Fiorel: “La música es un lugar de refugio que te acompaña”

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La cantante y compositora encuentra en el folklore argentino un territorio para construir su propia identidad artística. En diálogo con RANDOM, habla de Crezco del viento, la improvisación, el valor de la tradición y la huella de su padre, Piero, cuya música y cuyos principios siguen acompañándola.

La música puede ser una herencia, una vocación y también una manera de atravesar los momentos difíciles. Para Fiorela De Benedictis, conocida artísticamente como Fiorel, esas dimensiones conviven en una búsqueda que fue encontrando en el folklore argentino su lenguaje más personal.

Hija de Piero, creció rodeada de canciones, artistas y conversaciones musicales. Cantó durante ocho años en el Coro de Niños del Teatro Colón, recorrió distintos géneros y, con el tiempo, comenzó a acercarse a la poesía del folklore desde un lugar propio. Hoy, además de interpretar un repertorio que conecta distintas generaciones, desarrolla sus composiciones y explora las posibilidades de la improvisación.

En Crezco del viento, junto a Sol Portillo en vientos y Martín Quaglia en guitarra, propone un encuentro íntimo entre la voz, los instrumentos y la memoria musical de nuestro continente. En esta conversación con RANDOM, Fiorel habla de sus búsquedas, de la libertad de cantar sin repetir siempre la misma versión y de la presencia de su padre, una figura que continúa inspirándola en el escenario y en la vida.

Acabás de presentar Crezco del viento, un proyecto que lleva mucho tiempo de trabajo, composición y búsqueda. ¿Qué sensaciones te deja poder compartirlo con el público?

En verdad es un tesoro porque la música es un lugar de refugio que te acompaña, ¿no? Cada canción es un encauce, un sentir que, eso, transitarlo con la misma música y con mis amigos que me acompañan, instrumentistas, en verdad es un placer enorme. Así que me siento muy agradecida y hoy en día, que estoy también atravesando un momento difícil, es una gran herramienta, un gran, como un mantra. Que ayuda mucho.

La música fue parte de tu vida desde siempre y tu papá te la transmitió también desde ese lugar de refugio y compañía. ¿Cómo sentís hoy ese vínculo con la música y con las canciones que él dejó?

Tal cual, sí. Por suerte, en mi casa siempre atesoramos un montón la música. Bueno, mi papá me la transmitió siempre desde este lugar de refugio y compañía. Así que hoy en día la misma música y la que ha dejado él, todo eso es algo muy, muy preciado que me ayuda en cada instancia.

Crezco del viento es también el título de una composición tuya. ¿Qué representa esa imagen en tu universo artístico?

Crezco del viento busca nombrar esto de que uno en esta vida quiere crecer y para eso tiene que atravesar cosas, miedos, incomodidades y cosas que te terminan haciendo más fuerte. También hay algo que yo siento: mi voz está muy asociada a ese elemento. Y bueno, el instrumento más solista del grupo son los vientos también.

También está esto de la improvisación. En verdad tejemos un tejido musical que tiene que ver mucho con la improvisación. Si bien trabajamos sobre algunos arreglos, hay mucho espacio para que cada uno pueda expresar desde la emoción que tiene el día de la ejecución, que no siempre es la misma.

Así que ahí hay algo de riesgo, porque a veces nos metemos en unos bretes, pero en verdad es algo que sentimos muy rico, muy interesante.

“…Algo propio siento que encontré cuando me empecé a vincular con el folklore…”

¿Cómo nació el proyecto y qué lugar ocupa en él la tradición musical de nuestro continente?

El nombre nació, en verdad, como el título de mi tesis cuando me recibí el año pasado. Fue el nombre de un concierto que tenía estas características, porque hay canciones que ya te hacen sentir aire de aventura, que ya transitarlas es un loco.

Eso era una divulgación de folklore latinoamericano, pero, sobre todo acá, a modo de reconocer este patrimonio cultural que, si le seguimos los rastros, las huellas, es nada más y nada menos que la historia del continente, la colonización y el mestizaje que van sucediendo a partir de eso. Así que lo sentimos con el grupo como una forma de conocernos a nosotros mismos, conocer las tradiciones y este patrimonio tan lindo que tenemos, folclórico.

