Sebastián Presta: “El humor también es una forma de abrazo”

0
1065

Actor, comediante, guionista y pionero del humor audiovisual en redes, Sebastián es una de esas figuras que atraviesan generaciones sin perder vigencia y actualidad. Desde la televisión abierta y los sketches virales hasta el teatro y la ficción, su trabajo siempre encuentra un punto de contacto con la emoción, la risa y la ternura. Actualmente protagoniza la comedia teatral Mi amiga y yo (Teatro Astros de CABA), una obra que explora la amistad, el amor no dicho y los vínculos posibles con un humor tan cercano como universal. En esta charla con RANDOM, Presta habla de su proceso creativo, del público heterogéneo que lo acompaña, del valor del humor en tiempos difíciles y de sus sueños -entre ellos, una gran superproducción internacional- sin perder nunca el tono honesto que lo caracteriza.

Es uno de esos artistas que logran algo cada vez más raro: hacer reír sin excluir, sin herir, sin simplificar. Su humor conecta públicos diversos y construye una cercanía que se siente genuina. En un escenario, en un set o frente a una cámara, su presencia transmite una inteligencia emocional que va mucho más allá del chiste rápido.

-¿Qué resumen hacés de esta parte de la temporada?

La verdad que contento, porque estoy viernes y sábado solamente haciendo función. Hicimos muchas funciones el año pasado, así que hoy trabajar viernes y sábado es un lujo. Trabajamos mucho por este espectáculo. Estuvimos todo el año pasado con otro elenco haciéndolo que nos dio la posibilidad de mejorar y corregir cosas como para que quede 10 puntos. De verdad, estoy chocho por cómo quedó. Este año lo encaramos con otro elenco. En noviembre se incorporó Florencia (Torrente) y lo que tiene el personaje de Valeria que es una compositora, toca música, toca la guitarra, toca el piano, canta. Y cuando surgió el nombre de Florencia me sorprendió, porque la había visto actuar y muy bien, pero no sabía que ella cantaba y tocaba la guitarra. Así que me sorprendió gratamente, porque es ideal para este personaje de Valeria. Vino a ver la obra y le encantó y en noviembre nos pusimos a ensayar. Le dimos duro y parejo algunos días de noviembre, de diciembre, y estrenamos el 9 de enero que, como siempre veces pasa en las salas argentinas, nunca llegamos con todo y el gran estreno fue como un gran ensayo general. Así que después de cuatro funciones que hicimos, ya estamos a punto caramelo. Y trabajar con Flor es un placer, porque tiene muy buena onda y es muy talentosa.

-Y tenés una asistencia de público muy heterogéneo, además de los que como yo peinamos canas y te seguimos desde otros formatos, ¿Te sorprende el público joven que asiste a la obra y que se identifica?

Creo que la pegamos con esto de Mi amiga y yo, esto del amigo que se enamora de su amiga, no sé si está pasando mucho entre los jóvenes, pero me sorprendió eso que decís vos, mi público es más de 50 años, de 60, de hecho estuve haciendo Mi madre, mi novia y yo durante tres años y venía mucho público de mi edad y más grande. Pero con esto de la amiga, del amigo que está enamorado de su amiga y no le dice nada, vienen muchos chicos de 20 años y se ríen muchísimo con lo que pasa, se sienten identificados. Así es que tenemos público entre 20 y 80 años y todos se van contentos.

-¿Cómo construiste también estos textos y cuánto también en base a tu observación de mostrarnos tal cual somos a veces con incluso mucha ternura?

