Argentina, entre algunas dudas y un corazón que nunca negocia: la Scaloneta busca superar otro obstáculo

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La Selección Argentina enfrenta esta noche a Suiza por los cuartos de final del Mundial 2026. Después de dos partidos en los que mostró carácter para salir adelante, pero también dejó interrogantes defensivos, el equipo de Lionel Scaloni vuelve a ponerse a prueba ante un rival ordenado, paciente y acostumbrado a competir contra las potencias.

No fue el camino más cómodo, pero sí uno que define bastante bien a esta Argentina. El campeón del mundo llegó hasta los cuartos de final dejando en claro que todavía conserva ese espíritu competitivo que la llevó a conquistar Qatar, aunque también exhibiendo algunas grietas que antes parecían invisibles. Los triunfos ante Cabo Verde y Egipto dejaron una sensación ambigua: la clasificación nunca estuvo realmente en riesgo, pero el equipo sufrió más de lo esperado.

Ahora aparece Suiza, un rival que rara vez deslumbra, pero que casi nunca regala nada. El conjunto europeo construyó su clasificación apoyado en una estructura defensiva sólida, disciplina táctica y una enorme capacidad para mantenerse competitivo incluso cuando el partido no le pertenece. Llegó a esta instancia tras eliminar a Colombia en la definición por penales, confirmando que sabe convivir con la presión de las eliminatorias directas.

Las dudas de la Scaloneta no pasan por la calidad de sus futbolistas, sino por el funcionamiento colectivo. El mediocampo continúa siendo el motor del equipo y Lionel Messi mantiene intacta su capacidad para decidir partidos con una sola intervención, pero las desconcentraciones defensivas y algunos desajustes en las transiciones obligan a mantener la guardia alta. Scaloni analiza variantes, aunque la base seguirá siendo la misma que llevó a la Argentina hasta esta instancia.

Hay, sin embargo, algo que este grupo ha demostrado una y otra vez: cuando el fútbol no alcanza, aparece el corazón. Esa resiliencia que convirtió a la Selección en un equipo difícil de derribar sigue siendo uno de sus mayores argumentos. Argentina no siempre juega su mejor partido, pero rara vez deja de competir. Y en un Mundial, esa diferencia suele valer tanto como el talento.

Esta noche, en Kansas City, no alcanza con el peso de la historia ni con el cartel de candidato. Habrá que volver a demostrarlo en la cancha. Porque los campeonatos se construyen superando obstáculos, y Suiza representa exactamente eso: un examen incómodo para una Argentina que todavía busca su mejor versión, pero que mantiene intacta la convicción de seguir escribiendo otra página en su historia mundialista.