En el folklore conviven un repertorio inmenso y una historia que sigue dialogando con las nuevas generaciones. ¿Qué te interesa conservar de esa tradición y qué te gusta transformar o llevar hacia otros lugares?

Está buena la pregunta porque yo escuché, ya no me acuerdo bien quién dijo esto, pero no existe modernidad sin tradición y no existe tradición sin modernidad, ¿no? Qué hermoso que es dialogar con la tradición sin seguir completamente una reproducción así tal cual, sino darle a cada uno su esencia desde donde le sale.

Entonces me parece que es muy importante conocer, porque en verdad hay un montón de herramientas y se despiertan curiosidades. Yo no podía parar cuando empecé a vincularme con esto. También soy docente y veo cómo los chicos se vuelven locos, en verdad despiertan una curiosidad que tiene sentido, porque es nuestra historia y, bueno, ha sido siempre tejida desde esto: una modernidad, pero a través de una tradición y viceversa. Me parece que eso lo irá trazando uno, dónde está el límite, ¿no? Pero mientras estén esas dos cosas va a estar bueno.

En el escenario, la improvisación permite que cada presentación sea diferente. ¿Cómo vivís esa libertad y qué lugar ocupa la palabra en tu manera de cantar?

Todo tiene su complejidad, ¿no? El límite lo pone uno. Yo suelo disfrutar mucho con la palabra, como que siento que viajo mucho a través de las palabras que estoy diciendo.

Siempre el repertorio que elegimos suele estar cargado de una poética que te lo permite, ¿no? Está lleno de imágenes y, cuando uno nombra el viento, cuando uno nombra el agua, cuando uno nombra, qué sé yo, distintas cosas que ya en su concepto tienen un mundo para explorar. Y yo me siento guiada mucho por ahí, bueno, también por lo que le escucho a mi compañero que hace. Me gusta también viajar con esas escuchas.

¿Qué significa para vos cantar canciones que nacieron en otro tiempo y en otro paisaje? ¿Cómo buscás comunicarte con el público a través de ellas?

A mí me encanta pensar los temas como una forma de comunicarme. Ojalá que así sean. A mí me pasó, ponele, que yo crecí con mucha música, también me gustaba el pop y cosas en inglés que yo no entendía, y me iba más por el viaje de la música que de la letra.

Y después, en algún momento, me redirijo, me escucho hacia la letra y siento que pasa mucho que, en general, en vivo es difícil que te escuchen una letra nueva. La atención fluctúa, y está bien que eso sea así, pero qué lindo que es comunicarse, qué lindo que es tratar de atrapar al otro en esa seguidilla de palabras y conceptos, tal vez con algún pie que abra la atención hacia un lugar concreto.

Así que en verdad lo pienso mucho como: ojalá que se lleven, no sé, así como mis alumnos, que se lleven intereses, que se despierten intereses, pensamientos, curiosidades, cosas para preguntarle, no sé, a los papás, a los abuelos, a los amigos. En verdad me parece que eso es valiosísimo.

Además de la música, tenés la docencia, estudiás, hacés actividad física, aprendés sobre historia y fitoterapia, organizás grupos de lectura. ¿Cómo se nutre tu creatividad fuera del mundo musical?

Siento que es re valioso no estar todo el día, en mi caso, todo el día con la música. Cuando empecé a estudiar era así y por suerte hoy en día tengo otras actividades. Me gusta mucho utilizar, no sé, el cuerpo y hacer actividad física, yoga o algún entrenamiento. También me gusta aprender mucho de historia, aprendo fitoterapia, soy muy fan de conversar mucho tiempo con alguien, con el límite del tiempo que no exista e irnos por las ramas. Me parece algo fundamental, armar comunidad. También abro grupos de lectura en mi casa, así que son varias las actividades que me parece que enriquecen la inspiración.

¿Qué te impulsa a componer? ¿De qué manera aparecen en tus canciones las experiencias, las imágenes y las emociones que vas recogiendo?

Siento que, a la hora de abrir el espacio para componer, ya sea llevándome con alguna excusa de «bueno, ahora vamos a componer» o de algo más que se te viene y te sentás a componer en el instante, todo lo que pienso y lo que siento está nutrido de todo esto que te cuento, como que termino hablando de esas cosas, de lo que siento.

