Ludwig Göransson: cómo aprender a escuchar África, el cosmos y un bosque con una flauta de madera

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Ludwig Göransson seen onstage at Deadline's 2025 Sound & Screen Film held at UCLA's Royce Hall on November 05, 2025 in Los Angeles, California.

Tiene 41 años, tres Oscar, cuatro Grammy y dos Emmy. Compone para algunas de las películas más grandes del mundo. Y, aun así, cada nuevo proyecto lo obliga a empezar desde cero. La historia del compositor que está redefiniendo lo que puede hacer la música en el cine.

Ludwig Emil Tomas Göransson nació en Linköping, Suecia, el 1 de septiembre de 1984. Su nombre homenajea a Beethoven y creció en una familia atravesada por la música: su padre era guitarrista de blues y profesor; su madre, pianista. Desde chico entendió que no existían géneros incompatibles, sino músicos que todavía no habían escuchado lo suficiente.

Estudió jazz e improvisación en el Real Conservatorio de Estocolmo y luego viajó a Estados Unidos con una beca para estudiar composición cinematográfica en la USC. Allí, en una fiesta universitaria jugando al pool, conoció a alguien que cambiaría su vida.

La amistad que lo hizo todo posible

Era el director Ryan Coogler. La conversación comenzó hablando de música sueca y terminó convirtiéndose en amistad. Cuatro meses después, Coogler le pidió que compusiera la música de su cortometraje Locks. Aquello fue el comienzo de una colaboración que atravesaría toda su carrera.

En la USC también conoció a Donald Glover, durante el rodaje de Community. Primero fueron colegas, hasta que Glover le escribió para pedirle ayuda con unas canciones. Göransson llegó a su departamento y descubrió que aquel actor de televisión era, en secreto, Childish Gambino.

Childish Gambino: una década de experimentación

Con Glover produjo Camp, Because the Internet y Awaken, My Love!, donde ambos se sumergieron en el funk de los años 70, estudiando a George Clinton y Funkadelic. Göransson no conocía el género: lo investigó, lo absorbió y lo transformó.

El punto culminante fue “This Is America” (2018), una canción que ambos trabajaron durante años antes de terminarla en una sesión frenética. Ganó dos de los premios más importantes de los Grammy y tuvo un impacto cultural global difícil de medir.

Ryan Coogler: de Oakland a Wakanda

Con Coogler desarrolló una regla que definiría su método: antes de escribir, hay que ir al lugar. Para Fruitvale Station grabó sonidos reales de Oakland; para Creed, visitó gimnasios de boxeo en Filadelfia. Pero Black Panther lo llevó mucho más lejos.

Para construir el sonido de Wakanda, viajó a Senegal junto a su esposa, la violinista Serena McKinney, y trabajó con el músico Baaba Maal. Recorrió aldeas, escuchó músicos locales y llegó a vivir una experiencia que describió como religiosa. De allí nació una banda sonora que mezcló orquesta, hip-hop y música africana tradicional, y que le dio un Oscar y un Grammy.

Christopher Nolan: el gran salto

Cuando Christopher Nolan lo llamó para Tenet (2020), Göransson tomó el lugar de Hans Zimmer, colaborador histórico del director. La presión era enorme, pero aquella relación terminó convirtiéndose en una nueva sociedad creativa.

Para Oppenheimer (2023) construyó una música marcada por la ansiedad, la ambigüedad moral y la devastación. El trabajo le dio otro Oscar, un Globo de Oro y un Grammy. Para Sinners (2025), volvió a trabajar con Coogler después de meses investigando la historia del blues del Delta del Mississippi. El resultado le valió su tercer Oscar.

Ahora trabaja nuevamente con Nolan en La Odisea (2026). Su decisión resume su filosofía: no utilizar una orquesta sinfónica. En su lugar aparecen liras, aulos y 35 gongs de bronce inspirados en fuentes arqueológicas griegas. “La orquesta no existía entonces”, explicó.

The Mandalorian: una flauta en el bosque

Para The Mandalorian recibió otro desafío monumental: crear música para un universo marcado por John Williams. Su respuesta fue inesperada: compró unas flautas de madera, aprendió a tocarlas y se fue solo al bosque. De aquellas sesiones de improvisación nació el tema del Mandaloriano, que le dio dos Emmy consecutivos.

El método: investigar, sumergirse y empezar de cero

La característica que diferencia a Göransson es una filosofía radical: cada proyecto es un idioma nuevo. No recicla fórmulas. Investiga, viaja, escucha y aprende antes de componer. África para Black Panther, musicólogos de la Antigua Grecia para La Odisea, archivos del blues para Sinners.

“Mi enfoque es construir sonidos desde cero para que no tengan asociaciones previas”, explicó. La idea conecta con una de sus grandes influencias, Ennio Morricone, además de John Williams y Danny Elfman: encontrar un sonido único que pueda quedar grabado para siempre.

Tres Oscar antes de los 42. Y recién empieza

A los 41 años, Göransson acumula tres Oscar, cuatro Grammy, dos Emmy y dos Globos de Oro. Trabajó para Marvel y Star Wars, para Nolan, Coogler y algunos de los artistas más importantes del pop, entre ellos Rihanna, Justin Timberlake y Kendrick Lamar.

Pero lo más interesante no son los premios, sino la actitud. Es el músico que viaja durante horas por caminos de tierra para encontrar una aldea sin señal antes de componer una película. El que, frente al desafío de Star Wars, compra una flauta y se interna en un bosque.

En una industria donde muchos compositores encuentran un sonido y luego lo repiten, Göransson hace exactamente lo contrario: destruye su propio sonido para construir uno nuevo. Y quizás ahí esté el secreto de que, aunque cada banda sonora suene diferente, todas terminen llevando su firma.