Luis Brandoni: un recuerdo en primera persona

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Entrevista por María Silvia Astudillo

Hay algo en la voz de Luis Brandoni que permanece incluso después de que se apaga el plano. Una cadencia, una forma de decir, de plantarse frente al mundo —y frente a la ficción— que atraviesa generaciones. En estos días, su ausencia volvió a encender esa memoria colectiva hecha de escenas, frases y personajes que ya son parte del ADN cultural argentino.

Cuando Random todavía era papel —cuando las entrevistas se leían con el tiempo lento de las páginas— una de nuestras cronistas se sentó a conversar con él en un momento bisagra: el de su regreso al cine, el de una reconciliación con la industria que alguna vez sintió esquiva. Venía de reencontrarse con el público en películas como Mi obra maestra y de volver a habitar esa potencia actoral que nunca se había ido, pero que esperaba su nueva oportunidad.

En esa charla, Brandoni no sólo habla de actuación. Habla del oficio, del paso del tiempo, de la política, de los cambios tecnológicos y de esa tensión —siempre viva— entre la industria y el artista. También revisita, con lucidez y sin nostalgia vacía, títulos que marcaron época como Esperando la carroza o La Patagonia rebelde, y reflexiona sobre un presente que, en ese entonces, volvía a abrirse.

Está pasando algo muy lindo con vos en el cine, vi  la premier tu película “Mi obra maestra” y  la gente se levantó y aplaudió de pie…

Sí, yo también lo siento y me gusta mucho. Cuando eso sucede es que algo bueno se viene. Tengo  un recuerdo muy grato de eso porque cuando se estrenó “Darse Cuenta” en el año 84,  Grandinetti debutaba en cine y con su ansiedad como es lógico fue a la primera función del mediodía el día del estreno.  Ahí lo llamé y le pregunté si la vio y si le había gustado y me dijo que sí, pero que había poca gente. Le dije que tuviera en cuenta la hora que era pleno mediodía, no podía haber tanta gente. Y me dijo que le había llamado la atención que la gente había aplaudido, entonces le dije que se quedara tranquilo que si habían aplaudido 25 personas a la una de la tarde es porque iba a andar bien. Así fue para mí todo un dato, un gran augurio.

Mi obra maestra es una  película que te hace hacer un viaje que no te esperas.

Si es sorprendente, tiene una vuelta de tuerca que no te esperas, además la película es muy argentina, identifica mucho y el final es sorprendente, estoy muy conforme.

….No veo que la televisión esté mejor que antes, extraño mucho a los unitarios, porque con estos avances tecnológicos la gente se pega unos atracones tremendos que no los entiendo bien viendo series. Y ve toda la temporada en un día. Los unitario se  pasaban una vez por semana  que estaba muy bien eso…

¿Cómo sucedió tú llegada a este proyecto?

Primero le llegó a Guillermo (Francella),  el lee el guion, le interesó y con buen criterio le preguntaron a Guillermo quien podría ser el otro actor que interprete a Renzo, mi personaje. Y Guillermo me propuso a mí, fue por unanimidad que decidieron que fuera yo .Cuando me lo propusieron la decisión de parte de ellos ya estaba tomada. Y decir que “si”  no me llevó ni 30 segundos por muchas razones, por los productores y director (Mariano Cohn y Gastón Duprat respectivamente),  y quien era el protagonista que era Guillermo. Nunca habíamos hecho cine juntos, habíamos trabajado mucho en televisión y era un lujo y un privilegio la oportunidad de hacer cine con él.  Además todos trabajamos muchísimo el guion, hubo cuatro semanas de ensayo le fuimos encontrando el tono al guion, se modificaron algunos diálogos, enriquecer  el lenguaje coloquial. Entonces llegamos al set con mucha seguridad, nada fue librado al azar, ni a la improvisación, lo cual es muy satisfactorio  porque se disfruta más cuando sabes que tenés un  soporte importante fuerte que es el guion y eso es fundamental.

Esta película aborda el género de la comedia, que se hace muy poco en Argentina, ¿Pensás que está dejado de lado?

El género de la comedia no está valorizado  en general, yo no soy un aficionado ni un fanático de los Oscar, pero si vos repasás la historia de los premios a las mejores películas el 95 % son dramas. Por eso me alegró  una vez que vi una comedia española “Belle Epoque” que ganó el Oscar a la mejor película hablada en idioma  extranjero, una comedia extraordinaria y me pareció un gran acierto reconocer a la comedia que es un género muy complejo y difícil. Una cosa es la comedia y otra la comicidad,  nuestra película tiene ese merito  que no es algo superficial, se mete con sentimientos que a cualquiera le podría pasar, es muy atractivo.  Es un género muy difícil de hacer, una cosa es hacer algo cómico con efectos y chistes, y otra cosa es hacer comedia. Como se lleva adelante una situación humana en ese tono en que se dio, pero que trata de hacer más grata la vida.

En 50 años de carrera, ¿Ves diferencia entre los directores de antes y los de ahora?

