
Murder in a Small Town, la serie protagonizada por Rossif Sutherland y Kristin Kreuk, llega a Latinoamérica el 19 de agosto por Universal+. Detrás de sus asesinatos, sus secretos y su romance hay una historia inesperada: el proyecto nació hace más de tres décadas y estuvo ligado desde el comienzo a Donald Sutherland, padre de su protagonista. Treinta años pueden parecer demasiado tiempo para cualquier proyecto audiovisual. Pero algunas historias tienen una manera extraña de esperar.
A comienzos de los años 90, el guionista canadiense Ian Weir recibió el encargo de adaptar The Suspect, la primera novela de la saga policial de L.R. Wright protagonizada por Karl Alberg. Donald Sutherland se había interesado por el proyecto y llegó a estar vinculado a aquella primera versión cinematográfica. Weir trabajó junto al actor y al productor Nick Orchard en el intento de llevar los libros al cine, pero el financiamiento nunca terminó de aparecer y la película quedó en suspenso.
Más de tres décadas después, aquella historia encontró otra forma de llegar a la pantalla: una serie de televisión. Y el protagonista terminó siendo, casi como si el guion hubiera decidido cerrar un círculo por su cuenta, el hijo de aquel actor. Rossif Sutherland aceptó interpretar a Karl Alberg sin saber que su padre había estado involucrado en el proyecto original. Cuando consiguió el papel, fue a contárselo a Donald. Al describirle al personaje, su padre reconoció inmediatamente el universo de las novelas. Fue entonces cuando Rossif descubrió que aquella historia llevaba unos treinta años dando vueltas alrededor de su familia.

“Donald fue muy, muy importante para el proyecto desde sus comienzos”, recordó Ian Weir, quien todavía podía escuchar la voz del actor en aquellas primeras reuniones de guion. El proyecto había crecido junto a él: Sutherland había leído el guion, después las novelas y se había involucrado profundamente con los personajes. Donald Sutherland murió en junio de 2024, poco antes del estreno original de la serie. Por eso Rossif propuso que la producción llevara una dedicatoria a su padre. “Como papá tuvo una relación tan íntima con el nacimiento de este proyecto, propuse que se lo dedicáramos”, explicó el actor.
La anécdota podría ser suficiente para convertir a Murder in a Small Town en una curiosidad dentro de la temporada televisiva, pero la serie tiene otra particularidad: no pretende convertir a Karl Alberg en el típico detective atormentado que llega a un pueblo pequeño para descubrir que debajo de cada sonrisa hay un asesino.

Karl viene de Minneapolis y decide abandonar el trabajo policial de una gran ciudad para convertirse en jefe de policía de Gibsons, una localidad costera de la Columbia Británica. Busca algo parecido a una segunda oportunidad, una manera de bajar el ruido después de años de desgaste. El problema es que el pueblo tranquilo que imaginaba no tarda demasiado en demostrar que también tiene sus propios fantasmas.
A comienzos de los años 90, el guionista canadiense Ian Weir recibió el encargo de adaptar The Suspect, la primera novela de la saga policial de L.R. Wright protagonizada por Karl Alberg. Donald Sutherland se había interesado por el proyecto y llegó a estar vinculado a aquella primera versión cinematográfica.
La elección de Rossif Sutherland para interpretarlo también se aleja de algunos lugares comunes del género. Weir describió a Alberg como un hombre que no necesita imponerse mediante la intimidación. Su método está más relacionado con la observación y con la capacidad de acercarse a las personas. En palabras del propio Rossif, el personaje no está dominado por esos “demonios” que suelen definir al detective televisivo tradicional: lleva sus emociones a flor de piel y utiliza su humanidad como una herramienta para llegar a la verdad. Y ahí aparece Cassandra Lee, interpretada por Kristin Kreuk.

Bibliotecaria, promotora de las artes y profundamente involucrada con la vida cultural de Gibsons, Cassandra funciona como contrapunto de Karl. El vínculo entre ambos no aparece solamente como una pausa romántica entre investigación e investigación: se convierte en uno de los ejes emocionales de la historia. La serie combina así el policial con una relación que permite conocer a Karl lejos de su uniforme y de los interrogatorios.
Kreuk, además, no llega al proyecto por primera vez de la mano de Ian Weir. El creador de la serie ya había trabajado con ella años atrás en Edgemont, una producción canadiense que fue uno de sus primeros trabajos televisivos importantes. Ahora vuelven a encontrarse en una historia completamente diferente.
Rossif Sutherland aceptó interpretar a Karl Alberg sin saber que su padre había estado involucrado en el proyecto original. Cuando consiguió el papel, fue a contárselo a Donald. Al describirle al personaje, su padre reconoció inmediatamente el universo de las novelas.
El resultado busca moverse entre dos registros: el misterio criminal y una atmósfera más cercana al policial clásico de personajes. La primera temporada no se limita a repetir una fórmula de asesinato semanal. Según explicó Weir, los casos también incluyen un secuestro y una investigación que comienza pareciendo un homicidio para luego revelar que las cosas no son exactamente lo que parecían.

Ese juego con las apariencias resulta especialmente apropiado para un pueblo como Gibsons. En la superficie, todo parece estar en su lugar: el paisaje costero, la biblioteca, los vecinos que se conocen entre sí, las conversaciones cotidianas. Pero la tranquilidad es también una forma de ocultamiento. Karl llega desde una ciudad donde el crimen era parte del paisaje y descubre que, en una comunidad pequeña, los secretos pueden estar mucho más cerca.
La serie está basada en la saga de nueve novelas de L.R. Wright sobre Karl Alberg, una autora canadiense cuya obra recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Edgar. La adaptación conserva esa estructura de misterio clásico, pero la traslada a un universo televisivo en el que el desarrollo de los personajes tiene tanto peso como la resolución de los casos. Quizás ahí esté la verdadera historia detrás de Murder in a Small Town: no solamente la de un detective que llega a un pueblo aparentemente tranquilo, sino la de un proyecto que también tuvo que atravesar su propio laberinto de secretos, demoras y caminos inconclusos antes de encontrar finalmente su lugar.
Cuando la serie se estrene en Latinoamérica, el 19 de agosto por Universal+, llegará como una producción policial canadiense protagonizada por Rossif Sutherland y Kristin Kreuk. Pero detrás de ese título hay algo más difícil de encontrar en una gacetilla: una historia que comenzó hace treinta años con Donald Sutherland, pasó por Ian Weir, quedó detenida durante décadas y finalmente encontró a Rossif en el centro de la escena. A veces una producción tarda tanto en llegar que termina convirtiéndose, sin proponérselo, en parte de la historia familiar de quienes la hacen.







