entonces, el equilibrio me parece que un poco lo sirve el texto, y después mi compañero Sergio Surraco que es extraordinario y estoy muy feliz de estar con él. Un gran actor, gran comediante y nos entendemos mucho. Gracias a esa química y ese entendimiento, aun cuando estos dos personajes en teoría no se conocen, ahí es donde empieza a funcionar, y la gente eso lo disfruta, lo ve, lo siente.
Es como una comedia romántica, pero al revés de todo lo que por ahí estamos acostumbrados de ver en ese género…
Sí, sabés que es muy tierna, tiene algo muy descarnado y verdadero, que yo siento que también la gente lo agradece. Dentro de este género de comedia romántica, porque hay algo que está muy afianzado con quiénes son ellos de verdad, aun cuando por ahí ni siquiera se terminan de asumir, y termina siendo muy tierno, porque quedan muy desnudos ante el otro y ante la gente. Eso lo hace tierno y romántico.
Además es absolutamente divertida porque lo que pasa ahí es lo que le sucede a cualquier pareja, es lo que uno le dijo a cualquier expareja, la chance de decirse de todo sin ofensa, porque en definitiva la aplicación es para eso un poco.

De existir ¿Crees que la usarías? aunque te imagino que sos de ir de frente…
En lo particular no tengo ningún ex que me hayan quedado cosas pendientes por esto que vos decís. Yo soy muy del momento y a mí me cuesta, y tampoco nunca tuve una relación de guardarme cosas.
En realidad nunca uno es el pobrecito, uno a veces desea tomar este lugar, tengo una frase que a veces la utilizo con mis amigas, no en el momento indicado porque puede ser muy doloroso, pero una vez alguien dice que puede hacer algo despreciado dos veces y no lo hace, y tres, cuatro, cinco y prolongado el tiempo ya es una decisión. A veces uno no puede salirse de determinados vínculos, y eso es muy válido también, pero en algún momento te tenés que acercar o decir, che, pará, los vínculos es de a dos. Una vez podés decir, dos veces, yo sé que vos me mentís, y el resto lo elegís. Luego de cinco años no puedo decir: ¡ay no, me traicionaste!
Esto ya existió, después uno decide o elige creer que no va a volver a pasar, pero me parece que los vínculos se establecen muy desde el comienzo. También hay una gran fantasía con el amor, que uno elige creer.
«…Me hago cargo de todo, de poder sentarme en LAM, de poder hablar de un libro, de hacer una película… No me gusta encasillarme ni que me encasillen para nada…»
¿Cuánto hay de vos en Elena tu personaje y viceversa?
Elena fue alguien que amó y que tiene ganas de volver a amar porque está para sanar, cuando uno busca sanar también es porque sigue creyendo en el amor. Puede ser amor propio, pero Elena cree en el amor y se quiere volver a enamorar. Y Miriam es igual, yo necesito resolver y Elena necesita resolver. Por eso se descargó una aplicación para enfrentar lo peor. Es más, hasta tiene el riesgo de encontrar a tu ex ahí.
Miriam es igual, ella necesita resolver, necesita al miedo a desencantar. Esa idea idealista, romántica, que alguien enfrenta a Elena. La inocencia que es hermosa, que aquí tuve que buscar en otros lugares, en otras personas, en otros momentos de mi vida.
Hoy vos entiendo que con la intuición le sacás la ficha a una persona si va a funcionar o no…
Tengo mi cuota sacando las relaciones de parejas. Soy bastante, no sé si crédula, pero siempre elijo creer. Es como que por autonomía soy confiada, esa es la palabra. Después es obvio, cuando la intuición te dice algo por supuesto que la escuchás.

¿Cómo es tu rutina en días de función? Además todo lo que se trabaja previamente verdad?
Ese es el trabajo que por ahí que no se ve. Lo hablábamos con mi compañero que nosotros los actores el momento que se ve es ahí en el escenario y no la preparación. Desde muy chica tomé conciencia que este trabajo significaba que mi cuerpo, mi alma, mis emociones, mi cabeza eran mis herramientas y no había más, empecé a cuidar mucho de eso.
Cuido mucho mi cuerpo que es mi templo, no solo entrenándolo sino también comiendo saludable, descansando bien. A niveles emocionales, cuido mucho con quien me vinculo, la energía, cuido la voz, entreno todo el tiempo. También soy dramaturga, escribo, pero estoy todo el tiempo capacitándome, preparándome, haciendo un curso, siempre estoy preparándome para cuando toque.
Después leo mucho, me encanta leer, entonces eso también te va construyendo. Para las funciones en particular es un día sagrado, para mí el teatro tiene una magia que no encuentro en ningún otro lado. Es una convención que siempre digo “estoy acá preparándome en mi casa de armar esta convención sagrada” que es gente que viene a ciegas a comprar una entrada, a ver algo que no sabe de qué se trata, absolutamente entregado a creerte lo que es ahí arriba del escenario. Es hermoso, me parece sagrado y son días mágicos.
Y con la escritura, ¿Cómo es tu proceso?
El otro día justo fui a dar una charla a una Universidad de cine, de cómo llevar adelante un proyecto que es la parte que siento que no hay tanta herramienta y que se aprende al andar. Me siento muy buena en eso, de hecho hice una serie, hice mi primera película y la estrené en Amazon Prime. Ahora estoy por filmar otra película en co-producción con México y me preguntaban esto, cuál creía que era mi estilo.
Siento que no hace falta, después te vas identificando más con algunas cosas o sintiéndote cómodo. Siento que puedo escribir de las cosas que conozco o que me interesan, no puedo escribir de inteligencia artificial. Entonces no me voy a poner a escribir de algo que no sé y que tampoco me llama la atención. Me tiene que conmover. Además, me gusta escribir en equipo.


