Federico Minardi y Geovana Pereyra son director y productora de la productora Cosmos, la dupla riojana que logró lo que pocos: que su primera serie fuera seleccionada entre los siete mejores proyectos del país en el Laboratorio Impulsar.
Cuando Federico Minardi y Geovana Pereyra presentaron Alcalá – Camina hacia la cima, su primera serie de ficción, no imaginaban que iban a competir codo a codo con proyectos de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Tucumán, y ganar. La convocatoria del Laboratorio Impulsar —programa federal creado por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina en articulación con el Fondo Netflix para el Desarrollo de las Habilidades y la Industria Audiovisual— recibió 125 postulaciones de todo el país. De ese total, el jurado seleccionó apenas 14 proyectos: siete largometrajes y siete series de ficción. Alcalá fue uno de esos siete en la categoría series y el único representante de La Rioja en toda la selección.
Detrás del proyecto están Fede, director y co-guionista junto a su hermano César Minardi, y Geovana, productora —y también su pareja—, quienes forman la productora Cosmos. Son estudiantes y egresados de la Universidad Nacional de La Rioja, donde cursaron la Licenciatura en Producción y Diseño Multimedial, y también realizaron una diplomatura en guion cinematográfico a través de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, en articulación con la Dirección de Cine local. El programa Impulsar los acompañó durante dos meses intensivos de capacitación virtual junto a profesionales de primer nivel de la industria audiovisual argentina e internacional, y culminó el 20 de agosto de 2026 con una jornada presencial en la Universidad Torcuato Di Tella, donde las 14 duplas presentaron sus proyectos mediante pitches y teasers ante más de 40 referentes del sector.
Fede y Geovana hablaron de la serie, del proceso creativo, de los desafíos de producir cine en el interior del país y de todo lo que nadie te enseña hasta que estás ahí parado frente a un equipo de veinte personas, con el reloj corriendo y una escena que rehacer.
¿Cómo empezó todo esto y en qué momento apareció la posibilidad de presentarse al Laboratorio Impulsar?
Fede: Venimos de la carrera en la UNLaR y de una diplomatura en guion que se hizo en conjunto con la Dirección de Cine local, en articulación con la Universidad de Tres de Febrero, en Buenos Aires. Ahí empezamos a escribir esta serie. Siempre fue un desafío: tenés que atrapar al espectador capítulo a capítulo, tener un gancho en cada momento. Y siempre la pensamos como serie, nunca como película o cortometraje, aunque nos lo preguntaron.
¿Y qué fue lo que encontraron en esa historia que les hizo pensar que valía la pena llevarla adelante?
Fede: A mí me gusta escribir cosas que vi, que sentí, que viví. Nuestro alrededor está lleno de personas con su lucha, su misticidad, sus contradicciones, y eso te permite explorar y desarrollar personajes reales. Si tenés un tema y vas sumando capas de personaje, cuando alejás la vista ya tenés todo bastante desarrollado.
En ese sentido, Alcalá parece tener mucho de las personas y del lugar que ustedes conocen. ¿De qué trata la serie?
Geovana: Cuenta la historia de un adolescente de diecisiete años que vive convencido de que no tiene lugar en el mundo. Él y su madre regresan a La Rioja, donde todavía pesa el recuerdo de su abuelo Washington, un antiguo campeón de boxeo. Cuando vuelve a la escuela, sufre bullying. Pero, a pesar de toda esa carga, muestra una habilidad natural para defenderse. Aparece entonces Rito, un entrenador de boxeo que lo lleva a un gimnasio de barrio. Alcalá no va solo a aprender a pelear: va a tener que enfrentarse con su historia, con su pasado —un pasado que tampoco es del todo suyo— y elegir su propio camino.
Y ahí aparecen personajes que no responden necesariamente al clásico esquema de buenos y malos.
Geovana: Eso nos lo reconocieron mucho en el proceso. Nuestros personajes tienen matices, no son blanco o negro: hay grises. El antagonista no es el villano clásico, sino alguien que ve la misma realidad que el protagonista desde otro ángulo.
Fede: Nos tocó vivir muchas cosas y conocer muchas personas. Washington, el abuelo de Alcalá, está inspirado en mi abuelo real: un tipo que agarraba chicos de la esquina —chicos que yo mismo evitaba por miedo— y les decía: «Vamos a entrenar». Y al otro día ya no volvían a la esquina. Rito es el ayudante de ese entrenador. Después hay personajes que nacieron de mirar al albañil de enfrente, al pibe del barrio. Los tenemos tan integrados que es como si existieran.

