De fenómeno juvenil a las plataformas internacionales y el teatro clásico y autogestivo, la actriz atraviesa uno de los momentos más intensos de su carrera y reflexiona sobre el oficio, los desafíos y los sueños que todavía la movilizan. En poco más de una década, Carolina Kopelioff construyó una carrera tan diversa como intensa. De Soy Luna a proyectos cada vez más desafiantes en televisión, plataformas y teatro, la actriz viene transitando un camino en constante crecimiento, combinando disciplina, curiosidad y una fuerte vocación por el oficio.
Hoy su presente la encuentra multiplicando registros: forma parte del éxito internacional de “En el barro” por Netflix, se prepara para el estreno de la segunda temporada de Máxima por HBO y protagoniza la serie Cautiva de inminente estreno por Flow, mientras continúa con las últimas funciones de un clásico como La gaviota en el emblemático Teatro San Martín y por girar por el interior con “Ni el tiro del final”.
En esta charla con RANDOM, Kopelioff repasó su presente profesional, habló del esfuerzo detrás de cada proyecto, del impacto de trabajar en historias basadas en hechos reales y de la importancia de mantener los pies en la tierra en una profesión donde el éxito y la incertidumbre conviven permanentemente. Le digo que su biodata -siendo sub 30 más aún- es por demás productiva. Se nota que lejos está de darse tiempo incluso para cruzar los brazos. La pasión por la actuación le sale de los poros y al cabo de unos minutos percibo que es de esas mujeres que son positivas por naturaleza y enfrentan la oscuridad sin detenerse a pensar mucho en ello.
En los últimos diez años tu carrera fue muy prolífica. Entre series, teatro y nuevos proyectos si ahora sólo menciono el último tiempo pienso “En el barro”, “Máxima” o “Cautiva”, parece que no paraste nunca. ¿Cómo mirás hoy ese recorrido entre sets y escenarios?
Muchas veces parece que uno estrena todo junto, pero en realidad en el hacer pasó tiempo entre una cosa y otra. El ritmo de la vida es distinto a lo que se ve desde afuera. El año pasado sí fue bastante heavy porque estaba grabando Cautiva mientras hacía teatro en el San Martín, así que ahí hubo corridas importantes. Pero dentro de todo lo pude acomodar y también me tomo vacaciones. Por suerte hay mucho trabajo y estoy muy agradecida.


¿Cómo es tu rutina cuando estás trabajando tanto? ¿Cómo hacés para entrar y salir de los personajes y también encontrar momentos de ocio?
El ocio me cuesta bastante, me cuesta desconectar. A veces solo lo logro si me voy de viaje o en esa semana entre Navidad y Año Nuevo donde nadie hace nada. Si no, siempre estoy trabajando o pensando proyectos, ensayando alguna obra o mezclando lo audiovisual con lo teatral. Entreno, trabajo con coach actoral y vocal, hago danza, yoga… tengo actividades que me hacen bien al cuerpo. El año pasado terminé Cautiva, que fue una serie muy dura físicamente para mí, y ahora trato de hacer cosas para que el cuerpo vuelva a estar mejor.
Después no es que me quede con la carga del personaje, aunque hay historias basadas en hechos reales, como Cromañón, que obviamente te afectan emocionalmente. Pero también es parte del oficio. Termino de grabar y trato de volver a mi vida: ir a comer con amigas, ver una película o ir al teatro.
“Creo mucho en el trabajo, en el esfuerzo y en estar siempre en movimiento.”
¿Hay personajes que te habitan más que otros?
No siento que me cueste sacármelos, pero sí hay personajes que conmueven más. Nina en La gaviota es uno de esos. Hay algo del último monólogo que siempre me emocionaba. En los ensayos Rubén (Szuchmacher, el director) me decía “no llores”, pero había algo del texto que te atraviesa.
También cuando se trata de historias reales es imposible no afectarse. En Cromañón tuvimos reuniones con sobrevivientes que nos contaron muchas cosas y obviamente es imposible no afectarse. Uno siente mucha responsabilidad al contar un caso real. Pero cuando tenés buenos compañeros y un buen equipo todo se vuelve más llevadero.
Interpretar a Nina en La gaviota de Antón Chéjov es casi un sueño para cualquier actriz. ¿Qué significó para vos actuar en el Teatro San Martín?
La verdad que fue medio un sueño cumplido. Nina es un personaje que toda actriz quiere hacer. Lo hemos estudiado en talleres de actuación y es muy loco porque dos años antes yo había llevado el monólogo final de Nina para una audición en el San Martín. Cuando volví para hacer el casting estaba muy nerviosa. Entrar al San Martín te genera mucho respeto por el lugar y por el espacio, es un teatro muy emblemático.
Después de hacerlo fue increíble estar ahí. El laboratorio que hicimos con Rubén fue muy importante, aprendimos muchísimo. Siento que salí siendo otra persona también. Es una obra muy especial, siento que van a pasar las generaciones y nunca va a quedar vieja.


