En los últimos años, se convirtió en una de las voces más reconocibles del humor contemporáneo argento. Desde el universo de las redes sociales hasta los escenarios del stand-up, su mirada filosa sobre los vínculos, las contradicciones cotidianas y las neurosis de época logró construir una comunidad de seguidores que se reconoce en su estilo directo y generacional. Ahora el comediante da un paso diferente: protagoniza la comedia romántica “Regla de tres simple”, escrita y dirigida por Hernán Krasutzky, donde comparte escenario con Nancy Gay. La obra propone una historia tan simple como universal: dos personas que se conocen en una fiesta y deciden vincularse bajo reglas opuestas, intentando evitar lo que muchas veces resulta inevitable.
Entre el humor y la emoción, la obra se pregunta si el amor puede sobrevivir cuando intentamos racionalizarlo demasiado. En esta entrevista con RANDOM, González habla sobre su llegada al teatro, el desafío de actuar en dupla, las nuevas formas de vincularnos en tiempos de redes sociales y el momento profesional que atraviesa.
Venís construyendo una carrera ligada al humor, tanto en redes como en escenarios. ¿En qué momento sentiste que el teatro se convirtió en una necesidad artística y no solo en una expansión de tu trabajo?
Hace tiempo que vengo sintiendo las ganas de hacer teatro. Tuve una primera experiencia con Microteatro, obviamente el vértigo, la adrenalina y el desafío es otro. Fue una muy linda experiencia. Acá ya la responsabilidad es mucho mayor. El desafío es mucho más grande y lo que hay que demostrar también es mayor. Me habían ofrecido otra obra de teatro pero no me había generado tanto en cuanto a lo que buscaba.
Como mi primera experiencia en el teatro, buscaba que sea una comedia divertida, que tenga muchos chistes. Y la verdad que ésta lo reúne, además de actuar con Nancy (Gay) que la conozco hace muchos años por medio del stand-up que hemos compartido escenarios. Se reunían muchas cosas que me parecían que ésta era la oportunidad correcta, el momento correcto de dar ese paso.
Además, también vengo jugando con personajes. Si bien los personajes que hago yo en redes sociales son muy caricaturescos y van por otro lado, hace tiempo que vengo con el entrenamiento de actuar, de hacer personajes y de divertirme haciendo alguien que no soy. En este caso me toca hacer a Isidro, que igual es un personaje que me queda bastante cercano como primera experiencia.


Si bien me diste algunas pautas pero ¿Qué te sedujo del proyecto cuando leíste el texto por primera vez?
Acá se reunieron todos los requisitos que yo pensaba para una primera obra de texto. Cuando leí el texto por primera vez la verdad que me encantó. Me pareció muy divertido, muy dinámico. Tiene un ida y vuelta muy rápido en donde los chistes se van construyendo entre los dos personajes. Una temática que también me interpela. En mi caso estuve soltero casi toda mi vida, pero las relaciones y la dificultad de relacionarse hoy en día me llegan. Además de ser una historia que es muy identificable para la gente. Si no le pasó a alguien, seguramente le pasó a alguien que conozcas.
Esto de las reglas en el amor y el tire afloje en el periodo de conocer a alguien. Me sedujo que era algo real, más allá de que sea ficción, que sea muy real. Y una temática tan actual como el vincularse. Después también, como te dije antes, el hecho de trabajar con Nancy. Y que Nancy ya haya trabajado con Hernán (Krasutzky, el director) también, todo me generaba como un círculo de confianza.
«…Si bien los personajes que hago yo en redes sociales son muy caricaturescos y van por otro lado, hace tiempo que vengo con el entrenamiento de actuar, de hacer personajes y de divertirme haciendo alguien que no soy…»
Tu personaje Isidro parece moverse desde la cautela y el miedo al compromiso. ¿Cuánto hay de observación generacional en esta construcción y cuánto de experiencia personal?
Si bien yo no tuve nada que ver en la construcción del personaje, porque es todo una idea de Hernán (Krasutzky), el director y el autor de la obra. Me siento muy identificado con muchas cosas de Isidro. No tanto el miedo, pero la cautela y el calcular sus movimientos para ver qué puede generar cada movimiento. En eso me siento bastante identificado. Así que tranquilamente podría ser una experiencia propia, en la que yo también en mis relaciones mido bastante y sobrepienso muchas de mis acciones. Habría que preguntarle a Hernán si tiene algo que ver con su experiencia personal también, la forma en la que creó el personaje.
