La vitivinicultura enfrenta la peor crisis de las últimas décadas, con una caída estructural del consumo interno y exportaciones que pierden valor.
La vitivinicultura argentina, motor económico y cultural de varias regiones de nuestro país, atraviesa un momento de extrema gravedad. No estamos ante un simple tropiezo coyuntural, sino frente a la peor crisis del sector en la historia reciente. El declive, que comenzó hace aproximadamente una década como un proceso de desgaste gradual, se ha profundizado dramáticamente en los últimos tres años, convirtiendo una crisis sectorial en una verdadera emergencia regional.
Los recientes informes del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que analizan el desempeño de los mercados interno y externo hasta febrero de 2026, arrojan datos alarmantes. La industria que históricamente fue sinónimo de prosperidad y tradición se encuentra hoy bajo presiones simultáneas que amenazan la supervivencia de miles de productores.

El desplome histórico del consumo
Los números del mercado interno—destino de aproximadamente el 70% del vino producido en el país—son concluyentes y reflejan una magnitud de crisis sin precedentes. En la década de 1970, los argentinos consumían cerca de 90 litros per cápita anuales. Para 2015, esa cifra ya había descendido a 23,8 litros. Sin embargo, la caída se ha acelerado brutalmente: en 2025, el consumo tocó un piso histórico de 15,77 litros por habitante.
En febrero de 2026, los despachos al mercado interno cayeron un 5,5% respecto al mismo mes del año anterior. Detrás de esta estadística hay una realidad dolorosa: el consumidor histórico del vino argentino—el segmento de 40 a 60 años—ha visto pulverizado su poder adquisitivo. Para las familias trabajadoras, el vino ha dejado de ser la bebida de la mesa cotidiana para convertirse en un lujo esporádico. Cuando el salario no alcanza, el vino es uno de los primeros consumos que se sacrifican.
La reconfiguración silenciosa: bebiendo menos y más barato
La crisis no solo reduce el volumen, sino que destruye el valor de la cadena productiva. Frente a la asfixia económica, los hogares que aún consumen vino se ven obligados a migrar hacia opciones más económicas.
Mientras los vinos varietales caen un 10,2% y los espumosos un 7,9%, los vinos sin mención varietal—los más accesibles—pasaron a concentrar el 73,4% del mercado en el primer bimestre de 2026. Esta «primarización» del consumo golpea directamente la rentabilidad de las bodegas y los productores primarios, quienes ven cómo el mercado se desplaza hacia productos de márgenes mínimos o incluso negativos.

El impacto asimétrico: el interior productivo en alerta roja
La crisis golpea de manera desigual, encendiendo alarmas particulares en provincias productoras fuera de Mendoza. Mientras la provincia cuyana concentra más del 91% del mercado interno y el 92% de las exportaciones—incluso logrando leves crecimientos en sus despachos—, el resto de las regiones enfrenta un escenario devastador.
Para provincias como La Rioja, que se sostiene como la segunda fuerza exportadora del país (con el 3% de participación), el panorama del mercado interno es preocupante, registrando una caída del 10,9% en sus despachos. Peor aún es la situación de San Juan, con un colapso del 61,5%, y Salta, con una retracción del 20,6%. Esta concentración del mercado amplía peligrosamente las brechas regionales, amenazando con extinguir a los pequeños y medianos productores del interior del país, quienes sostienen economías locales enteras.
El espejismo de las exportaciones
Si el mercado interno asfixia, el frente externo no ofrece el alivio esperado. El informe de exportaciones de CEPA a febrero de 2026 revela una divergencia crítica: Argentina está exportando más volumen, pero cobrando menos.
Aunque el volumen total de vinos exportados creció un 8,5% interanual en febrero, los ingresos en dólares (valor FOB) cayeron un 7,6%. Esta paradoja se explica por la «comoditización» de nuestras ventas al exterior. Las exportaciones a granel—el vino sin embotellar y de menor valor agregado—se dispararon un 55,7% en volumen, mientras que las exportaciones de vino fraccionado cayeron un 7,7%.
Particularmente alarmante es el aumento del 607% en la exportación a granel de vinos sin mención varietal. En términos simples: el mundo nos compra más vino, pero nos exige el más barato, deteriorando el precio promedio de exportación y limitando drásticamente el ingreso de divisas que la industria necesita para sostenerse.

La invasión silenciosa en las góndolas
A este escenario de contracción interna y primarización externa, se suma una amenaza adicional en los supermercados locales. A pesar de que la importación total de vinos cayó en 2025, el ingreso de vinos extranjeros fraccionados—listos para el consumo final—explotó con un incremento del 339,6% interanual.
Vinos provenientes principalmente de Chile (52,6%) y España (13,6%) compiten ahora directamente en las góndolas con la producción nacional, disputando los pocos espacios de rentabilidad que le quedan a la industria en un mercado ya deprimido.

Una señal de alarma impostergable
La situación del sector vitivinícola requiere atención urgente. La combinación de una caída histórica del consumo interno, la pérdida de valor en las exportaciones, el cambio de hábitos hacia bebidas alternativas y la concentración territorial configura un escenario de extrema fragilidad.
Para provincias productoras como La Rioja o Catamarca, el sostenimiento de esta economía regional es vital. Una recuperación basada exclusivamente en vender vinos baratos—ya sea en el mercado interno o a granel hacia el exterior—no garantiza la supervivencia de los miles de puestos de trabajo que dependen de la vid.
El sector necesita imperiosamente una estabilización macroeconómica que recomponga el salario de los argentinos, políticas que frenen las asimetrías de la cadena de valor y estrategias que devuelvan la competitividad a nuestros vinos fraccionados en el mundo. La copa de la vitivinicultura argentina está en un punto crítico; ignorar estas señales de alarma sería condenar a una de nuestras industrias más emblemáticas a un daño irreversible.
*Nota: Este artículo se basa en los informes «Desempeño del mercado interno en el sector vitivinícola» y «Desempeño de las exportaciones del complejo vitivinícola» del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), con datos a febrero de 2026 del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).*