En tu carrera hay proyectos muy distintos entre sí. ¿Qué buscás hoy cuando elegís un trabajo?
Creo mucho en el trabajo, en el esfuerzo, en tomar clases y en estar haciendo, en constante movimiento. Preparar un buen casting, aunque no quedes también suma. Esa gente puede recordar tu trabajo y llamarte para otra cosa. Creo en acumulación del trabajo.
Este trabajo es una mezcla de esfuerzo, suerte y timing. Hay mucha gente muy formada que no tiene ciertas oportunidades y también influyen muchas cosas: el perfil que buscan, el momento, el casting que te llegó. Son muchas cosas. Pero sí creo mucho en no parar, en seguir moviéndose y en tener una ambición sana de querer ir siempre para adelante para crecer y mejorar. De estar muy segura en el camino, aunque por momentos uno recibe un «no» y te sentís el peor del mundo. Es tremendo, en ese sentido este trabajo tenés todo el tiempo que ir recomponiéndote. Siempre se trata del esfuerzo, de las ganas y la calidad de persona que uno sea. Si uno es buena persona se llega más lejos.
¿En tu grupo de amigas te imagino siendo un poco como la que aconseja, no?
Es verdad que soy la que escucha, me gusta escuchar pero también me escuchan. Tengo muchos grupos de amigos y me pasa que en nuestro trabajo vas constantemente conociendo gente. A mí me pasa que genero vínculos muy fuertes. Por ejemplo, cuando filmé Catedrales me fui dos meses a Uruguay y prácticamente no conocía a nadie. Y terminé haciéndome muy amiga de actrices chilenas con las que trabajé. Los rodajes son muy intensos, estás lejos de tu casa y convivís muchas horas. Entonces se generan relaciones muy lindas. Y también sigo manteniendo a mis amigos de siempre. A veces con el teatro es difícil porque tengo todas las noches ocupadas, pero la gente que te quiere entiende esos momentos.

Desde hace un tiempo se te puede ver en En el barro, una serie con enorme repercusión internacional. ¿Cómo fue ese proceso de trabajo?
Fue espectacular. Lo grabamos hace dos años y trabajar con Verónica Llinás fue increíble, es una actriz que admiro muchísimo. Cuando me dijeron que iba a ser mi mamá en la serie me puse muy contenta, aprender de ella, verla trabajar. Se armó un grupo muy lindo de compañeras que queríamos que el trabajo de la otra fuera mejor. Las escenas eran intensas y había mucho nervio, pero con ese equipo sentías que todo se podía.
Después la serie salió y fue una locura ver cómo la ve gente de todo el mundo. Te escriben de todos lados y es muy fuerte. Estoy muy agradecida por cómo recibieron mi trabajo.
También se vienen otros proyectos importantes como Cautiva. ¿Qué te atrajo de esa historia?
Cuando leí el guion fue inmediato. Pensé: “Qué ganas de hacer esto”. El personaje es increíble y la historia me convocó desde el principio. Además la dirigen Paula Hernández y Jazmín Stuart, dos directoras que admiro muchísimo. Me parecía un desafío enorme y una historia muy potente para contar. Cada proyecto tiene algo que me enamora y siempre trato de encontrar dónde puedo crecer como actriz.
💬 “A veces me cuesta ser consciente de dónde estoy o de los frutos del trabajo.”
Después de tantos proyectos masivos, ¿cómo se maneja el ego en una profesión tan expuesta?
A mí me pasa más lo contrario. Me cuesta ser consciente en donde me encuentro, dónde estoy o de los frutos del trabajo. Siempre estoy pensando qué puedo hacer después. Si una audición no queda enseguida pienso si me van a volver a llamar. Tengo que aprender a confiar más en mí. A veces me cuenta y mi ego no está tan bien puesto, todo lo contrario. Igualmente confio en mi trabajo y cuando estoy en el San Martín estoy plantada y contenta en el teatro. Tengo días mejores y peores e incluso días de más cansancio donde me pueden pasar un montón de cosas. Pero a veces tengo que disfrutar un poco más del tiempo libre
Eso sí, siempre tuve los pies bastante en la tierra, incluso cuando pasó todo lo de Soy Luna y yo era más chica. Nunca sentí que se me fuera la cabeza aunque pasaran cosas loquísimas.


Igual también trabajos realizados, por ahí más chiquitos en cuanto masividad, pero que te han nutrido un montón, ¿no?
Siempre me encanta eso también. Fui a grabar una peli también a Córdoba, grabé una peli en el sur. Uno disfruta mucho de las pelis como que son un poco más chicas, y que también hay algo del contacto con el equipo distinto. Cuando te encontrás en otro lado y con un ritmo también un poco más tranquilo, te concentra algo de la energía en eso que tenés que hacer Siempre disfruté mucho también de ese tipo de proyectos más pequeños.
¿Qué te gustaría que venga ahora en tu carrera?
Tengo muchas ganas de hacer más cine. Es lo que menos hice en el último tiempo y me gustaría vivir más ese proceso: viajar con películas, ir a festivales. Después quiero seguir haciendo teatro, pero ahora tengo muchas ganas de filmar una película. En un momento también yo estudié guion, pero en estos últimos años estuve muy al palo con un montón de cosas, por ahí no pude darle tanto lugar pensar si escribo algo o con un amigo. Tener como tu proyecto personal, con amigos y gente que querés, siempre está bueno para alimentar también el alma.
Entre sets de filmación, escenarios y nuevas historias por contar, Carolina transita un momento de expansión artística donde los nuevos proyectos son pura consecuencia. Por su manejo de la carrera siempre estarán al caer. Con esa mezcla de disciplina, sensibilidad, talento y entusiasmo que la impulsó desde sus primeros pasos. Una convicción sencilla, pero poderosa, estar lista para subirse a esos trenes que le agregarán nuevas capas e inesperados matices.








