Luisa Albinoni: “No envejecen las ilusiones, ni el espíritu, ni las ganas”

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A los 56 años de trayectoria, Luisa Albinoni sigue recorriendo rutas, subiéndose a escenarios y encontrando nuevos desafíos. Lo hace con la misma pasión que la llevó a construir una de las carreras más extensas y versátiles del espectáculo argentino, pero también con una mirada que el tiempo fue enriqueciendo: la de quien aprendió que los sueños no tienen fecha de vencimiento.

Actualmente protagoniza junto a Rodolfo Ranni la obra Negociemos -que se encuentra de gira por todo el país- que es una historia que habla de segundas oportunidades, de amores que reaparecen cuando parecía que todo estaba escrito y de la posibilidad de volver a empezar. Un tema que conecta profundamente con su presente, atravesado por la actuación, la docencia y el trabajo con adultos mayores que encuentran en el arte una nueva forma de descubrirse.

En esta charla con RANDOM, Albinoni habla sobre el amor, el paso de los años, la importancia de seguir aprendiendo, la relación con el público del interior y las enseñanzas que le dejó una vida entera dedicada al escenario.

Felicitaciones por esta gira junto a Rodolfo Ranni y por toda tu carrera. ¿Qué fue lo que te enamoró de este personaje y qué te hizo decir que sí al proyecto?

Muchas gracias. Yo ya había trabajado con Rodolfo hace unos cuantos años. Hicimos Los Locos Grimaldi con un éxito absoluto en televisión, en teatro y en gira, casi durante tres años. Así que ya había tenido el placer de trabajar con él, pero como su hija. Y hacía rato que teníamos ganas de volver a trabajar juntos, pero por compromisos de él por un lado y míos por el otro no se daba. En cuanto me dijeron y se me hizo el hueco, imaginate, me encantó. Estamos encantados los dos de trabajar juntos.

Es un placer para mí trabajar con el Tano. Es una obra tan linda, Negociemos, que es una historia de amor, de resiliencia. Y es una historia que pareciera solamente para la gente de la tercera edad. Y no lo es, porque deja una enseñanza incluso para la gente joven. Viene a vernos mucha gente joven, Franco.

Es una historia que vuelve a poner el foco en el amor en un mundo donde vivimos tan desorientes. ¿Creés que ahí está una de las claves de la conexión con el público?

Exacto. La gente se emociona, se ríe, llora, se divierte y se ve plasmada a través de nosotros, hasta con sus propias historias. Ahora es una época en la que la vorágine del mundo, la rapidez y la velocidad hacen que pasen de largo muchas oportunidades.

A veces le digo a los chicos que por ahí el amor pasó al lado y no lo vieron. Por querer hacer otras cosas, por seguir adelante, por lograr objetivos, que no está mal, pero el amor es una parte muy importante. Y te digo más. Nos ha pasado salir de la función y encontrarnos con gente emocionada, con lágrimas en los ojos, diciéndonos: “Acaban de contar mi historia”. Hay personas que estuvieron juntas a los catorce años y que a los sesenta volvieron a encontrarse.

La historia es hermosa. Y también es cierto que es una época un poco fría para relacionarse. Fijate que ya empezaron a aparecer reuniones en bares y distintos lugares para conocerse, para mirarse a los ojos, tocarse las manos, charlar. Las redes sociales son necesarias porque son el futuro, pero para las cosas del corazón son muy frías.

Tu personaje de Amalia atraviesa un proceso de reconstrucción personal. ¿Qué encontraste de vos misma en ese personaje?

Siempre los personajes tienen algún punto de contacto con uno. En el caso de Amalia creo que tiene mucho que ver con la resiliencia. Con reinventarse, abrir la cabeza, conectarse con los sentimientos, con lo espiritual, con la naturaleza. Eso se parece mucho a mí. Tiene esa polenta.

Yo soy un poco más enchufada, no paro un segundo, pero ella está en eso de reconocerse, de disfrutar de la vida, de hacer cosas a pesar de la edad. Un poco lo que demuestra esta obra es que sí se puede. Que no existe la cancelación ni la discriminación y que te podés enamorar a cualquier edad.

…Todavía no siento que hice lo suficiente para devolverle a la gente todo el cariño que me brindó, sigo creciendo. Sigo preguntándome si esto les gustará o no les gustará, y ese sigue siendo el desafío…»

Durante años se instaló la idea de que jubilarse era sentarse a esperar que pasara la vida. Hoy pareciera que esa mirada, menos mal, está cambiando.

Tal cual. Hace más de cuatro o cinco años que doy talleres de teatro para adultos mayores y justamente la idea es esa. Tengo alumnos de 85, 86 años. Va gente desde los cincuenta en adelante. Antes te decían: “Bueno, te jubilaste, sentate al solcito a ver pasar la vida”. ¿Sentarse? ¿Ver pasar la vida? No, ahora voy a hacer todo aquello que no pude hacer antes. Voy a estudiar teatro, voy a bailar, voy a cantar, voy a cumplir sueños. Porque muchas veces uno tuvo que trabajar, mantener una familia, criar hijos, sostener una casa y dejó sus sueños para después. Y dentro de esos sueños también está el amor.

Imagino que en esos talleres también descubrís talentos ocultos.

Es hermoso. Tengo muchos talentos y los voy descubriendo y me voy asombrando. Ni ellos mismos sabían que podían hacerlo. Tengo dos cursos. Uno inicial y otro más avanzado, que ya lleva varios años. Este año me pidieron hacer comedia musical. No sabían dónde se metían porque es muy complicado. Yo salí de la comedia musical y sé lo difícil que es cantar, bailar y actuar al mismo tiempo.

