Hay actrices que interpretan personajes. Y hay otras que los habitan con una entrega también física, como si el cuerpo fuera territorio de batalla y el alma, materia prima. Silvia Kutika pertenece a esa segunda estirpe. Dueña de una carrera que atravesó todas las disciplinas de la actuación: brilló en televisión, cine y teatro, su presente la encuentra en un momento de intensidad creativa poco frecuente. Hoy protagoniza casi en simultáneo dos obras complejas, emocionalmente demandantes, profundamente humanas. Y lo hace con la misma mezcla de disciplina, pasión y humildad que atraviesa toda su trayectoria. En diálogo con RANDOM, habla del oficio, del amor con su gran compañero y colega, de la fama instantánea, del paso del tiempo y del privilegio que todavía le lleguen personajes “que la hagan temblar”.
Como te venís poniendo el traje de dos obras tan complejas para actuar casi en simultáneo, no sé por cuál arrancar preguntando….
(Risas) Recién volvimos el lunes de Carlos Paz, de hacer la temporada, y volvimos un poquito antes porque ya teníamos pautado largar el 18 de febrero En el Paseo La Plaza, con “El cuarto de Verónica”. Mientras que “Con el fin y el cabo” volvemos al Tinglado los jueves, pero a partir de marzo. Y como es el mismo equipo, todo es divino, pero a veces decimos qué estamos por hacer ahora. Además, hicimos una en el medio que fue “Te espero en la oscuridad”, así que es un despelote, está buenísimo porque es laburo, son dos obras que de verdad amo un montón…
Comparando con años atrás, donde por ahí en una tira exitosa vos estabas un año o más haciendo el mismo personaje, ¿Cómo es laburar casi con dos personajes simultáneos que te exigen muchísimo, cada uno con sus particularidades?
Antes era como muy lógico hacer eso, hacer un personaje durante un año, dos, a lo mejor uno se agarraba mucho en las escenas que te tocaban hacer, por ahí eran más complejas, menos, jugabas un poco la comedia o no, era la diversidad y yo la verdad no me aburría, me divertía mucho, leía qué escenas me tocaban de un día para otro y bueno era preparar eso. Era muy intenso también porque se grababan muchas escenas por día eran 40, 30 y pico y había que hacerlas. Había que sacarlas y el director a veces se volvía loco con nosotros para no repetir mucho. O porque nos tentábamos o porque pasaban muchas cosas ahí que bueno eran muy divertidas, bueno no divertidas para él…

En algún momento era todo analógico y no te podías equivocar nada…
No sabés, yo he grabado alguna novela que se hacía por orden, la escena 1 porque si no por ahí arrancás por la escena 50 de un capítulo, pasas después a la 13, etcétera… había un momento en que se grababa así por orden hasta que se llegaba al final. Si te llegabas a equivocar en las últimas tenías que empezar todo de cero y era la responsabilidad que tenías en esas últimas, porque decías bueno me equivoco acá y había que empezar todo. No sé cómo hacíamos, pero se hacía.
Y ahora con estos personajes es muy gratificante esa dificultad, nosotros con Fabito (Aste) y con Adri (Lázare) componemos varios personajes en El cuarto de Verónica. Con Fabi hacemos dos viejitos que componemos mucho, vas cambiando la voz un poco, la haces más cascada o los pasitos más lentos, esta cosa de ir mirando gente un poquito más grande. Por ejemplo, uso un pañuelo que es un pañuelo de mi papá y es como, no sé si un talismán o algo que necesito, me da como una cosa de, como que su espíritu está ahí conmigo y me ayuda a componer ese personaje. Son esas pequeñas cositas, la ropa que usás que no tiene nada que ver con uno, el andar más tranquilo, los movimientos un poco más medidos y todo eso es muy divertido. Con los personajes pasa que hay noches de no dormir o de soñar cosas y decís “lo voy a poner en práctica al otro día, a ver si eso cuadra”, y después ir amalgamando cada uno de los personajes con el otro (…) es un trabajo muy de ingeniería, es muy hermoso, de un juego que se va ordenando.

