Tras un año donde puso en pausa sus proyectos artísticos y se regaló más tiempo y espacio para resguardarse y renacer: entre una gran perdida y la llegada del amor, se luce sobre las tablas volviendo a sacar a flote su gran talento como cantante y su histrionismo expresivo. El teatro, la música, los nuevos formatos y la reinvención constante marcan el pulso de una artista que elige habitar cada proyecto con verdad y sin máscaras.
Hay algo en Florencia que escapa a la urgencia. Su manera de hablar, de pensar, de elegir, parece responder a un movimiento más interno que externo. Después del repliegue, donde lo emocional pidió su lugar, hoy vuelve a decir “sí” desde otro lugar: más consciente, más presente, más conectado con lo que realmente quiere hacer. Volvió a escena -literal y simbólicamente- con un proyecto teatral (Mi amiga y yo, con Sebastián Presta los domingos en Paseo La Plaza) que, según cuenta, llegó en el momento justo.
La actriz transita una etapa de transformación donde elige confiar —más que nunca— en su propia voz. Un momento de disfrute, pero también de desafíos, de decisiones que no se apuran y de procesos que se respetan.
Ese “sí” que hoy celebra no fue inmediato ni impulsivo. Fue, más bien, el resultado de un recorrido donde aprendió a escuchar(se), a confiar en sus tiempos y, sobre todo, en esa intuición que nunca falla. En paralelo, su camino artístico se expande: del teatro a los nuevos formatos audiovisuales, de la actuación a la música, siempre en búsqueda, siempre en movimiento.
También sostiene su rol como emprendedora en un contexto desafiante, adaptándose, probando, reformulando. Porque si algo atraviesa su presente es justamente eso: la transformación constante. En esta charla, con RANDOM Flor reflexiona sobre los procesos, los miedos, el amor en tiempos analógicos, los personajes que la desafían y la importancia de no perder el eje en medio del ruido externo. Una conversación íntima con una artista que elige construir desde la honestidad, sin fórmulas, pero con convicción.
Este proyecto fue un “sí” después de muchos “no” contabas en una nota. Que atravesaste un año muy introspectivo y que esta obra “Mi amiga y yo” también te permitió mostrar tu faceta como cantante que quizás está un poco guardada…
Quiero cambiar eso. No me niego y no deseo negarme nunca jamás a ocultarlo. Estoy muy contenta, la verdad. Es básicamente eso que dijiste vos y lo que dije en esa nota. Fueron muchos “no”, pero porque yo no estaba lista para llevar este “sí” que me pone re contenta, que disfruto mucho y que trae muchos desafíos también.
Así que estoy muy, muy, muy contenta. Muy contenta con el proyecto, con la gente, con todo.


Se dio con un equipo muy sólido: Seba Presta, la dirección de Diego Reinhold, un texto probado. Incluso parecía escrito para vos. ¿Cómo fue ese proceso de decir que sí?
Total. Sí, hay cosas del guion que son muy parecidas a mi vida. Por ejemplo, en un momento la obra dice que ella es vegetariana, su padre es carnicero, y literalmente era así. Y así entre muchas otras cosas. Pero la verdad es que no tardé mucho en decir que sí. Fue como: ok, a ver, la vi, me gustó, vamos. Fue simple esa parte.
Yo creo que lo más difícil fue sacarme de mi casa. Decir: “ok, voy a ver una obra, voy a ver qué me pasa con esa obra, no voy a juzgarla, voy a transitarla y disfrutarla”. Pero feliz, la verdad. Me encanta, amo hacer teatro, así que para mí es un placer.
«…No hay que darle tanta importancia a las boludeces ni tampoco a los halagos excesivos. O sea, ninguna de las dos cosas es ciertas…»
En un contexto donde hay menos ficción, el teatro parece volver a ser un espacio central para los actores. ¿Qué significa para vos ese contacto con el público?
Para mí es hermoso, lo disfruto muchísimo. En un momento tan extraño, donde hay tan pocas posibilidades de expresarnos y de hacer lo que amamos, está buenísimo tener esta posibilidad. Así que abrazándola, disfrutándola, en un teatro hermoso como el Paseo La Plaza. Estoy muy, muy contenta.
