Postales de los Primeros After Wine

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Hay geografías que exigen ser leídas a través del corcho. Las provincias de Catamarca y La Rioja comenzaron a trazar un nuevo mapa de experiencias con la propuesta de Caballo Dorado, una iniciativa que combina degustaciones guiadas de selección obsesiva con la alta gastronomía local. Lejos de los circuitos tradicionales, el noroeste profundo demuestra que tiene pulso, relato y una copa bien alta para brindar.

Catamarca: Altura y sofisticación en el Hotel Arenales

El punto de partida tuvo como anfitriona a la terraza del Hotel Arenales, donde la hospitalidad catamarqueña se tradujo en un servicio de excelencia. Cada paso del menú funcionó como un pasaje directo a la sensibilidad del terroir. El gran protagonista de la noche fue el Pie de Monte Malbec (Finca Las Jarillas, cosecha 2022), un vino de precisión que encontró su alter ego en un ojo de bife impecable. La textura cremosa de la carne dialogó sin fricciones con los taninos redondos del vino, logrando ese maridaje clásico pero ejecutado con maestría contemporánea.

La Rioja: Autenticidad y audacia en Zoita

Cruzando a tierras riojanas, la ruta encontró refugio en Zoita, un verdadero emblema de la restauración en la capital. Allí, cada plato sonó como un manifiesto de autenticidad culinaria. La apuesta vinícola recayó en los etiquetas de Bodega Nina, destacando dos momentos memorables:

  • El gran choque cultural y gustativo: El Gran Nina Petit Verdot se atrevió a desafiar los manuales al maridar con un alfajor de cabrito, un bocado que fusionó la potencia de la carne regional con la estructura firme del vino.
  • El Nina Naranjo: El cierre dulce coronó la velada con el Nina Naranjo, un vino que cosecha adeptos sorbo a sorbo gracias a su frescura y complejidad aromática, demostrando que La Rioja sabe reinventarse desde sus raíces.

Estas experiencias demuestran que el vino argentino no solo se bebe; se camina, se hospeda y se come con identidad propia.