Hay artistas que no sólo construyen una carrera: construyen un vínculo con el público. María es una de ellas. Con más de seis décadas de oficio, atraviesa generaciones sin perder la ternura, el compromiso ni la pasión por el escenario. Hoy en “Viudas e hijas” en el Multitabaris, una comedia que habla de herencias, secretos familiares y vínculos que estallan, vuelve a elegir el humor como forma de resistencia y sanación. En esta charla íntima y luminosa con RANDOM, habla de teatro, del trabajo en equipo, de su nieta Filippa, de la vida, de los sueños y de ese amor profundo por el oficio que nunca se apaga.
— ¿Cómo fue la convocatoria para esta obra?
Me convocaron Juan Manuel Caballé, Tomás Rotemberg y Bredeston. Leí la obra, me gustó mucho, creo que está muy bien escrita. El texto es muy prolijo, tiene sentido del humor muchísimo, pero sentido del humor fino, por decirlo entre comillas, no chabacano. Tiene humor negro por momentos, por momentos tiene humor naif, que sería en mi caso, en mi personaje. Es una comedia dónde sacan su miseria, porque se trata de una herencia, pero no es una herencia cualquiera, es una herencia que tiene que cumplir determinadas órdenes, como por ejemplo al difunto se lo ve en una pantalla de televisión. Por momentos el video anda donde él le dice cosas a ella, a su mujer y a sus dos hijas, y de ahí, de a poco, mientras va transcurriendo, van saliendo secretos, secretos que no sabía el difunto, que los expone, cosas que eso, entre los herederos, provoca un despelote total.
— Es muy argentino todo lo que contás, lo que se esconde bajo la alfombra en algunas de nuestras familias…
Exacto, te puede tocar una herencia normal, de buenos términos, como te puede tocar una herencia difícil, complicada, de estas mujeres dónde sacan las uñas, y bueno, es un ida y vuelta, un ida y vuelta con el difunto y con nosotras. Por eso digo que hay que ver el final, porque la gente hace: ¡oh! No lo pueden creer, es un final que no lo puede creer. Y la verdad que el grupo es maravilloso.


— Y eso se nota arriba del escenario. ¿Cómo es el clima entre ustedes?
Es bárbaro, nos llevamos todas muy bien, la verdad, y Gonzalo Urtizberéa que es el difunto, también. Hay muy buen clima, nos divertimos arriba del escenario, cuando vos te divertís es porque se divierte el público, Con una dirección de excelencia de Héctor Díaz, así que estamos muy contentos.Trabajamos en equipo.
— ¿Es un combustible diario, es algo que está dentro tuyo? ¿Qué es el teatro para vos, María?
Es todo eso que dijiste, todo eso. Lo importante acá es que te guste lo que estás haciendo, como primera medida. Y después disfrutarlo con el público, con las reacciones que recibimos en el teatro, cosas que no recibíamos en la televisión. La verdad, yo soy de las primeras que llega al teatro, junto con Nora Cárpena, que está estupenda en el personaje. Hablando de ella ya que estamos porque siempre la catalogamos como una actriz de teatro dramática. Y en este momento hace un humor maravilloso. Los tiempos para el humor, las pausas, los remates, es increíble verla. Porque estábamos acostumbrados a verla en cosas más serias. Por otro lado, las chicas también, las chicas son divinas. Yo siempre digo, tiramos del mismo carro, nadie es de nada, nadie tiene pretensiones, ni quejas, ni nada. Subirte al escenario es muy sanador. Subirte al escenario y actuar que para mí es jugar. Actuar significa jugar para mí. Es totalmente importante porque puedo disfrutarlo, puedo divertirme.
— ¿Cómo es tu preparación antes de cada función?
Por mi lado no vas a encontrar nada relajado. Yo laburo, salgo y laburo. Llego, me maquillo un poco, porque no soy de maquillarme mucho. Soy la primera que se cambia. Es como que tengo una ansiedad por salir, ¿entendés? Entonces me cambio primero que todas y cuando dan los 15 minutos para empezar la función, yo ya me estoy yendo al escenario. Me gusta sentarme ahí, respirar, recordar un poco el texto. Son 15 minutos que estoy sola hasta que bajan mis compañeros. Muchos no lo entienden, pero yo sí lo entiendo porque soy una obsesiva de lo perfecto a lo más o menos perfecto. Así que me tomo mi tiempo, ya veo que bajan mis compañeras, ya empieza la fiesta.