Trabajar juntos ya debe ser un desafío. Pero hacerlo como director y productora, y además siendo pareja, debe sumar otra capa. ¿Cómo lo llevan?
Fede: Como director, lo más difícil es mantener la mirada, controlar cada detalle, marcar el ritmo. Pero sin la productora no hay rodaje. Ella tiene que conseguir el equipo, los actores, los permisos, los espacios, resolver lo que explota en tiempo real.
Geovana: En el rol de productora tenés que ceder mucho. Hay cosas que yo hubiera hecho distinto, pero terminás confiando. Lo más difícil fue coordinar a todo el equipo técnico —cien por ciento riojano y muy profesional— y, al mismo tiempo, lograr que la visión de Fede se pudiera producir. Muchas veces le dije: «Tranquilo, ya está resuelto», cuando todavía no lo estaba.
En ese contexto, ¿qué tiene que tener una persona para ser un buen productor?
Geovana: Mucha paciencia, la cabeza siempre fría y, sobre todo, estar abierta a todas las opiniones. No cerrarse y decir: «Se hace a nuestra manera». En rodaje, todo lo que vivís no te lo esperás hasta que estás adentro.
Y para alguien que está empezando, entrar a un laboratorio de estas características debe ser una experiencia enorme. ¿Cómo fueron esos dos meses de capacitación?
Geovana: Fueron dos meses muy intensos. Tuvimos formación en dirección, producción, sonido, montaje, dirección de arte y guion, con personas de trayectoria enorme. Estuvimos con Estela Cristiani, directora de En el Barrio; con Diego Ventura, productor de Envidiosas; y con otros profesionales que trabajaron en películas que todos conocemos.

Nuestro tutor a lo largo de todo el proceso fue Jorge Bechara, director de Herederos de Padre Coraje para Pol-Ka. Fue un ángel: cuando llegábamos agotados de nuestros otros trabajos y con la cabeza llena de dudas, él nos decía: «No te preocupes, los rodajes siempre parecen imposibles y siempre terminan llegando».
Fede: Es como si fueras futbolista y en tu primer partido conocieras a Messi. Nosotros nos habíamos inspirado en El Marginal para la mirada social de Alcalá, y de repente te encontrás hablando con la directora que hizo eso. Sabrina Farji, que dirige la Mesa del laboratorio, nos dijo que habíamos logrado «todo en uno». Eso también te da ganas de seguir.
Pero en un proceso así también hay que aprender a renunciar. ¿Hubo algo que tuvieron que sacar y que todavía les duele?
Fede: Sí, y todavía duele. Hay una escena increíble que tuvimos que cortar. Jorge nos lo había advertido: «No se enamoren de las escenas». Y era lo primero que yo hice: me enamoré. Pero en un teaser de un minuto y veinticinco segundos no podés meter diez capítulos de veinticinco minutos y, además, una escena hermosa que pierde el ritmo. El formato te obliga. Hoy la tendencia es que todo sea rápido, que enganche en segundos, y nosotros tuvimos que adaptarnos a eso.

¿Y cómo llegaron a los actores que finalmente forman parte de la historia?
Geovana: El protagonista, Ian Rodríguez, ya lo teníamos de un episodio piloto previo. Él hace boxeo de verdad. Para el teaser abrimos una convocatoria de casting con la guía de nuestra coach actoral, Valeria Castillo, y elegimos según las características de cada personaje. Quedamos muy conformes con el resultado.
Fede: Con Ian hubo un momento de rodaje en el que casi no paro de filmar porque me emocioné. Le hice unas preguntas sobre por qué empezó a hacer boxeo, sobre lo que sentía en ese momento. No sé qué activé, pero lo que hizo frente a la cámara tenía un dolor, una intensidad, una transparencia que era imposible no verla. Todo el equipo estaba en silencio mirando el monitor. Cuando terminó, dijimos: «Es por acá».
Más allá de la serie, ¿qué les terminó dejando todo este proceso a ustedes?
Geovana: Me di cuenta de lo que soy capaz de movilizar. La noche antes de una escena que necesitaba cien personas, se habían caído varias confirmaciones. Empecé a llamar, a convocar, y llené todas las gradas. Esa satisfacción me hizo ver dónde estoy parada y lo que puedo hacer.
Fede: Aprendí a autoexigirme, a decirme: «Sí puedo». Y aprendí el peso de las palabras: en un rodaje, una respuesta mal dada puede generar algo feo en alguien que está dando todo por tu proyecto. La comunicación es clave y no siempre lo hice bien, pero eso también es parte del aprendizaje constante.

Si pudieran volver al comienzo, ¿qué consejo les hubiera gustado recibir?
Geovana: Que no me desanimara. Como estudiantes hacemos todo a pulmón y muchas veces uno piensa que el destino de un proyecto es que lo vea poca gente y listo. Me hubiera gustado que alguien me dijera antes: «Metéle por acá, no lo dejes estancado».
Fede: Que siguiera adelante. Que la decisión que tomé era buena. Nosotros pensamos esta serie para los Oscar cuando teníamos apenas cien seguidores en YouTube. Eso suena loco, pero es parte de soñar alto y trabajar mucho. Si tenés un objetivo, tomás decisiones en función de él, aunque en ese momento haya mucha incertidumbre.
Y ahora que terminaron esta etapa, ¿qué esperan que pase con Alcalá?
Fede: Presentamos ante un panel de más de cuarenta referentes de la industria en la instancia final del laboratorio. Hay dos productoras que están esperando que terminemos de escribir el guion completo —entre ciento cincuenta y cuatrocientas cincuenta páginas para diez capítulos de la primera temporada—. Y ya tenemos confirmada una intención de coproducción con una productora paraguaya con varios premios internacionales.
El proyecto tiene vocación federal, quiere mostrar una historia del interior del país, y eso genera interés genuino.
Geovana: Queremos que Alcalá llegue lejos. Y también queremos generar algo acá en La Rioja: comunidad, capacitaciones, proyectos. Si no hay una carrera de cine, nadie va a ser cineasta. Eso queremos cambiar.








