Camilo Nicolás y el arte de encontrar humor en lo cotidiano

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Con más de 16 años sobre los escenarios, el humorista cordobés convirtió la observación de la vida cotidiana, la improvisación y el diálogo con el público en las herramientas centrales de su humor. De su paso por Los Pelafustanes y la dupla Camilo y Nardo a su carrera solista, la actuación y las redes, Camilo Nicolás construyó una identidad propia que hoy lo lleva nuevamente de gira por todo el país.

Camilo Nicolás forma parte de una generación de humoristas que ayudó a llevar el humor cordobés desde los escenarios de Carlos Paz hacia las redes y, desde allí, a un público nacional. Comenzó en 2009 con el grupo de improvisación Los Pelafustanes, luego formó durante seis años la dupla Camilo y Nardo y, desde 2020, desarrolla su carrera como solista. En el camino también se incorporó a distintas comedias teatrales junto a Pedro Alfonso y consolidó una presencia digital que hoy supera los 2,5 millones de seguidores en sus redes.

Su humor tiene una característica que permanece incluso cuando cambia el formato: la observación de lo cotidiano y la interacción con quienes están del otro lado. En su espectáculo actual, Es por Ahí, vuelve sobre temas como el paso del tiempo, la paternidad, los vínculos y las redes sociales, pero dejando siempre un espacio importante para que cada función sea diferente. En conversación con Revista Random, habló de sus comienzos, de cómo cambiaron los límites del humor, de la vida después de los 40, de su familia y hasta del futuro de la comedia frente a la inteligencia artificial.

¿En qué momento descubriste que el humor iba a ser tu profesión?

Yo arranqué en 2009 con Los Pelafustanes, un grupo de improvisación. Después, en 2014, apareció la dupla Camilo y Nardo, con la que trabajamos hasta 2020. A partir de ahí empecé mi carrera solista y, en paralelo, tuve tres años de trabajo con Pedro Alfonso en sus comedias. Fueron distintas etapas, pero siempre dentro del humor.

¿Qué fue lo que te atrapó de la improvisación?

Fui a ver una obra de teatro que se llamaba Desastre, que había nacido a partir de improvisaciones, y empecé a hacer talleres de impro y clown con amigos. Después apareció el stand up y empecé a mezclar las dos cosas. Hoy me gusta mucho esa posibilidad de interactuar con el público y generar humor en el momento.

Córdoba tiene una cantidad enorme de humoristas. ¿Qué tiene la provincia que genera tantos?

No sé si será la tonada, pero creo que tenemos esa cuestión de improvisar chistes todo el tiempo. Te subís a un taxi y el taxista es gracioso, te subís a un colectivo y el colectivero es gracioso, vas a la cancha y las cosas que grita la gente terminan siendo graciosas. Creo que el cordobés tiene como un escudo de querer hacer reír todo el tiempo.

¿Y qué diferencia a ese humor del que aparece en otras regiones?

Creo que con el tucumano y el correntino compartimos bastante esa cuestión de lo repentino y lo regional. Las redes también permitieron acercarnos mucho y analizar cómo funciona el humor en distintos lugares.

Vos tenés 42 años y pertenecés a una generación que creció viendo a Porcel, Olmedo o Tinelli. ¿Sentís que cambió lo que nos causa gracia?

Sí, muchísimo. Yo soy una generación bastante bisagra. Me crié viendo ese tipo de humor y creo que la sociedad evolucionó. Antes podían causar gracia cuestiones relacionadas con la sexualidad o un defecto físico que hoy ya no generan lo mismo, y creo que nunca deberían haber causado gracia. Los límites los pone la sociedad y el humor también se va acomodando a esos cambios.

¿Por eso sentís que cobró tanta fuerza el humor autorreferencial?

Sí. Es muy difícil que te juzguen cuando te estás riendo de vos mismo. También creo que importa mucho la intención. No es solamente qué palabra usás, sino desde dónde la estás diciendo. Esa ecuación de “hay 400 personas, 399 se ríen, entonces funciona” ya no alcanza.

¿Sos de ensayar mucho tus monólogos o preferís llegar al escenario y ver qué pasa?

Como me crié con la improvisación, tengo bastante instinto de supervivencia arriba del escenario. El show arranca de una manera y a los dos o tres meses termina siendo otro, porque voy incorporando cosas que pasan durante las funciones. La interacción con el público hace que cada noche sea, en algún punto, la primera vez.

Uno de esos juegos aparece cuando pregunta nombres y construye personajes a partir de ellos. De ahí pueden salir monólogos enteros, como el que utiliza a “Norma” para hablar de esa generación de nombres que, según Camilo, parecen venir acompañados de una despensa, una mercería o un kiosco.

¿Y también apareció en el show eso que empieza a pasar después de los 40?

