Martín Meza: el corazón detrás de Chañarmuyo

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Dejó las finanzas en Corrientes para liderar la producción en el desierto riojano. Descubrí cómo Martín Meza transforma un suelo pedregoso en vinos con identidad y alma colectiva.

Martín Meza no siempre estuvo entre viñedos. Antes de ser el responsable de producción en la bodega riojana para la familia Chamas, su mundo eran los números y las oficinas en Corrientes. En 2012, a travez del dueño de la bodega, Jorge Chamas, llegó a Chañarmuyo con un plan de apenas seis meses para ordenar la administración, pero el impacto del paisaje y la calidez de su gente lo atraparon por más de 14 años.

El cambio fue radical: del verde litoraleño pasó a la aridez de un desierto riojano extremo. Enfrentó inviernos crudos y un suelo pedregoso que muchos consideraban imposible de cultivar en los inicios del proyecto. Martín entendió rápidamente que la calidad nace en el viñedo, y que esa piedra es en realidad el gran secreto detrás del carácter único de sus uvas.

Desde 2014, lidera la operativa donde la gestión se une a una pasión inexplicable por la industria. Junto al enólogo Matías Prieto, supervisa constantes microvinificaciones buscando perfiles más frescos y frutales. Detrás de etiquetas como Viña Providencia o el exclusivo Cinco Hileras, hay historias de esfuerzo colectivo, como cuando los vecinos ayudaron a enfriar el Chardonnay con hielo de sus propios hogares.

Para Martín, el vino es un momento de disfrute que rompe con todas las estructuras tradicionales. Se anima a recomendar un blanco con madera para acompañar un asado o el innovador Syrah de maceración carbónica para disfrutar bien frío. Su transición de las finanzas al alma de la bodega demuestra que, con un equipo unido, el desierto puede dar frutos extraordinarios.