Realidad Mixta: Cuando lo digital se vuelve real

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Si pensabas que la IA ya está poniendo difícil el distinguir lo artificial de lo real, ahora se viene la Realidad Mixta, que promete fusionar el mundo físico con el virtual hasta que no sepamos si estamos viendo un holograma o al cobrador del banco. Preguntas nuevas, dilemas viejos y algún que otro mareo inesperado.

La realidad mixta (RM) es una de esas invenciones que, igual que pasaba con la IA, parecían demasiado fantasiosas para ser reales. Combina la realidad aumentada (que superpone información digital sobre el mundo físico) y la realidad virtual (que directamente te cambia de universo), creando un espacio híbrido donde conviven objetos reales y elementos digitales interactivos. 

En términos simples, la RM permite ver y manipular hologramas mientras seguimos anclados en nuestro entorno. Podés mirar tu mesa y, de pronto, tener sobre ella un mapa 3D del Valle de Talampaya o un dinosaurio que intenta comerse tus llaves. La gracia está en que el usuario no es sólo espectador: puede tocar, mover, rotar y hasta colaborar con otros en tiempo real, todo sin despegar un pie del suelo.

© Sebastian Voortman.

El impacto en la vida cotidiana promete ser enorme. En el trabajo, la RM podría reemplazar reuniones eternas con presentaciones aburridas por encuentros más visuales y dinámicos, con modelos 3D flotando en la sala como si hubiésemos contratado a un mago corporativo. En educación, permitiría recorrer el sistema solar, abrir un motor o viajar a la época de los dinosaurios sin arruinar ningún museo. Y en medicina, cirujanos podrían practicar intervenciones complejas con precisión milimétrica, lo cual siempre es una buena noticia para quienes aprecian tener todos sus órganos en su lugar.

Por supuesto, también transformaría la forma en que nos entretenemos. Imaginate ver un partido de fútbol con estadísticas holográficas andando al lado del árbitro, ni hablar de  jugar videojuegos que mezclan muebles reales con enemigos digitales (cuidado: no todos los jefes finales resisten un sillazo). Incluso el turismo podría volverse un híbrido entre viaje físico y visita aumentada, con capas de historia y datos superpuestos en tiempo real.

El impacto en la vida cotidiana promete ser enorme.

Proyectos como Arkikus permiten reconstruir digitalmente monumentos patrimoniales para mostrarlos como eran en su esplendor original. O el de Cluetivity, donde han desarrollado juegos de “escape” o búsquedas al aire libre que combinan GPS, realidad aumentada y narrativas interactivas, como supo hacer el pionero Pokémon Go.

©Darlene Alderson.

Imaginá entrar a un museo y ver un holograma de un personaje histórico explicándote su vida justo al lado de su retrato real. Esos son algunos de los usos de la RM en instituciones culturales, donde se superponen modelos 3D sobre obras reales para ofrecer contexto adicional, datos curiosos o reconstrucciones de escenas pasadas., algo que ya hace una compañia llamada 3D Walkabout,

Ahora bien, no todo es magia holográfica. Existen riesgos y desafíos que obligan a tomar esta tecnología con una pizca de sentido común. Uno de los problemas principales es la distorsión de la percepción: si ya nos pasa sin casco de realidad mixta que andamos preguntando si un video es real o generado, imaginen lo que pasaría con hologramas hiperealistas.

También está el tema del agotamiento cognitivo. Nuestro cerebro no está acostumbrado a procesar un flujo constante de imágenes físicas y virtuales simultáneamente. Como consecuencia, algunas personas podrían experimentar fatiga, mareos o un leve deseo de vivir en una cabaña sin Wi-Fi… o todo lo contrario: adicción.

La realidad mixta es una tecnología fascinante que todavía está a la vuelta de la esquina pero que inevitablemente parece ser el futuro. En un mundo donde todavía no sabemos qué hacer o dónde están los límites de la IA, nos convendría prepararnos mejor para lo que se viene.