¿Sos muy perfeccionista?
Soy muy exigente porque parece que uno siempre puede dar algo más. Cuando terminé de filmar la película (Partida, 2023) y la estrené, obviamente lo disfruté, lo celebré, dije lo único que tenés que hacer es disfrutar y abrazarlo. Después siempre uno puede mejorar. Siempre hay tiempo y un actor o un director nunca se deja de preparar, de nutrirse. No es sólo creer en tu propia mirada porque veces hay una afuera que también te rearma y te da nuevos matices, desde ahí viene mi necesidad de estar preparándome constantemente.
Y en el medio están los haters y ciertos programas de espectáculos donde poco se habla de todo este detrás, no?
No tengo rollo con eso, si voy a un programa que es más de espectáculos y no me enrosca porque tengo muy claro quién soy y es un laburo para mí. Mis redes sociales ni siquiera estoy como subiendo este otro contenido. Yo boludeo más en las redes sociales, no me parece tan solemne, cada tanto puedo compartir un libro pero cuando estoy leyendo, estoy leyendo. Me olvido de “voy a subir esto para que sepan que estoy leyendo”. Tengo este año un seminario con el mejor dramaturgo de Latinoamérica que está entre los mejores del mundo, estoy tan inmersa en mi métier que no estoy subiendo, posteando…
Por otro lado, me parece que uno también es todo, en mí conviven desde mucho consumo irónico, yo leo Simón de Beauvoir, miro LAM que me encanta, miro un documental de la base Marambio, consumo de todo, También descreo de esa gente que solamente viste la biblioteca del Cervantes. Me hago cargo de todo, de poder sentarme en LAM, de poder hablar de un libro, de hacer una película… No me gusta encasillarme ni que me encasillen, para nada.
Recién hablamos de la peli y de la serie en grandes plataformas ¿Cómo vivís eso, de llegar a otras culturas?
Me ha pasado, por ejemplo, cuando hice una serie con Fox (Llámame Bruna) y hablaba todo el tiempo en portugués porque es un personaje que habla portugués y tuve que aprender a hablar el idioma para la serie; y todo eso es muy hermoso. Verse uno actuando en otro idioma, es muy interesante. Después hice dos series en neutro que también es dificilísimo, porque actuar en otro acento es muy difícil,
Todos trabajamos para alcanzar un poco más, nadie trabaja para uno mismo en este laburo, el arte es expansivo. Por supuesto que está buenísimo ver que se realizó una película que uno escribió, que a alguien le interesó invertir en un proyecto que salió de tu cabeza, eso es un flash, es una sensación que no se compara con nada, Soy muy ambiciosa en eso, tanto en el elenco como en el equipo, en esta industria, que se quieran asociar a proyectos para mí es un gran honor, es la parte más gratificante te diría. Y ni hablar que le muestre el guión a colegas, yo por lo general trato de no decirles que es un guión mío, y después escuchar las devoluciones.