Pero si vieras cómo trabajan. Estoy preparando cinco extractos de comedias musicales y me sorprenden todos los días. Ellos me llenan el alma, Franco. Espero los miércoles con ansiedad. Empiezo a la una de la tarde y termino cerca de las ocho de la noche. Y aunque termino cansada, salgo revitalizada. Son maravillosos. Son mis ángeles. Tengo una alumna, Delia, que empezó viniendo con bastón. Un día le dije: “Decile a tu rodilla que no te duela más”. Bueno, ya no usa bastón, y baila y tiene 86 años.

Más de medio siglo sobre los escenarios

Con 56 años de trayectoria, Luisa Albinoni forma parte de una generación de artistas que atravesó prácticamente todas las transformaciones del espectáculo argentino. Teatro, televisión, comedia, musicales, giras nacionales y una intensa actividad docente forman parte de una carrera construida a partir de la constancia y el contacto directo con el público.

A lo largo de los años compartió proyectos con figuras fundamentales de la escena nacional como Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Gerardo Sofovich, Pepe Soriano y muchos otros referentes del espectáculo argentino. Actualmente combina las funciones de Negociemos, sus talleres teatrales para adultos mayores y distintos proyectos audiovisuales.

«…La parte más linda es cuando termina la función: las fotos, los abrazos, los besos. La gente que te cuenta que te veía con sus padres o con sus abuelos. Ese es el verdadero premio. Y además nos reciben como si fuéramos parte de la familia…»

Hay una frase muy linda que dijiste recién: el cuerpo envejece, pero hay cosas que no.

Claro. Si bien envejecemos hagamos lo que hagamos y nos cuidemos con todo tipo de tratamientos de belleza, ¿sabés qué no envejece? Las ilusiones, el espíritu, el corazón, las ganas. Eso es inmutable. Y con eso hay que seguir adelante.

Ahora la expectativa de vida es más amplia. Hay que tratar de llegar a muchos años, pero llegar bien y haciendo cosas.

¿El amor se vive distinto con el paso de los años?

Sí y no, porque el amor es uno solo. Lo que pasa es que cuando uno es más grande tiene un poquito más de miedo de asomarse a esa ventana. Ya aprendió y ya sufrió, también ya se equivocó y tuvo desilusiones. Entonces va con más cautela. Pero también recupera otras cosas. El romanticismo, el noviazgo, el disfrute de los pequeños momentos. No va tan rápido como cuando era joven, pero el amor sigue siendo el mismo.

¿Cómo vivís las giras por el interior del país?

Eso es lo que nos encanta a todos los actores. Recorrer provincias, ciudades, pueblos y recibir ese cariño. Incluso hemos estado en lugares donde prácticamente no llega eñ teatro. Y el amor que recibís ahí es impresionante. La parte más linda es cuando termina la función: las fotos, los abrazos, los besos. La gente que te cuenta que te veía con sus padres o con sus abuelos. Ese es el verdadero premio. Y además nos reciben como si fuéramos parte de la familia. Nos traen empanadas, salames, comida, nos invitan a sus casas. Es maravilloso.

Después de una carrera tan extensa, ¿qué te sigue desafiando como actriz?

Uno a veces puede elegir y otras veces no, pero esta obra me encantó porque tiene un mensaje muy importante. El mensaje de que sí se puede. De que no hay que dejar pasar las oportunidades. Y después hay algo que siempre digo: yo siento que todavía estoy aprendiendo. Todavía no me siento una gran actriz.

Todavía no siento que hice lo suficiente para devolverle a la gente todo el cariño que me brindó, sigo creciendo. Sigo preguntándome si esto les gustará o no les gustará, y ese sigue siendo el desafío.

La obra se llama Negociemos. Si tuvieras que negociar algo con la vida, ¿qué no negociarías jamás?

Si mañana apareciera alguien que me hiciera sentir maripositas en la panza, creo que lo que no negociaría sería convivir. Tuve ocho parejas maravillosas a lo largo de mi vida y todas me dejaron enseñanzas, pero hoy soy muy independiente. Me gusta mi libertad y me gusta seguir haciendo mis cosas. Y además uno se pone un poco exquisito con los años. No te gusta que te cambien algo de lugar. Te volvés un poquito caprichoso. Y creo que la convivencia a veces rompe parte de ese romanticismo. Eso no lo negociaría.

Acá voy a parafrasear a Luis Novaresio: ¿Quién es hoy Luisa Albinoni?

Soy una persona común de la calle. Con ganas de seguir adelante. Con ganas de crecer y con ganas de aprender. Alguien con ganas de disfrutar. Se trata de disfrutar a mi hija, a mi familia y a la vida. Lo único que pido es salud para poder seguir hasta el último día de mi vida arriba de un escenario.

Después de más de cinco décadas de carrera, Luisa Albinoni sigue hablando de su profesión con la misma pasión de quien todavía siente que tiene cosas por descubrir. Entre funciones, giras, clases y nuevos proyectos, mantiene intacta una convicción que atraviesa toda la entrevista: la vida no se detiene cuando pasan los años, sino cuando se abandonan los deseos.

Por eso Negociemos parece encontrar en ella una intérprete ideal, la obra habla de segundas oportunidades, de volver a abrir el corazón y de animarse a vivir aquello que alguna vez quedó pendiente. Y si algo demuestra Luisa, dentro y fuera del escenario, es que las ilusiones, el espíritu y las ganas no caducan jamás.