Maria Sibylla Merian: la mujer que encontró la metamorfosis antes de que existiera el ecosistema

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Una nueva edición en español recupera La metamorfosis de los insectos de Surinam, la obra de una artista, investigadora y viajera que hace más de tres siglos observó la naturaleza como una red de relaciones. Las editoras Carmín Santos Posca y Fernanda Genobesio (con quienes hablamos para RANDOM) reconstruyen el camino que llevó este libro de 1705 hasta el presente.

En 1705, cuando todavía faltaban décadas para que Linneo estableciera las bases de la taxonomía moderna, Maria Sibylla Merian publicó en Ámsterdam Metamorphosis insectorum Surinamensium. El libro reunía las observaciones que había realizado durante su viaje a Surinam y las extraordinarias ilustraciones con las que había registrado insectos, plantas y sus transformaciones. Pero detrás de aquellas láminas había algo más que una artista con una capacidad excepcional para observar y representar la naturaleza: había una mujer produciendo conocimiento científico desde un lugar que no estaba pensado para ella.

Merian había nacido en 1647 en Frankfurt y se había formado en un ambiente artístico. A los 52 años, después de separarse, viajó a Surinam junto a su hija Dorothea para estudiar directamente la flora y la fauna del territorio. Fue un viaje autogestionado y poco habitual para una mujer de su época. Allí observó especialmente el ciclo de vida de las mariposas y registró, de manera sistemática, la relación entre las larvas y las plantas de las que se alimentaban.

Más de tres siglos después, esa mirada vuelve a circular en español a través de una nueva edición publicada por Editorial ReVelada. El proyecto fue impulsado por las editoras Carmín Santos Posca y Fernanda Genobesio, quienes se encontraron con Merian mientras cursaban la Diplomatura en Humanidades Ambientales de la UNTREF. Lo que comenzó como una curiosidad por conocer aquellos textos terminó convirtiéndose en un trabajo de recuperación que cruza traducción, investigación, historia del arte y pensamiento ambiental.

“Nos dieron ganas de saber qué decían esos textos y traerlos de nuevo al presente”, cuenta Genobesio, una de las editoras y oriunda de N.de la Riestra en una entrevista con RANDOM. El interés no era solamente rescatar la obra de una mujer históricamente invisibilizada, sino recuperar una manera de mirar que hoy adquiere una inesperada actualidad: la de comprender que plantas, animales y seres humanos forman parte de una misma trama.

Una mirada que cambió la manera de entender la naturaleza

Antes de Merian, las larvas podían ser explicadas mediante ideas que hoy parecen insólitas. Se pensaba, por ejemplo, que surgían de la basura o como resultado de una generación espontánea. Su trabajo introdujo otra forma de observarlas: siguiendo su transformación y registrando, al mismo tiempo, la planta de la que se alimentaban.

Su legado también propone una pregunta que permanece abierta: qué sucede cuando dejamos de mirar a la naturaleza como una colección de elementos separados y empezamos a comprenderla como una red de vínculos.

“María Sibylla Merian investiga la metamorfosis de las mariposas, que en principio son larvas, incluyendo la planta que las alimenta y poniendo en relieve esa interacción planta-insecto”, explica Santos Posca. Sus láminas no eran solamente bellas. Tenían una rigurosidad científica que llamó la atención de botánicos y naturalistas de su tiempo. Pero esa nueva manera de entender el mundo también encontró resistencia. “Ese cambio de mirada es un quiebre muy grande en la forma que hasta ese momento se conocía ese mundo”, señala la editora.

Merian no estudiaba entonces los insectos como objetos aislados. Los observaba en movimiento, vinculados con aquello que los rodeaba. Para Genobesio, allí reside una de las razones por las que su obra todavía puede interpelarnos: “Esta nueva mirada nos recuerda que ningún ser vivo existe de forma aislada —hasta ese entonces se estudiaban insectos disecados— y que formamos parte de un ecosistema donde todo se relaciona”. La paradoja es que Merian describió esas relaciones mucho antes de que la palabra “ecosistema” formara parte del vocabulario científico.

Una mujer que decidió cambiar de vida

La propia existencia de Merian puede leerse como otra forma de metamorfosis. Su trayectoria comenzó vinculada al mundo de la ilustración y las plantas, pero fue transformándose hasta convertirse en la de una investigadora que decidió viajar, observar y producir conocimiento de manera independiente.

