BAFICI 27: Buenos Aires vuelve a ser capital del cine independiente

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Comenzó el BAFICI 27 y, como cada año, transforma a la Ciudad de Buenos Aires en un territorio donde el cine se descubre. Esta edición, que se desarrollará del 15 al 26 de abril, pone el foco en una programación orientada hacia un cine más introspectivo, híbrido y autoral, donde predominan las narrativas fragmentadas, los cruces entre ficción y documental y el uso de géneros —como el thriller o la ciencia ficción— desde un enfoque más conceptual que comercial.

La apertura estuvo marcada por Orgullo y prejuicio, de Matías Szulanski, una película que reinterpreta el clásico literario desde una sensibilidad contemporánea y local, jugando con el humor, los vínculos y una puesta en escena minimalista. No es solo una elección simbólica, sino también una declaración de principios: el cine argentino puede dialogar con los grandes relatos universales desde su propia identidad. En el cierre, la apuesta cambia de tono con Power Ballad, del irlandés John Carney, una historia atravesada por la música y las relaciones humanas, con ese estilo emocional que caracteriza al director de Once y Sing Street.

A partir de ahí, el BAFICI despliega una constelación de películas que justifican por sí solas la atención del público cinéfilo. Dentro de la Competencia Internacional, uno de los títulos más comentados es Misericordia, del francés Alain Guiraudie, una obra que mezcla thriller, erotismo y tensión psicológica en un relato inquietante sobre secretos y deseo en un entorno rural. También genera expectativa The Human Hibernation, de la española Anna Cornudella, una propuesta de ciencia ficción contemplativa que imagina una sociedad donde los humanos hibernan para sobrevivir, construyendo una experiencia sensorial más cercana al ensayo visual que al relato tradicional.

En el terreno del cine asiático, Stranger Eyes, del singapurense Yeo Siew Hua, aparece como uno de los thrillers más intrigantes del festival. La película explora la vigilancia, la intimidad y la paranoia en la era digital, con una narrativa fragmentada que mantiene al espectador en constante tensión. Desde América Latina, en tanto, destaca Los delincuentes, del argentino Rodrigo Moreno, que si bien ya tuvo recorrido internacional, se presenta como una oportunidad clave para el público local de redescubrir esta historia sobre crimen, rutina y libertad, contada con un tono tan lúdico como reflexivo.

La Competencia Argentina también ofrece títulos concretos que empiezan a generar conversación. Algo viejo, algo nuevo, algo prestado, de Hernán Rosselli, se posiciona como una de las apuestas más sólidas, combinando documental y ficción para retratar el mundo de las apuestas clandestinas en el conurbano bonaerense. Por otro lado, Las fiestas, de Ignacio Rogers, propone un drama íntimo que se mete en los vínculos familiares a lo largo del tiempo, con una estructura fragmentada que acompaña la evolución emocional de sus personajes.

En las secciones más arriesgadas aparecen verdaderas joyas para quienes buscan experiencias fuera de lo convencional. De noche los gatos son pardos, de la suiza Valentina Maurel, combina coming of age con una estética cruda y provocadora, mientras que Sleep, del surcoreano Jason Yu, mezcla terror psicológico con drama de pareja, construyendo una atmósfera inquietante a partir de lo cotidiano.

El recorrido documental también tiene nombres fuertes. La memoria infinita, de la chilena Maite Alberdi, vuelve a conmover con una historia sobre el amor y el paso del tiempo atravesado por el Alzheimer, mientras que otras propuestas menos conocidas apuestan por relatos experimentales, donde la forma narrativa es tan importante como el contenido.

Todas estas películas encuentran su lugar en un circuito de salas que es parte fundamental de la experiencia. El Teatro General San Martín funciona como el corazón del festival, concentrando varias de las funciones más esperadas y generando ese clima único donde el cine se vive de manera colectiva. A su alrededor, otras sedes en distintos puntos de la ciudad amplían el alcance del evento y convierten al BAFICI en un recorrido urbano donde cada traslado es también parte de la experiencia.

En este contexto, el BAFICI 27 se reafirma como mucho más que un festival: es un espacio donde las películas, en su diversidad y singularidad, construyen una identidad propia. No se trata solo de ver cine, sino de encontrarse con obras que interpelan, incomodan o emocionan, muchas veces por primera vez. Y en esa posibilidad de descubrimiento, en ese cruce entre títulos consagrados y nuevas voces, es donde el festival vuelve a demostrar por qué sigue siendo una cita imprescindible para entender el presente y el futuro del cine independiente.