Romina Giangreco y el poder cultural del vestuario

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En la cultura contemporánea, la imagen dejó de ser un complemento para convertirse en discurso. La alfombra roja es narrativa. La promoción de una serie es construcción simbólica. El vestuario ya no acompaña: comunica. En ese territorio donde moda, ficción y exposición pública se cruzan, el estilismo dejó de ser accesorio para transformarse en una herramienta de identidad. Desde hace años su mirada atraviesa la escena cultural argentina: alfombras rojas, campañas, teatro en Calle Corrientes, series de alto impacto y un vínculo creativo sostenido con actrices como Griselda Siciliani y Carla Peterson, entre otras. Su universo no se agota en la moda. Hay en su trabajo una dimensión artística, emocional y hasta ética que la aleja de cualquier idea de frivolidad.

Crecida en barrio, formada entre la UBA y la autogestión, madre, creadora de una línea de trajes y convencida de que la imagen es una herramienta de confianza, Giangreco habla de intuición, empatía y de la potencia de resignificar lo que ya existe.

Tenés una mirada muy visual que va más allá de la moda y que me sorprendió cuando empecé a publicar trabajos tuyos hace más de 15 años. ¿Cómo lograste concebir tus obras artísticas con una composición vintage en épocas donde no existía la IA y que fue de un modo anticipadora de ese lenguaje?

Es hermoso para mí charlar con alguien que conoce mi trabajo hace varios años. Me da el lugar para contarte que me sigo reinventando a la vez que sigo aprendiendo y en ocasiones enseñando. En el último tiempo viví un momento laboral muy intenso y muy fértil. El año pasado estrené más de cinco obras en Calle Corrientes, acompañé a actrices muy reconocidas en todas sus apariciones públicas, realicé varias producciones editoriales, hice campañas, entre otras cosas que aparecen en mi estudio @rfgstylecoaching

La novedad creo que fue materializar una de las varias ideas que tengo: desarrollé una línea de trajes upcycling, un proyecto muy personal donde trabajo sobre piezas existentes para transformarlas en objetos únicos, con una mirada sustentable y de lujo contemporáneo. Mi primera creación fue para la alfombra roja de los premios Platino con Griselda y fue un boom. Me interesa mucho esa idea de resignificar materiales con historia y convertirlos en algo nuevo, casi como una narrativa propia, sobre todo hoy que todo es rápido y pasajero. Estoy encontrándole la forma para que siga creciendo y tenga cada vez más proyección. Siento que todo lo recorrido se va integrando y que cada experiencia reafirma este lugar creativo que elegí.

Creciste muy ligada al barrio, a tu familia, a los juegos y a la imaginación. ¿Qué de esa infancia sentís que sigue vivo hoy en tu forma de crear y mirar a los otros?

Crecí muy conectada al barrio y a esa pertenencia, y siento que esa historia sigue viva en mí. La vida de barrio, sobre todo en esa época, era alegre, simple y con códigos y costumbres que de alguna manera uno replica y recuerda siempre, aunque sea en lo íntimo, en lo cotidiano. La imaginación y, sobre todo, la inspiración son el motor de mi trabajo. Las ideas me brotan de lo que vivo y de lo que veo: una serie, un paisaje, una persona que me llama la atención. Mi crianza, con lo lindo y con lo difícil y todo lo que fui viviendo, me llevaron a este presente. Algunas cosas las quise conservar conmigo y otras las quise trascender, en eso estoy.

Jugabas a conducir programas y a ser protagonista de novelas. ¿Creés que, de algún modo, hoy seguís contando esas historias pero a través del vestuario?

Sí, totalmente. El vestuario siempre cuenta historias: transmite estados de ánimo, construye contextos, revela algo del personaje o de la persona. Es un lenguaje maravilloso e infinito, porque tiene tantas posibilidades como personas existen. Y haciendo este trabajo, de alguna manera, sigo siendo parte de esas historias. Disfruto muchísimo ver cómo los actores interpretan y habitan los vestuarios o looks que construimos juntos.