Qué bonito lo que contás y me hace pensar cuánto ignoramos los espectadores sobre todo lo que hay detrás de cada personaje…
Hay muchas cosas atrás, hay gente como Pipo (Luque, su marido) por ejemplo cuando está haciendo teatro es obsesivo, ya unas horas antes lo ves que está en Narnia, ya no habla mucho, ya está como con muy concentrado mucho tiempo antes. Inclusive nos pasa que los días que tenemos teatro, ya uno se levanta distinto. Por ejemplo, estando en Carlos Paz, que vos decís, “puedo ir a tal lado, puedo ir a tal otro”, pero a ver, tal lado, cuántas horas lleva, cuántas horas de vuelta y me voy a cansar, no me voy a cansar. Tengo teatro a la noche, entonces muchas veces elegís decir; no lo puedo hacer, porque yo tengo que cumplir y tengo que estar con una energía 100% para hacer la función. Esas cositas en general no se ven, no se hablan.
«…Me preocupa que no se hacen como caminitos que te preparan para ese final, no se disfruta el camino, se va directo del principio al fin, sin tener un intermedio, que para nosotros era larguísimo…»
Pensaba en tantos personajes que has hecho en tantas disciplinas, ¿Cuáles te marcaron más o le sentís más cariño?
“De carne somos” fue muy importante, la película “Sentimental”, “Luna de Avellaneda”, la tira 90-60-90, “El hombre que amo”, “Vidas robadas”, “El cuarto de Verónica”, “Al fin y al cabo es mi vida”, estas son dos obras que a mí me están marcando un montón. Creo que ahí hay mucho trabajo puesto, muchas emociones, hay cosas que te marcan más o guardás momentos en tu vida y que después te encontrás con compañeros que son fantásticos, entonces fue más fácil laburar y te queda marcado eso. Después de todas las cosas uno va aprendiendo y va sacando cosas buenas, cosas malas para aprender, pero todo fue bueno.
Ahora está mucho más vigente el teatro, al haber poca ficción en la TV, ¿Cómo te has ido adaptando a la coyuntura y surfeado la ola con elegancia?
Más bien sobrevivido, (risas) porque nos miramos con Pipo y decimos, bueno, dos dinosaurios, ¿ahora qué va a venir?

Y ahora todos dicen crear contenido, ser influencers…
Es raro para las generaciones que somos más grandes, que mirás y decís, ¿y esto con qué se come, cómo es? Pero hay que adaptarse en la medida que uno pueda y proponerse hacerlo. No sé hasta dónde vamos a adaptarnos, porque ya vienen algunos formatos que decís, “esto ya no es para mí”, pero está cambiando como a pasos agigantados. Es raro esto, me mata esta cosa que la gente te diga, “quiero ser famoso”. Como la inmediatez de quiero ser famoso. Primero hay que preguntarse qué es ser famoso, la verdad esto que te conozcan es un segundo, después te desconocen en un segundo también, porque es lógico. Aparece otra gente que se hace famosa rápidamente, entonces vos pasás a ser ¿cómo era que te llamabas, qué habías hecho? Es muy rápido. Me preocupa que no se hacen como caminitos que te preparan para ese final, no se disfruta el camino, se va directo del principio al fin, sin tener un intermedio, que para nosotros era larguísimo. Hacer ese caminito de hormiga y ahora ese intermedio no existe, se va del principio al fin, y no sé si hay mucha gente que está preparada para tanta exposición. Esto lo vamos a ver en un tiempo, ¿no? A nosotros ya no nos va a pasar eso, por suerte. Ya estamos, más allá del bien y del mal.
En varias frases hablás en plural y se nota que todo en vos está conectado con tu compañero Pipo, ¿Cuál ha sido la clave de tantos años de compañía?