También venís de grabar una serie en formato vertical. ¿Cómo fue esa experiencia?
Rarísimo, la verdad. ¿Qué te voy a decir? Rarísimo, pero buenísimo. Al principio fue raro: “¿cómo funciona esto?, ¿qué hay que hacer?, ¿dónde me tengo que parar?”. Cosas que uno ya sabe de memoria en otros formatos, pero no en este. Entonces es raro, pero está bueno. Está bueno poder transformarse, adaptarse y seguir.
Si pudieras elegir un rol o una historia que todavía no llegó a tus manos, ¿qué tipo de personajes te gustaría interpretar?
Muchos. Me gustaría ser de Ricardo III, por ejemplo. Te tiro el primer Random que me viene a la cabeza. Es que a mí me gustan los personajes poderosos. Los que tienen muchas aristas y muchas capas y muchos subtextos. Los que tienen mucha historia. Creo que a todos nos gustan esos personajes porque nos gusta crear. Y como nos gusta crear, nos gusta poder encontrar en cada personaje cositas, o por lo menos inventarlas nosotros mismos para poder jugar con eso y poder crear diferentes sensaciones y atmósferas en cada lugar que vayamos.


En tu carrera hiciste cine, tiras y unitarios en tele, teatro, ahora este formato vertical. ¿En cuál de estos lenguajes sentís que encontrás mayor libertad creativa?
Es difícil. O sea, en un formato vertical el tiempo es como el de la tele de antes. Entonces es como más inmediato y todo lo que puedas llegar a hacerlo tenés que preparar antes. No hay tiempo para indagar in situ. O sea, yo creo que el teatro y el cine tiene esos momentos como para poder hacerlo. Pero también ahora, el que tiene más momentos para poder transitar un personaje es el teatro, pero disfruto cualquiera de ellos porque es hermoso y es lo que vamos a hacer.
«..me gustan los personajes poderosos. Los que tienen muchas aristas y muchas capas y muchos subtextos. Los que tienen mucha historia…»
Siempre estás en formación. ¿Es una decisión consciente seguir estudiando todo el tiempo?
Sí, yo siempre estudio, la verdad. Es mi modo. Es lo que me gusta hacer. Siempre estoy estudiando cosas, viendo, aprendiendo. Me gusta estar en constante movimiento y hacer cosas diferentes.
Además de la actuación, llevás adelante con tu amiga y socia a Helicia (una marca de indumentaria) en un contexto complejo. ¿Cómo atravesaron ese proceso?
La verdad es que fue un fin de año muy difícil, donde fue necesario aprender a transformarse y en ese proceso estamos, en el de transformación y en el de entender qué es lo que funciona ahora en nuestro país como empresa de indumentaria y entender qué es lo que es viable para adelante. Es un proceso como de prueba y error constantemente hasta que llega un momento que encontremos la nueva fórmula, como que la fórmula que teníamos hasta ahora entendemos que no funciona. Entonces ahí vamos, siempre con pasos firmes y con ganas de que funcione y seguir adelante.


Me gusta que siempre seas optimista, ¿esa es la clave de todo? ¿Vos mirás la vida más el vaso siempre lleno que vacío?
Tampoco soy Ravi Shankar, ni Dalai Lama, ¿no? Tengo momentos lindos, momentos malos, pero para mí la filosofía de vida es siempre esa. Con sus falencias o con sus momentos complicados, ¿no? Siempre mirando desde un lugar de encontrar una forma de resolver las cosas o de llevarlas a cabo. Y ante todo, buena onda. Para la mala onda siempre hay momentos.
