Sebastián Bauzá: «El teatro es una herramienta poderosísima para interpelar a la sociedad»

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Es de esos artistas que encuentran en las preguntas el verdadero motor de la escena. No es casual que las dos obras que actualmente dirige en la cartelera porteña —Mental, un thriller psicológico ambientado en una institución psiquiátrica, y El alma de la noche, una comedia negra que se adentra en las zonas más inquietantes de la vida cotidiana— compartan una misma obsesión: poner en duda aquello que damos por sentado. Dos propuestas diferentes en tono y lenguaje, pero atravesadas por una inquietud común: explorar los límites de la normalidad, las certezas que sostienen nuestra mirada sobre el mundo y las grietas que aparecen cuando esas certezas comienzan a resquebrajarse.

En esta conversación con RANDOM, Bauzá reflexiona sobre el atractivo de la incertidumbre, el humor negro como herramienta para abordar temas complejos, la potencia del teatro para interpelar a la sociedad, el valor de los equipos creativos y el diálogo permanente entre la dirección escénica y la música, disciplina que también forma parte de su identidad artística. Lejos de las definiciones cerradas, el director reivindica el escenario como un espacio de encuentro donde cada espectador completa la experiencia desde su propia sensibilidad. Al fin y al cabo, quizás el teatro siga siendo uno de los pocos lugares donde todavía es posible detenerse a cuestionar aquello que parecía indiscutible.

Actualmente tenés en cartel dos obras muy distintas en tono, pero que parecen compartir cierta inquietud por aquello que se oculta detrás de la normalidad. ¿Encontrás un hilo común entre El alma de la noche y Mental?

Bueno, precisamente el hilo en común entre las dos obras es eso, es donde está el límite de la normalidad. En las dos obras se atacan esos temas desde distintos ángulos, una de manera muy cruda como Mental, directamente metiendo la situación en un neuropsiquiátrico y con gente diagnosticada con patologías psiquiátricas, y luego, por otro lado, en El alma de la noche, un poquito más solapada en la comedia, pero sí, desde un chico que tiene un retraso mental y una cierta discapacidad, aparentemente puede tener más cordura que el resto de los personajes que lo rodean, que están bajo una aparente normalidad.

En El alma de la noche trabajás desde el humor negro y en Mental desde el thriller psicológico. ¿Qué te atrae de esos géneros que se mueven en los bordes entre la risa, el miedo y la incomodidad?

Sí, precisamente un poco eso es lo que me atrae (o nos atrae) a hacer teatro, que es poner un poco de duda sobre las certezas que hay y empezar a generar preguntas, y cuando conocemos las respuestas, que esas preguntas cambien, que sean nuevas, y que estemos constantemente en ese loop de preguntarnos cosas, de que los personajes transiten por esos caminos de preguntas y de incertidumbre. Es lo más atractivo, lo más lindo del teatro.

Ambas obras ponen en crisis las certezas de los personajes: una desde los vínculos domésticos y la otra desde una institución psiquiátrica. ¿Te interesa particularmente explorar esos espacios donde la realidad deja de ser confiable?

No, me atraen todos los géneros. Creo que más que analizarlo desde un género, que ahora que lo decís, sí, probablemente revisitando un poco las obras que dirigí a lo largo de los años, el humor negro es una de las cosas que está ahí como bandera. Probablemente sí sea una de las que más me atraiga o me divierta. Es la forma de contar ciertas situaciones que pueden ser muy profundas y demasiado inentendibles para la comprensión humana, hacer humor de eso.

Entonces el humor negro me atrae un poco por ese lado y sí, lo que tiene que ver con el humor me manejo con un poquitito más de comodidad ahí. Pero más que nada uno busca material que te genere cosas, que te genere preguntas, que no sepas cómo abordarlo. Eso es un desafío desde lo artístico, de cómo pensar algo. Hay algo en una lectura que te atrae más allá del género y luego ahí nos metemos, nos metemos de lleno, sea cual sea el género. El desafío a la hora de elegir una obra va más por otro lado.

Uno quiere contar una historia y que la gente la pase bien. La gente hace su esfuerzo, sale de su casa, viaja, paga una entrada. Eso es muy valorado por nosotros.

«…Queremos darle al espectador una buena experiencia en líneas generales, un espectáculo de calidad por donde se lo mire…»

Como director, ¿cómo construís una atmósfera que mantenga al espectador en estado de alerta sin perder el vínculo emocional con los personajes?

Bueno, creo que van de la mano, es como una especie de combo de dos por uno. Si logramos que el espectador conecte emocionalmente con los personajes, eso va a dejar que se deje guiar por ese camino de la historia que estamos contando. Entonces, al permitirse conectar, hacer ese camino es mucho más llevadero para ambas partes.

Ahí es donde entra tener al espectador, como decís, en estado de alerta, o lo llamaría más como prestarse a jugar este juego que le proponemos, de transitar esta ficción como si fuera lo más real posible. Luego la atmósfera se va creando, no sólo trabajando y pensando en eso previamente, sino que se va construyendo en el camino de acuerdo a cómo van los ensayos y cómo se desarrollan los personajes, la idea que yo puedo tener como director con las propuestas de los actores y cómo esa comunión deviene en una nueva forma de ese personaje.

Y ese personaje, cómo lo vamos metiendo dentro de la escena, trabajando también con los creativos que se encargan de escenografía, vestuario, iluminación, música. Todo eso apoya y hace que el espectador se entregue más fácilmente a este juego que le proponemos.

En Mentalaparece una crítica al sistema y a las estructuras de poder, mientras que El alma de la noche parece observar las pequeñas violencias de la vida cotidiana. ¿Creés que el teatro sigue siendo una herramienta eficaz para interpelar a la sociedad?