Sí, porque después de los 40 el cuerpo te empieza a pasar factura. Antes podía mezclar vodka, tequila, ron, whisky, cerveza y vino y al otro día estaba perfecto. Hoy mezclo café con leche y ya detono la primera estación de servicio que encuentro. Hay cosas que empiezan a formar parte de tu vida, como el paracetamol, y eso también es material para el humor.

¿Ser padre modificó tu manera de hacer humor?

Muchísimo. Siempre me gusta trabajar con las cosas que me van atravesando y la paternidad fue fundamental en los últimos años. También cambió la dinámica de las giras y el tiempo que paso en casa. Antes uno se iba y volvía; ahora hay chicos que te están esperando.

La familia también modificó su manera de organizar el trabajo. Desde que produce sus propios espectáculos junto a un equipo, puede decidir cuándo viajar y cuándo quedarse en casa. Incluso intenta reservar determinados fines de semana para compartir con su familia y evitar que el trabajo se vuelva una obsesión.

Las redes tuvieron muchísimo que ver con tu crecimiento. ¿Cómo fue pasar del escenario a ese mundo?

Yo primero hice teatro y después me metí fuerte en redes. Llevo alrededor de 13 años trabajando con distintos formatos: sketches publicitarios, videos mirando a cámara, historias y otras propuestas. Creo que el secreto está en renovarse todo el tiempo, porque las redes cambian permanentemente.

Y ahora aparece otro cambio enorme: la inteligencia artificial. ¿Te da miedo hacia dónde puede ir el humor?

Me llama muchísimo la atención. Hace muy poco veías un video generado con IA y enseguida te dabas cuenta de que era falso. Hoy ves algunas cosas y ya no sabés si son reales. El avance es tan rápido que incluso para quienes trabajamos con imágenes y contenido es difícil saber hacia dónde va a terminar todo.

Una carrera que también estuvo llena de encuentros

Camilo recuerda con especial cariño los años de Camilo y Nardo, una etapa que incluyó escenarios, televisión, redes y situaciones que todavía hoy parecen difíciles de creer. Entre ellas aparece una anécdota con la Selección Argentina en Brasil: junto a Nardo llegaron a compartir un momento con Lionel Messi y su familia y hasta tuvieron la posibilidad de hacerle un pequeño show por su cumpleaños, aunque finalmente el miedo pudo más.

También recuerda haber trabajado junto a artistas que había visto durante años desde el interior del país. Pedro Alfonso, Pachu Peña, Romina Gaetani, Marcela Kloosterboer, Flor de la V y otros nombres aparecen en su recorrido. “Uno desde el interior vive esas cosas y se sorprende el doble”, resume.

¿Qué te dejó todo ese recorrido?

Muchas cosas. Haber trabajado con gente que yo veía desde chico genera esa sensación de decir “qué loco, estoy acá”. Son experiencias que uno se guarda y que, seguramente, algún día va a contar con orgullo.

¿Cómo fue tomar la decisión de seguir solo después de tantos años con Nardo?

En 2020 decidimos separarnos. Seguimos siendo muy amigos, pero teníamos ritmos distintos. Yo quería salir de gira, hacer varias funciones; él estaba en otra etapa de su vida y buscaba algo más tranquilo. En ese momento quizás no entendía algunas cosas que me planteaba, pero hoy las veo de otra manera.

La separación abrió una etapa diferente. Camilo pudo manejar sus propios tiempos y, especialmente, equilibrar mejor el trabajo con la familia. “La producción la hago yo con un equipo mío”, explica, y eso le permite decidir cuándo una gira vale la pena y cuándo es necesario volver a casa.

¿Te da vértigo pensar qué va a pasar más adelante?

Sí. En este rubro uno nunca sabe cuánto puede durar una etapa de éxito. No sé si es una moda, si mañana todo se vuelve más difícil o qué puede pasar. Por eso también trato de invertir y pensar en el futuro, para llegar a una vejez un poco más tranquila.

Entonces, ¿qué es lo que te mantiene levantándote todos los días con ganas de seguir?

Principalmente mi familia. Y después, que me gusta muchísimo lo que hago. Me gusta improvisar, actuar, generar humor y conseguir que la gente se ría. Me ocupo de muchas cosas de la producción y a veces uno se cansa, pero lejos de agobiarme, me apasiona. Soy muy feliz haciendo lo que hago.

Camilo Nicolás sigue recorriendo el país con Es por Ahí, un espectáculo construido alrededor del paso del tiempo, la paternidad, los vínculos y las nuevas formas de relacionarnos, pero también alrededor de algo que forma parte de su identidad desde hace casi dos décadas: la capacidad de mirar una situación cotidiana, encontrarle una vuelta inesperada y convertirla en un chiste. Y, sobre todo, dejar que el público complete la historia.