Y con la marca fueron muy adelantadas en producir de origen vegetal, cuando ustedes arrancaron hace más de 15 años fueron muy innovadoras en esto…
Ahora es mucho más simple. Era mucho más difícil cuando empezamos. No había insumos, era mucho más difícil encontrar productos que sean 100% veganos y libre de crueldad. Entonces fue difícil, pero siempre encontramos el camino y cada vez hay mejores formas y mejores proveedores y mejores materiales. Está buenísimo porque se abre un espectro espectacular. Así que muy contenta también con eso, con que todos vayamos para ese lado también. O una gran parte, por lo menos.
¿Y cuáles son los sueños? ¿Qué te has fijado? ¿Sos de ponerte metas o nada?
Me gusta ponerme metas y objetivos todo el tiempo. Creo que es una manera de poder cumplirlos también, ¿no? Porque si están ahí como en la nebulosa y uno no los baja a tierra, es muy difícil con el día a día, con todo lo que tenemos que hacer, con el trabajo, con la vida, con la familia, con todo lo que uno transita en la vida, poder cumplir metas. Entonces, me parece que para mí, ¿no? Lo más importante es poder tenerlas, bajarlas en un cuaderno, en un papel, en lo que tengas, para poder decir, ok, listo. Esto, no sé, a mí me gusta hacer proyectos a corto y a largo plazo, como si fuera una empresa, porque creo que cada uno es su propia empresa también en algún punto.
Entonces, como, escribir proyectos a corto y a largo plazo ¿y qué hacer para cumplir esos proyectos a corto y a largo plazo? Porque uno puede escribirlos, pero una vez que están escritos en un papel uno no hace nada frente a eso, es muy difícil que mágicamente se cumplan. Es toda una combinación de cosas, de intención, de trabajo y de magia, pero no va una sin la otra. Entonces, sí, me gusta mucho. Tengo muchos cuadernos escritos con muchas cosas.
Y quizás elegir es lo más difícil, ¿te arrepentís de alguno que dijiste que no y tu intuición falló?
No, ¿sabés que no? La intuición no falla nunca. Si fuéramos conscientes de eso, la intuición no falla nunca. Jamás. Jamás de los jamáses. Cuando te equivocas, no cuando te equivocaste, pero cuando hiciste algo que no querías hacer y te das cuenta en el camino, al principio sabías que no lo querías hacer. Pero te hiciste boludo. Esa es la única diferencia.


Has de dicho que de lo musical vas a hacerte cargo. Arriesgo que tus próximos proyectos van por ahí, verdad?
Cien por ciento. Va por ahí. Y esperemos que salga pronto.
Y tenés mucho para contar aparte, O sea, letra tenés de sobra…
Todos tenemos mucha letra. Solo hay que hurgar un poquito.
Sabina decía que era mejor componer cuando uno está desenamorado. Ahora que estás en pareja con un gran compañero, no sé si se te juega en contra para este punto…
Está buenísimo. Sabina. Y lo respetamos y lo respetaremos siempre. Pero no sé si coincido tanto. Me parece que salen cosas hermosas y muy creativas desde la tristeza, pero también desde la alegría.
«…Siempre estudio, la verdad. Es mi modo. Es lo que me gusta hacer. Siempre estoy estudiando cosas, viendo, aprendiendo. Me gusta estar en constante movimiento y hacer cosas diferentes…»
Bueno, en una nota contaste tu historia de amor, de encare tradicional y a la vieja usanza. Te digo que es otra historia para que la hagan en teatro con (Sebastián) Presta…
Recontra, recontra. La verdad que fue muy lindo y fue muy analógico.
Además tenés que contarla vos porque sino he visto que te la reescriben otros, que tu novio era futbolista, que estabas embarazada. Ficciones con la que debés convivir…
Pero es así. Eso fue toda la vida. Yo lo aprendí desde que nací, más o menos. Al estar inmersa naturalmente, consciente, inconsciente, voluntariamente, uno aprende esas cosas. Y aprende a querer estar ahí o no querer estar ahí, dependiendo de las situaciones de la vida. O sea, eso puede pasar. Pasa todo el tiempo. Pero no hay que darle importancia. No hay que darle tanta importancia a las boludeces ni tampoco a los halagos excesivos. O sea, ninguna de las dos cosas es ciertas.