Obviamente hay momentos que en los que se hace un poco difícil, tanto de parte de él o de parte mía, que se le hace difícil a lo mejor al otro. Pero me parece que siempre pusimos adelante las cosas que son buenas de nosotros, del otro. Las cosas que uno eligió y que sigue eligiendo, y que eso superaba a lo difícil que podía ser la situación o el momento. Se trata de elegirse todos los días, aunque te enojes. Ahora yo estoy aprendiendo mucho algo que Pipo lo tiene más masticado. Soy una leonina terca, mandona, que siempre quiere tener razón. Es verdad eso. Tengo que admitir que siempre quiero tener como la última palabra. Y Pipo siempre me dice: “vos querés tener razón, querés discutir”. Me doy cuenta que es gastar energía, que es una pavada, no te digo en cosas que se ponen de esas, que se ponen serias, que realmente merecen, no una discusión ya, una conversación, pero a veces viste que uno discute porque sacaste la manteca de la heladera y no la volviste a poner y la dejaste. Se trata de no querer tener la razón en todo. Y esto da muchos resultados, estoy empezando a poner en práctica.


¿Qué te gustaría que el público, el espectador, en el formato que sea, descubra de vos en esta nueva etapa de tu carrera?
No sé, que siempre me lleguen personajes que sean muy difíciles, muy difíciles, que me hagan temblar y que vean que soy una persona que lo que hago, lo hago de una manera híper respetuosa y con el corazón, así como que estoy a flor de piel, que les entrego todo, o sea, sale de acá adentro absolutamente todo. Eso me gustaría que se vea.
El cuarto de Verónica
¿Cómo hicieron para adaptar un trillar psicológica al teatro y lograr que el espectador se vaya reconfigurando varias veces, incluso durante la función?
El libro no tiene fisura, te va llevando, siempre cuento que el día que recibí el libro no pude parar de leerlo, empecé ese día y lo terminé ese día, es más, llamé por teléfono y dije yo lo quiero hacer, no sé cómo se hace esto, pero lo quiero hacer. Se crea un suspenso, un misterio, tiene mucho que ver la música, las luces, las miradas, los silencios, muchas veces nosotros estamos mirando a un compañero que en ese momento por ahí no tiene que estar como en el centro, y sin embargo y estás hablando y diciendo otra cosa, que va por otro lado, con otro compañero. El libro va contándote una historia, lleva al espectador por un lado, que el espectador se arma una historia, la mitad del libro ya te desarma toda esa historia y te presenta como otro punto de vista. Recién al final, serán los cinco minutos finales, diez minutos finales, que se acomoda todo, la gente sabe qué personaje es qué personaje, quién engañó, quién no, entonces es genial, porque te mantiene hora y cuarto diciendo “estos locos que están haciendo ahí arriba, que me cuenten bien, qué está pasando por favor”.
¿Cómo abordaste la construcción de este personaje para poder transmitir esas capas progresivas de tensión constante y no perder nunca la coherencia escénica?
Hicimos dos meses de ensayos de muchas horas por día y buscándole, como vos decís, buscándole las capas y capas, porque como los personajes van engañando, vos decís en qué momento es como que este personaje construyó otro personaje en la escena, y en qué momento está saliendo, porque en algunos momentos también asoma el personaje real, cómo elegir en qué momentos va a asomar ese personaje real. Eso fue lo más difícil, esas elecciones, de dónde puede asomarse lo real y dónde tiene que seguir el engaño, hasta qué momento sigue el engaño.
Reestrena el miércoles 18 de febrero en El Paseo La Plaza (Av Corrientes 1660, CABA) con 7 únicas funciones.

Al fin y al cabo es mi vida
¿Cómo ha sido componer un personaje tan complejo desde lo físico al que arriesgo que debe ser difícil tanto entrar como salir del mismo?