“…Sigo trabajando como haciéndole fiel a esa niña…”

¿Qué artistas y compositores te alimentan musicalmente hoy? ¿A quiénes volvés cuando necesitás reencontrarte con el rumbo?

Escuché mucho a papá, a Atahualpa Yupanqui, pero también Juan Quintero y Raúl Carnota son dos ejemplos de una tradición modernizada. Juan Falú también, Liliana Herrero, Pedro Rossi y Ernesto Méndez. Hay muchos artistas contemporáneos que hacen esto de modernizar una tradición, súper interesante.

Bueno, Movilésky con Falú. Escucho también mucho instrumental, ahí ya te nombré a mis ídolos máximos. Y después, a través de La Negra (Sosa), siempre conociendo el repertorio y a través de su sentir tan profundo, tan conmovedor. Así que sí, seguramente me olvido de gente, pero esos son como unos referentes bien grandes que tengo hoy en día.

Creciste rodeada de música y desde muy chica cantabas. ¿Cuándo te diste cuenta de que también querías dedicarte a ella, aun sabiendo que no siempre es un camino fácil?

Sí, tal cual. Yo desde que tengo memoria canto arriba de la mesa todo el día. Y me acuerdo, ¿sabés qué? A eso de los ocho años ya tenía estos pensamientos de: «Bueno, che, el músico igual la tiene complicada». Tenés un gran miedo.

Es chiquita para pensar esas cosas, pero me acuerdo de un momento de lucidez donde dije: «¿qué estás pensando, si lo que más te gusta hacer en la vida es cantar?». Así que sigo trabajando como haciéndole fiel a esa niña.

Cantaste durante ocho años en el Coro de Niños del Teatro Colón. ¿Qué te dejó esa experiencia, tanto en tu formación musical como en los vínculos que construiste?

Fue una etapa súper enriquecedora. Primero, la comunidad porque sigo conservando muchos amigos y mantengo diálogo ahí con mis maestros de allá. También hemos tenido la suerte de participar en óperas y festivales, cantar en la araña del Teatro Colón, experiencias que no te olvidás más.

También mucho del oído. Siento que allá formé mucho el oído. El director era un capo y por ahí nos hacía ejercicios: tocaba el piano, Mozart, Beethoven o Chopin, no sé, y nosotros teníamos que adivinar por cómo sonaba cuál era. Siento que esa clase de cosas fueron muy valiosas, pero, como te digo, en verdad la comunidad fue una experiencia muy enriquecedora.

Tu papá fue una presencia musical muy fuerte en tu vida. ¿Cómo fuiste encontrando tu propio lenguaje sin renegar de ese legado?

Yo soy guerrera, ¿no? Es como el camino del guerrero, hay que estar ahí firme y remando un montón de veces. También pasé de tocar en centros culturales a, de repente, salir de gira con papá en un teatro para cinco mil personas, yo sola con la guitarra.

Al principio era lo más parecido a un abismo que haya sentido en mi vida y por ahí me bajaba como diciendo: «Che, estaba nerviosa, no me pude expresar del todo». Siempre era como: «Bueno, sigamos adelante, ya vas a estar más fuerte». Y me fui fortaleciendo. Algo propio siento que encontré cuando me empecé a vincular con el folklore, porque hace unos cuatro años como que empecé a redireccionar mi escucha hacia la poesía y encontrar como un mundo ahí a la hora de cantar. Como que por primera vez sentía que era algo más propio y que no estaba como copiando otras cosas que escuchaba.

De tu papá también aprendiste una manera de comunicarse con la gente a través de las canciones. ¿Qué te enseñó su forma de estar en el escenario y de atravesar momentos históricos complejos desde la música?

Sí, claro. Desde estas cosas que te digo, donde cada vez iba tomando más coraje, entendiendo que hay que aceptar las versiones de uno cuando lo da todo y poder ser crítico para aprender y, bueno, también seguir adelante. Eso lo siento muy valioso.

También ver cómo papá lograba comunicarse con tanta gente de tantos lugares. Por ahí llegaba a un lugar donde estaban todos remamados y vos decís: «¿Qué conversación se puede entablar acá?». Y de repente se sabían todas las canciones y era un momento muy sagrado, ¿viste?, de conexión con el padre tal vez que se había ido o con la familia, las cosas mundanas.