En este caso Isidro, ya lo van a ver, tiene un perfil medio de víctima. Ha sido engañado muchas veces por mujeres, entonces por eso también tiene tanto miedo a la hora de entregarse y de confiar nuevamente en el amor. En mi caso, esa cautela no proviene desde el miedo y de las experiencias pasadas, sino desde el miedo a que me pase por primera vez, capaz. No tanto porque me haya pasado.
Esto de pasar del contenido breve y digital, los shows de stand-up, a una comedia romántica con estructura clásica que implica otros tiempos y otra respiración escénica. ¿Qué desafíos actuales encontraste en este proceso?
Me resulta un desafío por todos lados. Como bien decís, vengo acostumbrado. Primero a estar solo arriba del escenario, con lo cual encontrarte con otra persona, encontrar los tiempos adecuados con la otra persona y todo es, yo creo, lo más desafiante de todo esto. Por suerte, me tocó Nancy de compañera y tenemos un código de humor similar y podemos llegar a un punto de encuentro más fácil. Pero sí, medir los tiempos, ir conociéndonos, creo que eso en escena es de lo más desafiante de este proyecto. Además, poder cumplir con la mirada del director y con lo que quiere transmitir el director, ya sea cuando la escribió o ahora que la actuamos.
Es algo desafiante por todos lados. Tirar la pelota y que te la devuelvan y tirar la pelota y que te la devuelvan y sostener toda la obra. Incluso también creo que tiene una dificultad el hecho de que seamos solamente dos actores y no seamos más. Entre más actores se sostiene de mejor manera o la responsabilidad está más repartida. Acá entre dos es un híbrido, no es el unipersonal, pero tampoco es una obra multitudinaria. Entonces incluso también es difícil por eso.

Mirando un poco hacia atrás, ¿qué aprendizajes te dejó el recorrido desde tus primeros pasos hasta este presente en una producción comercial en el Teatro Premier?
Soy fiel creyente que el aprendizaje continúa y no termina nunca. Tengo la fortuna de ya dedicarme a esto hace casi 16 años, de haber recorrido un montón de escenarios, de haber pasado por un montón de situaciones y que todo te va curtiendo y experimentando. Y sobre todo ratificando que el lugar más feliz es arriba del escenario. He compartido con un montón de artistas también, ya sea por ahí en camarines o en producciones o charlando de comedia. Eso también es parte del aprendizaje, los vínculos, hablar con productores. Yo aprendo de todos lados.
Lo que más me deja este recorrido es las ganas de seguir apostando a nuevos desafíos, las ganas de seguir probándome a mí mismo, de aprender y hacer cosas nuevas. Y que lo principal es pasarla bien. Ese también es un aprendizaje que me lleva a aceptar este proyecto con gente con la que la paso bien, que no sabía cómo iba a ser al principio. Como lecciones de vida, siempre incomodarte un poquito, buscar nuevos desafíos con gente con la que la pases bien, y siempre estar abierto a aprender y aprender. Y no creértela.
La obra plantea una pregunta interesante. ¿Puede el amor funcionar cuando se le imponen reglas? Y desde tu mirada, ¿crees que hoy nos vinculamos más desde el cálculo que desde la intuición?
Sin duda que hoy nos vinculamos midiendo y calculando mucho más. Bueno, creo que en parte las redes sociales ayudaron muchísimo a eso, ¿no? A que hoy las relaciones tengan que tener también un rédito. También uno conoce a la gente ya con mucha data previa, que es la data que la misma gente quiere mostrar en sus redes sociales, pero encima uno en sus redes sociales muestra lo mejor, los viajes, no nos muestra lo peor. Generalmente cuando uno conoce a alguien, ya tiene una expectativa, después eso ayuda al fracaso, ayuda a que el desplome sea peor. Hay algo muy actual en que ponemos reglas a la hora de conocer o formas o requisitos y no nos permitimos tanto saltar y ver qué pasa al vacío. Ver qué pasa desde justamente la ingenuidad o desde prestarle mucha más atención a lo que siento que a lo que pienso.