Me pasó a mí y que creo que le pasó a muchos, es esto de enamorarte de tu amiga o de tu mejor amiga y de no tener chance de que ella te dé pelota. Sabés que es imposible que te dé pelota, entonces la jugás de amigo por un lado esperando el milagro de que ella se confunda, esa es la verdad, esperando el momento justo. También lo que me pasó, esta obra la empezó a escribir Claudia Morales, que en un principio eran solamente amigos, ella queda embarazada de un novio tóxico y su amigo se hace cargo del bebé. Eso fue lo que me conmovió, eso me pareció fantástico. Yo le empecé a agregar cosas, esto de que él estuvo enamorado toda la vida, de donde ella era compositora, él es baterista y sueñan con armar una banda, él es standpero, así que todo transcurre en la casa de Valeria y en el bar de stand-up donde él no para de contar a la gente que está enamorado de su amiga. Santiago es mi personaje, se separa después de diez años y en vez de irse a un hotel, en vez de irse a la casa de un amigo, se va a la casa de Valeria. Valeria le dice, te quedás pero por tres días y te vas, y se queda por nueve meses. ¡Vos me vas a saber entender! (sonríe) Y se incorporó Diego Reinhold, que le dio una vida bárbara también al guion. Al hacer stand-up también me formé con Ricardo Bisignano que también la rompe en el stand-up. Así que quedó súper redonda, donde la gente se siente identificada y te divertís muchísimo.

Es uno de esos artistas que logran algo cada vez más raro: hacer reír sin excluir, sin herir, sin simplificar. Su humor conecta públicos diversos y construye una cercanía que se siente genuina.

-Es de esas obras que tras verla te dan ganas de ir a comer una pizza y seguir comentándola. Es una obra para seguir después, para el post…

Lo que más me gusta después de la obra es ir a cenar con los amigos que me han venido a ver y me siguen nombrando situaciones de la obra y se van tan contentos. Me dicen cosas tan lindas, o compañeros actores que han venido. No es fácil entretener a los actores porque ya conocen todos los trucos y me han dicho cosas tan lindas. Por ejemplo, ha venido Damián de Santos, Jorge D’Elía, Mercedes Funes y los mensajes son fantásticos. Así que eso me pone muy contento. Por otro lado, lo que hay es mucha obra de teatro, mucha competencia. Eso está un poquito duro. La gente siento que se vuelca a la comedia, que por ese lado está bien, pero también se vuelca a ir a ver a las figuras, a un Moldavsky, a una Moria, que los entiendo. Y también ven obras fantásticas. Así que la estamos peleando porque hay muy poquita ficción también y estamos todos los actores haciendo teatro.

Fotos gentileza Agencia Coral

Sebastián Presta es actor, humorista y guionista argentino. Se destacó en televisión con ciclos como Duro de Domar, CQC y diversos formatos humorísticos que marcaron una época en el viraje hacia el humor digital. Fue uno de los pioneros en la viralización de contenidos humorísticos antes de la explosión de las redes sociales. En teatro protagonizó comedias de gran éxito como Mi madre, mi novia y yo y actualmente encabeza Mi amiga y yo. También participó en ficciones televisivas como Esperando la Carroza y El primero de nosotros.

– ¿Cuáles son tus vertientes creativas, o todo surge de esta inspiración y de saber mirar y escuchar a la gente, sobre todo?

Para mí saber mirar para mí es importantísimo, pero también tengo grandes compañeros. Yo solo no hago nada, siempre tengo grandes compañeros libretistas acompañándome. Desde chico veía mucha tele, me encantaba Calabromas, por ejemplo, Hiperhumor, Pepe Biondi, Olmedo, Porcel. Me nutrí muchísimo de todo eso. Por supuesto que me siento muy lejos, la verdad que lo que hacían los chicos era fantástico. Pero bueno, de alguna manera, les tocaba un Tato Bores también. Ahora justo no estoy escribiendo nada. Debería ponerme a escribir. Estoy medio vagoneta. Tanto con el teatro que con los videítos que yo debería estar haciendo. Estoy un poco cansado. Esa es la verdad.

-Ahora que mencionaste videítos, empezaste cuando nadie pensaba en esos formatos que luego se impusieron. Fuiste de los pioneros.

