Libros para no cagarse de frío

0
1039

En días donde la temperatura nos empuja al refugio, los libros son tan necesarios como las mantas, el guiso en cazuela o un cuartito de un chocolate. En este semestre que acaba de terminar me encontré con alguno de ellos que pueden funcionar como un antídoto para estas jornadas que se hacen soporíferas –nunca uso esta palabra, pero tiene buen sonido, diría más bien pesadas- de tanto titiritar.

Al comienzo del año me topé en los estantes de novedades de una librería costera con “Los nuevos” de Pedro Mairal y no lo dudé ni un instante. De este autor me gustó mucho “Salvatierra”, la historia de un pintor contada con mucha ternura y que también recomiendo, con más convicción aún. Por supuesto que “La uruguaya” es uno de sus hits y puede funcionar para días así, porque cuando todo se congela es buena opción escaparse a otros lugares donde la gente lleva poca ropa. “Los nuevos” arranca en verano, en unas vacaciones de “nuevos ricos con Osde” –un tema poco abarcado en nuestra literatura pese a ser un sector aspiracional tan seductor, salvaje y protagonista de las renovadas crisis económicas- y enseguida logra que viajes a esas playas. Se le agradece al autor ese detalle porque el oasis del Mundial no alcanza.

Los nuevos hace su epicentro en una playa hippiada de Buenos Aires, con dos protagonistas principales y otro que se lo menciona en ocasiones pero recién se sumará en la segunda parte de la novela y con su propia voz, trasladando luego al lector hacia las peripecias de un argento en una Universidad Yanqui (ahí si con el frío de estos días). Está muy bien lo que propone Mairal durante prácticamente toda la novela, quizás cierto juego de quién la termina contando entre los protagonistas me la bajó un poco en el tramo final, pero nunca deja de entretener, en el mejor sentido.  

Hace poco escuchando una anécdota de Caro Dueck en el programa Vuelta y media de Urbana Play me quedó rebotando el libro que mencionó. En esa columna ella contaba una discusión que tuvo en el Subte con una señora. Caro venía leyendo un libro y entró al vagón repleto porque era hora pico y no le importó quedar en el medio de la marea de gente absorta en su lectura mientras rozaba a alguna que otra persona. Su anécdota en ese gran programa incluso terminó tipo sketch con la recreación de lo sucedido y con Sebastián Wainrach, Oblak y Julieta Pink justificando a la señora, como calculo todos los oyentes.

Ojalá al menos tanto frío regale algunas nevadas tranqui para el recuerdo, pero mientras tanto es bueno pispear otras latitudes y temperaturas, al calor de autores/as que nos movilicen a salir un rato del sillón.  

Nadie se puso del lado de Caro y ahora supongo que tampoco estoy de acuerdo, pero siendo más joven me ha pasado algo parecido en colectivos porque descubrir ciertos libros apasionantes te impulsa a lecturas en lugares incómodos. Ella contó que estaba leyendo los cuentos de un escritor chileno llamado Andrés Montero. Dijo rápido que estaba leyendo “La muerte viene estilando” y que de algún modo los cuentos se conectaban. Eso me llamó la atención y me quedó resonando varios días. Como al tiempo no me acordaba el nombre el libro y hasta había olvidado el apellido del autor, sabía que era una Andrés y chileno, busqué el recorte en Spotify y luego encontré el ejemplar a buen precio en la web, para que el envío sea gratis y que no me de culpa comprar un segundo libro.

En fin, La muerte viene estilando arranca con un cross a la mandíbula (Roberto Arlt dixit), te atrapa sin dudas -y si Dueck estaba leyendo el principio justifico su intromisión en el subte-, después hay otros cuentos con menos intensidad, se agradece cierto realismo mágico que evoca al gran Gabo pero con esas cosas hay que tener cuidado. Me dio la sensación que Montero arriesgó demasiado al punto de casi caer en su propia trampa de imitación pero termina zafando porque hay otros cuentos que están bien logrados. Y consigue transportarte a esos macondos del sur del país trasandino casi obligándote a saber qué está pasando.

El tercero que les iba a recomendar es uno de Milena Busquets pero esta autora me gusta demasiado y me temo que debo dedicarle otra columna pero a ella sola.

Todavía no leí una de sus novelas y ahí podré tener el panorama completo pero reconozco que es un escritor para seguir de cerca y se entiende su fenómeno de reediciones y de venta en otros países, además de proceder de una editorial sin el marketing de los dos grandes grupos editoriales.

El tercero que les iba a recomendar es uno de Milena Busquets pero esta autora me gusta demasiado y me temo que debo dedicarle otra columna pero a ella sola. Vamos entonces con “La edad frágil” de la italiana Donatella Di Pietrantonio de quién no había leído nada. Esta novela que editó Duomo Nefelitaba logra que no te pases todo el día maratoneando con una seria. A ver, si uno dispone todo el día para el ocio, más el friazo que está haciendo es más que tentador y seguro ir por una serie de plataforma, incluso un thriller, pero a quienes nos cuesta ver más de tres episodios seguidos, sumergirse en esta historia que sucede en Los Apeninos es buena opción.

La autora logra una mirada acorde, es ágil y consigue que viajes con ella a esas montañas para seguir de cerca lo sucedido muchos años atrás en una especie de camping de verano. Al igual que con Mairal parte de la historia sucede en una vacaciones pero acá el evento trágico es más protagonista y se irá develando de a poco. Es un libro que tiene potencial de adaptación para plataforma y quizás también la termines mirando en alguna de las pantallas, aunque claramente es una historia más chiquita, de miniserie y hay realizadores –sobre todo los españoles- que te la estirarían como chicle con romances del entorno innecesarios. Por eso, casi siempre es mejor el libro.

Ojalá al menos tanto frío regale algunas nevadas tranqui para el recuerdo, pero mientras tanto es bueno pispear otras latitudes y temperaturas, al calor de autores/as que nos movilicen a salir un rato del sillón.