Carla Pandolfi: «Cada formato tiene códigos propios»

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Hay trayectorias que no se construyen a los empujones, sino a fuerza de talento, constancia y efectividad. La de Carla Pandolfi es una de ellas. Cordobesa, formada en el teatro y forjada en la voracidad porteña, su nombre hoy resuena con potencia gracias a “En el barro”, la serie de Netflix que la muestra como Selva, una guardia cárcel de gesto adusto y presencia imponente. Pero detrás de esa mujer de uniforme hay una historia que empezó mucho antes, cuando ganó un reality, al estilo “Popstar”, que en el 2004 buscaba a la protagonista de “Piel naranja… años después”, una serie que sería la secuela de la original telenovela de 1975, protagonizada por Arnaldo André y Marilina Ross. Allí, en su primer trabajo en el mainstream, entendió que la fama instantánea no garantizaba permanencia. Y una vez finalizada su participación, se instaló en Buenos Aires desde su Leones natal. Trabajó en eventos, promociones y publicidades para sostenerse, y sin abandonar la actuación, aprendió que el mundo artístico es una construcción diaria.

Su recorrido fue diverso. En televisión participó en ficciones populares como “Violetta”, donde compartió escenas con una joven Tini y hasta se dio el lujo de cantar con ella; fue parte del universo intenso de “Un gallo para Esculapio” y “Diario de un gigoló”, ambas bajo la órbita creativa de Sebastián Ortega, mientras que en teatro alternó el circuito independiente con el comercial, compartiendo escenario con figuras como Luis Brandoni, Adrián Suar, Diego Peretti, Darío Grandinetti y Juan Leyrado, entre muchos otros.

Con “En el barro”, Pandolfi vuelve a ese territorio áspero que tan bien le sienta y tanto la dista del personaje de Marina Iñazú (la ex mujer de Benjamín Vicuña) que hizo en “Envidiosa”, otra bomba del streaming. Es que si algo diferencia a Pandolfi de sus colegas, es la versatilidad que le imprime a sus ojos verdes. Y de una desquiciada empleadora, pasa a una mujer de temer, con un simple desmaquillante.

Ahora está frente al gran desafío de su vida, cuando el 28 de marzo se suba al escenario del Metropolitan para estrenar junto a Guillermo Francella, la obra “Desde el jardín”, en teoría, el gran tanque de la cartelera porteña del 2026. Y como siempre, estará a la altura de las circunstancias.

-Tu participación en “En el barro” generó una enorme repercusión. ¿Cómo vivís esta efervescencia alrededor de la serie?
-Me siento profundamente agradecida. Cuando uno trabaja con dedicación y el público lo elige, se produce una visibilidad que resignifica el recorrido. En “En el barro” participé con convicción, arriesgándome a estar presente, y ver que ese proyecto tiene tanto impacto da mucha felicidad. Esta exposición no solo visibiliza mi labor en la serie, sino que despierta curiosidad en la audiencia por mi trayectoria, entonces un poco se resignifican trabajos anteriores que porque no existían las plataformas no tuvieron repercusión y sí los tienen hoy. Que me lleguen comentarios por haber estado en “Un gallo para Esculapio” que se estrenó en el 2017, me da más alegría.

-Tu Selva de “En el barro”, esta guardia cárcel con estética temeraria e implacable, ¿de dónde surgió?
-Me interesaba una representación fuerte, militar y fiel a un contexto social duro. Fue un desafío traducir esa idea con verosimilitud sin caer en estereotipos. Fue clave entender el relato como un conjunto coral, sin individualidades sobresalientes, colaborando para que la estética, la corporalidad y la presencia funcionaran al servicio del ambiente marginal que la serie propone.

si algo diferencia a Pandolfi de sus colegas, es la versatilidad que le imprime a sus ojos celestes. Y de una desquiciada empleadora, pasa a una mujer de temer, con un simple desmaquillante.

-Lo que se ve en la pantalla es de una oscuridad extrema. ¿Se vivía en el set esa atmósfera intensa o no tomaban dimensión de lo que estaban gestando?
-Sí. Desde la dirección de arte de Julia Freid, que construyó un ambiente muy real, hasta las decisiones lumínicas, algo de esa intensidad nos atrapó. Aunque en el momento no se chequean todas las tomas, había una sensación de inmersión en ese clima marginal. Cuando ves el resultado final te sorprende, y en mi caso, incluso pensé “¿fue tan oscura?”, y al final entendí que todo formó parte del relato y la estética que buscábamos.

