Su historia musical tiene un origen profundamente sanguíneo. Cuando tenía apenas seis años vio cantar a su abuelo en el teatro Colón de Mar del Plata, un momento que marcó para siempre su destino artístico. Desde entonces, su carrera fue creciendo paso a paso, en un camino que él mismo describe como un verdadero crescendo: una evolución constante donde la técnica vocal se encuentra con la emoción y la búsqueda de una interpretación cada vez más honesta.
Tras presentarse en escenarios de Europa, Asia y Norteamérica, el cantante continúa consolidando una trayectoria internacional que combina la tradición lírica con una mirada abierta hacia otros géneros. En su repertorio conviven arias clásicas, tangos, boleros y grandes canciones del cancionero internacional popularizadas por artistas como Frank Sinatra y Elvis Presley, interpretadas desde una sensibilidad propia que prioriza la emoción y la conexión con el público.
El espectáculo “Crescendo” -que llegará a Buenos Aires el 27 y 28 de marzo en el Teatro Alejandro Casona, en el marco de su gira nacional e internacional 2026- fue distinguido con dos galardones en los Premios Estrella de Mar 2026: Mejor Espectáculo de Música Clásica y Mejor Producción Marplatense, un reconocimiento que reafirma el impacto de una propuesta que busca acercar la lírica a nuevos públicos sin perder profundidad artística.
La gira también incluye presentaciones en ciudades como Mar del Plata, Rosario, Córdoba y Tucumán, en un recorrido que confirma el crecimiento de un artista que entiende la música como un lenguaje universal. Como él mismo sostiene, más allá del idioma o del género, lo que verdaderamente conmueve al público es la emoción que logra transmitirse desde el escenario.
En esta charla con RANDOM, Masiello reflexiona sobre su camino en la música, la experiencia de cantar en distintos países y el desafío de mantener viva la emoción en cada interpretación.
Tu espectáculo se llama “Crescendo”, una palabra que en música habla de crecimiento e intensidad. ¿Qué representa ese concepto en tu propia vida artística?
“Crescendo” representa muy bien cómo siento mi camino artístico. En música significa crecer, aumentar la intensidad poco a poco, y siento que mi carrera ha sido justamente eso: un proceso constante de aprendizaje, de evolución y de ir encontrando cada vez más profundidad en lo que hago. Haber vuelto a la Argentina después de haber cantado y viajado tanto por el mundo representa para mí una etapa muy especial de crecimiento y de reencuentro conmigo mismo. Cada concierto, cada escenario y cada experiencia van sumando algo nuevo, y todo eso se refleja en este espectáculo.


Venís de cantar en escenarios de distintos países y culturas. ¿Qué aprendiste de esos viajes que hoy forman parte de tu manera de interpretar?
Cantar en distintos países te enseña que, más allá de las diferencias culturales o del idioma, la emoción en la música es universal. En cada lugar el público escucha de una manera distinta, y eso te obliga a ser más sensible y más honesto al interpretar. Recuerdo, por ejemplo, haber cantado en Japón un tango compuesto por mí y ver a personas del público emocionarse hasta las lágrimas, aun sin entender la letra. En ese momento entendí que muchas veces la música comunica mucho más allá de las palabras, simplemente a través de su musicalidad y de la emoción que transmite. Esos viajes me enseñaron justamente eso: a buscar siempre la verdad emocional de la música, y hoy forma parte de mi manera de interpretar.
“Crescendo” representa muy bien cómo siento mi camino artístico. En música significa crecer, aumentar la intensidad poco a poco…»
En tu repertorio conviven la lírica, el tango, los boleros y clásicos internacionales. ¿Qué tienen en común para vos todos esos universos musicales?
Aunque parezcan universos musicales distintos, para mí todos tienen algo muy profundo en común: la emoción y la necesidad de contar una historia. Ya sea en la lírica, en el tango, en un bolero o en un clásico internacional, siempre hay un sentimiento humano detrás —amor, nostalgia, alegría, melancolía— y el desafío del intérprete es transmitir esa emoción de la manera más honesta posible. Más allá del estilo o del idioma, lo que realmente conecta con el público es la verdad con la que se canta. Y de alguna manera eso también tiene que ver con la idea de “Crescendo”: ir profundizando cada vez más en esa emoción y en esa forma de comunicar a través de la música.
