Los hongos, el cultivo que produce los 365 días del año

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Mientras la agricultura tradicional organiza su calendario alrededor de las estaciones, existe una producción que parece vivir en una dimensión paralela. No espera las lluvias, no depende de las heladas ni se apura por llegar antes del verano. Funciona todos los días del año, sin interrupciones. Es el cultivo de hongos, una actividad poco visible para el gran público que, sin embargo, abastece de manera constante a supermercados, restaurantes y hogares de todo el país.

En Argentina, la mayor parte de los cultivos responde a ciclos naturales bien definidos. El trigo, el maíz, la soja o la vid tienen fechas de siembra y cosecha que marcan el ritmo productivo. Los hongos, en cambio, siguen otra lógica. Su producción ocurre en ambientes controlados donde temperatura, humedad y ventilación son cuidadosamente reguladas para recrear las condiciones ideales de crecimiento.

Esa particularidad permite que la cosecha sea permanente. Cada día salen del sistema productivo miles de kilos de champignones y portobellos que pocas horas después comienzan su recorrido hacia los puntos de venta. El consumidor encuentra el producto fresco en la góndola sin imaginar que detrás existe una maquinaria que funciona las veinticuatro horas del día.

Uno de los casos más representativos es el de Hongos del Pilar, empresa ubicada en el norte de la provincia de Buenos Aires que actualmente abastece cerca de la mitad del mercado nacional de champignones y portobellos. Su producción supera los dos millones de kilos anuales y ronda los 38.000 kilos semanales, una cifra que refleja el crecimiento sostenido de una actividad que ha incorporado tecnología para ganar eficiencia sin ampliar significativamente su superficie productiva.

La evolución del sector puede medirse en un dato revelador. En la década de 1980, los rendimientos habituales rondaban los siete kilos por metro cuadrado. Hoy, gracias a la incorporación de sistemas de estanterías verticales, monitoreo automatizado y controles ambientales de precisión, algunos establecimientos logran producir entre 25 y 30 kilos en el mismo espacio.

A diferencia de otros procesos altamente mecanizados, la cosecha continúa siendo una tarea artesanal. Los hongos son recolectados manualmente uno por uno cuando alcanzan el punto óptimo de desarrollo

El proceso comienza mucho antes de que aparezcan los hongos visibles. Todo parte de un sustrato elaborado mediante compostaje de materiales orgánicos, que luego es pasteurizado e inoculado con el micelio, la estructura vegetativa del hongo. A partir de allí comienza una etapa de desarrollo que requiere seguimiento permanente. Cualquier variación de temperatura o humedad puede alterar el resultado final.

«Trabajamos con organismos vivos que reaccionan constantemente al ambiente. Por eso monitoreamos cada cámara durante todo el proceso para asegurar las condiciones adecuadas en cada etapa del cultivo», explica Laura Márquez, jefa de cultivo de Hongos del Pilar.

A diferencia de otros procesos altamente mecanizados, la cosecha continúa siendo una tarea artesanal. Los hongos son recolectados manualmente uno por uno cuando alcanzan el punto óptimo de desarrollo, una práctica que permite preservar su calidad y prolongar su vida útil.

El crecimiento de la actividad también acompaña una tendencia global. En los últimos años, el consumo de hongos ha aumentado impulsado por el interés en alimentos nutritivos, versátiles y compatibles con dietas basadas en vegetales. Además de su aporte gastronómico, los hongos son valorados por su contenido de proteínas, fibra, vitaminas del complejo B y minerales.

«Trabajamos con organismos vivos que reaccionan constantemente al ambiente. Por eso monitoreamos cada cámara durante todo el proceso para asegurar las condiciones adecuadas en cada etapa del cultivo»

En ese contexto, la producción bajo ambiente controlado aparece como una alternativa capaz de garantizar abastecimiento constante durante todo el año. Mientras gran parte del agro sigue dependiendo de las condiciones climáticas, los hongos muestran que es posible construir un modelo diferente: uno donde la tecnología, el conocimiento técnico y el trabajo especializado permiten cosechar todos los días del calendario. Quizás por eso, cuando termina una cosecha de champignones, no hay tiempo para esperar la próxima estación. La siguiente comienza al día siguiente.