“Fue solo un accidente”, la nueva joya incómoda y necesaria de Panahi

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Hay películas que llegan envueltas en polémica, otras en expectativa, y luego están las que se sienten como un espejo tan honesto que incomoda. “Fue solo un accidente”, la más reciente obra del aclamado cineasta iraní Jafar Panahi —autor de No Bears y Taxi— pertenece a esta última categoría. Tras su estreno mundial en el Festival de Cannes, donde se consagró con la Palma de Oro, la película desembarca en cines argentinos el 4 de diciembre de 2025. Y lo hace con la fuerza de un relato que mezcla denuncia, suspenso social y una potencia humanista que refuerza por qué Panahi sigue siendo una de las voces creativas más necesarias del cine contemporáneo.

La trama inicia cuando Vahid, un mecánico, se encuentra inesperadamente con el hombre que pudo haber sido su torturador en prisión, lo secuestra con la intención de vengarse. Como la única pista sobre la identidad es el inconfundible chirrido de su pierna protésica, Vahid recurre a un grupo de víctimas liberadas en busca de confirmación. El peligro no hace más que aumentar. Mientras lidian con su pasado y sus visiones divergentes del mundo, el grupo lucha por decidir: ¿Es él? ¿Qué significaría realmente si sí es él?

Panahi vuelve a su territorio favorito: los dilemas morales cuando el sistema, la sociedad y la culpa personal chocan como placas tectónicas. Pero esta vez lo hace con una puesta en escena más contenida, más oscura y —quizás— más desesperada.

La mirada Panahi: simple en forma, devastadora en fondo

Si algo distingue al director es su habilidad para construir tensión desde lo cotidiano. No hay grandes persecuciones ni giros efectistas. Todo ocurre en departamentos pequeños, calles apenas iluminadas, conversaciones que dicen más por lo que ocultan.

Con el autoritarismo como telón de fondo, Fue solo un accidente se consolida como un acto culminante de resistencia proveniente de un cineasta iraní que conoce de primera mano la detención injustificada. De un impulso emocionante y una maestría inigualable, esta película, que es la selección de Francia a Mejor Largometraje Internacional en la 98.ª edición de los Premios Óscar®, nos invita a reflexionar, y reconsiderar, sobre la línea entre el bien y el mal.

La cámara observa, casi siempre fija o con movimientos mínimos, como si quisiera recordarnos que muchas veces somos apenas testigos impotentes de la maquinaria moral que nos rodea. El subtexto político está, como siempre, sin pronunciar nombres pero imposible de ignorar: la burocracia, el miedo al Estado, la fragilidad de la justicia. Panahi transforma un pequeño incidente en una radiografía brutal de un país… y de quienes, aun fuera de Irán, reconocemos esas grietas.

Panahi es reconocido como uno de los cineastas más relevantes de la “Nueva Ola” del cine iraní. Su obra y talento han sido aclamados durante décadas por la crítica y la comunidad cinematográfica internacional.

A lo largo de su carrera, varias de sus películas han sido prohibidas en Irán, y su trayectoria ha estado marcada por conflictos con las autoridades iraníes. En 2010 fue arrestado y posteriormente condenado a seis años de prisión, además de recibir una prohibición de 20 años para filmar o viajar.

 A pesar de estas restricciones, el director continuó creando obras fundamentales, entre ellas This Is Not a Film (2011), rodada en secreto y sacada clandestinamente de Irán para su estreno en el Festival de Cannes. Esta película es una de producción de MUBI y MACO donde luego aterrizará en el streaming.

Un final que no da respuestas (pero sí preguntas necesarias)

Panahi se niega a cerrar la historia con claridad. En cambio, ofrece un final abierto, casi abrupto, que devuelve al público la responsabilidad del juicio. Y esa decisión no es solo estilística: es política, ética y cinematográfica.

“Fue solo un accidente” no busca complacer. Busca confrontar. Y lo logra.