A él le cantaba las cosas mundanas y despertaba una hermandad a la hora de cantar, que de repente se armaba una junta muy, muy linda.Y de ahí es como que fui tomando noción también de su forma de participar en tantos acontecimientos políticamente complejos, como la dictadura, como las guerrillas, siempre desde un lugar pacífico y con la palabra en la mano, logrando ser un revolucionario. Y en verdad uno, no sé, se inspira de esas figuras, ¿no? Un montón.

Muchas de esas canciones siguen teniendo una vigencia muy fuerte. ¿Qué lugar pensás que ocupa hoy la música popular a la hora de mantener viva la memoria y reunir a una sociedad cada vez más individualizada?

Es loco ver la vigencia que hay también en las canciones, ¿no?, cómo cobran sentido hoy. Me parece eso, que cumplen un rol de recordar, de tener memoria, pero también, che, habiendo un contexto tremendo en nuestro país y cada vez estamos más individualizados, tal vez. Entonces, qué importantes que son estos artistas que de repente nos reúnen en pos de tener esperanza. No solo la esperanza, ¿no?, sino movilizar desde nuestra particularidad para lograr un país mejor.

«…hoy en día la misma música y la que ha dejado él, todo eso es algo muy, muy preciado que me ayuda en cada instancia…»

Estás preparando un homenaje a tu papá. ¿Cómo elegiste el repertorio y qué te gustaría que suceda en ese encuentro?

Ha dejado muchos repertorios. Yo ahora me siento acompañada ahí a través de escucharlo, de su voz. Tiene una canción para cada cosa y están ahí las canciones para ser escuchadas y para que cada uno conecte cuando lo sienta.

Yo ahora estoy haciendo, el 14 de noviembre, un homenaje a papá, donde vamos a hacer varias de sus canciones con la intención de celebrar. No en todos los países se conocen las mismas, ¿viste? Hice un rejunte medio arbitrario de las que más me gustan, también entendiendo las ganas de cantar, que eso es lo más lindo. Ojalá que nos pongamos a cantar juntos, las que sabemos todos.

Va a ser un homenaje muy, muy hermoso, con invitados, así que quien quiera aparecer por allá lo recibiremos y mantendremos la bandera bien alta del amor a Piero y a su legado.

En este tiempo, arriesgo que sentirás la compañía de tu papá muy presente de alguna manera, ¿no? ¿Cómo te acompaña esa presencia en tu vida y en tu música?

Tal cual. Me ha dejado mucha, mucha manija para seguir adelante. Yo lo siento cerca y su energía me da ganas de seguir adelante y con la frente alta. Homenajearlo en sus hechos y en su persona, en sus principios.

Así siento que me han fortalecido. Yo siento que estoy fuerte mucho por su compañía, su compañía tan sagrada que, como vos decís, no siento que se haya ido esa compañía. Por suerte eso queda.

Cuando pensás en el futuro, ¿qué sueños musicales te quedan por cumplir? ¿Qué te gustaría encontrar en el camino que estás empezando a recorrer?

Sueño con explorar y explotar esto de la comunicación, así como lo ha hecho papá, que me permita dar muchos conciertos en mi vida. Yo adoro dar conciertos y siempre es un tema la convocatoria. Así que, en la medida que yo pueda dar conciertos donde haya una comunicación sagrada, como lo fue el domingo pasado con Crezco del viento, y que me permita comunicarme, conocer gente, no solo acá en Buenos Aires, sino recorrer este país hermoso y tal vez más acá en Latinoamérica…

Disfruto mucho del intercambio con la gente, el intercambio cultural y de la juntada chamánica a través de la música, que también nos hace, y tanto poder tiene, también nos puede hacer en potencia. Así que ojalá que vengan muchos conciertos llenos de gente y llenos de esto: que aflore mucho pensamiento, curiosidad y luz.

Yo soy de las que les gusta estar en su casa, pero habrá momentos donde hay que andar más liviano, como dice Crezco del viento, y andar con la mochila en la mano. Y, bueno, momentos de hacer nido, que también es necesario.