Luis Cuello: “El arte enriquece, limpia y purifica”

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Con más de cinco décadas dedicadas al mundo del arte, entre la investigación, la comercialización y la tasación de obras, Luis Rodolfo Cuello comparte su mirada sobre los grandes artistas, el legado de Carlos Alonso, los desafíos del arte contemporáneo y los mecanismos que determinan el valor de una obra. Una conversación que combina anécdotas personales, historia y una invitación a mirar más allá de lo evidente.

Hay personas que pasan buena parte de su vida mirando cuadros y otras que aprenden a ver lo que hay detrás de ellos. Luis Rodolfo Cuello pertenece a este último grupo. Su recorrido por el mundo del arte le permitió conocer de cerca a grandes artistas argentinos, construir vínculos que trascendieron lo profesional y acumular historias que ayudan a entender no solo cómo se crea una obra, sino también qué significa y por qué puede convertirse en una pieza irrepetible.

En esta charla con Revista Random, Cuello recuerda su relación de más de cuatro décadas con Carlos Alonso, reflexiona sobre la creatividad y el mercado, y explica por qué algunas expresiones del arte contemporáneo pueden resultar desconcertantes para quienes esperan encontrar belleza en el sentido más tradicional. También se detiene en una experiencia que lo marcó profundamente: encontrarse cara a cara con una obra de Caravaggio. Porque, como sostiene al final de la conversación, el arte no es solamente una cuestión estética: también es una forma de conocimiento y una experiencia capaz de transformar nuestra mirada.

¿Cómo comenzó tu relación con Carlos Alonso y qué significó ese vínculo a lo largo de los años?

Conocí a Carlos Alonso en 1982, cuando regresó del exilio y yo tenía mi galería abierta. Fui a visitarlo, conversamos durante mucho tiempo y, desde entonces, construimos una relación que se extendió durante unos 45 años. Compartimos charlas interminables, encuentros y experiencias que fueron mucho más allá del trabajo.

Carlos era una persona reservada y selectiva. No resultaba sencillo acceder a él, pero cuando existía confianza podía abrir las puertas de su mundo. Recuerdo especialmente las conversaciones en mi casa, muchas veces hasta las cinco o seis de la mañana, mientras yo intentaba terminar la revista para enviarla a imprenta. Fueron momentos muy valiosos, de esos en los que uno descubre cosas nuevas incluso después de creer que ya conoce bastante.

¿Cómo era Carlos Alonso en la intimidad, lejos de la figura pública del artista?

Era reservado, pero también tenía un gran sentido del humor y disfrutaba contando historias. Además, era extraordinariamente meticuloso. Revisaba los catálogos y los libros sobre su obra con una atención que podía parecer propia de un diseñador gráfico: controlaba las tipografías, la disposición de las fotografías y hasta el lugar que ocupaba cada imagen.

No se trataba simplemente de una cuestión estética. Alonso entendía que la forma de presentar una obra también comunica. Tenía muy claro que una exposición necesita un lenguaje, una organización y una intención. Para él, nada debía quedar librado al azar, porque todo formaba parte de aquello que quería transmitir.

Mas de 50 años de trayectoria en el mundo del arte e incontables anécdotas que contar.

¿Qué legado deja Carlos Alonso para el arte argentino?

Para mí, fue el artista argentino más grande de todos los tiempos. Su legado no está únicamente en la cantidad o la calidad de sus obras, sino también en la manera en que construyó una mirada propia y sostuvo una posición artística a lo largo de su vida.

Tuve la oportunidad de compartir con él momentos que hoy adquieren otra dimensión. También recuerdo el encuentro que propicié entre Alonso y otros artistas, como Antonio Seguí y Luis Wells. Fue una conversación extraordinariamente rica, atravesada por experiencias, recuerdos y una historia compartida que merecía haber quedado registrada con más detalle.

¿Qué aprendiste de los artistas con los que compartiste tantos años?

Aprendí a mirar. El contacto con los artistas permite descubrir que una obra no se agota en lo que vemos a primera vista. Detrás de una imagen hay decisiones, búsquedas, experiencias y una intención que no siempre resulta evidente para quien la observa.

Conocer a los artistas también ayuda a comprender sus particularidades. Son personas con personalidades intensas, muchas veces excéntricas, y convivir con ellas exige entender que esa individualidad forma parte de su manera de crear. El arte me dio herramientas para desarrollar una mirada crítica, no solamente sobre las obras, sino también sobre el mundo.

Con Carlos Alonso. Uno de los vínculos más importantes de Luis. Trabajaron juntos durante unos 45 años y Alonso realizó 14 retratos de él.

¿Cómo se entiende el arte contemporáneo cuando una obra parece sencilla o incluso absurda?

A veces, una propuesta contemporánea puede resultar difícil de comprender. Uno ve una intervención aparentemente simple, como una banana pegada a una pared, y se pregunta dónde está el arte. Pero, cuando se conoce la trayectoria de su autor y se observa el recorrido de la obra, la percepción puede cambiar.

Eso no significa que todo deba aceptarse automáticamente. Hay que mirar con atención, conocer el contexto y preguntarse qué se está proponiendo. En algunos casos, la idea puede parecer desconcertante; en otros, detrás de una solución aparentemente sencilla existe una búsqueda conceptual que vale la pena explorar.

¿Qué le dirías a alguien que no logra encontrarle sentido a la pintura abstracta?

