Sin pedir permiso: Un repaso por la escena nueva del arte visual del NOA

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En la región del NOA la escena actual no pierde tiempo: desde ferias populares transformadas en galerías hasta salones provinciales que compran obra para su patrimonio, los últimos diez años mostraron una generación de artistas visuales —emergentes— que ganaron premios, ocuparon programas oficiales y crearon espacios alternativos para circular más allá de las grandes urbes.

El relato de las escenas provinciales del NOA en este primer tramo del siglo XXI no se construye sólo con el patrimonio de los grandes centros urbanos y las galerias internacionales, en la última década, en el interior del Norte Argentino, hay una camada de artistas que a la fuerza lograron visibilidad real: ganar salones, integrar selecciones regionales, recibir adquisiciones o convertirse en motores curatoriales de sus propias iniciativas. Esa es la línea que sigue este repaso: reunir a quienes, siendo jóvenes o emergentes, dejaron una huella en la última década.

Lo primero que hay que comprender es que la visibilidad de estos artistas proviene, muchas veces, de la institucionalidad local —salones provinciales, centros culturales y ferias— que, en varios casos, adquirieron obras o impulsaron proyectos. Esta es la realidad del interior, alejado de los centros economicos de poder y de los aeropuertos internacionales. Pero justamente por eso, guardan un tesoro digno de descubrirse.

Eliana y Andrea Bustamante de La Rioja, ilustran bien el fenómeno: hermanas y hacedoras que combinan cerámica, obra tridimensional y proyectos expositivos en circuitos provinciales. La obra de Eliana y Andrea, que se aproximan al arte casi que desde la artesanía, ha sido premiada y seleccionada en el Salónes Regionales del NOA, mostrando cómo uno puede volverse referente a fuerza de presencia sostenida, calidad técnica y creatividad.

Sol Rondán.

En la práctica riojana hubo otros nombres que repetidamente aparecen en circuitos y agendas recientes: artistas señalados en la cobertura de la “Noche de Arte” y en circuitos como la Feria Épica —propuestas que recomponen la tradicional geografía cultural de la ciudad—; por ejemplo, proyectos y piezas de artistas jóvenes como Sol Rondán, Ángeles Luna, Natacha Avellaneda o Ayelen Argañaraz, han destacado por sus logros y reconocimientos, especialmente en la pintura, formado parte de una camada muy especial que surgio en las postrimerías de los combulcionados años 2010. En fotografía y el formato mas audiovisual, se han destacado de manera constante las obras de Karim Ayame e Ismael Fuentes Navarro, ambos de larga trayectoria en el pequeño submundillo del arte riojano.

Catamarca plantea un caso complementario: en los últimos años la provincia consolidó instancias formales (salones provinciales y centros) que La Rioja ya poseía para identificar y premiar al talento joven. El 2° Salón Provincial de Artes Visuales de Catamarca —celebrado recientemente en 2025— publicó su nómina de ganadores, donde Eva Ana Finkelstein obtuvo el Primer Premio Adquisición y otras figuras emergentes (Ada Cigno, Leonardo Seura, Mariana Cendoya Bedin, Cecilia Lobo Romero) recibieron premios y menciones que los posicionan como voces a tener en cuenta en la región y que se suman a la ya consagratoria carrera de artistas como Celina Galera o María Candelaria Traverso.

Eliana Bustamante.

Además, la provincia produce artistas que, aunque trabajan desde circuitos más íntimos o autogestivos, logran reconocimiento interprovincial: Claudia Pucheta (nacida en Catamarca) se consagró al ganar el Primer Premio Adquisición del Salón Regional de Artes con su obra “Fundiéndote en la eternidad, un hecho reseñado por prensa y por portales oficiales; ese tipo de cruces (artista catamarqueña premiada en La Rioja) demuestra la movilidad de los emergentes del interior y cómo los salones regionales legitiman carreras.

Santiago del Estero ofrece otra combinación: una institucionalidad fuerte alrededor del Centro Cultural del Bicentenario (y su Museo de Bellas Artes Ramón Gómez Cornet) convive con iniciativas muy jóvenes y periféricas que han conseguido apoyo nacional. Allí conviven proyectos como Mantera Galería —un formato de galería-venta instalado en la feria popular de La Banda, impulsado por María Rocha—, que ganó visibilidad y apoyo (fue beneficiario del Fondo «En Obra»/arteBA) y funciona como una usina de obra contemporánea que dialoga con prácticas populares y feministas. Mantera y su equipo han sido mencionados por proyectos culturales y por la plataforma del Centro Cultural y fundaciones.

En ese mismo ecosistema santiagueño se destaca la figura de Lelé Trabb, artista que ha desarrollado exhibiciones recientes en el CCB y proyectos escultóricos visibles en la programación del museo local, mostrando la continuidad entre una generación que compone obra tridimensional y la escena pública del CCB. Su presencia en la programación oficial del Centro Cultural (visitas guiadas, exhibiciones recientes) la consolida como una de las voces activas en la provincia.