Sin duda. El teatro, no sé si es eficaz, pero sí que es una herramienta poderosísima para interpelar a la sociedad y es también una de sus grandes tareas. Además de entretener, hay espectáculos que trascienden ese mero entretenimiento e interpelan a la sociedad.

Es poderosísima porque te pone delante de tus narices un montón de verdades y, bueno, desde ahí interpela. No sé si es eficaz porque no sé si logra siempre su cometido, pero ahí está. Depende de las sociedades y de las personas que los vean. Nosotros desde el teatro sí tratamos de hacer eso, de poder interpelar y que la sociedad se haga preguntas al respecto.

«…poner un poco de duda sobre las certezas que hay y empezar a generar preguntas, y cuando conocemos las respuestas, que esas preguntas cambien, que sean nuevas, y que estemos constantemente en ese loop de preguntarnos cosas…»

Repetís colaboradores en ambas producciones, especialmente en áreas como arte, vestuario e iluminación. ¿Qué valor tiene para vos consolidar equipos creativos que te acompañen en distintos proyectos?

Sí, es muy importante para mí formar un buen equipo de trabajo en general, en todas las disciplinas, pero especialmente en esta parte creativa que compone los distintos elementos de la puesta en escena. Hace mucho más fácil el trabajo de uno.

Seleccionar y elegir las personas idóneas me parece que es la tarea más difícil, pero con estos compañeros de ruta de hace muchos años, con quienes hemos trabajado en muchísimas obras, este año coincidimos en tres producciones: El alma de la noche, Mental y también Tú y yo somos tres.

Trabajamos con todo el diseño de arte, escenografía y vestuario de Sabrina López Hovhannessian y el diseño de iluminación de Claudio del Bianco, que además de ser personas fantásticas con las que se puede trabajar muy cómodo, son creativos increíbles que, como te decía antes, nos hacen la tarea mucho más fácil y nos permiten contar la historia de una manera más poética, más linda. Me parece muy importante esta formación de un buen equipo de trabajo.

Además de dirigir, en Mental componés la música original. ¿Cómo dialogan en tu proceso creativo la dirección escénica y la construcción sonora de una obra?

Lamentablemente los músicos tenemos un poquito una cabeza que todo va relacionado al sonido y a las cuestiones musicales, entonces estamos siempre pensando. En este caso dialogan muy bien y muy genuinamente porque es un ejercicio que tengo hecho: pensar la obra también con el apoyo de la música.

Después es otra tarea, otra complejidad, ponerse a trabajar en las composiciones, pero a medida que uno va trabajando las escenas se imagina los distintos aportes musicales, qué música corresponde o qué leitmotiv puede corresponder a cada personaje, con qué colores. Son cuestiones más musicales.

Entonces se dialoga muy fácil. Está constantemente fluyendo un diálogo entre el músico y el director porque mi cabeza va naturalmente hacia ahí. Después la composición es otro tema bastante más complejo y ahí empiezan las trabas, porque hay que ver si uno puede lograr expresar con música eso que tiene en la cabeza y que sea suficiente para lo que está pensando. Pero ese ya es otro tema.

«…Si logramos que el espectador conecte emocionalmente con los personajes, eso va a dejar que se deje guiar por ese camino de la historia que estamos contando. Entonces, al permitirse conectar, hacer ese camino es mucho más llevadero para ambas partes…»

Después de enfrentarse a estas dos experiencias tan diferentes, ¿qué te gustaría que el público se lleve al salir de la sala: preguntas, emociones, incomodidad, reflexión o algo más?

No, no lo tengo tan claro, honestamente. No pienso por ahí en esos términos. Uno quiere contar una historia y que la gente la pase bien. La gente hace su esfuerzo, sale de su casa, viaja, paga una entrada. Eso es muy valorado por nosotros.

Queremos darle una buena experiencia en líneas generales, un espectáculo de calidad por donde se lo mire, desde el momento de ingresar a la sala hasta el momento en que se va. Que sea una buena experiencia.

Después nosotros contamos la historia y cada persona es muy distinta. Si a algunos les genera cuestiones emocionales, a otros incomodidades, o empiezan a hacerse preguntas, todo lo que les suceda es válido. Incluso es válido que alguien diga que no le gustó o que no era para él. No es lo que uno quiere, porque justamente uno quiere agradecer ese esfuerzo que hizo el espectador para venir, pero puede pasar.

Lo que sí trato de no resignar es que sea un espectáculo, para lo que yo entiendo, de calidad. Ese sería el objetivo principal: ofrecer una experiencia de calidad y contar la historia que queremos contar.

Pese a que Mental y El alma de la noche transitan caminos estéticos diferentes, la charla deja entrever una misma búsqueda artística. Para Sebastián Bauzá, el teatro no parece ser un espacio destinado a impartir lecciones ni a ofrecer conclusiones definitivas. Su interés está puesto en abrir puertas, generar interrogantes y construir experiencias capaces de involucrar al espectador desde la emoción, la reflexión o incluso la incomodidad.

En tiempos donde abundan las respuestas inmediatas, sus obras apuestan por algo menos frecuente: la duda. Ya sea desde la oscuridad del humor negro o desde la tensión de un thriller psicológico, Bauzá invita al público a mirar de nuevo aquello que creía conocer. El resto del recorrido, como ocurre siempre en el mejor teatro, queda en manos de quien se sienta frente al escenario.

El alma de la noche se presenta los sábados a las 20:30 horas en el Teatro Ñaca (Julián Álvarez 924, CABA), mientras que Mental puede verse los viernes a las 20:30 horas en el Teatro Área 623 (Pasco 623, CABA). Las entradas para ambas propuestas están disponibles a través de Alternativa Teatral.