En el aniversario de su muerte, la figura de José Benjamín Gorostiaga vuelve a cobrar relevancia como uno de los pilares silenciosos de la organización nacional. Abogado, constituyente, ministro, juez supremo y estadista, su legado atraviesa los cimientos mismos del sistema republicano argentino. Para muchos, se trata del verdadero “Padre de la Constitución de 1853”, un reconocimiento que la historia oficial aún le debe.
Orígenes y formación de una figura decisiva
Gorostiaga nació el 26 de marzo de 1823 en Santiago del Estero, el menor de nueve hijos del matrimonio de Pedro Pablo Gorostiaga y Bernarda Frías. Su familia, protagonista de los primeros pasos institucionales de la provincia, debió exiliarse en Buenos Aires tras ser condenada por el regreso del caudillo Juan Felipe Ibarra al poder. Ya instalado en tierras bonaerenses, el joven Gorostiaga estudió en el colegio de los jesuitas —donde llegó a ser maestro— y luego ingresó a la Universidad de Buenos Aires, obteniendo el título de doctor en Leyes con solo 21 años. Ocho años de ejercicio profesional lo consolidaron como un jurista precoz, disciplinado y profundamente formado en las corrientes constitucionales modernas.
El constituyente de 1853: el alma mater del Congreso
Tras la caída de Juan Manuel de Rosas en Caseros, en 1852, Manuel Taboada lo designó convencional constituyente por Santiago del Estero para el Congreso de Santa Fe. Allí, con apenas 29 años, Gorostiaga se convirtió en una figura clave de las deliberaciones.
Su rigor intelectual y dedicación lo llevaron a redactar un Anteproyecto Constitucional que se transformó en la base del texto final. “Nuestra Constitución ha sido vaciada en el molde de la de Estados Unidos”, afirmó con humildad. Conocía profundamente los escritos de Madison, Hamilton y Jay, y volcó ese conocimiento en la arquitectura del documento fundamental. De su puño y letra surgieron el Preámbulo y la mayor parte de los artículos de organización del gobierno federal. Jorge Vanossi y Horacio Rosatti, entre otros juristas, han confirmado su rol central como principal redactor y como miembro informante de la Comisión de Negocios Constitucionales. Incluso Paul Groussac afirmó: “Si fuera lícito admitir que tenga un autor la Constitución Federal […], deberá aparecer como tal Gorostiaga y no Alberdi.”
El 1° de mayo de 1853, al jurarse la Constitución en Santa Fe, culminó su obra cumbre.
Ministro y diplomático al servicio de la organización nacional
Tras la sanción de la Carta Magna, el presidente Justo José de Urquiza lo incorporó como ministro de Hacienda y, luego, como el primer ministro del Interior de la historia argentina. Fue también enviado diplomático para negociar los tratados de libre navegación de los ríos interiores con Francia, Estados Unidos e Inglaterra, pieza clave para la economía de la Confederación.
Su rol en la reforma constitucional de 1860, que permitió la integración de Buenos Aires al sistema federal, fue decisivo. Urquiza lo elogió públicamente por su aporte institucional en momentos críticos de la vida nacional.
La impronta del juez supremo: fundador de la doctrina judicial argentina
Gorostiaga asumió como ministro de la Corte Suprema en 1865 y, tras un breve paso por el Ministerio de Hacienda de Sarmiento, regresó en 1871 al máximo tribunal, que presidió desde 1877. Su influencia en la jurisprudencia argentina fue profunda: impulsó la incorporación sistemática de precedentes de la Corte Suprema de Estados Unidos, sentando las bases de la doctrina constitucional moderna. Bajo su liderazgo se dictaron fallos que aún hoy son referencia obligada. Su aporte fue tan significativo que numerosos historiadores lo consideran el fundador de la jurisprudencia argentina.
Su intervención pública evitó en 1880 un estallido aún mayor en el conflicto entre los porteños y el gobierno nacional, aunque no pudo detener la guerra civil que dejó más de tres mil muertos.
Un político de convicciones y un opositor sin claudicaciones
En 1885, apoyado por la Unión Católica y por sectores del mitrismo, fue propuesto como candidato a presidente, pero retiró su postulación ante el clima de violencia política generado por el roquismo. Dos años más tarde, Miguel Juárez Celman, ya presidente, presionó hasta lograr su renuncia a la Corte. Retirado del Poder Judicial, Gorostiaga fue uno de los fundadores de la Unión Cívica en 1890, junto a Mitre, Alem, Goyena, Estrada y Yrigoyen, participando activamente en el movimiento que llevaría a la Revolución del Parque y a la caída del régimen.
Murió el 3 de octubre de 1891 en Buenos Aires, a los 69 años, y fue despedido con honores en el cementerio de Recoleta.
Homenajes y legado: una deuda histórica
Pese a su papel central en la fundación del Estado argentino, los homenajes a Gorostiaga siguen siendo modestos. Varias calles y escuelas llevan su nombre —entre ellas la Escuela Normal de La Banda— y una estación ferroviaria se levanta sobre tierras que él mismo donó. En el Congreso Nacional puede verse su figura en el célebre cuadro de Antonio Alice “Los Constituyentes de 1853”, y el Museo de San Francisco en Santa Fe recrea en tamaño real aquella histórica convención.
A 134 años de su paso a la inmortalidad, su legado sigue vigente. Jurista excepcional, político prudente y magistrado innovador, José Benjamín Gorostiaga fue uno de los fundadores del Estado moderno argentino y uno de los arquitectos intelectuales más importantes de nuestra Constitución. Rescatar su figura no es solo un ejercicio de memoria histórica: es una reparación necesaria.








