Más de cincuenta años después de Sui Generis, Nito Mestre sigue encontrando nuevas formas de estar en el presente. De Milo J a Dillom y Yami Safdie, su voz vuelve a cruzarse con generaciones que no vivieron los años fundacionales del rock argentino, pero que todavía encuentran algo propio en aquellas canciones.
El tiempo suele hacer una operación bastante injusta con los músicos que forman parte de la historia: los convierte en recuerdo. Nito Mestre consiguió esquivar, al menos hasta ahora, esa trampa.
Su nombre está inevitablemente asociado a Sui Generis, a Charly García, a los años setenta y a un puñado de canciones que forman parte de la memoria afectiva argentina. Pero quedarse solamente con esa postal sería perder de vista lo más interesante de su presente: Mestre continúa haciendo música, subiendo a los escenarios, grabando y, sobre todo, dialogando con artistas que pertenecen a generaciones muy alejadas de aquella en la que comenzó su carrera.
Canción para mi muerte, Rasguña las piedras, Aprendizaje, Confesiones de invierno, Cuando ya me empiece a quedar solo. Son canciones que atravesaron décadas sin perder la capacidad de generar identificación. Algunas fueron escritas cuando buena parte de quienes hoy las escuchan todavía no había nacido. Y, sin embargo, siguen ahí.

Una canción no envejece sola
Quizás la mejor manera de entender la vigencia de Nito Mestre no sea volver una y otra vez a sus discos, sino observar quiénes se acercan hoy a ellos. En los últimos años, su música encontró nuevos interlocutores. Milo J compartió con él una interpretación de Canción para mi muerte ante un Estadio de Morón colmado. La escena tenía algo más que valor simbólico: una canción nacida en los setenta encontraba una nueva lectura en la voz de uno de los artistas jóvenes más representativos de la música argentina actual.
Más de cincuenta años después de aquellos primeros acordes, Nito Mestre continúa buscando esa manera.Y quizás por eso sus canciones todavía encuentran dónde sonar.
Después llegó Cirugía, de Dillom, interpretada por Mestre en ¡FA!, el ciclo de Mex Urtizberea. No era una mirada retrospectiva sobre su propia obra, sino el movimiento contrario: un artista histórico entrando en el territorio de una generación posterior.
También compartió escenario con Yami Safdie, interpretando Quizás porque junto a Yago Escrivá, de Ainda, en el Teatro Ópera. Tres encuentros diferentes. Tres maneras de comprobar que las canciones pueden cambiar de época sin perder necesariamente su identidad. Porque una canción también se mantiene viva cuando otros músicos encuentran en ella una puerta de entrada.


De Sui Generis hacia adelante
Mestre tenía poco más de veinte años cuando Sui Generis comenzó a convertirse en uno de los fenómenos fundamentales del rock argentino. Junto a Charly García construyó un repertorio que ayudó a transformar la relación entre el rock, la canción y el público. Después de aquella historia llegó otra.
Mestre continúa haciendo música, subiendo a los escenarios, grabando y, sobre todo, dialogando con artistas que pertenecen a generaciones muy alejadas de aquella en la que comenzó su carrera.
La despedida de Sui Generis no significó el final del recorrido. Mestre inició una extensa carrera solista que ya supera las cinco décadas, con discos, giras, presentaciones internacionales y colaboraciones que fueron consolidando una identidad artística propia.
Su voz se convirtió en una de sus principales firmas. Pero también lo hizo una forma de interpretar: sensible, reconocible, íntima, capaz de sostener canciones que muchas veces dependen más de la emoción que del artificio.
El escenario cambió. Cambiaron los formatos, las tecnologías, las formas de escuchar música y hasta buena parte del lenguaje de la industria. La voz de Mestre, sin embargo, siguió encontrando un lugar.

Un nuevo capítulo
Ahora esa historia suma otra página. Nito Mestre se incorporó al equipo de management de DG Experience, la productora liderada por Daniel Grinbank, para comenzar una nueva etapa profesional enfocada en el desarrollo de sus próximos proyectos y en la expansión de su actividad tanto en Argentina como en el exterior.
El movimiento llega mientras prepara nuevas grabaciones de estudio y mantiene una agenda de conciertos en la que conviven los clásicos de siempre con nuevas composiciones y versiones pensadas para el vivo.
No es poco para una carrera que comenzó hace más de medio siglo. Pero quizá lo más interesante sea que este nuevo capítulo no parece plantearse desde la nostalgia. El pasado está presente, por supuesto. Sería imposible separar a Nito Mestre de la historia que ayudó a construir. La diferencia es que hoy esa historia no funciona como punto de llegada, sino como punto de partida.
En los últimos años, su música encontró nuevos interlocutores. Milo J compartió con él una interpretación de Canción para mi muerte ante un Estadio de Morón colmado.
Mestre sigue cantando aquellas canciones. También canta otras. Se encuentra con músicos jóvenes. Se mete en repertorios ajenos. Revisa su propia obra. Sale de los lugares cómodos.
Y en ese movimiento aparece una idea sencilla, pero poderosa: la vigencia no consiste en permanecer igual mientras todo cambia alrededor. Consiste en encontrar una manera de seguir perteneciendo al presente. Más de cincuenta años después de aquellos primeros acordes, Nito Mestre continúa buscando esa manera.Y quizás por eso sus canciones todavía encuentran dónde sonar.







