Marzo en el Museo de las Mujeres: arte, memoria y resistencias

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Hay marzos que se conmemoran. Y hay marzos que se construyen. El Espacio Cultural Museo de las Mujeres de Córdoba (Rivera Indarte 55) abre su programación 2026 el viernes 6 a las 18 h bajo una consigna que es declaración y abrazo: “Memorias de Resistencias: Mujeres, Arte y Militancia”, en el marco del 8M y a 50 años del golpe de Estado en la Argentina. La propuesta no se limita a recordar: activa. Se despliega como una trama sensible donde las voces vuelven a decir “presente”, los cuerpos narran lo que alguna vez se quiso silenciar y el arte se convierte en territorio político y poético. Entre charlas, libros, escenas y canciones, marzo se transforma en un espacio de encuentro donde la memoria no es pasado inmóvil sino práctica viva. Repasamos en RANDOM las mujeres que protagonizan la muestra.

Irene de la Torre: 60 años de búsqueda

El corazón simbólico de este marzo late junto a los 60 años de recorrido artístico de Irene de la Torre. Su muestra Buscar… Buscar para no encontrar, curada por Antonia de la Torre, dialoga con aquella frase de Pablo Picasso —“Yo no busco, encuentro”— para invertirla: aquí la búsqueda es persistencia, es ética del trazo, es deseo de rozar lo esencial de lo humano.

Nacida en Córdoba y con una extensa trayectoria en Ginebra y Madrid, donde expuso en distintas ciudades europeas, fue jurado en la Escuela Superior de Artes Visuales de Ginebra y realizó posgrados en Historia del Arte, Irene regresa a su territorio con una obra que no clausura sentidos. Desde Santa Catalina continúa una producción que atraviesa décadas y geografías. Cada hallazgo es apenas el comienzo de otra búsqueda. Nunca se encuentra del todo. Siempre se insiste.

Obra de Irene de la Torre

Nora Cortiñas: la memoria que cuida

En el año en que se cumplen cinco décadas del golpe de Estado, la muestra colectiva Nora siempre nos cuidó rinde homenaje a Nora Cortiñas, referente histórica de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Curada por Alejandro Amdan y producida junto a Ana María Bianco, la exposición reúne imágenes de fotógrafos y fotógrafas que acompañaron su militancia. El recorrido es íntimo y colectivo a la vez: una cartografía visual de su compromiso con la memoria, la verdad y la justicia. Más que archivo, es presencia viva. Más que recuerdo, es legado activo.

Habitar el monte: arte y territorio

La escultora Silvia Carballo presenta piezas que dialogan con el monte nativo de Sierras Chicas. Trabajando con materiales industriales en desuso, su obra entiende el cuidado ambiental como un gesto político. Cada especie, cada forma, es una adaptación amorosa al hábitat. El arte aquí no representa la naturaleza: la defiende y la vuelve centro de conversación.

En esa misma línea de materia y memoria, Elisa Bisaro propone Reexistir, esculturas en metal reciclado que transforman la herida en unión. En diálogo conceptual con el pensamiento de Rita Segato, la muestra entiende que reexistir no es solo resistir, sino crear otras formas de habitar el mundo desde el cuidado, la comunidad y la potencia colectiva. Las piezas no muestran víctimas ni heroínas: muestran presencias que rehacen sentido.

Redes, ansiedad y vulnerabilidad

Uno de los ejes más contemporáneos del ciclo es 100 días sin Instagram, instalación de Lisette Coronada. Nacida de un diario íntimo escrito tras eliminar la aplicación en un momento de vulnerabilidad emocional, la obra reconstruye cien días atravesados por duelo, soledad, ansiedad y búsqueda de sentido.

En una habitación recreada, el público escucha la voz en off de la autora narrando ese proceso en primera persona. Cada día revela escenas mínimas y movimientos emocionales que componen un autorretrato honesto. La instalación interpela un vínculo que muchas veces se naturaliza: la dependencia afectiva con las redes sociales y la dificultad de habitar aquello que duele cuando el ruido externo se apaga.

Obra de Lisette Coronada

Pintura, mandiles y territorios fragmentados

El recorrido incluye además una selección itinerante del Premio de Pintura Bancor, con obras de autoras mujeres de la colección del Museo Tamburini, fortaleciendo la circulación de narrativas pictóricas contemporáneas y federales.

Carina López resignifica el delantal en La potestad del Mandil, transformándolo en objeto artístico y símbolo de memoria doméstica, hospitalidad y debates sobre feminidad y trabajo invisible. Entre fotografías, textiles e intervenciones, el mandil deja de ser accesorio para convertirse en archivo afectivo.

Por su parte, Florencia Gieco presenta El territorio temporal, una construcción fragmentada y subjetiva, donde grabado y textil se entrelazan para construir un mapa sensible. Los yuyos que habitan los paisajes de la infancia —pequeños, persistentes, aparentemente mínimos— se vuelven metáfora de aquello que, aunque periférico, nos constituye.

Un museo que es encuentro

La programación se expande en charlas, debates y música. Desde el rol de los reporteros gráficos en dictadura hasta el tributo a Mercedes Sosa, pasando por la obra Los Monstruos van Debajo de la Cama de Natalia Buyatti, en el marco del 15° aniversario del espacio. Cada actividad suma una capa más a esta trama de memoria activa.

Las muestras pueden visitarse hasta el 13 de junio, de martes a sábados de 10 a 18 h, con entrada libre y gratuita. Pero más allá de la agenda y los horarios, lo que sucede en el Espacio Cultural Museo de las Mujeres es otra cosa: es una conversación intergeneracional que se activa cada vez que alguien cruza esa puerta. Es la memoria que deja de ser pasado para convertirse en práctica cotidiana. Es el arte entendido no como objeto decorativo, sino como gesto político, como abrazo colectivo, como insistencia.

Entre charlas, libros, escenas y canciones, marzo se transforma en un espacio de encuentro donde la memoria no es pasado inmóvil sino práctica viva.

En un año atravesado por los 50 años del golpe y por las luchas que el 8M vuelve a poner en la calle, este marzo no se limita a conmemorar: interpela. Las obras no piden contemplación pasiva; invitan a posicionarse. A recordar a Nora Cortiñas no solo como símbolo, sino como ética viva. A escuchar el eco de Mercedes Sosa como un canto que sigue abriendo caminos. A entender que cada gesto artístico —desde un metal reciclado hasta un diario íntimo sin redes— es una forma de decir “aquí estamos”.

El Museo cumple 15 años y lo celebra como mejor sabe hacerlo: abriendo sus puertas, multiplicando voces, tejiendo redes reales en tiempos de pantallas. Marzo, entonces, no es apenas una fecha: es una declaración. Un territorio que crea, abraza y resiste. Y que nos recuerda que la memoria, cuando se comparte, deja de doler en soledad y se transforma en fuerza colectiva.