“Nos interesa todo. Creemos que es una vida increíble”, dice Carmín. Y hay una escena que resume para las editoras la dimensión de aquella decisión: una mujer de 52 años que se separa y emprende un viaje autogestionado con su hija en una época en la que ese gesto estaba lejos de ser sencillo. “Es algo que lo sigue siendo hoy en día”, agrega.

El viaje a Surinam no fue simplemente un desplazamiento geográfico. Fue también un desplazamiento respecto de los lugares que la sociedad de su tiempo había reservado para una mujer. Merian decidió investigar directamente aquello que quería conocer y convertir esa experiencia en una obra que circuló entre científicos, artistas y coleccionistas. Por eso, para las editoras, reducirla a la categoría de “precursora de la entomología” sería insuficiente. Su trabajo reúne arte, ciencia, escritura, observación y experiencia de campo, pero también una voluntad de conocimiento que atravesó su propia vida.

Traducir una voz de 1705

La nueva edición de ReVelada implicó otro proceso de metamorfosis: llevar al español un texto escrito hace más de tres siglos sin perder su particularidad. “Tratamos de que quede lo más parecido posible al original”, explica Genobesio. Pero esa tarea exigió navegar por un vocabulario anterior a la taxonomía moderna, una prosa que combina diario de viaje, observaciones de campo y recetas de herboristería, además de términos que dejaron de utilizarse.

La traductora Micaela van Muylem realizó también un trabajo de investigación y de cruce de información para acompañar el texto con descripciones y notas que permitan al lector contemporáneo comprender mejor aquello que Merian estaba contando. El desafío, entonces, no era modernizar su voz sino hacerla accesible sin quitarle su extrañeza. “Estas cuestiones hacen que el trabajo de traducción sea aún mayor para poder preservar la frescura de sus descripciones y que tengan sentido aún en la actualidad”, señala Genobesio.

La metamorfosis como una forma de mirar

El concepto que da título al libro termina funcionando también como una clave para leer toda la historia. Están las mariposas y sus diferentes estadios, por supuesto. Pero también está la transformación de Merian, la transformación de una manera de producir conocimiento y, ahora, la transformación de un libro antiguo al volver a ser leído en español.

“Sí, ella transformó su vida de madre, esposa e ilustradora de plantas a la de una mujer pionera en viajes e ilustraciones científicas”, sostiene Santos Posca. Pero la recuperación de su obra también permite acceder a aspectos menos conocidos de aquella experiencia. Merian dejó testimonios sobre la vida de las personas esclavizadas en las colonias y registró, entre otras cosas, el uso que las mujeres esclavizadas hacían de determinadas plantas para provocar abortos, ante el temor de que sus hijos nacieran también esclavizados.

Antes de Merian, las larvas podían ser explicadas mediante ideas que hoy parecen insólitas. Se pensaba, por ejemplo, que surgían de la basura o como resultado de una generación espontánea. Su trabajo introdujo otra forma de observarlas: siguiendo su transformación y registrando, al mismo tiempo, la planta de la que se alimentaban.

Ese registro introduce una dimensión particularmente incómoda y valiosa en la lectura contemporánea. La naturaleza que Merian observa no está separada de las relaciones sociales, económicas y de poder que atraviesan el territorio. “Todo esto hace que la traducción nos devuelva una información muy valiosa para seguir pensando los vínculos entre humanos y no humanos y su sistema de relaciones”, dice Genobesio.

Quizás allí esté una de las razones más poderosas para volver hoy a Merian. No solamente porque sus ilustraciones continúan siendo extraordinarias ni porque su nombre merezca ocupar un lugar más visible en la historia de la ciencia. Su legado también propone una pregunta que permanece abierta: qué sucede cuando dejamos de mirar a la naturaleza como una colección de elementos separados y empezamos a comprenderla como una red de vínculos.

En ese sentido, la metamorfosis de Merian no terminó con ella. Tres siglos después, su libro vuelve a cambiar de forma para encontrar nuevos lectores y recordar algo que su autora ya había comprendido mientras observaba una larva sobre una planta: la vida nunca ocurre en soledad.

Editorial: Revelada  ig: @revelada.editorial

Editoras: Carmín Santos Posca @carminsantosposca y Fernanda Genobesio @_tropical.experimental

Traductora: Micaela van Muylem @micaelavanmuylem