-Tu carrera combina teatro independiente, comercial, series corales y protagónicos en cine. ¿Cómo transitás esas diferentes exposiciones?
-Lo vivo como un aprendizaje continuo. Cada formato tiene códigos propios. En teatro independiente tengo más espacio para aportar desde la creatividad y en todo tipo de decisiones, en el comercial hay estructuras establecidas; en televisión y cine se construye todo a otro ritmo. Para mí, todo eso nunca fue un conflicto sino una gimnasia que alimenta mi oficio. Cada experiencia suma, todas me dieron herramientas para estar donde estoy hoy. Si hago mi obra “Ana por la ventana” estoy todo el tiempo en escena y si hago “Parque Lezama” mi participación es mucho menor pero igual de gratificante. Lo mismo con el film “Desbarrancada” donde soy la protagonista o en “En el barro” que salgo menos, pero el reconocimiento es inmenso.

-Antes de consolidarte como actriz, tu llegada a Buenos Aires desde Córdoba, incluyó trabajos no tan protagónicos.
Sí, los primeros años me la rebuscaba haciendo eventos, promociones y publicidades, y gracias a esos trabajos pude sostenerme y encontrar una estabilidad económica. Comencé protagonizando la telenovela “Piel naranja… años después”, pero después caí en la realidad que la actuación en Argentina era pelearla día a día y presentarme a cuanto casting había. Fue un proceso donde cada escalón, aunque modesto, me permitió sostenerme en Buenos Aires. Esa experiencia me enseñó a ser autosuficiente, a entender que la carrera artística no es lineal. Recuerdo dos publicidades que me dieron muchas satisfacciones, una de Sedal y otra de Mentho Plus, que es medio machirula pero hizo mucho ruido en su momento.

-Trabajaste con grandes figuras del teatro y la televisión. ¿Cómo influyeron esas personalidades?
-Todos los compañeros con los que trabajé fueron generosos, y eso libera mucho al momento de actuar. Al principio puede haber admiración interna, pero rápidamente la profesionalidad y el respeto permiten construir un trabajo genuino. Yo pasé de ver de chica “La banda del Golden Rocket” y admirarlos, a trabajar con Adrián Suar en “Inmaduros” y con Fabián Vena en “Rain Man”. Te moviliza pero también te obliga a responderles con tus mejores herramientas. Con algunos, como Brandoni, incluso surgió la posibilidad de seguir trabajando juntos, primero en “Parque Lezama” y luego en “Un gallo para esculapio”. Y con Guillermo Francella pasó algo parecido, hice un reemplazo en la obra que dirigía “Perfectos desconocidos”, participé en su película “La extorsión” y ahora haremos “Desde el jardín”. Es un match perfecto porque confluyen al mismo tiempo, admiración, felicidad y trabajo.

«…estoy en un momento donde me enfoco en mostrar mi trabajo, y prefiero que el público me reconozca por los personajes antes que por mi vida personal. Esa decisión tiene que ver con códigos de respeto y con una elección consciente sobre qué poner en juego…»

-Trabajaste en “Violetta” con Tini, hoy una figura global de la música latina. ¿Esa experiencia a la hora de confeccionar tu Currículum Vitae va en destacados?

-Trabajar con Martina en “Violetta”, porque en esa época era Martina Stoessel fue una experiencia clave en mi carrera. Era mi primera tira diaria y me dio una gimnasia enorme, de hacer 10 u 11 escenas por día, sostener un personaje toda una temporada y entender los tiempos de producción. Yo conocí a una nena amorosísima, de 14 o 15 años, con un talento vocal y un virtuosismo impresionante. Se intuía que podía irle bien en su profesión, pero la verdad es que nunca imaginé que podía ser quien es hoy. Igual, a ojos de hoy, verla consolidada no me sorprende.

-Estás en un momento muy alto de exposición, pero poco se sabe de tu vida privada. ¿Es una elección resguardar tu intimidad?

-Es por respeto a mi familia. Es mi prioridad en la vida, y cuando comparto algo en redes es siempre con su consentimiento. Sin embargo, estoy en un momento donde me enfoco en mostrar mi trabajo, y prefiero que el público me reconozca por los personajes antes que por mi vida personal. Esa decisión tiene que ver con códigos de respeto y con una elección consciente sobre qué poner en juego.

-Pero la calle habla y se deben acercar para saludarte o pedirte una foto.
-Lo vivo de manera tranquila. Hay momentos como con “Envidiosa” o ahora con “En el barro” donde recibo más comentarios o saludos cariñosos, pero nunca de manera invasiva. Camino tranquila por la calle, voy a comprar, paseo al perro, todo con naturalidad. 

-¿Qué te da placer por fuera de la actuación?
-Soy muy deportista. Me encanta entrenar, jugar al tenis, acompañar a mis hijos en sus actividades. Tengo un perro, Canelo, que es parte de la familia, y disfrutamos esos momentos cotidianos. Esos espacios de vida fuera del set y del escenario son lo que me arraigan, lo que me permiten volver al trabajo con energía y visión serena.