No me cuesta tanto entrar, hago mucha relajación, trato como que el cuerpo se pegue al colchón, a la cama de hospital. Como que empiece a ser como uno, es muy raro, pero trato de relajarme lo que más puedo, de concentrarme, de hacer mucha respiración antes de empezar. Respiraciones muy profundas, meditar un poco como para hacer la entrada, pero después salir me cuesta un montón, y durante la obra también hay momentos en los que hablábamos con el director, que conviene más dejarse llevar por las emociones en determinado momento o no. Es un personaje que si fuese por mí yo lloraría casi toda la obra con el personaje, pero no tiene que suceder eso. Es un personaje que tiene mucha interés, es una gran luchadora, es una persona que tiene una inteligencia brillante, tiene un humor ácido, a través de ese humor pelea, lo lleva a confrontar, sobre todo a uno de los médicos, que va llevando el caso, y confronta con la abogada, confronta con la monja, o sea, es un personaje que todo el tiempo está como tirando a ver qué le responden. Y se ríe, es como un poco que se ríe de todo lo que le está pasando, es tremendo. Te metes y decís no puede ser que una mina reaccione de esa manera.
La gente también se emocionará y te lo hará saber de esto, que también la esperanza está muy presente pesa al dolor…
Mucho, ves mucha gente llorando, a moco tendido, y lo que tiene la obra sobre todo, es que habla sobre la posibilidad y el derecho que tenemos todos, si tuvimos una vida digna, por qué no llegar al final de esta vida, o lo que sea, o a la continuidad de otra vida, de una manera digna también. (…) Mi personaje no juzga, o sea, no se pone de un lado o del otro, que algo está bien o está mal, sino que es absolutamente personal, ella dice es lo que yo deseo para mí, y respeta otras posiciones absolutamente, pero es lo que desea para su vida, para su fin. Al ser escultora es una mina que labura con el cuerpo, no sólo con la cabeza, con la imaginación, y ese cuerpo no lo puede usar, o sea, la imaginación se le vuelve en contra. Para ella, de verdad, es una cárcel, es una prisión ese estado, y no pide eutanasia, sino pide solamente que la liberen, que le den el alta del hospital, se sabe que una vez que le den el alta, y ella vaya a su casa, no va a sobrevivir mucho, pero va a sobrevivir de la manera en que ella desea sobrevivir.
Reestreno Jueves 5 de marzo. Todos los jueves a las 20.30hs. EL TINGLADO, Mario Bravo 948, CABA

Cuánto que nos interpela, Sil todo lo que decís, incluso para los que tenemos Fe, y creemos en Dios, y sabemos que hay un lugar mejor, así y todo te rezumba la moral, las costumbres, las preguntas filosóficas…
Totalmente, te dejan una reflexión, a nosotros nos pasó también, dentro del equipo somos nueve en total, y había compañeros que decían, no, yo no estoy de acuerdo con lo que está planteando Clara, otros que sí, genera ese debate religioso, ese debate médico también, porque hay un médico que dice yo hice un juramento que sostengo una vida como sea, y otro médico que es un poco empático con ella. , Se abre un debate en escena, que es muy interesante, y que deja esa reflexión a la gente que me parece que es muy interesante también, en esta época en que soltamos rápidamente, ay, viste, esto está mal, o ay, este cómo hace esto, no, que somos muy propensos a la opinión, queremos que podamos decir de todo, y de todos. Me parece que es maravillosa por eso, porque no juzga, porque abre un debate, una reflexión, qué haríamos con nuestros seres queridos también, qué nos pasa estando del otro lado, es una obra maravillosa, es hermosa por donde la mires, y tenés un montón de miradas dentro de la obra.
Cuando dice que desea que le sigan llegando personajes “muy difíciles”, no está hablando de desafío técnico solamente. Está hablando de sentido. De no anestesiarse. De no repetirse. De seguir viva arriba del escenario. En tiempos donde todo parece efímero, su trabajo recuerda algo esencial: que el arte verdadero no busca comodidad, busca verdad. Y que, a veces, el mayor acto de valentía es seguir eligiendo.