Cuando estás sobre el escenario frente al público, ¿qué buscás transmitir primero: la perfección técnica o la emoción?
La técnica es fundamental, porque es la herramienta que te permite cantar con libertad y sostener todo lo que la música exige. Pero si tengo que elegir, siempre busco transmitir primero la emoción. La técnica se estudia y se perfecciona con los años, pero lo que realmente conecta con el público es la emoción y la verdad que uno logra transmitir desde el escenario. Cuando alguien se conmueve escuchando una canción, ahí es cuando siento que la música realmente cumplió su propósito.
Muchos artistas dicen que cada canción es una historia. ¿Hay alguna del repertorio de “Crescendo” que sientas especialmente cercana a tu propia vida?
Una canción que realmente conecta conmigo es “A mi manera”. No solamente fue interpretada por grandes referentes para mí como Frank Sinatra y Elvis Presley, sino también por mi abuelo. Cada vez que la canto siento, de alguna manera, su mano en mi hombro acompañándome. Es como si estuviera ahí recordándome todos los consejos que me dio y el apoyo que siempre me brindó en mi camino en la música.
La música clásica suele percibirse como algo solemne o distante. ¿Creés que hoy el desafío es volver a humanizar ese género?
No estoy seguro de que la música clásica sea realmente distante. Si uno piensa en las grandes obras, están llenas de pasión, drama y emoción humana. Más que “humanizarla”, creo que el desafío es recordarle al público que esa humanidad siempre estuvo ahí. Cuando se interpreta con verdad y con cercanía, la música clásica conecta con la gente de una manera muy directa.
Después de tantos escenarios recorridos, ¿qué sigue emocionándote antes de salir a cantar?
Incluso después de tantos escenarios, ese momento antes de salir a cantar sigue siendo muy especial. Siempre hay una mezcla de emoción, de respeto por el público y también de gratitud por poder dedicar mi vida a la música. Saber que en unos segundos voy a compartir algo tan profundo con la gente sigue emocionándome mucho. Cada concierto es único, y esa posibilidad de crear un momento irrepetible con el público es lo que todavía me conmueve cada vez que estoy a punto de salir al escenario.
«..La técnica se estudia y se perfecciona con los años, pero lo que realmente conecta con el público es la emoción…»
Esta gira te trae nuevamente a distintos escenarios de Argentina. ¿Qué tiene de particular cantar en tu propio país?
Cantar en mi propio país tiene algo muy especial. Después de haber recorrido escenarios en distintos lugares del mundo, volver a la Argentina se siente, de alguna manera, como volver a cantar para mi familia y mis amigos en una reunión. Hay una cercanía y una calidez muy particular. Esa simpleza y esa alegría que uno vive en esos encuentros también se siente en el escenario, incluso cuando estás en un teatro. Es una conexión muy directa con el público.
Si alguien que nunca escuchó lírica fuera a verte por primera vez, ¿qué te gustaría que descubriera esa noche?
Me gustaría que descubriera que la lírica no es algo lejano ni difícil de entender, sino una forma muy poderosa de expresar emociones. Además, muchas de las canciones que interpreto forman parte de un repertorio muy popular, melodías que el público reconoce y que ya viven en el oído de muchas personas. Cuando alguien escucha esas canciones en vivo, con una interpretación lírica, puede redescubrirlas desde otro lugar. Si alguien sale del concierto conmovido por una melodía o por la emoción del momento, entonces siento que la música cumplió su propósito.
Así, entre arias, tangos y canciones que forman parte de la memoria colectiva, Martín Masiello construye cada noche un puente entre la tradición y la emoción presente. Y cuando las luces del escenario se encienden y la primera nota comienza a resonar, lo que ocurre ya no pertenece sólo a la técnica ni al repertorio, sino a ese instante irrepetible donde la voz, la historia y el público se encuentran para recordar que la música -en su forma más pura- sigue siendo una manera profunda de decir lo que las palabras no alcanzan.