Viviste muchos años con tu papá y tu hermana. ¿Qué valores de ese núcleo familiar sentís que te marcaron a la hora de trabajar con sensibilidad y empatía?

Estoy convencida de que cada historia personal a todos nos da herramientas para transitar la vida. En mi caso, la mía me enseñó a reinventarme, a protegerme, a poner en perspectiva lo importante, especialmente en un medio donde eso a veces se confunde. En mi trabajo intento cuidar al otro desde lo estético, transmitiendo seguridad y tranquilidad. La imagen es un aspecto importante en la carrera de muchas personas, y mi trabajo es que ese aspecto puedan disfrutarlo, que lo vivan liviano, que sea por momentos un espacio lúdico, con buenos resultados. En proyectos de teatro y/o audiovisuales me pasa igual: construyo, armo, juego, desarmo… nunca trabajo desde el problema o la carencia, siempre trabajo desde y con lo que hay como si fuera lo mejor del mundo.

Venís de Ciencias Económicas y Trabajo Social. ¿Qué huellas de esas formaciones siguen apareciendo hoy en tu manera de trabajar la moda y el estilismo?

De Económicas, lo necesario para manejar lo administrativo y entender mejor ese aspecto (importante) del trabajo artístico. Los que realizamos trabajos creativos muchas veces no sabemos manejar bien esa parte. De Trabajo Social, una gran capacidad de empatizar en distintos entornos, detectar rápido lo que se necesita y abordar cada proyecto con profundidad y compromiso. Todo lo aprendido termina siendo aplicable.

«…Estoy convencida de que cada historia personal a todos nos da herramientas para transitar la vida. En mi caso, la mía me enseñó a reinventarme, a protegerme, a poner en perspectiva lo importante, especialmente en un medio donde eso a veces se confunde…»

En una entrevista explicabas que el estilismo no es frívolo, sino integral. ¿Cómo es ese primer momento en el que “leés” a la persona que vas a vestir?

Exacto: mi trabajo no es superficial, es todo lo contrario. Es un trabajo integral, amoroso, que requiere compromiso, empatía y mucho sentido común. Lo primero que hago es escuchar. Tener un encuentro, una entrevista, una charla y ahí empiezo a entender qué buscan de mí, qué necesitan, qué puedo aportar ahí. A partir de ese momento se abre todo lo demás: empieza el trabajo creativo y la construcción conjunta. Leo entre líneas. Ese primer encuentro es el más importante de toda la relación. Es mágico, porque me queda una sensación de comprensión total, y desde ahí siempre brotan las ideas para esa persona. Es mi fuente.

Sos la “mano derecha” de actrices muy expuestas. ¿Cómo se construye la confianza estética con una artista y cuánto tiempo lleva lograr ese lenguaje común?

Es una construcción muy delicada y muy humana. La confianza no aparece de un día para el otro: se trabaja con escucha, con compromiso y con mucha sensibilidad hacia la persona que tenés enfrente. Mi experiencia ayuda, pero lo principal es entender quién es esa persona, qué necesita, en qué momento está y cómo acompañarla desde la imagen sin imponer, sino potenciando su identidad.

No se trata solo de vestir, sino de sostener, de dar tranquilidad, de acompañar procesos y poner a disposición mi experiencia, las mejores marcas posibles para esa persona y todas las herramientas necesarias para lograr lo que queremos. La exposición no me asusta, porque mi foco está en que la otra persona se sienta segura, auténtica y representada. Con el tiempo se arma un lenguaje común, casi intuitivo, donde ambas sabemos hacia dónde ir. Y cuando eso sucede, el vestuario deja de ser solo ropa para convertirse en una herramienta de expresión y de confianza.

Te definís como artista y trabajás mucho desde la intuición. ¿Cómo dialoga esa perspicacia con la técnica y la experiencia acumulada?