Éramos muy pocos. Malena (Pichot) Cualca, empezamos con Sebita Wainraicht haciendo Kiss TV. No recuerdo en qué año fue. Lo hicimos durante tres años, yo era mudo. Después Sebita se fue a trabajar a otro canal y el dueño de la productora me dice, bueno Sebastián vas a empezar a hablar. Y empecé a hacer de Prestashow, donde también muchos famosos se copaban de venir a actuar conmigo. Un Prestashow que no se vio mucho y hay muy poco en YouTube. Y lo que explotó fue Prestico, que también lo hice con grandes compañeros de Duro de Domar. Y eso se viralizó y fue increíble, porque creo que ahí me terminaron de conocer no solamente gente de Argentina, sino países limítrofes o gente de habla hispana. La cantidad de mensajes, y es el día de hoy, porque eso fue 2014, 2015. Y es el día de hoy que me siguen mandando mensajitos, diciéndome me reúno con mis compañeros, nos tomamos una cervecita y vemos tus videos y nos matamos de la risa. O sea, videos de hace diez años atrás que siguen vigentes.

«…mí me gusta hacer cosas de humor donde por momentos los hacés pensar, donde por momentos se pone un poquito triste, o lo hacés pensar un poquito y vuelve el humor enseguida. Me gusta hacerlos pasear…»

-A uno de mis amigos más grandes cuando estaba postrado y le quedaba poco tiempo de vida le puse algunos de tus videos en Youtube y se reía a carcajadas, volvemos a destacar lo heterogéneo de tu público…de lo instagrameable que era tu contenido…

Totalmente, la misma gente en esos años cortaba los pedacitos de Prestico de Duro de Domar y se los pasaba por WhatsApp. Pero esto que me decís vos, se lo pasé a alguien que estaba internado y lo vio y le alegraste la vida. La cantidad de mensajes o gente con COVID que me decían, “tengo un amigo que está muy mal en España, ¿no le podés mandar un saludo? Ve tus videos y se divierte tanto”. Uno no es consciente a veces de lo que hace. Porque nosotros lo hacíamos porque era nuestro trabajo en Duro de Domar. Teníamos que hacer cinco minutos semanales de humor. Uno no es consciente con el humor las cosas que puede llegar a decir, o hacer pensar, entretener, alegrar a alguien. Esto que me contás vos es increíble porque me lo han dicho varios, de estar en un hospital, o están pasando un mal momento y ven los videos y se divierten muchísimo.

—Quizás es lo más difícil para ustedes como actores o guionistas, lograr esas emociones. Además del público argentino que es muy preparado culturalmente.

Sí, no le podés vender cualquier cosa. Es increíble lo que pasa. Es increíble lo que pasa a la cantidad de gente que va al teatro también acá en Argentina, parece ser que no pasa en otros lados. Es un público muy preparado y no le podés vender cualquier cosa. Y a mí me gusta hacer cosas de humor donde por momentos los hacés pensar, donde por momentos se pone un poquito triste, o lo hacés pensar un poquito, y vuelve el humor enseguida. Me gusta hacerlos pasear.

—Y el público a veces se ríe donde quizás vos no pensaste que se iban a reír y viceversa, que el público también hace de tu contenido, en este caso del teatro, también su propia reinterpretación…

Es así, en la obra de teatro muchas veces el público, su consciente o su subconsciente termina de cerrar la obra. Hay muchas cosas que en la obra no se explican, que quedan abiertas y el público lo termina de cerrar, porque muchas veces el cerebro necesita terminar de entender. Entonces cierra su propia determinación, por decirlo de alguna manera, o su vivencia. Así que cada uno se pega a su propio viaje.

-¿Cuáles son los sueños o desafíos?

Me gustaría seguir escribiendo o dedicarme más a la lectura, quizás animarme solo a armar un texto, pero sí me encantaría estar en una peli o en una serie que sea una superproducción, tipo así una Casa de Papel, esas series que te conmueven, o una Stranger Things, yo sé que es mucho pero ya que estoy soñando me gustaría trabajar en una superproducción y hacer algo muy digno y muy lindo.

