Tinkunako: cuando el vino es una cita

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Hay vinos que se degustan mejor si lo hacés acompañado. Te predisponen de otra manera y te obligan a esmerarte desde la previa pero antes del descorche hay que hacer algunos deberes. Vestirse de una manera que represente la mejor versión de uno mismo. Y si tu estilo habitual es un poco desalineado, como el mío, entonces habrá que hacer un esfuerzo extra. No hablo de etiqueta ni de smoking, pero sí de cierta intención. Quizás rescatar esa mejor camisa olvidada en el placard, acomodarte un poco el pelo y elegir una música que acompañe. Algo de jazz, por qué no. O un poco de Spinetta, Pedro Aznar y compañía.

Como dije, mejor si lo hacés acompañado por esa persona que te moviliza. Esa a la que le ponés fueguitos en las publicaciones o, si no usa redes, aquella a la que te gustaría susurrarle algunas cosas al oído. No necesariamente alguien que te provoque mariposas en el estómago, aunque tampoco estaría mal. Basta con que sea alguien con quien fluya una buena charla y, quizás, algo más.

Este rosé que probé tiene dos caminos. Si querés evitar toda esa preparación previa, entonces al menos ponete el mejor delantal y meté las manos en esa receta que te sale bien. Lo ideal, claro, sería combinar ambas cosas: mantener el buen nivel de look y además cocinar algo que acompañe la velada.

Durante años se sostuvo que el rosado argentino era un vino reservado para la temporada estival, una especie de aperitivo. Si bien juega muy bien en ese campeonato, limitarlo solamente al verano constituye un error. Este vino es para todo el año. Pero atenti, pebete: hay que dedicarle tiempo. Desde un dorado a la parrilla con verduras asadas hasta tortillas, muslos al verdeo, tapeos varios o algún plato de inspiración oriental.

Todos sabemos que se trata de un vino joven, como Colapinto, pero no va tan rápido ni tan apurado. Entonces, “take it easy”, amigo o amiga mía. Dejalo desplegarse. Dejalo ocupar su lugar. Que sea la frutilla del postre de una noche bien armada.

El vino se llama Tinkunaco y quizás por eso me llevó a pensar menos en la copa y más en la persona que tendría enfrente, porque Tinkunako significa «encuentro». Estoy hablando del rosé que produce la bodega La Macarena, en un entorno de postal de la bella Chilecito riojana. Su perfume —a lo George Clooney o a lo Margot Robbie, para que te des una idea— deja una estela seductora desde el descorche. Como esas personas que anuncian su llegada varios metros antes de aparecer. Con cierta elegancia. Con cierta fineza. Por eso hay que estar preparado, en las cosas de las pasiones importa tanto quien seduce como quien se deja seducir.

Lo que más me atrapó de este vino es que es 100% Syrah porque claramente es una de mis cepas preferidas. Proviene del Valle de Anguinan, ubicado a 900 msnm y al contar con noches frescas y días muy cálidos, logran que el Syrah madure rápidamente con una expresión varietal marcada. “La conducción en espaldero alto y posibilidad de cultivar 4500 plantas por hectárea, en combinación con suelos sueltos y fértiles, hacen que tenga un gran equilibrio entre sanidad y expresión vegetativa”, dicen desde la bodega. En cuanto a la elaboración, explican que “se despalilla la uva, con máxima suavidad y se realiza un prensado muy delicado. La fermentación se realiza sobre mosto limpio, en frío, durante 10 días. Una vez terminada el vino se separa de las lías y se conserva en frío para que la expresión floral sea absoluta”.

El vino se llama Tinkunaco y quizás por eso me llevó a pensar menos en la copa y más en la persona que tendría enfrente, porque Tinkunako significa «encuentro».

A eso iba con la previa. No podés caer despatarrado a degustar este rosé. Todos sabemos que se trata de un vino joven, como Colapinto, pero no va tan rápido ni tan apurado. Entonces, “take it easy”, amigo o amiga mía. Dejalo desplegarse. Dejalo ocupar su lugar. Que sea la frutilla del postre de una noche bien armada.

Cuando terminé la botella descubrí algo que terminó de cerrar el círculo. Vamos a la historia: el Tinkunako es la celebración popular y religiosa más importante de la provincia de La Rioja. Se realiza desde hace más de cuatro siglos entre fines de diciembre y comienzos de enero. En ella confluyen raíces andinas e hispánicas que se fueron resignificando con el paso del tiempo. La ceremonia recuerda un histórico pacto de paz entre los conquistadores españoles y los pueblos diaguitas que habitaban la región.

Como esas personas que anuncian su llegada varios metros antes de aparecer. Con cierta elegancia. Con cierta fineza. Por eso hay que estar preparado, en las cosas de las pasiones importa tanto quien seduce como quien se deja seducir.

La palabra Tinkunako, proveniente del quichua, significa precisamente eso: encuentro. Quizás por eso el nombre le calza tan bien a este rosé. Parece pensado para reunir personas alrededor de una mesa. Claro que puede compartirse con amigos, con familia o incluso en soledad. No todo encuentro supone una historia de amor, pero algo tiene ese nombre que invita a acercar distancias, a juntar piezas del rompecabezas y del rompecorazones, a decir aquello que viene demorándose demasiado.

Todo a la luz de una coqueta botella que será testigo de un “encuentro” que con paciencia y cierto desparpajo, bien valdrá la pena.

Vino recomendado: Tinkunaco Rosé de Bodega La Macarena

Costo aprox al cierre de la nota: $10300 (Caballo Dorado)

Con quién degustarlo: Con quién puedas pasar una noche única