Le diría que se detenga un poco más. A veces vemos una pintura de Mark Rothko y creemos que estamos frente a una superficie monocromática, pero, al observarla con atención, aparecen numerosas variaciones de color y matices. Lo que parecía simple empieza a revelar una complejidad que no habíamos advertido.

Algo similar sucede con Jackson Pollock y su técnica del dripping, basada en el goteo y el movimiento de la pintura. Llegar a ese lenguaje no fue una ocurrencia de un día: implicó una búsqueda y un proceso. Para entender una obra contemporánea es importante no quedarse únicamente con la primera impresión.

Con Emiliano “Pool” Paolini del duo Pool & Marianela, artistas contemporáneos de Rosario, formado por el propio Pool y Rita Marianela Perelli.

¿Qué es lo que realmente le da valor a una obra de arte?

La creatividad, la capacidad de hacer algo que nadie hizo antes. Pero también hay que entender que una obra concentra una trayectoria. Cuando alguien ve un dibujo de Carlos Alonso y se pregunta por qué puede valer miles de dólares si parece hecho en pocos minutos, olvida todo lo que existe detrás de ese gesto.

Ese dibujo no representa solamente el tiempo que el artista necesitó para ejecutarlo. También contiene décadas de trabajo, aprendizaje, experimentación y experiencia. En un instante puede aparecer algo que es resultado de toda una vida. El valor de una obra no se mide únicamente por el tiempo que llevó hacerla, sino por todo lo que el artista construyó hasta llegar a ese momento.

¿Cómo se determina el precio de una obra y qué diferencia hay entre su valor artístico y su valor de mercado?

Hay que distinguir dos dimensiones que no necesariamente avanzan juntas: la valoración artística y la valoración comercial. Una obra puede tener una importancia enorme para la historia del arte y no alcanzar el mismo reconocimiento económico; también puede suceder que una pieza cotice mucho en el mercado sin que eso resuelva por sí solo su relevancia artística.

En el precio intervienen la trayectoria del autor, la importancia de la obra dentro de su producción, su procedencia, su historia y el reconocimiento que obtiene. El mercado tiene sus propios mecanismos, mientras que la historia del arte trabaja con otros criterios. Entender esa diferencia es fundamental para analizar cómo se valoriza una pieza y por qué su cotización puede cambiar con el tiempo.

Michelangelo Merisi da Caravaggio: Luis describe con enorme emoción su experiencia frente a sus obras en Londres.

¿Qué sentiste la primera vez que estuviste frente a una obra de Caravaggio?

Fue una experiencia muy fuerte. Cuando llegué a la National Gallery, en Londres, vi que había obras de distintos artistas que admiraba y pensé que finalmente iba a encontrarme con Caravaggio. Recuerdo la emoción de estar frente a una de sus pinturas, una sensación difícil de explicar si uno no la vivió.

Después me detuve ante La cena de Emaús. Lo que me impactó fue la capacidad de Caravaggio para captar un instante y convertirlo en una escena cargada de humanidad. Los gestos, las miradas, la disposición de los personajes y la luz construyen un momento en el que algo está por revelarse. No es solamente una representación religiosa: es una escena viva, que parece estar ocurriendo delante de nosotros.

¿Qué cambia cuando conocemos la historia que hay detrás de una pintura?

Cambia nuestra manera de verla. Una obra puede parecer una imagen más hasta que comprendemos el contexto en el que fue realizada, quiénes aparecen en ella y qué buscaba transmitir su autor. Entonces empiezan a surgir detalles que antes pasaban inadvertidos.

Un buen ejemplo es La rendición de Breda, de Diego Velázquez. El cuadro representa un episodio histórico, pero también construye un relato sobre cómo debía ser recordado. La composición, la ubicación de los personajes y el gesto con el que se recibe la rendición contribuyen a transmitir una determinada imagen de la victoria española. En una época sin los medios de comunicación actuales, las pinturas podían influir de manera decisiva en la forma en que se percibían los acontecimientos.

Diego Velázquez: analizamos su cuadro La rendición de Breda.

¿Qué lugar tienen las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial en el futuro del arte?

Las nuevas tecnologías abren posibilidades, pero también nos obligan a preguntarnos qué estamos considerando arte y qué buscamos en una obra. La aparición de herramientas novedosas no elimina la necesidad de pensar, crear y construir una mirada propia.

El desafío para los artistas jóvenes es encontrar un camino y desarrollar un lenguaje. Las herramientas pueden cambiar, pero sigue siendo importante comprender qué se quiere comunicar y por qué. La tecnología, por sí sola, no reemplaza el recorrido, la sensibilidad ni la intención que permiten construir una obra significativa.

Después de tantos años dedicados al arte, ¿qué significa para vos?

El arte me permitió desarrollar una mirada crítica y descubrir una manera diferente de comprender el mundo. Mi formación me dio herramientas para analizar, pero el contacto con las obras y con los artistas amplió esa perspectiva de una forma que difícilmente podría haber conseguido por otro camino.

También siento que transmitir lo aprendido es una manera de devolver algo de todo lo que recibí. Me interesa compartir experiencias, generar preguntas y ayudar a que otras personas descubran aspectos que quizá no habían advertido. El arte enriquece, limpia y purifica. El arte es esencia. Y, después de tantos años, esa sigue siendo una de las convicciones más profundas que me deja este recorrido.