El cambio no es solo de los directores, el cine tiene una modificación importante de cuando yo empecé a filmar. Recuerdo que en mi primera película que éramos todo un grupo de jóvenes debutantes y el director, lo primero que nos dijo fue cuánto costaba el metro de celuloide así que como para no ponernos nerviosos (risas). Imagínate que el metraje del celuloide  de película virgen era parte del presupuesto de la película, eso condicionaba de algún modo el cine. Tenías que tener el pulso para filmar  porque si  te pasabas de ese metraje había dificultades. Esto cambio sustancialmente con la era digital, te podés equivocar tranquilo y no gastás nada. Pero eso tiene sus pro y sus contras, porque a veces se dice: “bueno vamos a hacer otra toma por las dudas” y ese por las dudas a mí no me gusta. Ese hagamos otra a mí no me alienta porque repetir una toma 16 veces no es grato, a uno como actor le queda la sensación de que uno no lo hizo como debería haberlo hecho. El progreso técnico en ese sentido es extraordinario, he tenido oportunidad de trabajar con directores extraordinarios y en otros casos no, pero es parte de la vida de un actor

Has hecho películas que la prensa, la crítica y el público consideran memorables como “Esperando la carroza” pero ¿Cuáles son para vos las memorables como actor?

“La Patagonia rebelde”,” Darse cuenta”, “La tregua” que fue la primera película argentina que compitió por el Oscar en el año 75  y perdió con “Amarcord” de Felini, o sea una gloriosa derrota (risas). No la querían estrenar y terminó en cines de segunda categoría de la calle Lavalle porque al elenco no lo conocía nadie y terminó siendo el mayor elenco de la historia argentina. Por ese entonces se consideraba que era muy dramática por lo que parecía menos convocante. Otra de mis preferidas es “Juan que reía”, “El verso”. Y el caso de “Esperando la carroza” que mencionaste,  es una película que sigue viva a 35 años de estrenar.

Algún tiempo atrás en que te entrevisté estabas un poco enojado porque te sentías que no te tenían en cuenta para cine y ahora no paras…

Y vos ves cómo es la vida, lo sentí entre 2003 y 2017, se hicieron más de 2.000 películas y yo con suerte, hice cuatro. Por supuesto que tiene vínculo directo con la política, sencillamente los directores no me pedían. Una  de esa es la segunda parte de “Esperando a la carroza” que no me conformó. Ese proyecto  fue realmente como una especie de beca que le dieron a un amigo del Gobierno que, a su vez, eligió a un amigo personal para dirigirla algo que nunca había hecho en su vida. Y era, nada menos, que la segunda parte de un clásico. Pero ahora si el panorama es distinto   hice una con Mariano Cohn  que se llama “Cuatro por Cuatro”, alude a una camioneta, es un thriller. Y acabamos terminar una película con Juan José Campanella,  una remake de “Los muchachos de antes no usaban arsénico”, la comedia negra de José Martínez Suárez estrenada en 1976. Antes de fin de año voy a filmar con Sebastián Borenstein la versión de una novela.

«…El género de la comedia no está valorizado  en general, yo no soy un aficionado ni un fanático de los Oscar, pero si vos repasás la historia de los premios a las mejores películas el 95 % son dramas…»

Un Gallo para Esculapio se destacó, ganó el Martin Fierro de Oro y posiciona a las series argentinas en un lugar que generalmente ocupan las extranjeras, ¿Te parece que la tv está mejor?

No veo que la televisión esté mejor que antes, extraño mucho a los unitarios, porque con estos avances tecnológicos la gente se pega unos atracones tremendos que no los entiendo bien viendo series. Y ve toda la temporada en un día. Los unitario se  pasaban una vez por semana  que estaba muy bien eso, como fue “El hombre de tu vida” que hicimos con Guillermo. Creo que hacen falta programas unitarios porque los que no tenemos una rutina muy prolija, si son todas series  vez un capitulo y no sabés de dónde viene y hacia dónde va. En los unitarios en el mismo capítulo ves como empieza y cómo termina y sacás alguna conclusión. También pienso que hay menos trabajo de lo que históricamente hubo en materia de ficción con actores argentinos. Por ejemplo, Canal 9 hace 14 años que no tiene una sola ficción. Eso es grave porque era uno de los que más hacía, América no tiene ningún programa de ficción. Además por la moda de la televisión por demanda,  lo padece la televisión nacional,  pero va a pasar como pasó con los videos en su momento que la gente dejó de ir al cine porque veía el video en su casa, con los alquileres en los video club. Esto  también pasará.

Volver a publicar hoy esta entrevista no es sólo un gesto de archivo: es una forma de escuchar otra vez a Brandoni en primera persona. De dejar que su pensamiento —filoso, irónico, profundamente argentino— siga dialogando con el presente. Porque hay artistas que no se van del todo: quedan resonando en lo que dijeron, en lo que hicieron y en todo lo que todavía nos invitan a pensar.