Me defino como artista porque lo que hago provoca algo en quien lo ve: una sensación, una opinión, una reacción, y la base de ese trabajo es la creatividad. Eso define un poco al arte. La técnica, el método y la experiencia me dan tranquilidad, me permiten tener el respaldo necesario para que lo creativo ocupe el centro. Y la intuición es lo que guía cada decisión. Es lo que me permite entender qué necesita cada persona o cada proyecto sin repetirme. Intento que cada creación sea única y todos los proyectos y artistas con los que trabajo me apasionan.

«…No se trata solo de vestir, sino de sostener, de dar tranquilidad, de acompañar procesos y poner a disposición mi experiencia, las mejores marcas posibles para esa persona y todas las herramientas necesarias para lograr lo que queremos…»

Con hijos en edad escolar y una rutina que no es rutina, ¿cómo se equilibra la creatividad con la vida familiar sin que una anule a la otra?

Encontré equilibrio entendiendo mis prioridades e integrando ambas partes. Disfruto mi familia porque amo mi trabajo, y disfruto mi trabajo porque sé que vuelvo a mi casa con la gente que amo. No podría ser feliz sin alguna de las dos cosas. Tardé mucho tiempo en comprender esto. Buscar el equilibrio no es fácil, hay distintas etapas y diferentes momentos. Lo logré también conociéndome más como mujer, como persona y como profesional. Con la edad. La vida la transitamos en equipo con mi pareja y con mucha presencia. Yo tuve momentos de trabajar en el exterior, por ejemplo, y eso hizo más sólida la familia.

Acompañaste estrenos muy populares como El Eternauta y Envidiosa. ¿Cómo se trabaja el vestuario cuando sabés que va a quedar grabado en la memoria colectiva?

Tuve el privilegio de acompañar esos lanzamientos vistiendo a algunas de las protagonistas en la rueda de prensa y en toda la etapa de promoción junto a Netflix. Fue una experiencia enorme por la magnitud de esos proyectos y un orgullo dentro de mi carrera. En esos contextos, el vestuario también forma parte del relato público que rodea a una serie, pero yo siempre trabajo enfocada en el presente: en lograr que la persona se sienta segura, auténtica y representada. Doy lo mejor en cada elección, y después lo suelto, dejando que el impacto lo construya el tiempo.

Cuando trabajo en el vestuario de series o teatro es lo mismo: le doy vida a personajes como si fuera la vida real. El diseño de vestuario de estas series fue realizado por colegas increíbles: Lorena Díaz en Envidiosa y Patricia Conta en El Eternauta. Laburos súper destacables.

Después de tantos años de camino recorrido, errores capitalizados y aprendizajes obtenidos, ¿qué versión de Romina sentís que hoy está al mando de tu trabajo?

Es una pregunta muy linda. Creo o deseo que hoy esté al mando mi mejor versión posible, aunque también espero que siga cambiando, porque trabajo mucho en mí misma para seguir evolucionando como persona y como artista. Importante decir que mi presente es ser también una mamá con niños aún pequeños, y ese presente me atraviesa para todo… por suerte, esa mamá también está al mando. Hoy tengo más agradecimiento, menos miedo y un entendimiento más completo tanto de la profesión como de mi propio perfil profesional que me guía para saber desde dónde quiero seguir creando. Sobre todo, aprendí a confiar más en mi mirada, en mi intuición y en el recorrido. Tengo mucho por hacer y mejorar aún.

Giangreco no viste cuerpos: construye relatos. No impone tendencias: acompaña procesos. No busca impacto inmediato: apuesta a la permanencia. En un tiempo atravesado por la velocidad, el descarte y la imagen efímera, su trabajo propone otra lógica: escuchar antes de crear, resignificar antes de producir, sostener antes de exhibir. Quizás ahí radique su diferencial. Porque cuando el vestuario deja de ser ropa y se convierte en confianza, ya no hablamos de moda. Hablamos de identidad.