Un poco de eso habla la obra también. Es algo que nos pasa a todos, las redes sociales hicieron que uno piense mucho más los movimientos y además tenga mucha data previa antes de conocer a alguien. Antes era simplemente conocer, efectivamente significaba conocer a medida que te juntabas con esa persona nueva en tu vida. Los tiempos han cambiado.


El humor que manejás suele tener una impronta muy contemporánea, muy reconocible para el público joven. ¿Cómo trabajás ese registro dentro de una obra que también interpela y empatiza con las distintas generaciones?
Es una comida romántica que mi público, el cual traigo por ahí de mis unipersonales, me va a ver en otro rol. Pero la historia, como decís, es una historia que tiene también que ver con la edad que tengo. Es una historia que tranquilamente le pasa a gente treintañera o de 40 años. Se van a sentir identificados también. La gente que venga al teatro un poco se va a sorprender. Se van a sorprender porque claramente es otro rol, es otra faceta mía.
«…Acá no dejé una cosa por otra sino que sumé. Es un desafío lindo de sumar tareas en vez de reemplazar…»
La historia de Isidro y Roma se sostiene en tres encuentros donde el deseo y el miedo se tensan. ¿Cómo trabajaron con la dirección el equilibrio entre comedia y emoción para que no quede solo en el gag?
La obra también tiene matices más sensibles, emocionales, que un poquito en mi show anterior, Solteros 2.0, intenté manejar, pero más como mensaje final, alentador. Hay algo mío también personal que está más sensible. Me parece que cobra sentido también que esta obra me caiga en este momento. Algo que me gusta a mí también, es empezar a tocar las fibras más sensibles e íntimas de las personas. Se van a sorprender. Van a ver un actor, un comediante, pero desde otro lado.
Intentaremos comprobar, a ver si efectivamente la frase es más fácil hacer reír que llorar. A ver si logramos hacer ambas en esta obra porque, el texto te sube y te baja. Debemos poder transmitir esos altibajos, esta subida y bajada de emociones también. Así que ojalá la gente se sorprenda.
¿Cómo es tu rutina diaria y que actividades necesitás hacer para sostener tu gran creatividad y las presentaciones?
Mi rutina diaria en este tramo de mi vida se vio bastante afectada. Es la primera vez que cuatro o cinco veces a la semana tengo ensayos para una obra de teatro. A mi rutina la comió la obra de teatro, agradecido igual. Afortunadamente también estamos haciendo muchas notas, lectura por fuera de los ensayos también, charlar con el director, con el productor, charlar con Nancy. Toda mi rutina está tomada por eso. Además, a la par continúo con mi unipersonal y mis presentaciones de “Oveja Negra”, mi cuarto unipersonal de stand-up, que tengo giras también durante todo el año.
Eso también requiere de mi atención, de estar desafiándome, de estar proyectando mi carrera como standapero. Acá no dejé una cosa por otra sino que sumé. Es un desafío lindo de sumar tareas en vez de reemplazar. Mi día se reparte entre dormir, comer, tratar siempre de hablar con algún amigo o con alguna amiga o ver a alguien que me haga bien y me alimente al alma y después dedicarle al trabajo, ya sea ensayando, escribiendo algún video, afinando algún monólogo del nuevo unipersonal.
Entre estos ensayos, las giras de stand-up y los nuevos proyectos, Juampi atraviesa un momento de expansión artística. El humor sigue siendo su territorio natural, pero el teatro le abre una puerta distinta: la posibilidad de explorar otras emociones, otros ritmos y otras formas de contar.
En “Regla de tres simple”, la risa convive con la vulnerabilidad, y detrás de los chistes aparecen preguntas más profundas sobre el amor, el miedo y la necesidad de encontrarse con otro. Quizás por eso la historia de Isidro y Roma resulta tan cercana: porque, en tiempos donde todo parece medirse y calcularse, todavía hay algo imprevisible que escapa a cualquier regla. Y es ahí, justamente, donde el teatro vuelve a recordarnos que los vínculos -como las buenas historias- rara vez obedecen a fórmulas simples.