«…Lo importante acá es que te guste lo que estás haciendo, como primera medida. Y después disfrutarlo con el público, con las reacciones que recibimos en el teatro, cosas que no recibíamos en la televisión…»
— ¿Seguís repasando texto, ajustando la técnica, aun después de tantos años?
Sí, yo no toco mucho el libro, eso fue hasta el año pasado. Ahora recién hace un ratito tuve una duda con un bocadillo, agarré el libro, lo miré y me quedó claro. No lo llevo porque ya está, ya está. La obra, como soy yo, te la puedo decir de adelante para atrás y de atrás para adelante. Porque, como ya te dije, me gusta el perfeccionamiento. Siempre fui así en toda mi carrera, más de sesenta y pico de años y no lo puedo creer.

Una de las más grandes actrices del país
Con una carrera que atraviesa más de seis décadas, María Valenzuela es una de las actrices más queridas y respetadas de la escena argentina. Ícono de la televisión, el cine y el teatro, construyó una trayectoria sólida, diversa y profundamente humana, siempre guiada por el oficio, la sensibilidad y una ética de trabajo que la convirtió en referente para varias generaciones. Su nombre es sinónimo de compromiso, resiliencia y cercanía: una artista que nunca se alejó del público ni de sus emociones.
A lo largo de los años protagonizó ficciones que marcaron época, obras teatrales emblemáticas y películas inolvidables, sin escándalos ni artificios, sostenida únicamente en el talento, la constancia y el amor por su profesión. Cada regreso al escenario es celebrado como un reencuentro necesario entre una actriz enorme y una audiencia que la siente propia.
Entre sus trabajos más recordados en televisión se destacan La banda del Golden Rocket, Amigos son los amigos, Chiquititas, El sodero de mi vida, Campeones de la vida, Padre Coraje, Resistiré y Vidas robadas. En teatro brilló en títulos como Brujas, Doña Flor y sus dos maridos, Escenas de la vida conyugal, El diluvio que viene, Ricos y famosos, Hermanas y múltiples producciones de comedia y drama que la consolidaron como una de las grandes actrices de las tablas argentinas. En cine, participó en films como La Mary, La sonrisa de mamá, Los chicos crecen, El arreglo y Yo, la peor de todas, entre otros.
— Recién me dijiste ahora soy abuela y se te encendió la vos, hablemos de Filippa. ¿Cómo es esa relación?
Le permito todo, le permito todo. La veo poco porque hay notas, funciones y ensayos que hacer, pero es un sol. Es mi princesa Filippa. Trato de estar presente como sea, por ejemplo se fueron mi hijo con su pareja y Filippa a Pinamar, diez días de vacaciones, y yo le grababa audios a Filippa. Si no, le pedía que le pusieran el teléfono en el oído, que le iba a hablar, le digo cosas hermosas, que la amamos, que la esperábamos con ansias, que qué suerte que está ahí, que se está divirtiendo. Le mando un mensaje como te lo mandaría vos, se lo mando a ella y ahí escucha. Quiero que vaya reconociendo mi voz. Ah eso sí, no quiero que me llame abuela. No por prejuiciosa sino que me gusta Babu. Babu en ruso quiere decir abuela, babushka. Le digo: te habla la abuela Babushka, para que vaya reconociendo mi voz.
— ¿Cuál es tu momento familiar favorito?
Se da cada tanto. Lamentablemente, no con las ganas que uno querría, pero la comida es buena porque une, porque hacemos comidas de Vázquez Valenzuela, y somos nosotros. Y la gorda que está enorme y que pesa una barbaridad. La tengo a upa y en un momento dado, grito, auxilio, que me la saquen porque se me durmió el brazo. Es hermosa. Salió con ojos azules, cosa que quería mi hijo, que él los tiene marrones y siempre quiso tener ojos claros. Y me decía, vos por qué tenés ojos claros y yo los tengo oscuros. Le digo, porque vos sacaste los ojos de tu papá. Y está chocho porque le salieron los ojos azules y no le cambiaron. O sea que el abuelo paterno y la abuela materna, tenemos ojos claros. Y la gorda también. Así que es mi hijo chocho (se ríe).


— ¿Con qué soñás hoy, María?