Siempre está del lado del antihéroe, del tipo de pie que generalmente sólo tiene voz en una mesa de vermú. Detrás del chiste hay una mirada con ternura y humanidad.

-Te debe costar por ahí salir del humor, o que te piensen en un papel dramático. También  te debe gustar eso de que solo te llamen para actuar y que vos no tengas que preocuparte de todo.

Totalmente, me ha pasado en Esperando la Carroza que me convocaron y fue un proyecto hermoso, y solamente me dediqué a actuar con un elenco y una producción soñada. Me ha pasado en El primero de nosotros, también la última serie de Telefé, donde iba y actuaba y una superproducción se encargaba de todo. Me encanta la idea y me encanta la idea de que me llamen para hacer algo que no tenga que ver con el humor y que pueda ser súper malvado.

-¿Tu fantasía es estar en un lugar alejado solo escribiendo o esto de estar cada tanto con funciones o grabaciones o cerca del público ya es parte de tu vida y no te imaginas otra cosa?

A mí me gusta disfrutar en familia y hacer cosas acá, pero también me podría ir a San Martín de los Andes a escribir, también sería un sueño, alquilar una cabaña e irme a escribir allá, tomarme unos meses sabáticos, que no lo puedo hacer. Así que disfruto de estar en el medio del quilombo de la ciudad y con la posibilidad de actuar, con la posibilidad de parar un poco y escribir, con la posibilidad de salir con amigos, de salir con familia. La verdad que soy un agradecido. Disfruto mucho de, más allá del quilombo y de las cosas feas que están pasando, muchas veces digo, hay gente que está esquivando bombas, hay gente que está pasando hambre, yo estoy pasando un momento fantástico. Más allá que no podés terminar de disfrutar porque pasan cosas muy tristes y sabés que me pegan, no me puedo hacer el boludo.

—Sí, así como yo te decía, que te nutre, pero también a veces es difícil aislarse de todo lo que pasa…

No podés, no podés, aunque por mi salud mental a veces me hago el boludo, pero no, estoy muy atento a todo lo que pasa, vista el pueblo argentino y lo que pasa en el mundo y no lo puedo creer. Soy un poco pesimista, me parece que el ser humano es bastante pelotudo por momentos y el tema de las guerras y del hambre va a seguir por un tiempo. Y la desigualdad que hay, me toca.

—Y formatos, a vos, bueno, surfeaste toda la ola, antes de todo esto del audiovisual que se venía, bueno, estar en funciones, en las tablas, ¿hay un gustito más, alguna preferencia? O bueno, todo, bueno, como es creatividad pura y en todo, das todo de vos, cualquier formato.

Creo que puedo disfrutar lo que me toque. El teatro al ser más en vivo, más vertiginoso, te la podés dar de frente, porque no hay un corte. Disfruto de lo que es la ficción, que si te equivocás hay más red en una ficción. Si te equivocás va de nuevo, en el teatro no hay vuelta atrás. Trato de disfrutar todo, tanto en lo laboral como en el día, muchas veces, che, qué día de mierda, está lloviendo, yo te disfruto el frío, te disfruto cuando llueve, te disfruto cuando hay sol, trato de disfrutar todo.

Presta no solo hace reír: acompaña. Su humor abraza, consuela, interpela y deja pensando. Tal vez por eso atraviesa generaciones, formatos y estados de ánimo con la misma vigencia. Siempre está del lado del antihéroe, del tipo de pie que generalmente sólo tiene voz en una mesa de vermú. Detrás del chiste hay una mirada con ternura y humanidad. Y porque, como él mismo dice, le gusta “hacerlos pasear”: llevar al público de la risa a la emoción, del pensamiento a la carcajada, y volver.

En tiempos donde la risa suele confundirse con el golpe o la ironía fácil, Sebastián Presta elige otro camino: el de la empatía, el encuentro y la humanidad compartida. Su humor no busca imponerse, sino acompañar. Tal vez por eso conecta con públicos tan diversos: porque en cada gesto, en cada palabra, hay algo que no se actúa, se siente.