Ya que mencionamos tu película, ¿Cómo fue esto de llevar a la pantalla una historia dolorosa y quizás también sanar un poco?
Me nació una necesidad, la empecé a escribir pero ni siquiera sabía que iba a ser una película. Empecé a escribir y siempre tuvo un tinte luminoso, nunca fue el abordaje de un drama, porque para mí la historia de mi madre es una historia de una heroína. Si bien, vivió una historia de muchos años de violencia de género, en otra época donde de esto no se hablaba, una mujer de 21 años, 22, con dos niños, que pierde la vida en manos de un desgraciado, que casualmente es mi progenitor. Es una historia de superación, ella pudo salir adelante. La admiro profundamente.
También es parte de mi historia, pero me interesaba mucho más contar esta mujer honorable, y empecé a escribir. En un momento dije, esto es una película, y apenas tomó forma de película, por supuesto, estuve con mi mamá, y le conté que tenía ganas de hacer una película, de una porción, porque después es muy larga la historia, hay tantas cosas. Ofrecí mostrarle el guión, lo que tenía escrito hasta ahí, me dijo que no, que confiaba en mí, lo cual fue un peso muy enorme, porque yo también necesitaba que ella opinara o si había algo que no quería, porque se tocaron cosas muy delicadas. Mi mamá me dijo que confiaba en mí, así que imagínate el proceso, un orgullo muy enorme. Creo que transcurrió una película paralela a la película, y cuando tomó forma también, se la conté a Juan Crespo de 13 Films, y a él le encantó la historia, me dijo, vamos, y sí, me acuerdo que su propuesta era que se filme acá cerca, por un tema de costos…
Y vos insististe con tus pagos..
Es que eso transcurrió en Pampa del Infierno, porque además era una cuenta pendiente mía. Cuando me fui dije “quiero volver a filmar acá”. Además de ser mi pueblo, hay algo de raíz ahí que es muy potente. Uno es de donde es por algo, y la gente no se da cuenta de eso, es como quien resta de sus orígenes la está pifiando fuerte, no importa cuál sea tu origen. Dije no es negociable y fue la única discusión álgida que tuvimos. Después contamos con un gran elenco y una logística impresionante y fue clave que se rodó ahí después al ver el resultado.
Me dio mucho orgullo, nos dieron un premio en Iberseries, en España, y Amazon apenas la vio la quiso tener. La verdad que a mí me dio una satisfacción porque pensá que salió de mi alma.
«…Me emocionan mis hermanos, mis viejos. Tengo un lazo muy fuerte con mi familia, mis amigos. Soy muy amante de mis vínculos…»
¿Sentís que hubo una catarsis o qué escribirla cerró como algún círculo?
No siento que cerró nada, mejor dicho abrió. Abrió como otra mirada porque dentro de esta historia está mi papá Miguel, que es mi padre para mí. Y viene a ser una pieza clave de sanación, por eso la peli es muy luminosa. Además. por ahí es reparador, o sea, no caigamos en esta trampa que es nosotras contra ellos, sino más bien en generar alianzas. Mi papá fue nuestro mejor aliado, fue quien -de alguna manera- unió a mi familia, a mi madre, la hizo volver a creer en el amor. Mi papá es el primer feminista que yo conocí en mi vida, también mi abuelo. Tiene que ver con eso, con abrir algo muy esperanzador y luminoso. Partida es un gran orgullo para mí que también estoy como productora.
¿Hay algún personaje que todavía sentís que te está esperando o que fantaseás interpretar?
Hay un personaje que casualmente estoy escribiendo, una serie que está muy corrida de todos los límites morales y que va por el lugar donde no hay que ir. Hay un personaje muy amoral que estoy escribiendo una historia con eso que me interesa mucho. Me gusta cómo se encuentra a veces un asesino con la humanidad o un narcotraficante con la humanidad desde el relato de la ficción, hablo, ¿no? A veces cómo son personajes que hacen algo para entender otras cosas.
Y cuando prepares la biopic de tu vida, hay mucho material no?
Y lo que no se sabe (se ríe). De a poco voy escribiendo un libro que en algún momento me gustaría terminar porque está bueno. Yo soy muy creyente de la verdad y todo lo que uno escoge y hace es parte de lo bueno, lo malo. Son experiencias a veces que uno no las volvería a repetir en el futuro, pero yo particularmente no cambiaría nada en el pasado.


¿Cuáles son tus cables a tierra?
Mi sobrina de siete años: Miranda que es muy guapa. La consiento porque obviamente es mi debilidad. Me derrito por esa niña y parece a propósito es la única niña y es una cosa demasiado zarpada con ella. Con mis hermanos también tengo mucha debilidad.
Me emocionan mis hermanos, mis viejos. Tengo un lazo muy fuerte con mi familia, mis amigos. Soy muy amante de mis vínculos. De un logro de un amigo mío, de una amiga. Me emocionan esos momentos. estuve grabando una publicidad con mi papá para la pesca del Dorado y fuimos a pescar juntos. Soy muy presente en esos momentos porque creo que es eso, después el resto el resto pasará, todo.
¿Estrañás un poco esa parte de Chaco que es como tu lugar en el mundo?
La paso muy bien acá. Vivo una vida muy linda, muy hermosa. La paso muy bien en mi casa. Pasa es que regreso bastante, a veces voy por un día y vuelvo. Estoy muy en contacto y soy muy presente, entonces no es algo que me afecte. Estoy más presente que cualquiera. Muy presente con mi familia.
Lanzoni propone algo incómodo y, a la vez, profundamente humano: quedarse un poco más. Decir lo que falta. Revisar lo que duele. Entender que incluso lo que lastima también construye. No habla desde la teoría ni desde una pose, sino desde una vida atravesada por decisiones, vínculos, dolores y reconstrucciones. Por eso su idea de “resolver” no suena a cierre definitivo, sino a movimiento. A una forma de seguir…