Voy a la par de lo que el destino me va poniendo. De pronto no puedo elegir mucho, lo que sucede por algo es y me dejo llevar. Me dejo como guiar, pero no me puedo quejarte. Es una carrera inmensa. Son más los éxitos que los fracasos. Así que feliz, la verdad, feliz.
— ¿Te seducen los nuevos formatos, las plataformas, no sé si te dan lo que te da el teatro?
No tengo televisión, es decir no veo televisión. Lo único que tengo es Netflix, YouTube, pero canal de aire no tengo. Así que no puedo ver absolutamente nada ni tampoco extraño nada. Prefiero ver en Netflix una película que estar mirando un magazine. No me dan ganas de ver la tele.
— La gente empatiza con vos por lo resiliente que sos y te siente cercana. ¿Lo percibís?
Sí, yo sé que la gente me quiere mucho y lo veo en las redes. Debe ser que hice bien las cosas. Nunca mi carrera pasó por un escándalo y que eso fuera el motivo de estar yo en pantalla. Trato de cuidar las formas, pero el cariño que me tienen me da tanta felicidad a la salida del teatro. “Que una fotito, que estuvo bien la obra, que que bueno que está”. Siempre te están esperando y diciéndote cosas lindas. Y de dentro de esas cosas lindas hay mucha gente que me dice “me alegro, muy bien la obra, pero me alegro verte a vos muy bien”. Y yo le agradezco, por supuesto.
«…La obra, como soy yo, te la puedo decir de adelante para atrás y de atrás para adelante. me gusta el perfeccionamiento. Siempre fui así en toda mi carrera, más de sesenta y pico de años y no lo puedo creer…»
— ¿Tenés alguna asignatura pendiente?
A mí me gusta mucho viajar. Ese es mi sueño. Me gustaría viajar, viajar mucho pero a veces no se puede ir por el trabajo. Y otra asignatura pendiente sería dejar de laburar (risas). Dejar de laburar y viajar, pero no es mi caso.
— ¿Te imaginás una biopic sobre tu vida?
Sí, como están haciendo lo de Moria. No soy de hablar mucho de mi vida privada. Cuando voy a un programa, voy para promocionar mi trabajo. Siempre una pregunta sobre vos te hacen, pero yo trato de esquivarla. No me gusta hablar de determinadas cosas de mi vida o qué opino o qué me parece. Yo me dedico a promocionar la obra que estoy haciendo.
— También tiene que ver con cuidarse, ¿no?
Sí, quizás para no bajonear a la gente. O sea, de contar algo que pueda bajonear a la gente. Qué sé yo, que pueda hacerle daño y mejor no contarlo. Yo digo para, para. Hasta acá he llegado. Más sobre mí no vas a sacar. Yo pongo un freno a todo eso.
— ¿Cómo sigue el año teatral?
La idea es hacer enero y febrero en Capital y en marzo salir de gira. Ciudades grandes, chicas. Dedicar este año a la gira porque la gente del interior está sedienta porque no van tan seguido los espectáculos. Es como que nos están esperando. Y una vez que llegamos es una alegría para el lugar y que nosotros nos presentemos con un espectáculo y siempre nos muestran que están totalmente dispuestos a venir a vernos. Así que eso es muy lindo. Y habla muy bien de todos. Y habla muy bien de la gente que le gusta ver teatro.
— ¿Qué te genera volver a las salas del interior?
Hice tantas giras que puedo ir con los ojos cerrados al camarín que me toca. Llegar a un teatro y decir yo estuve acá o preguntarme: ¿Con qué obra estuve? Y tratar de recordar, porque son muchos años de giras. Y decir ah, me acuerdo que el camarín era este, que los baños estaban por acá. Hacer un recorrido de escenario para ver cómo nos vamos a mover. Y además, viajar y ver a la gente, que es lo que ellos quieren, vernos arriba de un escenario o abajo del escenario. Y eso es muy lindo. Es muy gratificante. A todos los lugares que se pueda ir nosotras estaremos dispuestas.
— Y la falta que nos hace que gente como vos nos traiga algo de humor…
Totalmente, hoy en día elijo el humor, no elijo el drama.
María Valenzuela no sólo actúa: acompaña. Acompaña desde el escenario, desde la palabra justa, desde el silencio cuidado, desde la risa que sana. En tiempos donde el mundo parece empujar al exceso, ella elige la pausa, el respeto, el trabajo en equipo y el humor como forma de amor. Y ahí, en esa elección, sigue siendo faro, refugio y celebración.







